lunes, 5 de febrero de 2024

El fuego no tiene sombra (crónica)

El fuego no tiene sombra, pero vaya que atrae penumbras. Eso recordé cuando miré al cielo ayer, un cielo lleno de humo y de cenizas. Íbamos de viaje. Al cruzar la calle, rumbo a tomar la micro para ir al rodoviario, hubo un corte de luz en todo el plan. No le prestamos mucha atención, confiados en que el incendio era focalizado y que la energía volvería luego.

Sin embargo, conforme avanzaba el tiempo, la cuestión se fue haciendo más caótica. El taco se volvía larguísimo. El cielo se ponía más denso y las alarmas de los celulares no dejaban de sonar, como en una orquesta siniestrada. “Evacúen”, era el mensaje masivo en esos momentos. “Evacúen”.

Lo cierto es que nosotros íbamos porfiados a destino. Solo en cuanto llegamos al terminal, comprendimos realmente la gravedad del asunto. Todas las líneas cortadas. Todos los viajes suspendidos ante la emergencia. Nos devolvimos resignados, y no menos preocupados por la magnitud del fuego que se iba abriendo paso entre nuestras zonas más queridas.

Al día siguiente, me reporté con mi padre. Él se encuentra bien y su zona estuvo a unos cuantos metros de ser arrasada. Viajé a Viña después del toque de queda, para cobrar el dinero de los pasajes. La gente en las calles iba y venía, rumbo a centros de acopio, algunos con pala en mano, de regreso de sus lugares sacrificados o en busca de un poco de agua para capear el calor satánico que asolaba la ciudad.

Algunas personas trataban de entender quiénes habían sido. Unos le reclamaban al gobierno su inoperancia y su complicidad con los “pirómanos”. Otros, arremetían contra los empresarios forestales por su maldad especulativa. Tras la tragedia, lamentablemente, hay quienes insisten en buscar culpables, bajo una mirada parcializada y sin criterio ni rigurosidad suficiente. Cada quien invoca a sus propios demonios y proyecta en el otro, su adversario, el peor de los males. Ya dijimos que el fuego no tiene sombras, pero vaya que atrae penumbras.
Hermosa y trágica frase de La princesa Mononoke que ha circulado por motivo de los incendios forestales en Viña, Quilpué, Villa Alemana, Limache, parte de Santiago y gran parte del Sur: "Escucho el dolor del bosque y siento el dolor en mi pecho. Los árboles lloran al morir, pero no puedes oírlos".

domingo, 4 de febrero de 2024

Todos los incendios, el incendio de Chile: el rastro de los hacedores del fuego.

“Queríamos creerle al infierno para tener alguna fe. Las cosas se estaban poniendo feas y las voces que antes nos arrullaban ahora servían para transmitir mensajes de guerra”. Eduardo Correa, El incendio de Valparaíso.

I El fuego no tiene sombra

El fuego no tiene sombra, pero vaya que atrae penumbras. Eso recordé cuando miré al cielo ayer, un cielo lleno de humo y de cenizas. Íbamos de viaje. Al cruzar la calle, rumbo a tomar la micro para ir al rodoviario, hubo un corte de luz en todo el plan. No le prestamos mucha atención, confiados en que el incendio era focalizado y que la energía volvería luego.

Sin embargo, conforme avanzaba el tiempo, la cuestión se fue haciendo más caótica. El taco se volvía larguísimo. El cielo se ponía más denso y las alarmas de los celulares no dejaban de sonar, como en una orquesta siniestrada. “Evacúen”, era el mensaje masivo en esos momentos. “Evacúen”.

Lo cierto es que nosotros íbamos porfiados a destino. Solo en cuanto llegamos al terminal, comprendimos realmente la gravedad del asunto. Todas las líneas cortadas. Todos los viajes suspendidos ante la emergencia. Nos devolvimos resignados, y no menos preocupados por la magnitud del fuego que se iba abriendo paso entre nuestras zonas más queridas.

II Bomberos y el recuerdo ígneo

El recuerdo ígneo del 2014 fue inminente. Aquella pregunta del pasado volvía a arremeter: de entre las cenizas y los escombros ¿qué puedo arrojar al fuego? De alguna manera, el fuego conspira y te interpela. ¿Qué harás al respecto? Parece decirte, una y otra vez, brasa tras brasa. ¿Volverá a derrotarte y dejarte estupefacto?

Yo ya había sufrido la pérdida de una casa y la muerte de mi bisabuela, pero unos hombres, aquella vez, discutían sobre la zona cero, tras el siniestro. “¿Será el fuego la invitación a una libertad que pone a prueba la propia vida?”, parecían preguntarse. Y dicha pregunta involucra a los bomberos, auténticos mártires en una sociedad civil marcada por el flagelo incendiario del cinismo caritativo.

Ellos están ahí, prácticamente desde los inicios de la República, testigos de la calamidad abrasadora y agentes activos del bien de la nación. Su imagen vino al encuentro cuando capté que dormían en el pasto, en una situación que refleja su auténtico aplomo y que revela la indolencia de las autoridades políticas. Bomberos se hace presente allí donde los especuladores y poderosos hacen caso omiso y festinan en su ausencia.

III La intención detrás de los incendios

Frente a los bomberos, su gesta heroica, la gente se vuelca a ayudar al prójimo y manifestar, a viva voz, su descontento frente a hechos de fuego que consideran arbitrarios, injustos y maquiavélicos. Es sabido que tras los incendios que han golpeado Chile siempre se plantea una intención, y no solo una mera coincidencia accidental.

Así, tras los incendios del Sur del año pasado, se achacó terrorismo subversivo y complot inmobiliario. Tras el incendio de Viña de fines del 2022, se analizó una posible intencionalidad. Y durante el incendio del 2014 nadie creyó la tesis de los jotes quemados por el tendido eléctrico. Todo habría sido por algo. Todo respondería a un fin del todo oscuro, solo comprensible bajo una sórdida revelación.

IV ¿Quiénes quieren ver a Chile arder?

1.- Presuntos agentes del octubrismo y del terrorismo político

Hoy, las especulaciones vuelven a salir de las brasas del olvido. Inevitable que el alcance del incendio pase al plano político como excusa para la contienda divisoria. Caro favor a las víctimas de la tragedia y caldo de cultivo para rencillas y resentimientos históricos. Están aquellos que sugieren una vendetta de parte de presuntos agentes ligados al PC, como forma de rebelarse en contra de la medida adoptada por Gabriel Boric al convocar al Cosena para enfrentar la “crisis de seguridad” del país.

De acuerdo a esta visión, la causa de cada uno de estos hechos incendiarios tendría su razón de ser en una suerte de atentado terrorista, realizado de manera deliberada para desestabilizar a la sociedad y propiciar el caos, ahí en donde el orden institucional no se ajusta al relato ideológico de estos grupos.

2.- Presuntos agentes involucrados en proyectos inmobiliarios

Hay quienes dicen, por su parte, que los incendios están relacionados con los proyectos de inmobiliarias y que todo habría sido orquestado de manera maquiavélica, una vez más, para lucrar con los terrenos a costa de la vida y la propiedad de otros compatriotas. Se habla de un hipotético proyecto para hacer una carretera entre el sector de Peñuelas y Los Pinos, lo que explicaría que los focos de incendio se hayan propagado a lo largo de ambas localidades.

Fue mencionado un mega proyecto asociado a los Chadwick, el Consorcio IDOM-INGEROP, que fue adjudicado durante el 2021 y que incluiría precisamente la “Ruta Periférica Valparaíso”. Las comunidades que habitan en las zonas establecidas por el proyecto se habrían rebelado contra el Ministerio de Obras Públicas, y los incendios, de acuerdo a esta idea, habrían sido provocados con miras a socavar dichos territorios. “Si quemaron la Moneda, pueden quemar el país”, se refiere un posteo, haciendo eco de lo vivido en el 73 para explicar la presunta implicación de la derecha política.

3.- Pirómanos solitarios o “sicarios del fuego”

También está la teoría que investiga el Ministerio Público, relacionada con una posible acción de individuos aislados, seguramente pagados, quienes habrían encendido la mecha en diferentes partes. Se viralizó, por ejemplo, un presunto video de personas prendiendo fogatas en zonas de riesgo. Hay, además, un registro de una palmera incendiada en Viña a la altura del Casino, en un cuadro dantesco que difícilmente pudo haber sido pura combustión espontáneo o producto de un pajarito electrocutado.

V Conspiraciones siniestras

1.- Los carteles narco

Más allá de estas ideas, aún no comprobadas, surgen hipótesis aventuradas respecto al origen de los siniestros. Se habla de un posible ataque de un cartel narco. Esta idea ha cobrado fuerza al tomar como antecedente lo ocurrido en Jalisco, México, el año 2019. Un grupo narco habría provocado incendios forestales de manera intencional para distraer a las autoridades mientras realizaban operaciones de distribución de drogas y de armas. Durante el 2020, el mismo cartel habría incendiado los bosques de Guanajuato para presionar al gobierno y liberar a un líder mafioso.

En Colombia, 2022, agentes de la FARC incendiaron bosques en el Catatumbo, con el fin de sobornar al gobierno y frenar la erradicación de la coca. En Bolivia, 2023, algunos grupos criminales también quemaron bosques en Santa Cruz, prácticamente con el mismo propósito que en Colombia. Estos casos serían solo algunos, entre tantos otros que han sido inadvertidos por los medios oficiales. Claramente, algo huele a mal azufre. Y resulta oportuno señalar que los ataques a la estructura crítica con incendios forestales por parte de los carteles de droga es una realidad, una realidad “latinoamericana” que nuestros políticos evaden de manera olímpica.

2.- El globalismo climático

Punto aparte, ha cobrado fuerza otra hipótesis respecto a una conspiración siniestra detrás de los incendios forestales. Y dice relación con presuntos agentes serviles al poder globalista. Según algunos, habría toda una trama de manipulación geopolítica para implementar ciertas medidas para el cumplimiento de objetivos, y esos objetivos tendrían relación con la Agenda 2030 de Naciones Unidas. Uno de los puntos centrales de la Agenda tiene que ver con el “cambio climático” y el “calentamiento global”. Para ello, se estarían realizando procesos de geoingeniería y de intervención del clima como forma de probar el desarrollo energético sostenible.

¿Y qué tendría que ver la agenda con los incendios? Que, bajo esta lógica, serían la excusa perfecta para aplicar urgencia sobre la cuestión medioambiental. Si Chile se vuelve zona de sacrificio, las elites podrían acelerar la agenda para llevar a cabo sus propósitos con mayor premura. Según este adagio, ellos crean el problema y luego te ofrecen la solución. “No tendrás nada y serás feliz”, repite, sarcástico, el mantra del Foro Económico Mundial.

3.- El “Cartel del fuego”

Una última hipótesis sobre agentes conspirativos tras los incendios, se refiere al denominado “Cartel del fuego”. Consiste en un negocio de colusión conformado por empresas que extinguen incendios forestales y, presuntamente, empresas forestales y algunas inmobiliarias. Según informan algunos, hasta el momento solo han sido acusadas y formalizadas por dicha colusión aquellas personalidades de empresas extintoras de incendios, pese a que una forestal en la Araucanía prendió todo un predio para eliminar a su competencia, y que en Melipilla fueron quemadas muchísimas hectáreas de bosque solo para plantar pinos, o que en Valparaíso se quemaron cientos de hectáreas de bosque nativo para construir proyectos inmobiliarios. (Al respecto, hay una tesis de Jonathan Caviedes, que tiene por título Construyendo sobre cenizas. ¿Son utilizados los incendios forestales como una herramienta informal para la expansión urbana de Chile Central?)

Las acciones del “Cartel del fuego” tendrían también su radio de acción en Europa. En España y Portugal, por ejemplo, ya se han investigado casos que involucran a distintos personajes políticos. En Chile, se apunta al ex ministro Fontaine por haber sido el ex gerente general de la empresa FAASA Chile, una empresa que se dedica a apagar incendios forestales y que formó parte del “cartel”. El Tribunal de Libre Competencia, en el 2022, acogió el requerimiento de la Fiscalía Nacional Económica en contra de FAASA por amañar contratos y coludirse entre sí. Todo esto probaría que, detrás de cada incendio provocado, habría un suculento interés financiero, que abraza abiertamente el crimen mediante un incendiario abuso de poder.

Ante todo, prudencia. En ningún caso se está culpando a estas entidades y a estas personalidades sobre el caso concreto de los incendios ocurridos en la Quinta Región durante este fin de semana. Al describir a cada uno de los agentes aquí expuestos y a sus conspiraciones, lo que se busca es discutir de forma crítica las distintas motivaciones que pudieron haber gatillado semejante calamidad pública en nuestro país.

VI El chileno y el reencuentro del alma

Desperté por la mañana y me reporté con mi padre. Él se encuentra bien y su zona estuvo a unos cuantos metros de ser arrasada. Viajé a Viña después del toque de queda, para cobrar el dinero de los pasajes de mi viaje cancelado. La gente en las calles iba y venía, rumbo a centros de acopio, de regreso de sus lugares sacrificados o en busca de un poco de agua para capear el calor satánico que asolaba la ciudad.

Algunas personas trataban de entender quiénes habían sido. Unos le reclamaban al gobierno su inoperancia y su complicidad con los “pirómanos”. Otros, arremetían contra los empresarios forestales por su maldad especulativa. Tras la tragedia, lamentablemente, hay quienes insisten en buscar culpables, bajo una mirada parcializada y sin criterio ni rigurosidad suficiente. Cada quien invoca a sus propios demonios y proyecta en el otro, su adversario, el peor de los males. Ya dijimos que el fuego no tiene sombras, pero vaya que atrae penumbras.

Chile se ha visto golpeado por muchos males, de un tiempo a esta parte. Ha visto encarnar en sí mismo la sombra, la penumbra, el humo tóxico de las divisiones, el grito chamuscado de las invectivas, la tempestad y los aluviones del rencor, la guerra interna psicológica, el cataclismo de las emociones y, hoy por hoy, los ataques incendiarios de ciertos esbirros manejados por fuerzas ocultas a la ciudadanía.

Chile está bajo ataque, es un hecho. Sin embargo, sus responsables, sus verdaderos responsables, siguen sin mostrar la cara. Solo resta la calamidad como rastro de los hacedores del fuego. Ante todo, Chile, su espíritu, que son su historia y sus compatriotas, se reintegra estoico y vuelve a levantarse digno contra sus enemigos internos y externos, agarra la antorcha del fuego prometeico y protesta contra el nuevo Nerón de las naciones, porque, como dijo Miguel Serrano: “El chileno reencuentra su alma en medio de los temblores, de la tempestad o de la guerra, y entonces, se unifica, se ama y descubre la fe en el destino”. ​Miguel Serrano, Quien llama en los hielos, 1957.

Impactado por el fuego, sus nefastas consecuencias y su oscuro origen, pero se requieren manos y mente fría para ayudar a los damnificados. Será necesaria una investigación concienzuda sobre las circunstancias del siniestro porque esto, a todas luces, fue intencionado y concertado con tiempo. Le quedará a las autoridades competentes dilucidar los hechos y sus posibles responsables. A nosotros, ciudadanos de a pie, nos quedará la consciencia y el análisis profundo de la realidad.

miércoles, 31 de enero de 2024

“¡Libertad” Es mi suprema ambición. La libertad intelectual, el poder ser quien se es, el no sentir la influencia de nada exterior. Uno cree mil veces poseerla. Mas de pronto ve cómo vive de prejuicios, de ideas hechas. Todo nos impresiona y nos desvía. ¡Ser libre! No responder más que a uno mismo… ¿Lo lograré? Hoy sin ir más lejos, estando a bordo, lejos de Santiago, comprendo cómo allá vivía yo dándole importancia exagerada a mil pequeñeces que no debiera haber tomado siquiera en cuenta y cómo las grandes cosas me parecían del mismo valor que tales pequeñeces. Quien tenga siempre una idea clara de los valores de todos los hechos de la vida, como los tiene el pintor ante el natural, podrá ser libre. La falta de libertad interior es solo la falta de comprensión de los valores”. Juan Emar, Diarios de viaje.

martes, 30 de enero de 2024

"Recordar quiénes somos. Identidad y Tradición para resistir al Globalismo." Diego Fusaro

En el tiempo de la «noche del mundo» prevalecen, como horizonte único, visiones del ser instaladas en un realismo ingenuo y anegado de altas dosis ideológicas, que disuelven lo posible en lo existente. La ontología impuesta, la funcional a la clase dominante, está centrada en la intransformabilidad del orden de las cosas y, al mismo tiempo, en el primado del hacer técnico, que instrumentaliza los entes con vistas al aumento infinito de la voluntad de poder.

Como hemos intentado mostrar en Idealismo o barbarie (Ed. esp. 2018), la primera revolución consiste en el cambio del marco ontológico de referencia y, específicamente, en la variación del coeficiente de inevitabilidad. A la mística de la necesidad y al absolutismo de la realidad dada, o sea los dos principios ontológicos sobre los que se funda la hegemonía del polo dominante (según el teorema del there is no alternative), es necesario contraponer una ontología de la posibilidad histórica. Esta última debe estar basada en una concepción del ser no como un datum inmodificable, sino como historia y posibilidad, por lo tanto susceptible de transformación mediante el proceso de la praxis subjetiva organizada colectivamente.

De conformidad con la ontología sujeto-objetiva teorizada por el idealismo clásico alemán, el Objeto, lejos de ser res separata a la que el Sujeto debe adaptarse (adaequatio rei et intellectus), está siempre mediado por el Sujeto mismo: fatum non datur. Con la sintaxis hegeliana, es necesario pensar die Substanz als Subjekt, («la Sustancia como Sujeto«), el ser como mediado por el hacer subjetivo. En coherencia con estos fundamentos ontológicos generales, la realidad es un proceso en acto -con Hegel, Wirklichkeit y no Realität– y no coincide con aquello que simplemente “es”: más bien, es la suma de aquello que “es”, de lo que “ha sido” y de lo que, a partir de lo existente y de lo que ya ha sido, “podría ser”. Así, en lo que denominaríamos con Marx el presente «reino de los seres extraños a los que el hombre está subyugado», actuar significa apoyarse en la libre decisión de realizar las posibilidades inacabadas de la propia historia, transformando el pasado en yacimiento de virtualidades que pueden implementarse mediante el encuentro concreto entre la decisión anticipatoria y la praxis transformadora: con las palabras de Heidegger en Ser y Tiempo, «la decisión, que retorna sobre sí misma y se autotransmite, se convierte entonces en la repetición de una posibilidad de existencia transferida», revitalizada y puesta en tensión con el presente en el que se halla.

La repetición del pasado, en consecuencia, no es la ritual celebración de aquello que ya no existe, ni la estéril seducción ejercida por un pasado que se cree que puede volver como ya fue. Es, por el contrario, el gesto activo del transmitir y del rememorar las posibilidades preservadas en aquello que ha sido y que puede incubar múltiples posibilidades para el futuro: die Wiederholung ist die ausdrückliche Überlieferung, das heiBt der Rückgang in Möglichkeiten des dagewesenen Daseins, “la repetición es la transmisión explícita, esto es, el retorno a las posibilidades del ser-ahí-que-ha-sido-ahí”. De nuevo con la sintaxis de Heidegger, el Dasein (“ser ahí”) -tanto del individuo como de los pueblos- es síntesis de las tres dimensiones: del futuro del proyecto, del presente de la decisión y del pasado del origen. Y, recurriendo ahora a Hegel, es portador de la conciencia histórica y de la consciencia de la contradicción como raíz del ser.

Aún cuando sea diferente y, en ocasiones, inconmensurable respecto a la de Ser y Tiempo, la subjetividad puesta en cuestión por Hegel en las páginas de la Fenomenología del Espíritu tiene en común con aquella la temporalidad histórica en su triarticulación, asumida como fundamento mismo del ser en el mundo del hombre. El Sujeto hegeliano es, por su esencia, portador de una conciencia histórica progresiva. Conquista gradualmente la consciencia histórica de sí mismo como sujeto unitario, que se objetiva en la temporalidad según formas cada vez más racionales. Tales formas son, a su vez, concebidas en su auténtica naturaleza sujeto-objetiva de productos históricos, y no de talidad dada y presupuesta.

La concepción de la Sustancia como Sujeto, definida en la Fenomenología del Espíritu, implica que la Totalidad se dé como movimiento del propio desarrollo y que el Concepto se resuelva en la dinámica que lo hace volverse verdaderamente sí mismo; con la Fenomenología, «es el Espíritu mismo el que se mueve: él es el Sujeto del movimiento (er ist das Subjekt der Bewegung) y, a un tiempo, el movimiento mismo, es decir, la Sustancia a través de la cual pasa el Sujeto», que por tanto existe imprescindiblemente en la dimensión del tiempo y del devenir, o sea de su historia. Por eso, precisamente, el Espíritu es tiempo o, como precisa Hegel, erscheint der Geist notwendig in der Zeit, «el Espíritu se manifiesta necesariamente en el tiempo», como autoconciencia procesual y como una serie de objetivaciones prácticas.

Más allá de las evidentes diferencias, tanto el Dasein de Ser y Tiempo como el Sujeto comunitario de la Fenomenología del Espíritu, quedan igualmente “dados de baja” por la lógica de la flexibilización de las identidades coesencial al nuevo espíritu del sistema de las necesidades deseticizado y absoluto. El homo instabilis, cooriginario respecto al nuevo perfil antropológico precarizado, no puede decidir libremente puesto que, cada vez de forma más ostensible, figura como un peón externo y dirigido, considerado del mismo modo que todas las demás mercancías on demand. No tiene, hegelianamente, conciencia histórica y eticidad comunitaria, ni, heideggerianamente, temporalidad proyectual y rememorante. No puede disfrutar de una libre proyectualidad ek-statica dirigida al futuro, condenado como está a la vida precaria que, por su esencia, niega el fundamento mismo de la ek-sistencia como reivindicado trascendimiento del presente para alcanzar futuros deseados.

En fin, el homo instabilis posmoderno se ve privado de la memoria mnéstica y del propio arraigo histórico. La movilidad absoluta a la que está condenado lo vuelve desarraigado y desterritorializado, proyectado en la pura inmanencia ahistórica y aprospectiva del eterno presente flexible, del que es habitante nómada e inestable. Viene así deconstruida una de las bases fundamentales del Dasein, sea individual o colectivo.

El «yo global» del homo instabilis, privado de memoria y de tradición, queda por eso mismo mutilado de alma, si damos por cierto, como San Agustín afirma en sus Confesiones, que sedis animi est in memoria. Al mismo tiempo, se disuelve la esfera de la prospectiva y la dimensión mnéstica, es decir, la capacidad de rememorar la tradición e inspirarse en ella en clave proyectual («el yo es memoria«, recordaba Hegel). Sobrevive solamente la mens instans, como lo llamaba Leibniz, la «mente instantánea» incapaz de rememorar y de proyectar, de pensar y de imaginar, enteramente absorbida en la inmanencia cosificada del cálculo y del know how. La construcción de las identidades de los individuos y de las comunidades se sustenta siempre sobre la estratificación de las experiencias, sobre su sedimentación en la forma de la memoria. No existe identidad cultural en ausencia de memoria histórica. El hombre desarraigado se ve privado de conciencia histórica y vive, con una necesaria falsa conciencia, el tiempo de la acumulación flexible como destino natural y eterno. “La ahistoricidad de la conciencia es la mensajera de un estado estático de la realidad”, como señalara Adorno.

La planificación ek-sistente desaparece y, con ella, es negado por la barbarie tecno-nihilista el humanismo de la civilización clásica, expresado, por ejemplo, en el Brutus (§ 257) de Cicerón: non quantum quisque prosit, sed quanti quisque sit poderandum est.

Se trata, mutatis mutandis, de la misma distinción establecida por Kant, en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), entre precio y dignidad: aquello que tiene precio -explica Kant– puede ser intercambiado por su equivalente, mientras que lo que no tiene precio, al no tener equivalente, es aquello que posee sólo dignidad.
María Carolina Geel, luego de dispararle a quemarropa a su ex pareja y matarlo, frente al Hotel Crillón, afirmó, tras ser interrogada por su crimen: “Los actos nacen con una”.
Decía Karl Marx: "Nuestra tarea es la crítica despiadada y mucho más contra aparentes amigos que contra enemigos abiertos". Y, al parecer, algunos antiguos amigos de la Universidad, "picaos a soviet", se lo tomaron demasiado en serio. 

lunes, 29 de enero de 2024

María Luisa Bombal: una obra, un crimen (mini artículo)

Cuentan que la escritora María Luisa Bombal protagonizó un baleo en pleno centro de Santiago. Era 27 de enero de 1941. A las 5 de la tarde, la Bombal salió del café del Hotel Crillón, vestida con un elegante vestido blanco de seda. A lo lejos, vio cruzar a su ex amante, Eulogio Sánchez, con otra mujer. “Sinvergüenza”, le gritó. Entonces sacó una Mauser 4 milímetros y le pegó cuatro veces, hiriéndole el brazo, en un frustrado intento de homicidio. Algunos testigos dijeron que después de balear al hombre, la Bombal gritó: "¡Soy la única culpable"!

Años antes, Eulogio habría roto con la Bombal, motivo por el cual ella incluso intentó quitarse la vida con un arma encontrada en el departamento de su propio amado. Mucho después, se enteró que este se casó. Entonces la Bombal, dispuesta a todo, se propuso acabar con él, para vengar su corazón herido. Por este hecho, la escritora fue condenada a cuatro años de cárcel, pero finalmente consiguió ser absuelta, ya que Eulogio retiró los cargos en su contra.

Tras esta calamidad, nunca más volvieron a verse. A la Bombal le preguntaron una infinidad de veces por ese sangriento episodio. Sin embargo, ella siempre se negó a hablar. Siempre dio respuestas vagas hasta callar y guardar silencio de manera definitiva. “Al matarlo, mataba mi mala suerte, mataba mi chuncho”, confesó tiempo después.

En 1947, más de seis años después del balazo a su ex, la Bombal escribió una novela inédita llamada "Casa de niebla". Y se iniciaba con una advertencia: "No habrá asesinato ni asesino, pero sí existirá un crimen". Según dicen, en la novela la protagonista habita una mansión en la que mora un fantasma. El misterio sobre un crimen intenta ser revelado, y ese misterio dice relación con un adulterio que acaba impune.

¿El de su amor? ¿El de su sueño?

¿Será que la Bombal le disparó, en clave onírica, a la literatura realista de la época? ¿No serán las letras una sublimación de sus pasiones y de su crimen?

“¿Por qué es usted tan trágica?”, le preguntó un profesor de francés a una Bombal de 18 años, luego de leer su cuento. "Era la imaginación que se adelantaba a lo que yo era", señaló años más tarde, al recordar la anécdota.

Ella, la "madrina del realismo mágico", "fundadora del gótico", la "madre de todos los escritores latinoamericanos contemporáneos", según Carlos Fuentes, había hecho de la literatura su propia sueño nebuloso y de su escritura un fulminante y despechado disparo contra los esquemas estancos de una realidad ortodoxa.

El psicólogo Daniel Benavente, perito de la Corte de Apelaciones de Valparaíso, hablaba de que, en la actualidad, existen varios “apartheid” simbólicos, consecuencia de una sociedad polarizada que idealiza a unos y devalúa a otros, bajo una lógica tribalista. La falta de matices, el sesgo confirmatorio, la ofensa, la escasez de reflexión, de empatía y de aprendizaje, en síntesis, la ausencia de inteligencia emocional, constituyen síntomas de una enfermedad que se expresa en el plano de la cultura. Así, el sistema límbico promueve el favoritismo; el cerebro reptil, promueve la violencia visceral ante la intolerancia; y el neocórtex, sin su capacidad reflexiva, acaba proyectando una visión bidimensional de la realidad, selectiva. 

Supe sobre las reflexiones del psicólogo en un seminario que dictó llamado "Bomberos Emocionales, el paradigma del Equilibrio Social”. La cuestión esbozada por él entronca perfectamente con la idea de la atomización del individuo en un marco de relaciones cada vez más líquidas como huella de la posmodernidad, aunque también se relaciona con la existencia de grupos con posturas monolíticas, el fenómeno de “barra brava” vivido en lo social durante los períodos álgidos de los procesos políticos chilenos del último tiempo. Se vivenció en carne propia el grito de la “patota” en contra del adversario político, la neutralización del otro en los enfrentamientos discursivos y los ataques personales cada vez que fulgía el disenso legítimo frente a tal o cual tema. 

Me pregunto hasta qué punto este fenómeno analizado de manera certera por un perito tiene un alcance en cada uno de los aspectos de la vida en comunidad y permea inclusive la orgánica misma de las instituciones no solo a nivel nacional, sino que global.