Un viejo medio roñoso, medio esquizo, en la panadería luego de pedir un café, hablaba solo y se preguntaba: "¿Por qué el color del café es oscuro como el del té, como el de la coca cola, como el del vino tinto?". Cavilé sobre su interrogante cuando compré un par de nescafés para la casa, y de repente me vino a la mente el cuestionamiento. ¿qué chucha me estoy tomando?
jueves, 3 de enero de 2019
Bird box challenge
El Bird box challenge. Un montón de fanáticos de la película aceptan el desafío y realizan una serie de cuestiones con los ojos vendados. En el Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, se hablaba de una epidemia de ceguera sin explicación que desintegraba el contrato social. En este, en cambio, los implicados se ciegan voluntariamente, y solo para marcar tendencia. Fue tanto que Netflix hizo un llamado a no realizar este desafío. No lo quieren aceptar, pero su capacidad de influencia lleva a los espectadores literalmente a taparse la vista. Lo interesante sería que luego de quitarse las vendas, comenzaran a haber casos de suicidio. Ahí sí que sería una locura.
miércoles, 2 de enero de 2019
Noticia del día: El término "ganarse" de "ubicarse o desplazarse a un lugar" es aprobado por la RAE. "Ganó el ganarse". Pero ojo, que fue reconocido por su uso chileno, pero no por eso pasó a formar parte del "uso correcto del español". La vieja disputa entre lo descriptivo y lo normativo. Mi bisabuela solía decirnos, a propósito de esto, "gánense pa acá", "gánense pa allá". Como buena señora de campo, expresaba fielmente lo de ganarse en el sentido de desplazarse hacia un lugar o de correrse hacia algún lado. Ganar acompañado de la inflexión "se". Uno no va, uno "se gana" hacia algún punto. Lo cuático, RAE aparte, es que el lenguaje en sí es pura música y metáfora. No nos colocamos en algún lugar, nos ganamos hacia él. El puro hecho de desplazarse, bajo este término, daría la sensación de realmente estar ganando algo. Me gano hacia acá, me gano hacia allá, luego existo.
2019, ¿el futuro llegó?
2019, el año de algunas predicciones de Asimov. Hay cuestiones en las que el viejo Isaac sí acertó. Otras que se limitaron a ser una proyección. Así, por ejemplo, para este año, Asimov consideraba que las computadoras serían indispensables hace rato, en materia de educación y en materia de empleo, cuestión que puede entenderse bajo un impulso optimista, pero que guarda dentro de sí la disyuntiva propia de la era de la automatización. Por otro lado, consideraba que el 2019 estaría marcado por los problemas ambientales, ante lo cual la URSS y Estados Unidos unirían esfuerzos para mejorar las condiciones de vida del planeta. En esto, sin duda, erró Asimov, sobre todo ahora que Donald Trump sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París. Otra cosa que había predicho sería un inminente retorno a la Luna a través de una "fuerza internacional" que no se limitaría a un viaje de reconocimiento, sino que asentaría las bases definitivas para trabajar sobre el suelo lunar, y fundar allí las estructuras de una posible central energética. También en esto el bueno de Asimov se habría equivocado, aunque no estaría tan lejos de la realidad, puesto que ya se sabe que existen proyectos para la exploración espacial y, entre ellos, el de Elon Musk, resulta uno de los más mediáticos, con la compañía Space X que no solo planea otro viaje alrededor de la órbita lunar, sino que hacia Marte, destino soñado de la ciencia ficción y de la elite humana. 2019 sería el año de la encrucijada espacial. A su vez, el año en el que se ambientaron Akira y Blade Runner, el año del Neo Tokyo y el año del distópico Los Ángeles. Bajo la perspectiva del anime y la película, el 2019 sería muy distinto al visualizado por la imaginación pletórica de Asimov, ya que estaría marcado, en general, por un mundo gris, hipertecnologizado, moralmente corrupto. En Akira, por ejemplo, Neo Tokyo poseía escuelas sobrepobladas, reinaba sobre los jóvenes la conciencia sobre la falta de futuro, los cuales se debatían en bares, nostálgicos con la temática vintage de los ochenta, expuestos a la sobreestimulación de las imágenes publicitarias o siendo parte de la delincuencia de las pandillas de motociclistas. Por su parte, en Blade Runner, se ve que Los Ángeles está completamente contaminado por una constante bruma y en permanente lluvia. Además, en este distópico L.A, los replicantes, esclavos biogenéticos, están a la orden del día, conformando un panorama oscuro en el que priman los negocios subrepticios en consonancia con la tecnología noir y los conflictos existenciales de seres sometidos a su indefinición ontológica, mediada por la autoconciencia de su propia limitación. Como puede verse, el escenario 2019 ya ha sido soñado, imaginado, concebido por la mente de Asimov y por el imaginario cyberpunk. Solo restará saber, al final, cuánto de verdad o de ficción sobrevive a los embates propios de la contingencia. Si acaso aún las viejas narrativas permanecen en el terreno de la especulación o definitivamente, como rezaba el Indio Solari, “el futuro llegó hace rato”.
domingo, 30 de diciembre de 2018
Bandersnatch: La ilusión del control
En El tiempo.com se preguntan si acaso Bandersnatch de Black Mirror sería "el futuro de la televisión" con su propuesta de elije tu propia aventura, dándole al espectador la posibilidad de elegir una serie de opciones binarias que repercutirán en la trama general de la historia. Lo cierto es que la idea propuesta por Black Mirror y dispuesta por Netflix, en este sentido, no tiene nada de nueva, porque la noción de caminos elegidos y de realidades paralelas ya ha sido planteada antes por la literatura, inclusive por los videojuegos mismos que en la peli cobran especial protagonismo. Bandersnatch se encarga de desplegar una serie de citas literarias para desarrollar este concepto del espectador activo, con la ilusión del libre albedrío. Una de ellas tiene relación directa con Orwell, 1984. De hecho, la propia película, basada en el libro imaginario de Jerome F Davis, está ambientada en ese año, reforzando luego el carácter panóptico y distópico que adquiere la realidad del personaje principal. Otra cita obvia la tiene en Rayuela de Cortázar, con el ya clásico tablero de dirección que le permitía al lector seguir un orden de lectura distinto al lineal. Una tercera referencia más indirecta, dice relación con Niebla de Unamuno, la nivola en la cual Augusto Pérez, al igual que Stefan en Bandersnatch, siente a ratos la sensación de estar siendo controlado por alguien más, en el caso de la novela, el autor, y en el caso de la peli, el espectador, el "amigo del futuro" que maneja el destino de los personajes a su antojo por el puro placer del entretenimiento.
Es también evidente el nexo de Bandersnatch con la psicodelia y las novelas de ciencia ficción. Dentro de la peli, por ejemplo, se menciona el nombre de Timothy Leary en referencia al uso de psicotrópicos y su implicancia en la alteración de los sentidos y la superación del yo para descubrir nuevas facetas de la realidad. El nombre de Philip Dick tampoco podía faltar en la mezcla, cuando se hace mención a aquella novela multiversal, Ubik, en el que se cuestiona incluso la naturaleza misma de la vida, su condición onírica, su velo de ficción o de diegesis. Una última cita, y que corona el título de la obra, se encuentra en la novela de Lewis Carroll, Alicia a través del espejo. Allí el Bandersnatch era una criatura ficticia que nunca cobraba una forma única, y que tenía tantos aspectos como versiones. La película, a su manera, trata de invocar la condición proteica de esta criatura para dotar a la trama de cierta maleabilidad. Por otro lado, la importancia del espejo en la película se condice con la que tiene en Alicia, su carácter de umbral entre dimensiones, no se sabe si entre el sueño o la vigilia, entre diferentes líneas temporales o derechamente entre distintos mundos.
Si bien Bandersnatch, hasta este punto, se ha valido de la literatura para proponer esta obra interactiva que juega con la sensación (falsa) de control, se extraña tal vez una mención mayor a la historia de los videojuegos en general, a pesar de estar inserta en una ficticia industria de los ochenta, a modo de homenaje, de la mano de algunas creaciones de Colin (Nohzdyve, Metl Hedd). Los que conocen los Rpgs, sabrán que Chrono Trigger, la franquicia de Square, tenía una serie de finales alternativos que podían desbloquearse viajando en el tiempo a través de la máquina Epoch. Los finales eran necesarios para cambiar el curso dramático de las cosas dentro de la aventura oficial. Así, en cierto modo, Chrono Trigger ya había sentado las bases de lo que sería esta digresión en la narrativa clásica por medio del aparato lúdico. Aunque esto puede explicarse señalando que los juegos de Rpgs envuelven en sí mismo la capacidad de proyectar un avatar, asumir diversos roles y, por ende, desarrollar diferentes líneas de desarrollo y de progreso.
Como sea, Bandersnatch se alza cual hito de la televisión en línea, gracias a los aportes de la literatura fantástica y de ciencia ficción del siglo XX, y gracias al dispositivo temporal que en Chrono Trigger funcionaba como experiencia vicaria de libertad. Si uno quiere hilar fino, la película, más que innovar por la propuesta del espectador activo, lo hace por las implicancias filosóficas que de aquella interacción pueden desprenderse. El propio usuario se dará cuenta que, como decía Colin, Pac Man era la metáfora del hombre controlado y programado, persiguiendo algún deseo en forma de fantasma dentro de un laberinto que no tiene salida ni fin aparente. El gran acierto de Black Mirror recae en ofrecer una lectura oscura de la tecnología, acorde a unos tiempos en donde hace rato merodea el espectro del acabose, la sensación de estar progresando a ritmo vertiginoso, pero, a la vez, la de estar precipitando un callejón sin salida en la historia. Con Bandersnatch, sinceramente, creo que debe ser la primera vez que concibo a los videojuegos con el prisma de la fatalidad. Lo que era en su tiempo mero ludismo e inocencia, encerraba, detrás del vórtice del espejo negro, la total falta de cambios frente a un destino prefijado, el velo de maya, la ilusión de control. Una muerte, un game over ineluctable para una vida que te ofrece el placebo de la posibilidad. La televisión, con Netflix como su nuevo estandarte, se encarga ahora de hacer sentir a sus telespectadores como Pac Man, verdaderos títeres, criaturas hambrientas de fantasmas, jugando partidas interminables, muriendo una y otra vez, intentándolo de nuevo para dar, remotamente, con algún final que proyecte su conveniencia, su disyuntiva vital.
Se viralizó hace poco una "lista de la suerte" japonesa. No se explicita mucho el origen de la lista ni su trasfondo, aunque es muy probable que eso a la mayoría de la gente, a estas alturas del año, no le importe, con tal de que la lista le ayude a interpretar la suerte que tendrá el año que viene. Para poder leer el tablero de la lista, la gente tiene que ubicar su mes y día de nacimiento en una serie de números. El mes corresponde al segundo y el día al tercero. Según eso, y mientras el número que les toque esté más arriba en la lista, serán más "afortunados". Tampoco la lista se molesta en explicitar en qué sentido la gente será más afortunada, solo se limita a señalarlo. Pasa algo parecido con el horóscopo y su efecto de influencia sobre el devenir y las acciones de sus seguidores, solo que en este hay categorías identificables: amor, salud y dinero. En la lista japonesa, en cambio, la tan mentada suerte se tiene que entender en un sentido más general. Este simple hecho fue suficiente para que la lista tuviera la repercusión que tuvo en las redes sociales. De hecho, y pese a renegarlo en un principio, me vi buscando mi propio número ahí, quizá deseando tener, muy a mi pesar, alguna clase de fortuna, y para sorpresa me encontré en el puesto 36 de la lista, de un total de 366 números. De acuerdo a eso, yo estaría entre el grupo de los cincuenta más afortunados del 2019. Antes de saber el resultado, me había buscado casi en lo más abajo de la lista. Entonces vi mi puesto real, y me reí solo. Supongo que ese vendría siendo el efecto psicológico inmediato de la predicción: servir de placebo proyectando tu sentido de la satisfacción en un futuro imaginario, acaso existente solo bajo un deseo discursivo o, mejor dicho, numérico. Se le confía una suerte que no se tiene en el presente, por defecto, a un número. El mañana, según la lista, es lo deseable. El tiempo presente es aquello que lo arrastra. El mañana es el deseo inconcluso. Por eso la lista pegó tanto, porque se limita a predecir la suerte y no a ofrecer ninguna otra garantía que esa predicción. La gente odia hacerse cargo de su vida. La suerte vendría siendo aquello inconcluso que la saca de sí misma por un momento, y la transporta hacia el mañana.
jueves, 27 de diciembre de 2018
Especial PSU en LUN. Parte con una noticia sobre el "Pollo" Castillo, el estudiante de Ingeniería civil industrial que se hizo youtuber y que detesta la oficina. El especial sigue luego con otra serie de casos. Una chica que se quedó dormida dando la prueba y que hoy trabaja en un sello discográfico; una abogada que odia los tribunales y que encontró su vocación viendo tele; un periodista que le inyecta quesos a las hamburguesas; una cientista política que hace terapias alternativas; una ex estudiante de ingeniería química dedicada a ser bar tender. A un costado de la primera noticia, una breve nota comienza con el título "PSU ¿Fin del mundo?". Todo les demuestra a los perdedores de la prueba que su derrota no debiera llevar al desaliento apocalíptico, sino que todo lo contrario, hacia un temprano optimismo, impulsado con el adrenalínico espíritu del emprendimiento. El reseñista de la nota se encarga de enfatizar que la Universidad no es ni por mucho la única alternativa, que en un mundo altamente competitivo la profesionalización es tan solo una de las tantas aristas con las cuales el sistema de cosas promueve la realización formal de los individuos. La desconfianza hacia la excesiva demanda de estudios superiores se hace patente, y lo curioso es que aboga indirectamente por la posibilidad del emprendimiento individual como forma de "salir adelante", de “ser alguien". Entre la garantía universitaria del diploma de limitación y la posibilidad de emprender una actividad rentablemente exitosa, media entonces la zona cero de la expectativa. Decía Pessoa: “no soy nada, aparte de esto, guardo en mí todos los sueños del mundo”. El esfuerzo, el riesgo son vistos aquí como el motor y a la vez como el corolario de un proyecto de vida, condicionado siempre por las variables socioeconómicas, y acaso por trabas de otro orden mucho más sutiles. Así, motivado por una brecha educativa cada vez mayor, al perdedor de la PSU siempre le quedará aquel consuelo de la meritocracia, el ansiolítico perfecto del sistema, la fórmula mágica con la cual el desdichado podrá revertir su destino y enrostrarle a los dioses del materialismo su heroica hazaña, aunque cabe preguntarse, en este punto ¿cuántos de esos entusiastas serán capaces de superar el arrojo inicial? ¿cuántos de esos podrán realmente imponer su marca y sobresalir o, por el contrario, cuántos se inclinarán por el camino del “preferiría no hacerlo”, impulsados por la severidad de sus circunstancias o, inclusive, por decisión propia? ¿cuántos serán llamados a sobrellevar el purgatorio, a trascenderlo mediante su brillante despliegue de virtuosismo o, por el contrario, mediante su inmejorable suma de inercias o desaciertos? Puede que la PSU no sea el comienzo ni el fin de nada, sin embargo, cobra –para muchos- la cualidad de la esfinge, volviéndose una encrucijada que puede conducir al aspirante a la cumbre o al despeñadero, a la sublime ilusión de su éxito o bien al encuentro desvelado, enceguecido, con la realidad.
miércoles, 26 de diciembre de 2018
Hace como una hora caché que había patrullas y bomberos a un par de cuadras del depa, a la altura de Las Heras. No supe hasta ahora que se trataba de un incendio que arrasó con el Motel Noche Azul de calle Monjas. Una verdadera lástima. Cuántas noches calientes, cuántas historias húmedas consumidas por el fuego.
martes, 25 de diciembre de 2018
lunes, 24 de diciembre de 2018
Ayer tocó embalar algunos regalos atrasados. Uno de ellos era un tanto aparatoso, y costó envolverlo, sin contar además con que el puestito estaba instalado en plena avenida, donde el flujo de gente era estrepitoso. El compadre que atendía dijo: -Para lo que va a durar envuelto-, al tiempo que la mujer cortaba unos pliegos para que el envoltorio calzara. -Todo sea por los niños-, dijo ella, cuando ya terminaba de pegar el último pliego. No todos reparan en ese aspecto. El hecho de que el envoltorio dure únicamente lo que dure, supeditado al carácter sorpresa del regalo. Y el hecho de que toda esa magia sea sostenida a la larga por un comercio popular, rayano en lo clandestino. El mercado, amparado por la fecha simbólica, hace posible que hasta el acto más rudimentario cobre un significado especial. El comerciante de navidad trabaja a expensas de su propio escepticismo, y las familias se reúnen luego convencidas de que tienen una excusa nueva para soportarse. A fin de cuentas, el encanto de la navidad recae en su envoltorio de bondad, empatía y reconciliación, en su ilusión esotérica amparada por agentes materiales y acaso disfrutada con un ánimo que recuerda nuestro primeros años, en los cuales bastaba únicamente con creer que todo conspiraba para que fuésemos mejores personas.
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