La figura del ying yang, la cruz y el we tripantu en la pizarra. Un cabro preguntaba qué hacían esas figuras ahí. Tenían relación con la unidad del mito, el mito como símbolo. Una chica de adelante supo reconocer el ying yang pero no sabía qué representaba. Varias de sus compañeras comenzaron a responder cosas improvisadas: bien y mal, fantasmas, blanco y negro, cuestiones que indudablemente englobaban la dualidad. Luego de eso, y al cachar qué estaba explicando el significado de la cruz cristiana, un cabro se levantó y me dirigió una pregunta: "Profe ¿usted cree en la virgen?". Respuesta negativa. Sorprendido por la sinceridad, el cabro esta vez fue más lejos, aunque soltó una pregunta un tanto lógica, producto de la anterior: "Pero ¿usted cree en Dios?". Nuevamente, sin mayor reparo, otra respuesta negativa. El cabro miró extrañado a su compañero de al lado, quien le seguía la inquietud. Este volvió a preguntar, pero esta vez algo un poco más audaz: "Profe, ¿es usted feliz?". Confieso que la pensé. Cualquiera a la primera pensaría una respuesta tan abierta. "Ahh, la pensó!", replicó el chico, suponiendo que se trataba de una pregunta delicada. No me quedó otra que devolvérsela. Tampoco atinó a responder. Se rascaba la cabeza mientras miraba hacia cualquier lado excepto hacia la pizarra llena de símbolos. Unos cuantos comenzaban a borrar el ying yang. Una alumna saltó y borró la cruz. Sobre ella colocó una persona colgándose. La figura del we tripantu permanecía imperturbable, inadvertida. Otros cabros volvieron a dibujar el ying yang en otro espacio en blanco. Una última alumna, aprovechando que cada vez más compañeros se acoplaban hacia la pizarra, fue con el borrador amenazando con eliminar los dibujos y símbolos aleatorios. Un chico de más al fondo probaba esta vez con el signo de leo, con forma de órgano genital. Pequeña lucha entre simbologías y anulaciones. El carácter material de los símbolos iba delineando, en manos de los alumnos, el rito caótico de la clase.
viernes, 1 de junio de 2018
jueves, 31 de mayo de 2018
Una pareja de vagabundos borrachos echando la mona bajo la figura de la virgen y el niño dios, frente al que fuera mi antiguo colegio católico de básica. Cuando estaba por tomar la foto, un loco comentó al paso: "eso sí que es amistad wn". Otro compadre señaló: "Se van a achicharrar". El resto de los transeúntes pasaban por el lado mirando a la rápida, notando la extrañeza de la escena, pero sin prestar mayor atención. Una sola señora alcanzó a mirar a la estatua de la virgen y luego a los vagabundos como en una seña de incrédulo asombro. Miraba al cielo, advirtiendo el sol que los abrigaba, y, en cierta forma, al dios hipotético que los divisaba de reojo, encarnado en la figura estática de la santidad, cómplice del libre albedrío y el sueño etílico de estos cristianos anónimos.
Siempre supe que el apellido de Han, Solo, aunque parezca demasiado obvio, hasta fome, tenía que ver con su soledad.¿qué otro calificativo cabe para un forajido? ¿para el que no apoya a ninguno de los dos grandes bandos del universo moral y prefiere hacer de las suyas, siguiendo sus propios códigos al ritmo de la piratería espacial? Una frase me queda dando vueltas, una frase proferida por otro ladrón veterano: "nunca confíes en nadie". El acierto de la película fue plantear la problemática interna de esa afirmación, encarnada en nuestro devenido anti héroe. ¿Confiar o no confiar? ¿Se puede ser lo suficientemente independiente sin llegar a ser malo? ¿Se puede ser lo suficientemente autónomo como para tampoco llegar a ser de los buenos? La respuesta quizá la tenga el propio Han, en ese contraste de máscaras, entre los que creía sus yuntas o sus aliados provisorios, sin perder de vista el lucrativo objetivo de la supervivencia. ¿El amor, su ilusión, su proyección, podría haber sido esa respuesta? Vemos que los distintos derroteros que tomaron Han y Kira acabaron por dibujar un destino completamente distinto a la fábula romántica. El adiós del solitario pirata, en ese instante final, no era otra cosa que el adiós de la autodeterminación. En un universo donde el bien y el mal compiten por el poder, ya no cabe otra expectativa que la apuesta arriesgada del juego. Un ludismo revestido de gravedad, pero también de carácter. Nuestro solitario forajido establece un camino subrepticio, violando jurisdicciones y codeándose con los bandidos de la galaxia. Quien sea capaz de seguirlo, tendrá la oportunidad de probar su suerte y hasta ganarse su renovada confianza.
miércoles, 30 de mayo de 2018
La clase de hoy consistía en la introducción al mundo del mito. Producto de la lluvia, solo la mitad del curso asistió. 12 pequeñas almas, mojadas, aunque lánguidas. Se les pidió que hablaran con sus propias palabras sobre el mito y su significación. Unos pocos adelante hablaban sobre el carácter de falsedad. Mitos urbanos. La del medio, la chica solitaria, insistía en la definición de mitos y leyendas, las clásicas cartas mágicas. Los de al fondo, los displicentes, los "simpáticos", en cambio, permanecían como ostras, más silenciosos de lo habitual.
Una vez que comenzaba el intento de motivación, se les mostró dos videos. Al momento que mencioné la palabra video, los de al fondo semejaban movimientos repentinos, aunque impostados. El desgano post lluvia era tal que la sala, con la luz tenue y la instalación del data, se iba pareciendo a un teatro de sombras chinas. Los videos tenían que ver con el mito selknam de la creación del mundo y el mito alegórico de la caverna de Platón. Ninguno de ellos, por supuesto, tenía idea sobre ninguna de las proyecciones míticas. Solo una chica, la del medio, la solitaria, decía haber escuchado por ahí algo sobre el mito de la caverna. El resto seguía con la duda sobre el carácter falsario o veraz de la mitología en general.
Para efecto de la clase, se les pidió que explicaran por qué, en base a los videos vistos, el mito tiene tanta importancia para explicar el origen de una cultura. Nuevamente, ninguno supo dar con una respuesta eficaz. Uno que otro desatino, como insistir en que con menos de la mitad del curso no debían hacerse clases, o insistir en no hacer nada producto de la lluvia y sus efectos psicosomáticos en el cuerpo. "Lo que pasa, profe, es que la lluvia nos deja locos", decía uno de los cabros echado sobre la silla al fondo del rincón de la sala. "Te vai en puras falacias oye", le replicaba un compañero a su lado. "Sale mentiroso culiao". Entonces una chica a un costado, en una asociación inesperada, preguntó: "Profe ¿El mito es una falacia o una verdad?". Pregunta problemática. Intuición fresca, aunque aún inconsciente, de la chica. La pregunta por sí sola encerraba todo el dilema filosófico de occidente, o bien, el quid para la continuación oportuna de la clase. Se le respondió que una de las características del mito desde la antigüedad es que no responde al criterio de verdad/mentira, sino que responde a un criterio de universalidad atemporal, digamos, en palabras simples, a algo que va más allá del tiempo, a algo que fue y que puede volver a ser. El relato mítico explicaría muchas cosas que pasaron, pero también cosas que podrían pasar. "¿Cosas como qué?", se cuestionaba ahora otra compañera, menos participativa, saliendo al baile sin previo aviso.
La chica, ante la perplejidad de sus compañeros, y dado su propio razonamiento espontáneo, no conseguía entender del todo la explicación, pero lucía algo satisfecha, al igual que las compañeras de más adelante, luego de entender que el mito en su acepción moderna no era una acepción definitiva, sino que, de hecho, una errónea con respecto a la original. "Clarito como el agua", decía en evidente tono irónico, a lo que una amiga suya saltó al paso y preguntó: "Profe, ¿quiere decir entonces que en ese programa "cazadores de mitos" todo lo que dicen es mentira?". "No pos hueona -respondió de inmediato la chica de antes-, significa que la palabra mito no quiere decir solo mentira, sino que también verdad, avíspate pos gila".
La discusión seguía en ese tono hasta que otro chico tenía dudas respecto al mito de la caverna. Decía no entender nada. Preguntaba qué eran esos prisioneros, esas fogatas, esas sombras. Y por qué todo parecía graficado como en una especie de "película de terror". Nuevamente, la chica de la primera pregunta saltó a explicarle que la caverna en la que estaban encerrados era su única realidad, y que luego, al salir de ella, al ver la luz del sol, terminaban enceguecidos porque no estaban acostumbrados al exterior. Había entendido de manera elemental el sustrato de la alegoría, sin necesidad de ahondar en toda la faramalla metafísica, cuestión que resultaba del todo excitante.
Así seguían encerrados, cabeza gacha, con una quietud que se iba haciendo tan apacible como inquietante, verdaderos prisioneros de la caverna pedagógica, hasta que al grupo del fondo, seguido del par de chicas de más adelante, en una tincada del momento, se le ocurrió asomarse a la ventana de la sala, semi abierta, para ver si acababa la escampada y volvía a llover como antes. "Ojalá se largue loco, quiero puro virar", comentaba uno de los cabros. No fue hasta que la chica de la pregunta corrió hacia la puerta que increíblemente se largó. Coincidencia cósmica, o cuasi intuición de pequeña filósofa del tiempo. Mientras llovía, la chica permanecía con los brazos abiertos empapándose de lo lindo. Los otros la seguían casi naturalmente, faltando solo cinco minutos para salir. En ese lapso intenté que volvieran a la sala, pero la escena era tan bella que primó el sentido estético antes que el disciplinar. Dejé que el resto de sus compañeros se sumaran al espectáculo de la lluvia con sumo desenfado. "La wea parece Singing in the rain", agregaba al paso la chica solitaria, arreglando sus cosas tímidamente para disfrutar también del imprevisto fenómeno de la naturaleza. Milagro del tiempo. Habían salido de la caverna pedagógica a su manera, habían vencido la mitología institucional, para rendirle un culto improvisado al cielo que en ese entonces permitió que los cabros conjuraran su propio pequeño escape, su propia epifanía. La caverna podía ser el propio colegio, pero la caverna podría estar en otras partes, o en todas. Liberarse, mojarse, era para ellos un comienzo, un amague de salida. Lo más cercano a una iluminación.
domingo, 27 de mayo de 2018
"La literatura, al final, te va a noquear. Puede que salgas parado de la pelea, pero vas a quedar dañado". Roberto Castillo.
Cómo la literatura te puede "sacar la chucha".
Cómo la literatura te puede "sacar la chucha".
¿Contará como ofensa acústica y como invasión al espacio personal el que unos evangélicos chuchasumadres te despierten en la mañana un día domingo (día en el que se supone su santo creador descansa) con su perorata bíblica archi relamida? Aunque, ojo, parece que esta vez cambiaron el guión, porque mencionaron algo sobre el caso Dreyfus. Desperté justo en el momento que hablaron sobre Israel y el Orden Mundial.
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