lunes, 12 de febrero de 2024

Poemas de Alexis Vidal Quintana

Poemas de un buen amigo poeta.



Dualidad


He decido silenciar las voces del pasado,

Ya no estoy dispuesto a que ennegrezcan más mi alma,

He acorralado mis recuerdos, los he mirado fijamente a los ojos

¡Y he mordido ferozmente el cuello de sus blasfemias!

Para así acallar de una vez por todas,

Los ecos que resonaban en mi mente.

Surgí desde un abismo después de largos inviernos de miseria,

Obnubilado, por la amarga ponzoña de la tristeza y la desesperanza,

Pero al fin, gracias al Altísimo, pude erguir mi cuerpo

Y ahogar en lagos de fuego a casi todos mis demonios,

Para intentar algún día alcanzar el equilibrio entre mi luz y mi sombra.




Mar del olvido


Gélida brisa marina, abre mis sentidos al horizonte,

El gris escenario de la lluvia, como cristal se rompió en el techo del cielo,

Avanza la vida de las humildes personas de la costa,

En ella se alberga la incertidumbre del día de mañana.

Sus ojos pueden traspasar las olas,

profundizar en los abismos marinos

Y visualizar el futuro inminente de la terminal destrucción

En donde descomunales industrias,

Como grises moles, transforman la energía de la naturaleza para crear poder.

Entre ensordecedores estruendos,

Frutos tóxicos son el legado de vuestro sometimiento

Mientras el rojo del fuego forja el acero,

el blanco del hielo enchueca sus huesos,

El viento salino envejece los rostros,

Y así se olvida la vida, en la penuria de la lluvia

Sobre un mar de lágrimas de sal.




Proyección de mi muerte


Como un viaje onírico sin retorno a través de esta oscura noche eterna

Surge la muerte entre el viento y la torrencial lluvia

Entre el frío y el cielo tronador, lloran los perros cual seniles plañideras.

Al final de este arduo y escarpado camino,

Ha llegado el momento en que el ánima se disocia de la carne.



Atrás ha quedado toda una vida, perdida en una fugaz retrospectiva

Con rostro de niño sollozando

Bajo blancas nubes de otros cielos.

Miles de momentos, miles de minutos,

A veces intensos, a veces paralizantemente monótonos,

Se extinguen en la fugacidad del ciclo vital.

Los amigos ya no están, se encuentran extraviados

En los furiosos océanos del recuerdo.



Desde lo alto, yace el cuerpo tendido en su lecho de muerte,

Gélido, en estado rigor mortis.

La energía vital inicia su explosión cósmica

En búsqueda de lo divino, se desdobla,

Fluye en equilibrio y armonía con el infinito universo

Para no volver jamás.

domingo, 11 de febrero de 2024

Cine en su casa: "Hay algo allá afuera" (1990) de Pepe Maldonado

Por fin, después de años buscándola, encontré esta película de culto: "Hay algo allá afuera" (1990) de Pepe Maldonado. Recuerdo que la vi solo una vez en el cine Insomnia, el año 2010, cuando estuvieron un tiempo en el Teatro Mauri, en una sala amplia, heladísima y con sillas improvisadas. Era en el contexto de la Semana Fantástica. La cosa es que por fin di con esta película, que en su tiempo fue pionera del género "Thriller psicológico" en el cine chileno.

Sinopsis:

Bruno (Luis Gnecco), un solitario y desempleado hombre de mediana edad, llega una noche a su departamento en el centro de la ciudad, y hace un descubrimiento que cambiará su monótona vida para siempre. En la misma ciudad, pero en otro sector, un errático taxista, Daniel (Francisco Reyes), recorre las solitarias calles de la ciudad de Santiago de los años ochenta. Cada noche y a modo ya de rutina, la misteriosa y bella Theresa (Luz Croxatto), sube al taxi de Daniel y lo guía hasta un apartado Motel en las afueras de la ciudad. Lo que allí sucede es un misterio para el taxista, hasta que una noche, su curiosidad puede más y sigue a Theresa hasta la habitación dónde ella se hospeda. Lo que allí se revela, demostrará que las vidas de estos tres seres solitarios tenían algo más en común que la noche y sus misterios, lo cual hará que sus destinos den un vuelco definitivo y final.


La “tractorada”: agricultores y granjeros unidos contra la Agenda 2030

Un par de años atrás, un convoy de camioneros surcó el territorio de Canadá en protesta contra las medidas de la pandemia. Hoy por hoy, las huelgas y revueltas las encabezan agricultores y ganadores de gran parte de Europa. Están saliendo a protestar, con una increíble sincronía y capacidad organizativa, abiertamente, en contra de las leyes que ellos consideran coercitivas para el sector primario. Y se apunta, en muchos de sus reclamos, directamente, a la Agenda 2030. “STOP competencia desleal. Agenda 2030”, se deja ver en una de las pancartas colocadas sobre los tractores mecánicos.

Hasta el momento, la gran “tractorada” ha comenzado su avance a través de Polonia, Alemania, Rumania, Francia, Grecia, Lituania, Bélgica, Italia, Países Bajos, Suiza, Bulgaria, Hungría y España. Algunos de los motivos del gran levantamiento tienen que ver, entre otras cosas, con normativas ambientalistas, automatización del trabajo en contra de la agricultura tradicional, eliminación de exenciones fiscales, prohibición de mercancía rusa, entrada de alimentos sintéticos y aumento de los costes del gasóleo agrícola.

¿Pero en qué medida la Agenda 2030 ha perjudicado a los trabajadores agrícolas y ganadores de la Unión Europea? Todo comenzó con la implementación del Pacto Verde Europeo en el año 2020. Al aprobarse este pacto, se promovieron técnicas agrícolas que respetaran el medioambiente bajo el eslogan “De la granja a la mesa”. Esto quiere decir que los agricultores y granjeros tendrán que pagar más impuestos para costear estas técnicas, además de priorizar las grandes explotaciones por parte de empresas suscritas a la Agenda, en desmedro del cultivo local que genera trabajo, arraigo y comunidad, términos irrelevantes para las políticas globalistas. Aparte, el recorte al diésel agrícola ha afectado de manera notable a los pequeños y medianos agricultores, quienes cuentan con este combustible subvencionado para echar a andar su maquinaria a través de las tierras cultivables.

La “tractorada” continúa su avance por gran parte de la Unión Europea. Y lo han hecho de manera determinada, a tal punto que han cortado carreteras y han detenido los suministros, con tal de generar presión en cada una de las legislaciones. Es sabido que dos de los objetivos de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible hablan precisamente de la Producción y Consumo Responsable y la Acción por el clima. La “bajada política” de dichos objetivos suscritos de manera unilateral por los países en conflicto es lo que se está cuestionando fuertemente, sobre todo cuando lo que está en juego es el futuro del consumo alimentario y el ecosistema europeo, creando, además, un precedente para el resto del mundo.

El agricultor y activista social español Josep Pamies, conocido por promover la autonomía alimentaria y medicinal, ha estado atento a la “tractorada” que recorre toda Europa. Sin embargo, se ha mostrado escéptico, incluso hasta pesimista, sobre la eficacia de esta lucha. “Yo he participado mucho de esta historia, y me he dado cuenta que mientras más te manifestabas, más fuerza les dabas. Ellos no son importantes para nosotros, ¿para qué darles más importancia? Ellos no pueden solucionar tus problemas, ellos son los que los ocasionan”, ha dicho, fuerte y claro, el agricultor Pamies al respecto. En suma, es un gesto potente el de la “tractorada” pero mucho más beneficioso, a la larga, el desarrollo de la autosuficiencia de cada individuo y de cada comunidad para poder sobrevivir, poco a poco, sin depender de la gran industria ni de los mercados transnacionales.

¿Para qué usar tractores tan magníficos si no puedes alimentar ni a tus seres queridos? Esa es la pregunta que se plantea Pamies y que también le llega, de soslayo, a quienes, entusiastas, apuestan por la vía de la insurrección. Se trata de replegarse, de crear otro “ecosistema” y no intentar destruir el que te quieren imponer. Aprender a cultivar tus propios alimentos y medicinas y autoabastecerte con recursos de la propia naturaleza. Ese parece ser el mensaje que entrega Pamies y que, de algún modo, complementa el ideario de los trabajadores de la tierra.

En definitiva, para combatir la Agenda 2030, se requiere hacerlo desde diferentes frentes. “La tractorada” ya ha comenzado desde su propio sector: la agricultura, la agronomía y la ganadería. Pero se requiere de una estrategia que contemple dos vertientes, tanto la reivindicativa que busca “cambiar el sistema” por sus propios medios, como la de la autonomía y la autosuficiencia, que invita a explorar y aplicar métodos de autocultivo, en una lección de verdadero anarquismo agrario. Al final del día, continuarán rugiendo los tractores de toda Europa contra la agonía del campo. 

"El mal latente en todos". Reseña de "Cuando acecha la maldad" (2023) de Demian Rugna

De la nueva película de terror argentina, "Cuando acecha la maldad" (2023) de Demian Rugna, puede hacerse una lectura espeluznante. Más allá de la crítica política, demasiado contingente y maniquea, hay un trasfondo mucho más sórdido: la capacidad de contagio del mal. Aquí la posesión demoniaca puede incubarse en cualquiera, sin contemplaciones. La violencia se transmite y le permite al mal abrirse paso entre los habitantes del campo. Así como el demonio busca una oportunidad para expandir sus influencias y sembrar el caos y la confusión, también el sentimiento del odio polariza, enajena a sus individuos y divide a una comunidad completa.
Los "embichados", que es como se llama en el campo a los animales que tienen gusanos en su herida, representan a aquellos que pudieran ser los "encarnados" por el demonio. La sola idea de ser poseído lleva a los habitantes a la paranoia total. Se sospecha de cada personaje, y se hace patente la fragilidad de un espacio humano sin el amparo del Estado, convertido en sí mismo en una entidad burocrática, parasitaria. La enajenación de los individuos conlleva la ruptura del tejido social. El terror es el efecto de la desarticulación. Los hermanos Pedro y Jimi temen ser "embichados" por los demás personajes, tal cual en los tiempos de pandemia proliferaba la sospecha de contagio por coronavirus.
Nadie se salva. Desde "El Ruiz", dueño del campo, hasta los niños de un poblado, pasando por los hijos de Pedro. Cada quien es susceptible de sucumbir al mal invisible, al mal reptante que parasita de sus huéspedes humanos y se manifiesta, luego, en forma de agresión, rencor y corrupción. La idea de una encarnación maligna con forma orgánica me recordó mucho a la clásica Possession (1981) de Zulawski, en la que el protagonista se enfrenta a un doppelganger oscuro, fruto de todo el odio acumulado por las tensiones con su ex esposa. En Cuando acecha la maldad, también podría decirse que los "encarnados" se alimentan del odio y la violencia de sus propios huéspedes humanos. Por lo que el demonio no vive por sí solo: sobrevive precisamente gracias a ese nutriente de perversidad.
Con un guiño a La gallina degollada de Horacio Quiroga, también ese mal, esa cólera orgánica, esa disfunción del espíritu se hace manifiesta en la propia familia de Pedro, en su incomunicación e incomprensión. Cuidado con lo que piensas y dices, parece rumiar la consciencia del protagonista, porque te puede llamar tu propia ex difunta y proyectar en ti tus propios pensamientos. Cuidado con lo que haces y con tus acciones, porque cada acto errático o malicioso puede contagiarse a tu alrededor e invocar un infierno. "El infierno son los otros", decía Sartre. En Cuando acecha la maldad, no queda espacio para la reivindicación ni la sublimación. Es la catarsis trágica de algo inevitable: la encarnación misma del mal con el rostro de un niño pequeño. Ese niño crecerá y se volverá hombre. En suma, el mal no es un ente extraño, es el resultado explícito de la deshumanización.
La lectura política contra el gobierno argentino sería reduccionista, toda vez que el mal representado en la película no se abandera por partidos ni posiciones ideológicas. El mal ataca por igual a hombres, mujeres y niños. Asimismo, la carencia de virtud y la manifestación del odio y la violencia no son patrimonio de ningún sector, es algo latente en cualquiera que le abra las puertas. Puede desplegarse en forma de anarquía o con una dictadura bajo la excusa de la ley y el orden. Acá el mal no discrimina. Cuando acecha la maldad habla precisamente de eso. El mal está latente en todos. 



sábado, 10 de febrero de 2024

La oscuridad del globalismo, Gonzalo Wielandt

El globalismo como la historicidad de los poderes supraestatales y trasnacionales ha adquirido, en las últimas décadas, especial relevancia a partir del derrumbe de la Unión Soviética. EE.UU. como potencia hegemónica instala lógicas de dominación a través de la guerra en puntos estratégicos del planeta, aduciendo varios argumentos para esconder el propósito verdadero. Uno de los casos más especiales fue la guerra de Kosovo, donde en base al criterio del humanismo militar, o sea en pos de los derechos humanos, la OTAN bombardea Serbia.

En la primera década de los 2000 se busca el motivo para invadir Irak, escondiendo el verdadero, publicado en el "BildZeitung" el día uno de la invasión, que era desestabilizar Siria para derrocar al régimen de Bashar al Assad. Las consecuencias de esta intervención derivaron en el Estado Islámico de Irak y el Levante o Siria, más conocido como ISIS para occidente o Daesh, organización terrorista finalmente derrotada por Rusia e Irán y sus aliados, más otras milicias pertenecientes a los kurdos y sus cercanos.

La lucha contra el Yihadismo trajo consigo un acercamiento singular entre cristianos y musulmanes en el Medio Oriente, afiatado en su lucha contra las milicias fundamentalistas. Sin embargo, después de esa dura experiencia que actualmente aún persisten sus secuelas geopolíticas, Occidente reactivó políticas de fines de los 70 y de los 80, cuyo motivo es exacerbar el liberalismo individualista para generar condiciones de debilitamiento de sociedades y de creencias religiosas. En este sentido, la propagación de la ideología de género, provista ya por el Informe Kissinger "NSSM 200", ha invadido gran parte de las agendas gubernamentales, asumidas por las derechas e izquierdas globalistas. Además advierte la necesidad de tomar medidas en relación con la sobrepoblación y otros asuntos de seguridad de los EE.UU.

Hechos que se han visto reflejado por el pacto migratorio de la ONU, pero cuya propuesta en el fondo nace del gobierno de Angela Merkel como canciller de Alemania, para descomprimir la irresponsable política migratoria europea. Asimismo, la propagación del fundamentalismo ecologista, usando como pretexto el cambio climático, ha imbuido en organismos supraestatales y transnacionales la idea de eliminar la agricultura y ganadería de los países europeos, medida que perfectamente podría extenderse a nuestro continente, si no logramos elegir un gobierno de vocación nacional y popular.

La oscuridad del liberalglobalismo yace en una pretensión hegemónica del mundo a través de la fractura de las sociedades, desaparición de las familias y reemplazo de la religión así como de la moral natural por la ideología de genero y la eliminación de la verdad en base a pretextos de desinformación, conculcando la libertad de prensa e información tal como se propuso en el Foro Económico Mundial. En consecuencia, la perversidad del liberalismo global es la instalación de una dictadura totalitaria intrínsecamente perversa, cuyo fin es el control de las mentes y de los sentidos de cada acción humana, así todo el mundo cree que vive en libertad, siendo esclavo.

viernes, 9 de febrero de 2024

Parabellum, de Pablo Guzmán Ratzinger

Octubre de 2019.

El sacerdote y astrónomo de la Universidad de Arizona Joseph Foster se encuentra en Santiago de Chile visitando a sus padres. Luego de la trágica muerte de un gran amigo de su infancia, recibe un mensaje del reputado psiquiatra estadounidense Richard Gallagher, quien le pide una reunión urgente al interior de la Iglesia de la Vera Cruz, antiguo templo donde se resguarda un pequeño trozo de la estructura de madera en la que fue crucificado Jesús, hallada por Santa Helena en el siglo IV.

El médico le afirma, sin tapujos, que su amigo murió por obra del demonio.

Foster queda desconcertado. En pleno siglo XXI, ¿todavía existen personas que creen en la existencia de ángeles caídos operando en el mundo terreno?

Foster y Gallagher, junto a la monja e historiadora de la Universidad de Oxford Katherina Alexander, se verán enfrentados a una antigua organización ocultista llamada Sociedad Teosófica, que estaría involucrada en la insurrección de Chile, y cuyo plan mayor consistiría en derribar el Estado de la Ciudad del Vaticano, para después eliminar los cimientos cristianos de occidente.

miércoles, 7 de febrero de 2024

En el siglo del “descalabro”, presentimiento del Final. Reseña analítica de “Escatología. Poemas para un holocausto nuclear” (2020) de Vladimir Boroa.

El año 2020 fue un año desastroso, catastrófico e incierto, en un plano material, humano y existencial. Cambio de década, cambio de paradigmas. Y los cambios fueron violentos, aciagos. Nos encerraron contra nuestra voluntad para ponernos a resguardo de un virus letal. Jugaron con nuestra psiquis y nuestro organismo. Olimos el germen de la muerte que pululaba invisible y que amenazaba con liquidarnos, si es que no obedecíamos a las autoridades de turno.

A todas luces, el arranque de la década nos dio la bienvenida a un mundo que presentía cada vez más cercana la intuición del fin, pero de aquel fin milenario, ya predicho por las Sagradas Escrituras y por todos los credos religiosos de la Antigüedad. Aquel fin humano ya constatado durante el siglo XX, el siglo que parecía haberle pertenecido por entero al Diablo.

¿Para qué poetas en tiempos de angustia? Se preguntaba Holderlin. Su pregunta viene a cuento, otra vez, en esta nueva y angustiante jornada. El lenguaje de la poesía sobrevive, cual bicho sagrado, a la hecatombe, o hace lo posible para sobrevivir, aunque tenga que recoger por pedazos sus significantes, sus ritmos y sus imágenes, a riesgo de volverse radiactivos. Así, tenemos en el poeta Vladimir Boroa un vivo ejemplo de este recurso de la palabra poética de cara a un mundo en franca decadencia y una coyuntura geopolítica del todo crítica.

No es fácil poetizar sobre la muerte y el apocalipsis, sobre la condición mortal del hombre y la finitud de la vida y del mundo y, al mismo tiempo, irradiar belleza y elegancia. Ya lo han hecho de manera magistral algunos maestros como Cioran, Caraco y Ligotti. El gran mérito de Boroa es que se atrevió a su propio viaje lírico rumbo a la inclaudicable desintegración de las cosas humanas.

Su poemario “Escatología. Poemas para un holocausto nuclear” (2020) remite a una realidad geopolítica muy reciente y, por cierto, a una realidad histórica ya vivida: la de la Guerra Fría y las dos Guerras Mundiales. Incluso va más allá: su canto elegíaco a los finales se apronta a épocas remotas de la humanidad, en donde el hablante realiza un recorrido existencial, evocando en cada tiempo y en cada espacio el presentimiento de los finales, pero unos finales mortales, porque, a la larga, son parte inexorable de la propia materia viva.

El poemario se divide en tres grandes partes: El Tiempo, El amor o la destrucción y Escatología. Poemas para un holocausto nuclear. Era inevitable que Escatología (del griego, “estudio de lo último” o “tratado de los finales”) comenzara versando sobre el Tiempo, aquel devorador de sus propios hijos, como lo señalaba en la mitología sobre Cronos.

A modo de introducción, cual génesis fúnebre, se hace patente el tópico del Tempus Fugit, el tiempo fugaz, cual cuchillo, cual arena movediza y cual vampiro, metáforas perfectas de la fugacidad del tiempo y su paso inexorable, por qué no, asesino. Hay reminiscencias al viaje de Odiseo: “La Nada es el destino de la Muerte;/ No hay hombre ni mujer que no despierte/ entre aquel sueño del cual hemos venido”. También se rememora, paradójicamente, el olvido como materia de ese propio tiempo destructor. El relojero, su figura, aparece evocado, la arena de su reloj es la medida de lo que comienza y de lo que acaba: “y todo aquello que es este presente/ ya ha sucedido”.

El hablante no se conforma con graficar una sola impresión de los finales. No. Para él, la historia humana conocida sirve de campo idóneo para el desenvolvimiento de la escatología. Así, figura Cronos en ese enclave, y además Molk, la figura del sacrificio en la religión cananea. El Gehena, infierno judío, es mencionado y pinta un contexto religioso antiquísimo, porque la religión establece el principio y el fin mismo de la civilización humana.

A todo paraíso, se le antepone su infierno. A toda tierra le corresponde su trascendencia y también su falso Dios. A toda vida, su muerte. El hablante lo deja expresar a través de algunos sonetos y poemas en medida libre, con un lenguaje pletórico en metáforas y con elegancia métrica y rítmica.

El tiempo humano es sacrificable. La infancia figura ardiente. La nostalgia, la melancolía y el crepúsculo son parte del corazón y el espíritu humano. El mundo y su acabóse lo presienten y lo acogen. El tópico Ubi Sunt ¿Dónde están? No podía faltar. La pérdida es parte integral de la condición humana, podría decirse que su cualidad característica. Recordemos el “ser para la muerte” heideggeriano. Con la muerte se pierde, aunque también se gana ¿acaso un nuevo plano de consciencia? ¿Una nueva perspectiva sobre la vida misma? ¿Un mejor entendimiento de todo lo que nos rodea, oscuro en su comprensión pero diáfano en su sensibilidad?

El hablante se siente tan parte del tiempo que sabe que acabará con él. Se sabe tan parte de la historia humana que siente a Homero, a los dioses toltecas, a Sofócles y a Dante morir a su lado, respirándole cual apariciones fantasmales. Los siente vivos porque él también zozobra en su vivencia, porque también siente que va a morir y que los va a acompañar.

La muerte en el poemario se despliega como intuición humana aunque también es representada en sus elementos naturales. El agua está presente en forma de símbolo de lo vivo que fluye: el tiempo, ese tiempo que recurre y que no deja de pasar. La niebla es representada en forma de tiempo invernal, tiempo de recogimiento y de incertidumbre. A otro día, el rocío, la aurora, presagian un nuevo despertar, un presagio que dura y que acaba, a fin de cuentas. Postquam vitae, después de la vida, solo resta el escepticismo nihilista: la nada, el vacío.

En el proceso, se agotan los caminos, y el caminante, aquel caminante de Antonio Machado ya ha perdido el propio andar. Sin guía, sin sueños, sin recuerdo ni destino, su camino se dirige hacia la muerte, pero, a la larga, como señala el propio hablante lírico: “Sé como el caminante/ que sabe que el final está adelante,/ y atrás, solo una herida que se cierra”. La vida, el tiempo, su materia mortal, sería esa herida que debe cerrarse y cicatrizar para siempre.

Memento Mori, recuerda que morirás, es el tópico antiguo que cierra el ciclo y que se conjuga perfectamente con el Tempus Fugit. Como el tiempo es fugaz, recuerda que vas a morir: “Entrégate a la hora postrimera,/sonríe a tu final correspondido”.

En la siguiente parte, El amor o la destrucción, el hablante vuelve indisoluble el sentimiento del amor con el sentimiento sobre los finales. Pareciera que aquí el amor es el lenguaje del sentimiento ido, del sentimiento humano que fue y que dejará de ser. Por lo mismo, se repite mucho la despedida, el agradecimiento, el adiós. Luego, la añoranza, la pérdida, ¿Dónde estás?, la despedida.

Un mundo distópico, apocalíptico, agónico, alguna vez fue un jardín rebosante de sensaciones y de emociones de alta vibración, pero ahora rebosa de desconsuelo, desesperación, desamparo, desesperanza, un pathos negativo, trágico, tanático: “Tal vez un mundo todavía espera/ pero jamás van a ceder sus puertas./ Teníamos la llave y la perdimos./Seremos siempre un viaje inacabado”. Todo lo cual remite a aquella frase demoledora de Franz Kafka: “Bastante esperanza, infinita esperanza, pero no para nosotros”. Lo apocalíptico es, en sí mismo, kafkiano. Nuestro mundo lo es, en su cualidad escatológica.

La parte que cierra el poemario, a modo de trilogía, le otorga el nombre: Escatología. Poemas para un holocausto nuclear. Y no podía faltar la alusión directa a Oppenheimer, el físico responsable de la primera bomba atómica. “Ahora me he convertido en la muerte” repite el hablante, citando al Bhagavad Gita, a su vez, citado por el propio Oppenheimer, quien gustaba de la poesía. Un soneto atómico homenajea al físico y, a su vez, rememora su cruenta creación como una plausible amenaza real contra nuestro mundo reciente.

En 1945, fecha paradigmática, el hablante invoca el aliento de la muerte, en la forma del fuego: “El fuego emerge como un Sol naciente/ hasta alcanzar el cielo”. En El punto decisivo, parece exclamar: “Maldito ha sido el corazón humano”, dejando en claro que el propio ser humano fue el responsable y el artífice de su perdición, consumido por su propia oscuridad, en una cita indirecta a Joseph Conrad y su clásico “Corazón de las tinieblas”.

Hay en “Guerra fría” una mirada crítica sobre el pasado bélico e incluso una lectura ácida sobre el presente: “Yo solo puedo ver/una guerra de ciegos que defienden/sus absurdos puntos de vista”. Más adelante, el hablante, constatado el imaginario catastrófico del que es testigo, intenta aferrarse todavía a la vida, a través de la espera de un amor que no regresa, el sentimiento vital del baile, la danza de la muerte, la proyección profética frente a la “caída de Babilonia” y una fiesta de máscaras, entendiendo que toda la vida humana fue eso: una mascarada, un baile desenfrenado de apariencias, donde los rostros reales eran demasiado sórdidos para ser descubiertos.

La muerte arroja una última evocación en dicha parte del poemario, y el hablante habla de evanescencias y distancias para intentar realizar un último recorrido, quizá un recorrido de despedida de este mundo y de este plano. Aparece Comala como destino posible, la utopía figura invertida al aludir que “donde vaya habrá ruina”. Viaja incluso a la Madre Patria, articulando un recorrido a través de los orígenes de su lengua. Por lo mismo, el hablante se siente quijotesco y, de hecho, reivindica al Quijote, un Quijote en plena era posmoderna, luchando contra los molinos atómicos.

El viaje nostálgico continúa y ya tampoco hay Ítaca. Vuelve a su presente y no queda ni la Patagonia. Nuestras latitudes también le dicen adiós al hablante lírico de los finales escatológicos. “Será triste abandonar/ toda esta grandeza profanada”, sentencia, a modo de confesión última. Y, ante el desparpajo de la vida, incluso acaba su sentido. Al sentirse frágil, finito, la siente estéril, carente de significado, de trascendencia. Es el nihilismo palpitante de las intuiciones postrimeras. Un epílogo vacilante, escéptico, en la zozobra perpetua.

“Quizá un lenguaje para los finales, exija la total abolición de los otros lenguajes”, decía el poeta Roberto Juarroz. Sin embargo, no es así para Vladimir Boroa. Él apuesta, en un auténtico trabajo de arqueología y hermenéutica, a reivindicar las formas poéticas de la tradición grecolatina para otorgarle voz y cuerpo a sus textos, en un intento arriesgado por revitalizar lo que lleva en sí mismo el germen de la descomposición. Al versar sobre los finales, de manera paradójica, el hablante vuelve a la vida las formas poéticas que se pretendían acabadas.

El reloj simbólico, creado por el Boletín de Científicos Atómicos, representa la proximidad de la humanidad a posibles amenazas a su existencia. Hoy, 2024, ha sido colocado a 90 segundos de medianoche, según dicen, el momento más peligroso desde la Guerra Fría.

Las distintas insurrecciones ocurridas en Hispanoamérica, la crisis pandémica y los encierros, la guerra entre Ucrania y Rusia, el conflicto entre Israel y Palestina, el enfrentamiento geopolítico entre potencias, los levantamientos de agricultores en diferentes partes de Europa y los incendios ocurridos en diferentes zonas de Chile configuran el escenario siniestro ya pronosticado por los científicos y, mucho antes, por los mismísimos profetas de toda laya.

Vladimir Boroa, con su poesía, se propuso crear un auténtico tratado poético sobre nuestros tiempos finales, así mismo, un canto elegíaco y escatológico a la realidad histórica que nos atraviesa, con sus aires de renovación caótica. Él mismo dijo: “La poesía escatológica se ha desprendido del carácter idealista respecto a los finales de las eras. Se trata de un imaginario materialista, o –si esto molesta a los filósofos materialistas-, realista”.

En fin, para el poeta, la realidad material se plantea como el imaginario perfecto para la representación de los finales, a través de la palabra poética. Fue la realidad, la realidad palpable, la realidad histórica, la maestra, y la poesía, la trompeta angélica que anunció el rumor del final definitivo, la hora del fin. Más allá del hombre, el completo silencio.

martes, 6 de febrero de 2024

Está brígido el guionista de Chile. Preguntas al instante: ¿En qué circunstancias murió Piñera? ¿Quiénes fueron los verdaderos responsables de los incendios? Y me aventuro a otra pregunta más audaz ¿Qué relación podrían tener estos hechos entre sí? Acá hay algo más

"La izquierda se ha entregado al globalismo". Paloma Hernández, entrevista.

"De un tiempo a esta parte, se habla de cómo el eje izquierda-derecha está superado, y que la dicotomía entre globalistas y patriotas explicaría mejor la realidad política.
Yo creo que globalistas-patriotas no es el único eje, pero sí es el que está marcando de una manera más clara el ambiente ideológico-político del presente, sobre todo en Europa y América. La idea de «ceder toneladas de soberanía» a ciertos organismos supranacionales es una tendencia que se está imponiendo como hegemónica, pero no es la única.
¿Tiene sentido seguir hablando de izquierdas o de derechas?
No. Esa dicotomía, como la de progresistas frente a conservadores o la de fascistas frente a demócratas, se usa de forma maniquea y encierra una especie de teología política, pues se plantea como una lucha a muerte entre el bien y el mal. La dialéctica «globalistas frente a patriotas» se aproxima más a la política real en el sentido de que atiende a cuestiones políticas y geopolíticas: hay quienes están a favor y quienes están en contra del modelo del Estado nación, que es el que ha imperado en los últimos 200 años.
¿Tiene sentido plantearse la pregunta de si el globalismo oficial es de izquierdas o de derechas?
No, ninguna. El globalismo oficial es un imperialismo de Estado y su plano tecnológico —el plano de la Realpolitik— es la lucha a muerte entre Imperios. El plano de la dialéctica de clases (lucha entre «izquierdas» y «derechas», por ejemplo) ha sido desbordado por el plano de la dialéctica de Estados y de Imperios."

Leído por ahí: Naya "Fácil" ha hecho más que cualquier político. Sus seguidores, los "facilines" han logrado reunir la suma de 20 millones en beneficio de los damnificados.