"Cada día vienen menos. Pronto no quedará nadie", decía la única alumna que alcanzó a llegar a la hora a la clase del preu. Era evidente que la asistencia del año iba bajando progresivamente conforme se acercaba la fecha de la prueba. El vacío de la clase era tal que la lectura dejaba resonar el eco, el eco de las interrogantes a modo de premonición. Leíamos, en la guía de mundos literarios, un texto de Alvaro Mutis, "El sueño de fraile". En este el personaje soñaba que iba cruzando corredores, sintiendo que cada uno era más real que el otro, y así hasta el infinito. Al llegar a la parte final el personaje despertaba y se daba cuenta que esa era una forma nueva de rezar el rosario. Sumido en una suerte de trance hipnótico, sumándole soledad y claustrofobia a la introspección. La lectura del sueño del texto, de alguna manera también se convertía en una forma nueva de estudio, una vertiginosa, un tanto paradójica. Seguíamos a la ronda de alternativas, cuando la clase empezó a poblarse poco a poco, no más de tres alumnos, excusándose con la clásica de la enfermedad. La alumna del principio seguía resolviendo la pregunta sobre el texto del sueño. El eco comenzó a desaparecer paulatinamente. La sala ya no era el símil del corredor. Volvía a su color habitual. Más tarde, en sala de profes, una colega comentaba que para intensivo le habían asignado una sola alumna para cierto curso. "Bah, qué raro, para eso haces clases particulares", le comentaba otro. La colega afirmaba que mejor, porque así la clase era más personalizada. Ya había pasado la hora para entrar a clases. Aún no había rastros de la única alumna. El coordinador de la sede recomendaba que fuera a la sala a esperarla allí. La colega tomó sus cosas y partió tranquilamente. A medida que caminaba por ese corredor hacia la sala, entreveía seguramente que la clase tendría que ir haciéndose más real conforme pasaba el tiempo. Solo era cosa de esperar a que la única alumna llegase. El sueño del texto volvía a conspirar en esa situación. "Cada día vienen menos. Pronto no quedará nadie". La colega a lo lejos revisaba el celular y se servía el café dejado hace rato, haciendo suyo el tedio de la espera, espantando el sueño de la clase aún latente.
martes, 28 de agosto de 2018
“Soñé que era del MIR y me joteaba a Cecilia Pérez para poner una bomba en su casa”, ese fue el twitt de Nicolás González, estudiante de derecho, que le valió la intervención del procedimiento policial. “Desperté con pena porque fue un sueño” habría agregado minutos después, en respuesta al comentario de una amiga. La propia Pérez había denunciado el twitt. El general del OS9 habría puesto la alarma mediante un análisis preventivo de redes sociales. Luego de testificar ante la justicia, González declaró que todo se trataba nada más que de un comentario sin intención alguna. Una auténtica joda. Un simple exabrupto sin repercusión en la realidad. Se dio además el lujo de señalar que la reacción de Pérez fue solo una jugada mediática. Una especie de pataleta que ejemplifica a la perfección la banalidad y arbitrariedad del recurso judicial. Lo interesante de la cuestión es el verdadero dilema legal re contra burocrático y psicológico que provoca: ¿Se puede acaso castigar la pura intención declarada pero no consumada contra alguien? ¿aunque carezca por completo de seriedad o verosimilitud? ¿Se puede castigar una supuesta intención velada tras el dicho de un enunciado, a todas luces, irrisorio, ridículo? En Minority Report, nuevamente, tocaban el tema de la predicción de supuestos delitos a raíz de ciertas intuiciones o indicios de posibles acciones que desencadenarían, hipotéticamente, en un hecho de sangre o un hecho de pólvora. En este caso resultaría francamente infructuoso o, a lo menos, improductivo suponer un escenario futuro en el que la amenaza del twitt pasase del dicho al hecho, y si así fuese, sería a todas luces, un acto contraproducente, por cuanto el autor se estaría dejando en evidencia a sí mismo y en frente de toda su red mediática, cayendo en una vorágine sin retorno. El escenario futuro, vale decir, la posibilidad de una realidad en que la amenaza pasara a la acción y derivara en un hecho consumado, solo se puede plantear desde la interpretación parcial de una intención velada, acaso sin otro propósito que su propio decir o su propio deseo carente de dirección alguna. Doy fe de que la configuración misma de aquella bromita twittera no hacía otra cosa que describir una amenaza textual con un tenor intangible y, todavía más, con el carácter de sueño. No hay, dicho esto, cláusula legal que pueda testificar contra una supuesta amenaza representada en formato onírico. No hay evidencia suficiente que pruebe que ese sueño declarado en menos de 140 caracteres fructifique eventualmente en una concreción material de su significado. No cabe otra cuestión que la paranoia en la reacción natural del destinatario de la amenaza. Pero, a su vez, no cabe otra cuestión que un abismo de incerteza en la intencionalidad del remitente. La siempre polémica libertad de expresión abre ambos flancos por igual, arrojándose entre sí bombas discursivas que trabajan sobre la potencia de un hecho únicamente posible en la especulación. Sobre esto mismo, ustedes pueden soñar que matan a fulano o mengano y no tienen por qué sentirse, por ello, amenazados de vuelta. El crimental no puede invalidar un simple sueño sarcástico. ¿Quién no ha soñado alguna vez con que mata a alguien? Incluso ¿quién no ha declarado alguna vez que desea ver muerto a tal o cual cabecilla o pez gordo de tal o cual forma? Se puede soñar con toda libertad, con total impunidad, se puede pensar en hacer algo, con total impunidad, pero ojo con publicarlo y, de hecho, con pensar en llevarlo a la acción, porque el efecto reatroactivo del asunto en el medio circundante se vendrá brígido y se te escapará, en algún punto, inevitablemente de las manos. Basta con acordarse de Black Mirror en Hated in the nation. El juego de las consecuencias al fomentar el odio virtual en masa era del todo catastrófico para todas las partes implicadas en el proceso. Se puede acaso ser impune (¿libre de pensar o soñar lo que sea por peligroso que resulte?) con la condición de ser completamente intangible. No puede haber, por ende, ley real que incida en el marco de lo puramente posible, sin que esta caiga de inmediato presa de su propio absurdo.
sábado, 25 de agosto de 2018
En la Blade Runner 2049, la acompañante de K es Joi, una mujer holográfica creada por Wallace Corporation. Asimismo, en la guarida de Deckard, se podía apreciar un escenario en el que un Elvis holográfico figura dando un último show privado. El nuevo enclave de la 2049 era ese: presentar las implicaciones problemáticas de la virtualidad, el doble filo de un transhumanismo que aboga por digitalizar la vida misma.
El profesor holográfico es solo una posibilidad entre tantas. Luego veremos un poeta holográfico recitando sus poemas en cinco baruchos distintos, una banda de rock/pop virtual, proyectada de todas las formas posibles (Gorillaz!), hasta al mismísimo mandatario, vuelto holograma, dictando una proclamación en tiempo real a varios sectores del país, cumpliendo así de manera tecnológica su sueño megalómano.
Greenpeace llamó el "Chérnobil chileno" al área de Quintero-Puchuncaví tras nube de gases que sobrevoló la ciudad. Todas las miras apuntan a la ENAP y a Codelco pero ambos descartaron ser los causantes de los hechos. La Seremi de Salud investigó el extraño sedimento que apareció esta semana en algunas zonas de la ciudad, y descartó que tuviese algún elemento contaminante, señalando que solo se trataba de polen. Como en un velado sarcasmo, las autoridades de la Seremi declaraban que se trataba poco menos que del advenimiento de la primavera en medio de la batahola medioambiental, cuando en verdad se trataba de un verdadero polen apocalíptico. El grito de la gente asfixiada no se hizo esperar, en contra del cordón de industrias que rodean la zona de sacrificio formando un perímetro estratégico. Se alzan aires hostiles. Dignos de una novela post atómica. Y así es como chilito, con su propio Chérnobil, poco a poco va ganando reputación como uno de los países más tóxicos del Cono Sur. Algo olía mal. Ahora algo huele peor.
viernes, 24 de agosto de 2018
Kill pué
Primero, descuartizamiento de un profesor por parte de su ex pareja y su actual novio.
Luego, incineración de una casa con madre e hija dentro por parte del padre de familia.
Parricidio declarado. La ciudad de los hechos se ha ganado el apelativo de Kill pué.
Un payaso confundido entre las arboledas de la plaza, le echaba migas a las palomas. Hace un momento, una bandada había rodeado a un loco que masticaba un pan con chancho. Pero este, fastidiado, chucheta, la espantó, de modo que las aves se volvían en masa hacia un costado, hasta que el payaso de la calle las atrajo. Se le veía serio mientras sacaba las migas de su gran bolsillo cual truco de magia. A medida que las palomas terminaban su banquete, se iban sobrevolando el paisaje urbano, hacia el cableado del trole encima de la vereda. El payaso, al verse nuevamente solo, sin sus nuevas amigas, se arrimó a un pequeño puesto con un carro de supermercado y siguió arreglando unas chucherías. Se alcanzó a fumar un pucho. Seguramente, fraguando su propio circo imaginario.
jueves, 23 de agosto de 2018
Caminando a la altura de Freire, un sujeto se servía un sandwich sentado al lado de una mujer que empinaba con total desenfado una lata de cerveza dorada. Ella, al verme pasar con un vaso de café, se quedó mirando y, sin mediar aviso, levantó la lata y dijo: "Un salud por los hombres". La quedé mirando de vuelta sonriente, entendiendo que se trataba de una simpática volá de ebriedad. Pero antes de seguir de largo, la mujer fijó la cara, ante la mirada sostenida, y agregó: "aunque sean malos". Dicho eso, se dio vuelta y siguió chacoteando con el sujeto a su lado. No se sabía lo que eran, ni menos qué era lo que se decían. La palabra malo, presa de la arbitrariedad, confundida con el asfalto, ya había adquirido por sí sola el color de la noche. Continué el resto del camino con una sensación carrasposa corriendo por la garganta.
martes, 21 de agosto de 2018
La luna fue chilena
¿Sabían ustedes la anécdota legendaria sobre el chileno que se hizo dueño titular de la Luna? Se supone que Estados Unidos llevó un hombre a la Luna el año 1969, pero más de una década antes, exactamente durante el año 1954, don Jenaro Gajardo Vera habría inscrito como de su propiedad al sátelite. ¿cómo se dio tan delirante adquisición? Pues, porque en aquellos años la ley chilena daba permiso para solicitar un título sobre una propiedad no reclamada. Ante cualquier duda, Gajardo Vera habría publicado un anuncio durante varios días respecto a los derechos de propiedad sobre la Luna. Ya que nadie la habría reclamado como suya, y como tampoco no existía aún una normativa universal que regulara las actividades espaciales, Gajardo Vera invirtió en la inscripición de la escritura y fue finalmente aprobada en términos legales. “Un montón de gente dice que estoy loco, pero nadie hasta ahora me ha dicho que soy estúpido“, sostenía Gajardo a The Evening Independent en 1969.
Cuando ocurrió el alunizaje, la bizarra leyenda cuenta incluso que el abogado y poeta recibió un mensaje del agregado cultural de yanquilandia de parte de Nixon, pidiéndole "permiso" para aterrizar en su bien raíz. Se cuenta además que no todo fue tan maravilloso, puesto que los principales problemas vinieron del Servicio de Impuestos Internos. El SII habría enviado un par de inspectores para el cobro de las contribuciones respectivas sobre la Luna. Frente a ellos, Don Jenaro habría dicho no tener problemas en reconocer la deuda, eso sí, exigiendo, en conformidad a la ley, que el SII visitara la propiedad para efectuar su correspondiente tasación. Por supuesto, y luego de aquella visita, no habrían venido a molestarlo más en materia de de impuestos.
Al morir Gajardo Vera a fines de los noventa, él mismo habría sostenido que en su testamento dejaba en herencia la Luna a todos los chilenos. Gajardo Vera, el poeta abogado que se apropió de la Luna para luego dejársela a todo Chile. Un acto tan poético como lunático. Su poema más grande. La verdadera lección de esta simpática historia -verídica o no- es la siguiente: Ya que Chile no fue ni será nunca propiamente de los chilenos, al menos les queda el consuelo -disfrazado de historia excéntrica- de que alguna vez tuvieron la Luna, aunque fuese mediante tan disparatado resquicio legal. La Luna como la utopía del desterrado. Símbolo preferido del paria terrestre. Metáfora del habitar deshabitado.
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