miércoles, 10 de noviembre de 2021

Durante la clase sobre la unidad de Poder y ambición, expliqué cómo estas temáticas se podían apreciar en la literatura a través de la tragedia, hasta que un cabro pidió la palabra y me dijo si podía preguntar algo. “¿Usted quién cree que está más capacitado para ser presidente?” Una muy buena pregunta, le dije de inmediato. El cabro comentó que tal vez la pregunta no estaba tan fuera de contexto, después de todo. Una compañera suya, animada por la participación, me preguntó a su vez: “¿Usted es de izquierda o de derecha?”. Silencio por algunos segundos. Luego, el cabro de la pregunta dijo, decidido, que habláramos de política. Los del fondo se sumaron a la moción, con sumo entusiasmo. Curiosamente, el tema político surgió a raíz del tema de Poder y ambición, y fue genial porque no hubo necesidad de engancharlos, el ánimo de la clase estuvo de por sí conectado con la temática.

Volví sobre las preguntas que me habían hecho los cabros, y traté de responder la primera, pero, al instante, la cabra de la segunda pregunta insistía en que respondiera la suya. Entonces, la respondí frente al curso, confesando que yo había sido de izquierda, pero que, últimamente, después de una profunda reflexión, me había inclinado por el centro ¿Por qué? Porque había visto los recientes acontecimientos políticos y había comenzado a desilusionarme de las propuestas de izquierda, las cuales no creía que hubieran logrado ni lograran realmente un cambio sustantivo en la sociedad. La clase política sigue siendo la misma. Siguen existiendo los problemas de siempre. En suma, no creía que esas ideas garantizaran un cambio real, todo lo cual me llevó a una postura, si se quiere, centrista, aunque tampoco inclinado hacia la derecha, porque eso sería apoyar abiertamente el sistema de cosas. La cabra de la segunda pregunta asintió, al parecer, satisfecha por mi respuesta rápida, superficial, y luego retomó la primera pregunta de su compañero: ¿por cuál candidato votaría? Le respondí que ya había analizado a todos los candidatos y francamente ninguno me convencía al cien por ciento.

El cabro de la primera pregunta se levantó, más animoso que nunca, para preguntarme qué opinaba sobre “el jardín”. Todos los cabros, al escuchar hablar sobre este, se mantuvieron intrigados. ¿Qué quería decir con eso? El cabro continuó explicando lo que quería decir, señalando que el jardín se refería a que Kast se peleaba con Boric y a que un abuelo (señalando a Artés) estaba de candidato. Los compañeros se rieron al escuchar la referencia al abuelo. Después, el cabro siguió hablando algo sobre un hijito de papá. Le hice saber que Boric era ese hijito de papá. “Sí -confirmó el cabro-, el que su papá vendió unos terrenos por más de mil millones”. Volvieron a reír los cabros. En el lapso de unos quince minutos, la clase pasó de hablar sobre el poder y la ambición en la tragedia literaria a burlarse en tono medio en serio, medio en broma, de los candidatos a la presidencia de Chile.

La cabra de la segunda pregunta, para seguir con la discusión, dijo que su madre de izquierda iba a votar por Boric. Le dije que mi madre también era de izquierda y votaría por él. Luego, la chica siguió comentando que su madre estaba decepcionada, al ver cómo el candidato se equivocaba una y otra vez, y que incluso ahora quería que saliera Kast. Al mencionar al candidato de derecha, los cabros del fondo empezaron a hablar al unísono, confundiéndose sus voces. Voces de dudas y cuestionamientos. Más allá de esto, la cabra retomó lo que decía, señalando que si ganara alguno de los dos, Boric o Kast, sería por un margen estrecho. Esa era su teoría. Una contienda reñida. A esa altura de la clase, la política ya se había tomado el corazón de los contenidos, de modo que hice un alto y le hice saber al curso que lo que estábamos discutiendo tenía especial vínculo con el gran tema de la última unidad del trimestre. Hice hincapié en que el análisis de los cabros se acercaba mucho a la realidad, ya que el escenario político en Chile, hoy por hoy, está polarizado. Ante esta aclaración, la cabra de la segunda pregunta volvió a hablar y dijo que Kast, a su juicio, ha destacado porque es más “puntudo”, “no tiene miedo” y “dice las cosas así y así”. En cambio, Boric, según ella, nunca sabe nada, siempre está como improvisando. Dicho esto, al fondo de la sala, unos cabros gritaron “El cifras”. Volvieron a reír.

La discusión política dirigió el destino de la clase. Un espíritu de asambleísmo se asomó de pronto en la clase de Media, pero tenía que, como profe, volver a reconducirla hacia su objetivo curricular. De este modo, traté de concluir lo que los cabros habían expuesto hace unos momentos, señalando que todo tenía que ver con lo que estábamos viendo, con la unidad del Poder y la ambición en la literatura, aunque, en el fondo, supiéramos que esta nutrida y entretenida digresión excedía por mucho las posibilidades temáticas del ramo. El interés por el devenir político del país y por la confrontación ideológica había conquistado, de manera genuina, la voluntad de conocimiento de los alumnos. Estaban dispuestos a seguir hablando, chacoteando, incluso proponiendo ellos mismos una actividad de debate, cosa que, de todas maneras, estaba contemplada como evaluación sumativa.

Al saber que los cabros estaban dispuestos a seguir los temas estudiados, traté de unir la discusión política con lo relativo a conceptos del género dramático, en particular, los relacionados con la tragedia griega: la peripecia y la anagnórisis. Difícil, pese a que la explicación fluía y se entendía, tomando como ejemplo los casos de los Pandora Papers sobre políticos descubiertos en casos de corrupción y evasión de impuestos. En ese sentido, había que entender la anagnórisis como la revelación de verdades incómodas.

Mientras explicaba, los cabros continuaron conversando, a propósito de la política chilena. El cabro de la primera pregunta me preguntó si acaso creía que el voto debía ser obligatorio. Le respondí que, en un principio, no, pero que, dada la alta tasa de abstención durante las últimas elecciones, se haría necesario para poder continuar con la democracia representativa. La cabra de la segunda pregunta dijo que los de derecha tendían a ser más unidos, justamente porque iban en bloque a votar y, en cambio, los de izquierda “se la pasaban peleando”. El resto de la clase, ambos cabros, los más participativos, siguieron discutiendo sobre el voto electrónico, el rol de los empresarios en la economía, el rol del Estado, el cuarto retiro, incluso sobre la igualdad de género. A medida que las intervenciones se hacían más intensas, los cabros al fondo, que ya parecían la barra brava de un debate televisado, comenzaron a aplaudir cada argumento, en señal irónica de aprobación.

Lo que, en otra época, podría parecer simple desorden, se transformó, sin más, en una clase dinámica, más allá de los rígidos lineamientos curriculares; una clase viva, haciéndose a sí misma a partir del eje político y su libertad de expresión. Qué diferencia podía apreciarse con respecto a los tóxicos pseudo debates en redes sociales, donde pulula la funa y la cancelación al que piensa distinto y, sobre todo, con respecto al adoctrinamiento en aquellas viejas asambleas universitarias que no terminaban nunca y en el que siempre ganaba el que gritaba más fuerte. El aula escolar se había vuelto, por fin, una mini convención democrática, sin otro fin que el desarrollo de las ideas y el entendimiento y comprensión mutuos, carente de la bulla de las militancias y la ceguera de las banderas.

El androide aproximativo

Hace más de quince años (2005) escribí un poema llamado El androide aproximativo, en una especie de relectura del poema El hombre aproximativo de Tristan Tzara, mezclado con elementos alusivos a la ciencia ficción y la distopía tecnológica. En unos versos del poema, mencioné repetidamente a Bill Gates como personaje siniestro que, de alguna manera, preside esta especie de revolución del “androide aproximado”, el nacimiento del hombre-máquina. Hoy por hoy, en pleno contexto covid, luego de investigar el interés creciente de Bill Gates en el transhumanismo, me sorprendió la vigencia de estos versos, escritos, en un comienzo, como mero ejercicio poético.

Mientras deducen su velocidad,

él socava las vísceras del tiempo.

Mientras absorben su luz,

él entierra la médula del espacio.

El ejército del androide aproximativo,

la clave ancestral desbloqueada,

la abismal consecuencia de Bill Gates,

domador de programas y dictador tecnológico.

Desde el pasado, se describirá y revivirá

al desalmado substituto,

al único y cibernético substituto,

y este volará por lo remoto,

para desafiar a la gravedad:

poseída libido de la raza humana.

Y para que no quepa duda respecto a esta alusión, solo puedo señalar que Bill Gates recomienda de manera ferviente uno de los libros más famosos sobre el tema: Homo Deus: Breve historia del mañana de Yuval Noah Harari. En este libro, Harari señala que “los humanos no lucharán contra las máquinas, se fusionarán con ellas. Nos dirigimos hacia el matrimonio más que a la guerra”. ¿Qué puede ser peor que un futuro a lo Terminator? Uno en que el hombre sea inseparable de la máquina, y apenas distinguible de ella.

martes, 9 de noviembre de 2021

El discurso de Jaime Naranjo

1.- El discurso acusatorio de Naranjo ¿2666? ¿O En busca del tiempo perdido? ¿En cuántos tomos se dividirá la nueva novela experimental chilena?

2.- Naranjo hizo un discurso de 1300 páginas para la acusación constitucional contra Piñera, en tiempo récord. Hágase esa, escritor de editorial.

3.- Leyó a 87 páginas por hora. El filibusterismo ha sido usado como herramienta para lograr un objetivo político. En USA está el récord para evitar que se aprobara una ley racista en los Estados sureños. Los congresistas demócratas estuvieron 86 días hablando sin parar, en contra de la moción republicana. Finalmente, no se aprobó esa propuesta. Eso fue en 1967.

4.- ¿Será nuestro filibusterismo criollo un ejemplo de épica estoica o de simple postergación estratégica?

Conversación entre dos escépticos políticos

-La verdad, no me interpreta Kast... pero la campaña del terror de la izquierda (eso del "nazi Kast") me da risa y rabia a partes iguales, por lo mentirosa. Leo a gente inteligente, culta, posteando estupideces como "primero mataron a los mapuches y no me importó", esa que ya sabes, y todo el staff de pelotudeces del estilo, para convencernos de que Kast es una especie de Hitler. Ante semejante despliegue de ingenio, por puro huevear me dan ganas de votar por Kast. Pero no tengo nada claro, la verdad.

-Me pasa lo mismo. Hay diferentes visiones la verdad. Hay unos que dicen que Kast representa el contrapeso al progresismo. Otros, más derechistas que es la única posibilidad de poner orden. Pará mí todas esas visiones son reduccionistas. El panorama está polarizado viejo. Hoy la cuestión es Boric o Kast, el proyecto progre del PC o la última esperanza de la derecha neoliberal. A mi juicio, ambos trabajan para el globalismo. No sé compa, el panorama no ofrece muchas alternativas. Al menos Kast ha sido más sólido en sus razonamientos pero tampoco es santo de mi devoción

-Entonces...

-Me acuerdo del eslogan de la película "Alien vs. Depredador". "ES NUESTRO PLANETA, PERO ESTA ES SU GUERRA... GANE QUIEN GANE, NOSOTROS PERDEMOS".

-No quedan candidatos

-Aquí el problema de fondo es que ninguno de los dos candidatos tiene realmente un proyecto país alejado de los intereses globales que amenazan con franquear nuestra soberanía

-Exacto. Por otro lado, la gente sólo habla del "poder económico", ignorando el potencial opresivo del "poder burocrático", las miríadas de puestos, repartijas y chiringuitos estatales, en los que la izquierda es especialista. Coincido con nuestro máximo marxista, Carlos Pérez, que propone al poder burocrático como una nueva clase social, con intereses bien específicos y particulares.

-Está todo amarrado. Piensa en lo siguiente: Boric asistió al Acuerdo por la Paz. Adscribió a una Nueva Constitución que en su ley 21200. Estipula que no se tocarán los tratados internacionales. Por otra parte, Kast se vende como anti ONU pero defiende el mismo modelo que permite el saqueo de trans nacionales.

-Ese es un punto crucial. Es la prueba más palmaria del carácter teatral de lo que sucede.

-La Constituyente está siendo intervenida por Fundación Alternativas, la cual suscribe la agenda 2030, y esta ahora se arroga facultades.

-Si gana Boric, ya me imagino los esfuerzos de todEs por integrar la Nomenklatura...

-En suma, no hay una opción realmente patriótica

-La Constituyente es el epítome de casi todo lo que detesto: el doble estándar descarado, el victimismo de vocación infinita, la pudibundez de la corrección política llevada a su máxima expresión y su obvio alineamiento globalista.

-Y lo peor es que hay gente inteligente que pone sus fichas en ella. Hoy más que nunca se requiere de escepticismo y paños fríos

-Más razón que un santo. Siempre, y no sin razón, el escepticismo tiene vínculos con cierto talante conservador.

-Claro, ayuda a mantener a resguardo el espíritu crítico, lejos de los ánimos febriles.

-Pero esa actitud igual tiene un precio…
Un colega en la sala de profes:

-¿Cómo estamos?

Yo: -Bien pues.

-No queda otra.

-Así es.

-Hay que estar bien, aunque estemos mal.

Porque el show debe continuar.

¿Cuántas veces han dicho que están bien para salir del paso y continuar con el día a día?

sábado, 6 de noviembre de 2021

Florcita Motuda, durante la discusión para acusar constitucionalmente a Piñera, intervino con algunas palabras muy llamativas: «Desde lo alto de las galaxias bajan estrellas muy brillantes hacia la mente de nuestro pueblo. Trata de ver esa luz adentro de tus ojos y no impidas que ella, la luz, obre por sí sola bondadosamente, iluminando todo. Absorbe la luz, absórbela, como si fuera un líquido o un viento». Para unos, un loco lindo. Para otros, un payaso político más. La acusación fue rechazada. Lo cierto es que nuestra coyuntura oscila en tiempo récord entre la tragedia griega, la comedia picaresca y lo real maravilloso cruzado con surrealismo.
Byung Chul Han acierta. El amor agoniza y deviene Thanatos. Cualquiera que haya amado, en el fondo, lo sabe.

¿El centro político ha muerto?

Discutíamos con mi madre respecto al futuro político de Chile. En la sobremesa del domingo, salió a colación el inevitable tema de las elecciones:

-Como mujer de izquierda que soy, votaré Boric.

-Yo aún no me decido. Para serte franco, ningún candidato me convence.

-Pero hijo, piénsalo bien, ahora la cosa es derecha o izquierda. Kast no puede salir.

-Lo que pasa, madre, es que pienso que son los políticos el problema.

-Hijo, eso mismo argumentaba Pinochet, y fíjate en todo lo que pasó después, y lo que costó recuperar la democracia. Ahora tenemos, al menos, la oportunidad de elegir otra cosa.

-Sí, demás. Igual el panorama está polarizado, pero tiene que haber otro camino…

-Yo creo que la cosa está más que clara: derecha o izquierda.

Es este un dilema que me ha venido persiguiendo durante el último tiempo, luego de serias reflexiones en torno a la coyuntura y la legitimidad de los partidos políticos. Un giro libertario me ha permitido ver otras posibilidades más allá de la vía refundacional. Sin embargo, no deja de ser cierto lo que dice mi madre: el clima político, hoy por hoy, está polarizado, y para muchos, más entusiastas y convencidos que yo en estas materias, la cuestión está decidida, a todas luces, entre uno u otro bando. Bien decía Mosciatti en su último comentario de la Bío Bío: “Lo que se ha dicho respecto al choque de trenes es inevitable. El centro político prácticamente ha desaparecido. El vacío es de votantes y participantes, porque las sociedades también se pueden polarizar. En el fondo, tienen razón los que indican que el choque hoy es entre dos modelos”. Y así es.

Tal parece que las elecciones presidenciales, en pleno contexto covid, están emulando la Tercera ley de Newton: A toda fuerza se le opone otra fuerza de igual magnitud pero contraria. La cuestión a nivel mediático pareciera estar zanjada: Boric o Kast. Entonces, todo intento por aunar un centro político en Chile se ha visto truncado por aquellas dos fuerzas antagónicas que ahora se enfrentan, dos modelos, dos visiones de sociedad, como reflejo de una tensión político ideológica que no para de agudizarse desde el 18/10 y que se consolida con el proceso constituyente solo para seguir avanzando rumbo a la batalla de las presidenciales. La DC está derrotada, eso es un hecho, es cosa de ver los números. Todos han apuntado, sin duda, a la falta de consistencia de una DC inclinada hacia la “centroizquierda” de parte de Provoste, y al fracaso rotundo de una “centroderecha” liberal liderada por Sichel, otrora simpatizante de la DC. El centro político está en tu mente, me decía un amigo. Según dicen, Chile ya no está para medias tintas, porque se están debatiendo cuestiones trascendentes, y eso requiere de convicciones firmes, posiciones bien consolidadas en forma y fondo.

He aquí que quisiera hacer un alto, y permitirme un instante de escepticismo frente al rumbo generalizado del devenir país. Porque pienso que, aunque el centro político esté derrotado de facto, continúa en sus estertores ¿A qué me refiero exactamente? Pues que existen otros centros más allá del tradicional. Me refiero a fuerzas alternativas que han ido surgiendo últimamente, tal vez, minoritarias; otras, incluso, invisibles para el gran ojo público, pero existentes y presentes a un costado de la corriente principal, fuera del gran coliseo romano de las grandes ideologías. Es cosa de remitirse a partidos políticos recién formados como Centro Unido, liderado por Dr File, que tuvo una incidencia no menor durante la carrera presidencial a mediados de año, con su visión en contra de las “derechas-izquierdas” y su propuesta del equilibrio político mezclada con filosofía confucionista. Algo, si se quiere, muy original y arriesgado. Dr File, de hecho, en su libro Politikon (2012) expresó su visión política sobre el centro de manera clara y precisa: “Pocos conocen el camino del centro y muchos desean conocerlo. El centro es el único lugar donde el hombre puede existir y la armonía es su ley constante. (…) Si todos los Estados fueran gobernados desde el centro, el mundo entero gozaría de equilibrio, ya que todo se encuentra interconectado”.



Afín a Centro Unido, se encuentra el Movimiento Chile Digno, que se define como un movimiento soberanista “que no comulga con las izquierdas ni derechas, ni con la lucha de clases que busca dividirnos”. Al igual que Centro Unido, su lectura sobre la contingencia apunta a combatir el Nuevo Orden Mundial y a la casta política servil a sus intereses. De modo que son críticos de todas las medidas geopolíticas de control que se han venido implementando últimamente con la excusa de la pandemia, considerándolas un severo ataque a la soberanía y a las libertades individuales de los chilenos. El Movimiento Chile Digno tuvo la intención de convertirse en un partido político, compartiendo espacio y objetivos con Centro Unido, pero, en el fondo, cedieron su protagonismo al partido del Dr File como una medida estratégica de cara a una mayor presencia en el sistema.



También se encuentran circulando, fuera del sistema electoral, librando una batalla cultural en distintos medios, visiones como las del Movimiento Social Patriota, que apunta hacia un nacionalismo de corte soberanista, entendiendo esto como un rechazo a cualquier intervención del extranjero en las políticas del país, y como el apoyo a un Estado fuerte que permita proteger los recursos naturales y económicos de la nación, rechazando de plano las prácticas neoliberales que han venido agotando –según dicen- el “espíritu de Chile”-. Ahora ¿en qué se diferencian del discurso de la izquierda? Básicamente, en que se distancian del progresismo deconstructivo que insta a refundar el país. Ellos prefieren mantener la integridad del Estado Nación y preservar la cultura y las tradiciones propias de la historia chilena, sin pretender cambiar su condición de República.


En otra vereda, se halla otro movimiento que podríamos considerar de “centro” llamado Movimiento Democracia Directa. Estos apuntan, directamente, a reconsiderar el concepto de democracia en su acepción original, “poder del pueblo” sin intervención de la maquinaria partidista estatal. Un verdadero “poder desde las bases”, con la ciudadanía organizada, decidiendo los asuntos políticos. Su lema es “juntos por una nueva consciencia de gobierno ciudadano”. Una parada, si se piensa, no muy diferente a la de un Artés, con la salvedad de que no pretenden seguir el proyecto del Partido Comunista de Chile, sino que apuntan a una democracia directa distante de la carga histórica que involucra el comunismo en cuanto cosmovisión y práctica política. Así lo han manifestado en su cuestionamiento al proceso constituyente, el cual denuncian, al señalar que no permitirá a los ciudadanos ser partícipes de la escritura de la Nueva Constitución, luego de que el Congreso chileno impidiera a los candidatos independientes poder pactar entre ellos y “armar listas aparte de los partidos políticos con el propósito de competir en las elecciones”. De tal forma, todo es un fraude, por lo que “no hay garantía de plena igualdad para competir, dejando de manifiesto el hecho que la clase política partidista confirma su rol de protectora del modelo “vende patria”. Está claro que para ellos, la clase política partidista involucra tanto a la izquierda como la derecha, ambos cómplices –según esta postura- de una visión binaria de la sociedad que no hace más que dividir a la población y favorecer a las elites en las altas esferas.
Como última postura de centro, tenemos la del youtuber Viva Chile. Este cuestiona abiertamente el globalismo impulsado por la ONU en el país. Su tesis más fuerte es que el Sistema de las Naciones Unidas se ha estado instalando en Chile desde antes de la UP y la Dictadura militar, sirviendo como centro de operaciones para una serie de experimentos socioeconómicos que se han gestado en el seno de la sociedad chilena, primero, con la Constitución del 80 para inaugurar el modelo neoliberal pensado por los Chicago Boys, y segundo, con la consolidación de este modelo mediante los gobiernos democráticos de la Concertación para, finalmente, propiciar las condiciones que deriven en una fuerte oposición, y así, provocar un malestar social que luego pueda ser instrumentalizado con el fin de instalar un sistema globalista, que afianzaría el descalabro y minaría cualquier atisbo de proyecto Estado Nación chileno. Viva Chile, a través de sus videos, hace un diagnóstico completo del país bajo esta mirada, plantea una propuesta muy clara sobre un modelo que podría generar –según afirma- un cambio radical. Se trata del Singapurismo a la chilena. Básicamente, un modelo de Estado chileno a lo Singapur, un equilibrio armonioso entre un Estado protector de la institucionalidad y los recursos naturales, y una economía de libre mercado respetuosa de las políticas internas del país. Un nuevo nacionalismo revisitado, un “chilenialismo” soberano, patriota, muy distinto a un hipotético gobierno popular y marxista y, por supuesto, totalmente diferente al capitalismo de compadres que representa el paradigma de nuestra forma de entender la sociedad y la política en Chile.

En suma, ¿el centro político en Chile ha sido derrotado? sí, por ahora, aunque no ha muerto, como suelen decir los simpatizantes de los movimientos y partidos tradicionales. En tiempos de polarización, se mantienen fuera, cual disidencia, negándose a transar sus principios. Uno puede no estar de acuerdo en muchas cosas con los distintos movimientos de centro, pero no puede descartar su potencial ni ignorar su presencia, confundiéndolos con la vetusta DC. Por lo pronto, trabajan y transitan el camino del medio, el centro, con miras a no decantarse demasiado por uno u otro lado del espectro político. Pese a que constituyan una fuerza menor a nivel país, puede que a futuro el escenario esté menos polarizado y sea la oportunidad para reencontrarse con los centros. Así que, mientras eso no ocurra, conviene leer a Alexander Dugin y su libro sobre la “cuarta teoría política”.

viernes, 5 de noviembre de 2021

Meta-verso

El término Metaverso tiene origen literario, y lo usó por primera vez Neal Stephenson en su novela de ciencia ficción, "Snow Crash" de 1992. O sea, en estricto rigor, Zuckerberg se apropió del término para vender su nuevo logotipo y ampliar su imperio virtual. Según palabras del propio Stephenson, el concepto de "metaverso" no viene de ninguna investigación que hiciera sobre el futuro de la virtualidad, sino que simplemente estaba "inventando mierdas" para su novela. Punto para la literatura de anticipación.


Otro fragmento del intento de novela romántica existencial que estoy escribiendo, entremezclada ficcionalmente con contingencia y otras yerbas:

Al día siguiente, había amanecido más caluroso de lo normal. Nos preguntamos a qué se debería. Vimos por la ventana y el cielo estaba enteramente anaranjado. Algo espeso e incandescente lo cubría. Pensamos, por un instante, que se trataba del humo acumulado de algunas barricadas en el plan de la ciudad, mezclado con el gas de las lacrimógenas, pero se trataba de un gran incendio viniendo desde algún cerro a lo lejos. No sé sabía de cuál de todos los cerros a la vista provenía. Vívidas reminiscencias del incendio del 2014.
Ella me dijo que mejor me fuera, porque podía ser muy peligroso volver más tarde. Me despedí de ella entonces, con un beso en la boca, prometiendo escribirle después. Tan pronto me fui de su casa, caminando cerro abajo, alcancé a ver el sol al rojo vivo, como un gran ojo infectado, premonición de que algo más pasaría, de que el incendio era el rito iniciático para un escenario apocalíptico, de que el mantra de nuestro tiempo ya estaba distorsionando la realidad completa, de que el fin de la década nos pillaba a todos, de una u otra forma, descolocados, con un giro dramático en nuestras circunstancias vitales. Miré fijamente hacia ese sol rojo en el cielo y mi consciencia fue devorada por él, perturbando poco a poco el fuego secreto que aún nos mantenía unidos.