viernes, 24 de febrero de 2023

Dicen que un chiste de humor negro logró que Copano aplacara al "Monstruo", un chiste sobre el bullying en el colegio y cómo su hijo que nació en Estados Unidos nunca lo conocerá tal como ocurre en Chile.
“El bullying de acá es distinto al bullying gringo. Acá somos de la talla rápida, allá son un balazo”, dijo.
Y con esa referencia a las masacres escolares y los "lobos solitarios", Copano salvó la jornada, evitando una muerte segura.

El último discurso de George Soros: Sobre las guerras de la "Sociedad abierta" y el clima como combatiente en el conflicto (extracto). Alexander Dugin

¡Soros, danos el dinero! La vergüenza del liberalismo ruso

Aquí hay un ejemplo de mi única reunión con Soros. A principios de la década de 1990, me invitaron a una reunión con Soros en cierta sala de conferencias en Moscú. Soros fue representado por Maksim Sokolov, un liberal del periódico Kommersant, y algunos otros miembros del personal ruso no identificable de la Fundación Soros. La reunión estuvo dedicada a la presentación del libro de Karl Popper La sociedad abierta y sus enemigos, una especie de "escritura sagrada" para Soros, Biden y todos los liberales contemporáneos. Al principio, fueron principalmente los partidarios de Popper los que hablaron. Pero casi todos dijeron lo mismo, que no tenía nada que ver con Popper en absoluto, como: "Querido George Soros, dame dinero y todo lo que puedas!" La única variación era: "No le des a él/ella, él / ella no es nadie, ¡dámelo!" Soros casi se queda dormido.

Al final, también me dieron el micrófono. Resultó que yo era probablemente el único en la audiencia que había leído el libro de Popper en cuestión. No excluyo la posibilidad de que Maksim Sokolov también lo haya hecho. El resto repitió como un reloj: "Dame dinero, dame dinero". Estos son nuestros liberales. No es de extrañar que hayan cambiado sus posiciones ideológicas tantas veces que puede hacer que tu cabeza gire. ¿Dónde están hoy en el momento de la Operación Militar Especial? En todas partes. Tanto en este lado como en el nuestro. "¡Soros, dame dinero!" fue fácilmente reemplazado por "¡Putin, dame dinero!" Pero no es tan importante.

Cuando dije todo lo que pensaba sobre la incompatibilidad de los valores tradicionales rusos con el individualismo de la "sociedad abierta", Soros se despertó y se puso de pie. Sus mejillas arrugadas, incluso en ese entonces no era tan joven, se enrojecieron. Después de escuchar mi mini-charla sobre el liberalismo que nunca ganaría en Rusia, que sería rechazado y pisoteado, y que volveríamos a nuestra forma rusa original y enfrentaríamos el globalismo y la hegemonía occidental nuevamente con toda la fuerza de Rusia (terminé con un patético "¡Vete a casa, Sr. Soros! ¡Cuanto antes mejor!"), Soros tuvo la última palabra. Le dijo a la audiencia: "Por lo que sé sobre su historia rusa, las revoluciones comienzan con personas como usted (designó a la mayoría de las personas sentadas en la sala) y terminan con personas como él (me señaló). No dijiste una palabra sobre Popper, y parece que el único que leyó The Open Society and Its Enemies era un "enemigo de la Open Society" y solo me dijo que me fuera a la mierda. Esta es la tragedia del liberalismo en Rusia. Usted habla de dinero, y él habla de ideas. Pero espero estar equivocado y que consigas algo". Así que terminó su discurso y regresó a Hungría.

Ahora él y su Fundación no están y no pueden estar no solo en Rusia, sino también en Hungría, la Open Society Foundation es reconocida en Rusia como una peligrosa "organización terrorista". Que es exactamente.

Pero Soros generalmente analizó todo correctamente. Los liberales tenían el poder en sus manos en la década de 1990 y gradualmente, casi imperceptiblemente, lo perdieron.

Y hoy estamos claramente siguiendo el camino ruso y luchando por un mundo multipolar contra la hegemonía global de la "sociedad abierta".

Después de todo, nosotros somos Roma y ellos son Cartago.

Lo que nadie dijo sobre el descarrilamiento de Ohio, el tren que recorre Europa y la propuesta ferroviaria de Petro

“No digas que no te avisé cuando hayas perdido tu tren”, reza el final de una histórica canción de Bob Dylan. ¿Qué tal si te digo que tú y yo y la Humanidad entera estamos peligrosamente cerca de perdernos el tren? Quizá el último tren, el que nos salve de un porvenir grotesco, donde la verdad se extravíe en las tinieblas”.
Podrá parecer off topic, pero lo creo verdaderamente importante. A raíz de mi publicación de un video de Lucero cantando su clásico "Ya no" en Martes 13, surgió un comentario de un amigo, señalando que esa canción "duele", porque es como si "más que una mina, te lo dijera la vida misma". A ese comentario, yo le respondí que el tema de Lucero realmente tenía una lectura existencialista: es ya no a la vida, o la vida te dice "ya no". La pregunta que me asalta luego de tan curiosa interpretación es la siguiente: ¿el gran compositor español del tema, Rafael Pérez Botija, habrá pensado en ese significado al momento de escribir la lírica? De la manera que sea, Ya no, para mí, más que un tema de desamor, se volvió un auténtico himno a la partida, al término de la vida o a su significado más trascendente. Acá van las partes del coro que prueban mi punto:

Ya no, lo siento

TU HORA PASÓ

Ya no te deseo, ¡entiéndelo!

Ya no, palabra

Lo puedes creer

No tenemos nada, nada que ver

Ya no, seguro

TU FAZ SE BORRÓ

Si alguna vez fui tuya, ¡olvídalo!

Ya no, en serio

TU TREN SE PERDIÓ

Todo se ha acabado entre tú y yo

Los versos destacados en mayúscula pueden referirse tanto a la idea de partida del ser amado como a la idea de la partida de la vida misma. LA MUERTE.

jueves, 23 de febrero de 2023

Cavilaciones sobre el Monstruo

Tras el despertar del "Monstruo" hace un par de noches, estuve analizando bien su figura, su naturaleza, después de ver un listado de artistas caídos, “devorados” y cavilé sobre aquello que lo caracteriza: su apetito, y aquello que lo provoca. Solo puedo decir: nunca se trata de algo homogéneo, porque su voracidad está circunscrita a la situación del espectáculo, en relación con la coyuntura de la sociedad en determinado momento; y su presa, proveniente del mundo de la música o el humorismo, solo tiene constancia de su aparición en la medida que el Monstruo comienza a mostrar las fauces, inevitablemente, cuando ya es demasiado tarde. El Monstruo aparece siempre allí donde acaba la corrección política de los animadores y comienza el grito de la galera. Si los artistas de Viña menos aventajados pudieran anticiparse a su hambre, podrían salir ilesos, pero ¿cómo saberlo? hay algo en aquella criatura colectiva, intangible que, cual perro en jauría, lo mueve, más allá de la formalidad del show: es el sentir espontáneo de la audiencia que impone su propio código feroz, allí donde huele flaqueza, debilidad o mal gusto, y esa imposición se siente, en ocasiones, arbitraria, injusta, pero, las más de las veces, merecida, oportuna. O el Monstruo es una resonancia del instinto colectivo del momento o bien una representación metafórica del clamor popular. Solo quienes somos cómplices por ver con morbo su engullida, podemos descifrar su devastador simbolismo, al alero de los relatos y las narrativas que lo circundan.

Enrique Vila-Matas: “Mi discrepancia frente al presente es grande. Si me preguntan, digo que estoy en contra de todo”

-¿Qué opina de la autoficción? ¿Montevideo puede ser leída en clave autobiográfica?

-Últimamente, en mi país se empeñan en adosarme palabras espurias como autoficción. Y bueno, está claro que en todos los relatos, en todos, absolutamente todos los relatos de todos los tiempos, hay un ineludible fondo personal. Lo recuerdo a veces, en cuanto me llega la pregunta cliché por excelencia. Me dicen: “Y dígame usted, ¿cuánto de autobiográfico hay en su autoficción?”. Y mi respuesta es: “Nada de autoficción, por dios, qué manía. Solo hay ficción a secas, sin más, como en la Biblia, detrás de la cual también estaba alguien creando algo, en primer lugar, para sí mismo”. El otro día, en la televisión, donde uno no puede con las palabras dar muchos rodeos, me preguntaron qué tenía contra la autoficción. Dije: “Nada. Solo que la palabra ficción es más breve que la palabra autoficción y porque hasta la no ficción es para mí ficción”. Me faltó añadir que, como ya explica el narrador de Montevideo, cualquier versión narrativa de una historia real es siempre una forma de ficción, ya que, desde el instante en que se ordena el mundo con palabras, se modifica la naturaleza del mundo.

-¿Tiene una opinión sobre los debates actuales en el ámbito literario: las “cancelaciones”, los reclamos de paridad de género, las tomas de posición ideológica?

-Mi discrepancia frente al presente es grande. Y si me preguntan, digo que estoy en contra de todo. “Para ser realmente contemporáneos hay que ser intempestivos, ligeramente inactuales”, gritaba Nietzsche desde su ventanal de Turín. Así que trato de seguir construyendo mi obra, inasequible al desaliento y a la actualidad. Me adhiero a mi tiempo, porque es inevitable (“No te preocupes por ser moderno, porque desgraciadamente lo serás”, decía Dalí), pero, a la vez, tomo distancia del presente, puesto que a fin de cuentas solo así, desde esa posición desplazada, puede abrirse paso la distancia crítica, la discrepancia frente al presente.

-¿Qué perspectivas tiene la literatura en el panorama actual?

-Creo que con el tiempo, la humilde literatura, no relacionada con el poder, será la única que, por no haber sido precisamente humillada, perdurará.

“Mi discrepancia frente al presente es grande. Si me preguntan, digo que estoy en contra de todo” - LA NACION

"El humor es un escenario complicado y yo apelo a que toda la gente, independiente de su ideología, se ría". Rodrigo Villegas, otro de los nuestros.
La época del linchamiento y la corrección política. Una época que no ríe: "Después de anticipar los linchamientos digitales y de poner en evidencia los debates polarizados y la falta de sentido crítico, Juan Soto Ivars (Águilas, 1985) aparca su faceta ensayista y publica ‘Nadie se va a reír’ (Editorial Debate), una crónica novelada sobre la historia de Anónimo García, condenado por una acción humorística cuyo objetivo era poner en evidencia el afán carroñoso de algunos medios de comunicación."

Ahora los libros de Roald Dahl serán reescritos para no resultar ofensivos. En Charlie y la fábrica de chocolate, se cambiará la palabra "gordo" por enorme y se quitará la palabra "feo". En Matilda, la referencia a escritores como Joseph Conrad y Rudyard Kipling será sustituida por John Steinbeck y Jane Austen. Motivo: presunto "supremacismo e imperialismo". El virus de lo woke pretende infectar la literatura entera. Un revisionismo literario que simplifica toda complejidad de la obra, que es otra forma de apropiación cultural y que responde a los lineamientos de la narrativa imperante. Roald Dahl tiene casi sesenta cuentos y, en serio, hay que tener una visión del mundo retorcida, neurótica y perversa para considerarlo un autor ofensivo. Lo dicho: estamos viviendo una esquizofrenia, una ruptura con la realidad, un mundo paralelo guiado por imbéciles.

“Estas prácticas de censura ideológica y la autocorrección, que en ocasiones inducen a eliminar o no mostrar y en otros casos a integrar temas tendencia, instrumentalizan la literatura, empobrecen la oferta editorial y van en detrimento del riesgo, la diversidad, la libertad artística y el espíritu crítico”

miércoles, 22 de febrero de 2023

Escuchó claro: "ándate", y entonces supo que el Monstruo había despertado, voraz, insaciable, luego de tres años de hambre.