miércoles, 30 de abril de 2025

De apagones y ataques cibernéticos: cae la noche del sistema

"Exit light
Enter night
Take my hand
We're off to never-never land".
Enter Sandman, Metallica.

Hubo un apagón en España y Portugal el día lunes. Fue brusco y repentino, tal como el que ocurrió en febrero en Chile. Tampoco se saben, a ciencia cierta, las causas reales. Se han barajado teorías que apuntan a un “desequilibrio estructural” del sistema eléctrico, a una “vibración atmosférica” en las líneas de alta tensión o incluso se ha planteado la idea de un posible ciber ataque a la red de energía. El corte y el apagón provocaron el descontrol en la ciudadanía y revelaron la vulnerabilidad completa de toda la maquinaria. De pronto, la gente no podía pagar nada con débito ni crédito, y tuvo que recurrir al viejo efectivo. De pronto, la gente dejó de depender de los “espejos negros” en sus celulares y ordenadores, y tuvo que vérselas con la realidad desnuda. Se cortó la luz y cayó la noche del sistema.

En contextos de crisis geopolítica, ya han ocurrido eventos similares. La sociedad ya ha pasado por colapsos, en el último siglo, como el de la pandemia, y la respuesta de las elites siempre ha sido ambigua y sospechosa. Al tiempo se sabe que las causas establecidas como oficiales no eran las verdaderas. Cabe pensar en lo siguiente: durante el año 2021, el Foro Económico Mundial realizó un simulacro de apagón digital en todo el orbe, con el fin de afrontar con "resiliencia" futuros ataques cibernéticos. Se trata del evento llamado Cyber Polygon 2021. Klaus Schwab, fundador del Foro, quien renunció hace poco, había planteado la posibilidad de un “Gran Reseteo” o un “Gran Reinicio” del sistema económico, una renovación en pos de energías más sostenibles y de un presunto capitalismo “más ecológico” y sustentable en el tiempo. ¿Será que estos apagones “espontáneos” en diferentes países, se han desencadenado de manera estratégica como parte de un programa o de una agenda oculta a la luz pública? Ante la incertidumbre de los hechos, y en vista de la escasa claridad del asunto, ninguna hipótesis, por conspirativa que parezca, se puede descartar de plano. Es más: yo lo creo demasiado posible, teniendo en cuenta el hermético tratamiento del tema, en el que la verdad siempre parece jugar a las escondidas.

Puede que el apagón haya sido avisado con antelación o que se trate, una vez más, de otro evento de programación predictiva, como tantos otros. Es cosa de remitirnos a la ficción cinematográfica. En el último tiempo se han proyectado una seguidilla de películas que abordan, de manera directa o tangencial, el tema del corte de energía. Cabe recordar la película "Dejar el mundo atrás" de Sam Esmail, estrenada por Netflix el año 2023. En ella, se produce un apagón nacional de la tecnología que anticipa una posible catástrofe. Dos familias desconocidas se ven obligadas a lidiar la una con la otra, revelando, de esa manera, la fragilidad de los vínculos y de la condición humana en medio del caos generalizado.

Para continuar las referencias cinematográficas, hace no mucho se estrenó, también en Netflix, la serie “Día Cero”, que tiene por protagonista a Robert De Niro, en el papel de un ex presidente de Estados Unidos, George Mullen, quien preside una comisión para investigar a los presuntos responsables de un ciber ataque global. Y por si fuera poco, Netflix estrenó hoy mismo la serie basada en el legendario comic argentino El eternauta de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López. En la historieta se cuenta un relato distópico sobre una invasión extraterrestre que liquidó a gran parte de la humanidad, y Buenos Aires sigue siendo la única zona de resistencia. Todo comienza con un corte de luz provocado por una extraña explosión en el Océano Pacífico. Es ahí que Juan Salvo (interpretado por Ricardo Darín en la serie) sale en ayuda de su familia con ayuda de un traje aislante, para cubrirse de la nieve radiactiva.

Sin duda, las películas y series sobre apagones se han vuelto el estelar del momento y marcan la tendencia mundial. Mientras tanto, siguen ocurriendo cortes en otras partes de Europa, como en Alemania, Finlandia y Países Bajos. A medida que se corta la energía, las sombras se toman las calles e invocan el desconcierto. Nuevamente, el apagón y la posibilidad de un hackeo a escala planetaria figuran como tópicos de la ficción, y la ficción sirve, muchas veces, como catalizador de la realidad. Se va sugestionando un clima hostil y, de paso, se va induciendo una conciencia flotante sobre la población, si se quiere, un “egregor” que representa la crisis energética y la necesidad imperiosa de un cambio. Habrá que seguir aguardando la señal del destino, antes de que todo se vaya a negro.

Grandes hombres del pasado se propusieron un futuro enteramente iluminado por la luz robada a los dioses. Nikola Tesla soñó con un mundo inalámbrico. Edison perfeccionó la bombilla eléctrica que hoy enciende hogares y rincones. Se pasó de temer los rayos y los truenos a conectar una civilización entera sobre impulsos eléctricos, al punto de que todo, absolutamente todo depende de esa valiosísima energía. En suma, el Gran Apagón no tratará solo del corte de la electricidad, tratará del corte de las falsas certezas, la necesidad imperiosa de lidiar con nuestra propia conciencia, a oscuras, a solas con nosotros mismos.

martes, 29 de abril de 2025

"Yo no vivo de la literatura, yo vivo para la literatura". Marcelo Simonetti. Y en esa diferencia entre "de" y "para" radica el quid del asunto. Uno encuentra goce y realización en el propio acto de escribir. El resto es un añadido. No se "para la olla" escribiendo literatura, no es que sea algo precisamente rentable, se hace más por una cosa obsesiva, por una vocación recóndita, al punto que cada día se escribe un poco, una línea, un párrafo, una página, lo que sea, se "suelta la mano" a modo de ejercicio o se le da forma a una obra posible. Quien de verdad ame hacer esto siempre encontrará un pretexto, por nimio o superfluo que parezca.

“La palabra que invoca. El silencio que maúlla”. Una lectura posible de El diario de Porfiria Bernal de Silvina Ocampo

"He inventado esta oración: Dios mío, haced que todo lo que yo imagine sea cierto, y lo que no pueda yo imaginar no llegue nunca a serlo. Haced que yo, como los santos, desprecie la realidad."

El diario de Porfiria Bernal, 28 de marzo.

Resuena en mi cabeza la frase de Antonia Fielding: “si llegué al borde del crimen, no fue por mi culpa”. De inmediato, ¿Cuál crimen? ¿Cuál culpa? Esas preguntas funcionan como el motor que me empuja a seguir leyendo. Se indaga en la palabra como quien indaga en un crimen, y como quien expía una culpa recóndita. Un texto escrito para sí misma, un “deber de conciencia”. Tal parece que la propia Antonia sostiene, desde el principio, una poética que aplica para su propio relato y que resulta extensible como imperativo para cualquiera que se empeñe en el tortuoso oficio de escribir, como hubiera pensado Enrique Lihn, aquel célebre “metapoeta”.

A medida que fluye el testimonio de Fielding, la subjetividad envuelve la atmósfera narrada, no un lirismo hermético ni una descripción pragmática, acaso una íntima evocación de sensaciones que recorren la voz de la relatora, y que acompañan la lectura a modo de una iniciación, como si la condujese de la mano y vibrara con ella en ese recorrido vital. La reminiscencia comienza a apoderarse del sentido, toda vez que Fielding recuerda brevemente su infancia, un hermoso vestido y su padre muerto. La reminiscencia le viene con nostalgia emotiva, seguida de un aroma a defunción. Luego, el encuentro con la madre de Porfiria. La advertencia sobre el carácter de la niña nos sumerge al instante en el viaje psicológico. Un umbral con rumbo desconocido, en apariencia, plácido, como todas las cosas que se esconden detrás de una máscara. Me pareció que el cargo de institutriz era el cargo que Antonia debía tomar para comenzar su propio camino de iniciación, conforme conocía a la niña Porfiria y se adentraba en su enigmático mundo, sobre todo, en su ser vacilante e indescifrable.

La literatura entra en juego, cuando Antonia le da la idea a Porfiria de escribir un diario. Nuevamente, el acto de escribir se vuelve la conjuración de la vida interior, la sublimación de los demonios, la proyección de la sombra o la reconstrucción de una posibilidad extinta. La inspiración venida de los ángeles o la creación posesa, embriagadora, inducida por una fuerza daimónica. “Hay que decir la verdad en el diario”, le dijo Antonia a la niña Porfiria. “De lo contrario, no tiene sentido escribirlo”. Y yo me digo a mí mismo que esa verdad es siempre una búsqueda vacilante, una interpelación sin cuartel en la que el sentido se escurre y se vuelve a materializar, tras cada palabra, tras cada relato encadenado y tras cada texto en potencia, ávido de forma y hambriento de sangre cual vampiro en el papel. Quien escribe, se “desangra”, hace de su sangre una experiencia digna de ser contada, esperando no derramarse demasiado. Y a esa sangre se le nutre de un cariño y, a la vez, de un rigor inconfesable. Ese mismo espíritu es el que se recoge del diario de la niña Porfiria. ¿Será que Porfiria inventó, palabra mediante, a su enemiga en Antonia? ¿Será que la Antonia del relato sea esa versión inconfesable de su propia obsesión, una figura limítrofe entre el amor y el odio?

Hay amor y odio en sus palabras, sí; hay un ángel consciente que le detalla el estilo, una voluntad de pensamiento en la expresión, un amor en la vocación de la escritura; y hay también un demonio consciente que le susurra ciertos caprichos y exabruptos peligrosos, dotando a la autora de una voz perturbada y perturbadora. En sí misma, la voz se remece al confesarse, se debate entre lo angélico y lo demoniaco. Sin una inclinación binaria, hace de su escritura el escenario en el que se debaten, sin tregua, sus fuerzas antagónicas. Nuevamente, la poética se va armando. Recuerdo que yo mismo escribí, en su momento, sobre una poética de la oscuridad, en clave junguiana. Eso de hacer consciente la oscuridad, o de enterrar las raíces en el infierno para ascender a los cielos. Algo parecido reverbera en esta lectura, y trasciende el imaginario de la autora.

El discípulo vence al maestro, dice el dicho. ¿Será que Porfiria intentó vencer a la señorita Fielding, mediante el poder evocador de su diario, transformándola en una criatura de su imaginación? Me pregunto, a medida que el tren avanza, y continuó estático en mi cuarto de soltero, transcribiendo las palabras precisas antes de que pierdan el rumbo. El diario de Porfiria amenaza con volverse una especie de Necronomicón, un conjuro prohibido, fantástico y potencialmente peligroso para quien se sumerja en sus páginas, como en una acumulación de monstruosa fuerza interpretativa. Vuelve la magia, la amenaza, el destino infligido, la posesión. El terreno de lo real se abandona en el momento en que comienza el estremecimiento. Clave para el diario, clave para la literatura y clave para la propia vida.

Quien escribe ha hecho de sus palabras un sigilo. La confidencia se vuelve un código, un enigma. Quien se propone escribir un texto, sobre todo, un texto limítrofe entre la confesión y la invención, comienza a armar un grimorio, un conjunto de hechizos verbales y prácticas mágicas de significado. No importa la inocencia de nadie; la propia imaginación, devenida en ficción, posee a su huésped y le sirve de médium, para expresarse en el terreno material de las palabras y conseguir cuerpo en las visiones y en los deseos. Antonia cierra la lectura del diario por unos días. Pretende ignorarlo, pero no puede. Sigue ahí. La obra está intacta. La magia ha sido consumada. La aparición de la sombra de un gato es clave. El gato, como el gato negro de Poe, se presenta cual maldición y expresión de la propia animalidad, emanación de la sombra junguiana. El silencio maúlla. Yo también dejé de leer y escuché a la gata negra de la casa, llamada Luna, maullar en el living. Fui a verla y estaba viendo fijamente hacia el exterior. Miraba a las gaviotas invadir el techo de la casa. Parecía una escena sacada de Los pájaros de Hitchcock, y he aquí que el misterio vuelve a ser evocado. Gatos y pájaros se enfrentan en una disputa imaginaria, así como Porfiria con Antonia, así como el propio escritor con sus demonios, con sus monstruos, con sus bestias, con sus muertos.

Hay en la mente de quien escribe una azotea o un sótano que conspira para ser abierto o que pugna por cerrarse para no contaminarlo todo. ¿Quién arrojó a quién? ¿Quién cayó? ¿Es la caída un accidente o la consecuencia de un acto criminal? Esa puede ser la pregunta que recaiga sobre el propio acto de escribir ¿es el acto de escribir un acto involuntario, dictado por una voz implacable, o es la consecuencia de una premeditación, un crimen cometido contra la realidad en nombre de las más afiladas palabras? Le toca al investigador, le toca al lector desafiar sus prejuicios y abrirse paso a través de la maraña semántica, narrativa y simbólica, como quien se adentra en el laberinto del imaginario para encontrar un poco de luz y reencantarse con su propia verdad, no sin antes combatir al animal de la inconsciencia. Ese animal no dejará de anhelar el cielo, como la gata Luna. Intentará, por todos los medios, salir de la casa, así como la Antonia felina, transmutada por Porfiria. Se trata de superar la hipocresía del resto, se trata de ser descarnado en la palabra y en la ficción, de echarle fuego a los secretos y de ir desvelando las cuestiones incómodas, merced a la escritura, merced a su potencia ficcional, merced a su existencia orgánica.
No hay caso. Nunca me ha enganchado el punk rock, salvo algunas bandas y ciertos temas. Misfits, por ejemplo. The Ramones, Sex Pistols, The Clash, The Damned, The adicts, Dead Kennedys con Jello Biafra, Black Flag en la onda hardcore, una que otra de Machuca, los Miserables y los propios The Exploited. Me di el tiempo de escuchar punk en su momento, durante la adolescencia, y vacilé algo de los grupos citados, pero nunca me convenció la filosofía, la onda. Eso de andar de pogo en pogo, de ir a las casas okupa y tomar Baltica para luego andar macheteando y dando jugo, nunca fue lo mío. Encontré mucha pobreza musical (bueno, de eso se trata, en el fondo, de ser minimalista, visceral y ruidoso) y una alienación moral y vital travestida de proclama antisistema. Sin embargo, luego de leer la reseña de esta cabra sobre el show de The Exploited ayer en el Caupolicán, logré contagiarme de esa energía disruptiva, de esa propuesta transgresora. Méritos a la reseñista, a su escritura bien pulida, mas no al desenfreno gratuito de los punkis frente al escenario del caos. La escritura puede que sea el verdadero punk si se lo propone, a riesgo de volverse nihilista. Se trata, en cambio, de darle orden al caos, de resistir la debacle del espíritu.


lunes, 28 de abril de 2025

Hoy cierra la legendaria tienda Anarko Metal Shop, la única especializada en metal en Valpo, con más de treinta años de vida. Comprar allí es una forma de apañar a Toño Cabezas, quien lucha día a día por mantenerse bien, luego de su terrible accidente, y también una forma de estar presente y recordar viejos tiempos de adolescencia, arriba en ese local en la cima de la icónica galería Tres Palacios. El metal no se destruye, solo se transforma. La tienda, su música y sus historias vivirán por siempre en nuestros corazones, duros como el acero, ardientes y estridentes.
La pregunta sobre la existencia presupone la pregunta por el sentido. Luego, el misterio se vuelve lo esencial.

domingo, 27 de abril de 2025

Equiparar al "nazismo" con el "socialismo" marxista, como lo hizo Axel Kaiser en su charla, me parece tan impreciso y deshonesto intelectualmente como usar el apelativo de "fascista", propio de mucha gente de izquierda para injuriar a un grupo que se identifica más con el neoliberalismo o con el libertarismo. Resulta que hay un error conceptual y filosófico grueso y un intento mañoso por achacarle el muerto al bando contrario, un muerto que puede ser usado fácilmente como falacia de "envenenar al pozo" o de "hombre de paja". De acuerdo a mi lectura, es complicado situar al nazismo histórico en uno u otro espectro binario de la política, sencillamente porque estaría englobado, más bien, dentro de lo que se conoce como "Tercera posición". Solo comprendiendo esa concepción es posible concebirlo más allá de la simplista división que hacen tanto liberales como progresistas, desde sus veredas particulares.

Un siglo de El proceso de Kafka

Un siglo de El proceso de Kafka. La pesadilla póstuma que nunca debió haber visto la luz, y que, sin embargo, reveló el imaginario kafkiano para la posteridad, al punto que el siglo XX en su totalidad podría leerse como una configuración realista de la novela a escala cuántica:
"Lo cierto es que la legitimidad de El proceso no reside en el resultado final, sino en la potencia de su mensaje. De hecho, que esté inacabado es uno de los aspectos que le brindan su fuerza literaria, que nos interpela todavía incluso cien años después.
La vida es una condena, un tránsito hacia lo desconocido, que no tiene por qué ser mejor que lo vivido. La necedad de la historia que se relata es el absurdo de un sistema judicial que anula la voluntad del acusado, mina sus deseos y destruye cualquier ápice de confianza en sí mismo, humillándolo hasta la degradación en un proceso que se asemeja al de una sumisión, en el que el sujeto pasivo es víctima de la maquinaria pero, a su vez, forma parte de ella."

viernes, 25 de abril de 2025

Gabriel Albiac: «La desaparición de la figura ‘padre’ o ‘madre’ produce individuos mentalmente castrados»

"— ¿Cuál es, en mi opinión, el disparate básico de esa ideología que se designa como woke, y que en última instancia ha terminado por convertirse prácticamente en una secta, y que ha acabado por extenderse a una especia de lugar común?

En mi opinión, lo que caracteriza a lo woke es un voluntarismo prácticamente delirante, un voluntarismo en el límite del delirio. Un voluntarismo que parte de la idea de que la subjetividad puede ser construida a la medida en función de lo que el sujeto puede hacer con ella.

Cualquiera que conozca un poco la filosofía clásica, no digo ya el mundo que parte de Freud, sino, la filosofía clásica, sabe perfectamente que es al revés. Que no es la voluntad la que configura la subjetividad, sino que es el sistema de deseos que han configurado la representación del mundo de un sujeto el que desencadena su voluntad en uno u otro sentido.

En primer lugar, es una perfecta necedad decir que la identidad de un sujeto puede ser reconfigurada a voluntad. ¿Pero qué demonios nos creemos que somos? ¿Dioses legendarios, dioses míticos?

No, mire usted, somos curiosos sujetos hablantes que están determinados brutalmente por el conjunto de causas, de realidades, de historias de determinaciones a los que han sido sometidos." Gabriel Albiac.


Sobre "Nuestro pedacito de cielo" de Carlos Basso

“La célula de Viña es la primera que comenzó a operar en Chile” ha dicho el escritor Carlos Basso, preguntado sobre el tema de su reciente libro "Nuestro pedacito de cielo: el nuevo crimen organizado en Chile". Un tema contingente y altamente polémico.
"En las favelas de Río de Janeiro existe una máxima: “Quien tiene miedo de vivir, no nace”. Y es que el miedo no es extraño en una metrópolis donde -como la retrata la película Ciudad de Dios-, las muertes violentas a manos del crimen organizado están lejos de ser heroicas o románticas, y se juega al fútbol con una pistola en el bolsillo. Realidad asociada al narcotráfico que se extiende por Latinoamérica y que hoy también golpea a nuestro país y la Región de Valparaíso. En ese contexto, Carlos Basso, periodista chileno y doctor en Literatura Latinoamericana, autor del libro “Nuestro pedacito de cielo: el nuevo crimen organizado en Chile”, de Editorial Planeta, cuenta a La Estrella sobre su investigación.
¿Por qué este fenómeno del crimen organizado se percibe al alza en Chile?
La pandemia fue un catalizador para que varias organizaciones criminales transnacionales, que antes de ella ya experimentaban en países de distinto origen, se asentaran en nuevos destinos. Pues organizaciones como el Tren de Aragua (TDA), originaria de Venezuela, tienen como su principal negocio el tráfico de migrantes y la trata de personas con fines de explotación sexual. De ese modo, cuando el TDA se dio cuenta que había una enorme oleada migratoria en marcha, lo que hizo fue apoderarse de todas las “trochas” (pasos clandestinos) entre Venezuela y Chile, y cobrar a los migrantes por llevarlos a su destino, para así, una vez en ellos, poder explotar sexualmente a muchas mujeres.
A juicio de Carlos Basso, en la Región de Valparaíso, “se han hecho muy buenas investigaciones por parte de las policías”. Aquí asoman casos bullados en la prensa que dan cuenta de células desbaratadas que tenían plazas, inmuebles y zonas tomadas. Y explica Basso: “Especialmente en lo relativo a la llamada célula de Viña del Mar, que efectivamente ejercía lo que se denomina como control territorial depredatorio en varios sectores, pero, por sobre todo, en uno de los edificios llamado “Las Tortas”, en Villa Alemana, donde desplegaron el mismo repertorio visto en Arica, en Santiago o en Talca. Así lograron ir más allá, convirtiéndose en las autoridades del sector, desplazando a los dueños de los departamentos, cobrando arriendos, luz y agua en forma ilegal, y utilizando esos espacios para poder realizar su oscuro negocio".

Carlos Basso y nuevo libro “Nuestro pedacito de cielo”: “El Tren de Aragua es como una metástasis”