A medida que el mundo se vacuna, se ha hecho patente la necesidad de categorizar las diferentes latitudes en zonas verdes, amarillas y rojas, según la intensidad del riesgo. Una humanidad pre covid y post covid. Distinción paranoica entre vacunados y no vacunados; luego, entre inmunes y no inmunes; y estos, a su vez, entre sintomáticos y asintomáticos. Una verdadera “locura dialéctica”. Como hubiera dicho Enrique Lihn en Diario de muerte, casi en una poética virológica: “Hay sólo dos países: el de los sanos y el de los enfermos/por un tiempo se puede gozar de doble nacionalidad/pero, a la larga, eso no tiene sentido”.
martes, 30 de marzo de 2021
lunes, 29 de marzo de 2021
Serie libros prohibidos: "Serotonina" de Michel Houellebecq
El amor en la mujer es un poder, un poder generador, tectónico, cuando el amor se manifiesta en la mujer es uno de los fenómenos naturales más imponentes que la naturaleza pueda ofrecernos contemplar, hay que considerarlo con temor, es un poder creativo del mismo tipo que un temblor de tierra o un trastorno climático, el origen de otro ecosistema, otro entorno, otro universo, con su amor la mujer crea un mundo nuevo, pequeñas criaturas aisladas chapoteaban en una existencia incierta y de pronto la mujer crea las condiciones de existencia de una pareja, de una nueva entidad social, sentimental y genética, cuya vocación es efectivamente eliminar todo rastro de los individuos preexistentes, la esencia de esa nueva entidad es ya perfecta como lo había advertido Platón, en ocasiones puede adquirir la complejidad de una familia pero es casi un detalle, al contrario de lo que pensaba Schopenhauer, la mujer de todos modos se entrega por completo a esta tarea, se abisma en ella, se consagra en cuerpo y alma, como suele decirse, y por otra parte no hace en realidad la diferencia, esa diferencia entre cuerpo y alma no es para ella más que una disputa masculina intrascendente. Sacrificaría sin vacilar su vida a esta tarea que en realidad no lo es, porque es la manifestación pura de un instinto vital.
El hombre, en principio, es más reservado, admira y respeta ese desenfreno emocional sin comprenderlo plenamente, le parece extraño complicar tanto las cosas. Pero poco a poco se transforma, poco a poco es absorbido por el vórtice de pasión y de placer creado por la mujer, más exactamente reconoce la voluntad de la mujer, su voluntad incondicional y pura (…) Poco a poco, el inmenso placer que procura la mujer modifica al hombre, que le otorga agradecimiento y admiración, su visión del mundo se ve transformada, de manera imprevista accede a la dimensión kantiana del respeto, y poco a poco llega a contemplar el mundo de otra forma, la vida sin una mujer (e incluso, precisamente, sin esa mujer que le proporciona tanto placer) se vuelve realmente imposible y se asemeja a la caricatura de una vida; en este momento, el hombre empieza en verdad a amar. El amor en el hombre es, por tanto, un fin, una realización y no, como en la mujer, un comienzo, un nacimiento; he aquí lo que se debe considerar.
domingo, 28 de marzo de 2021
Querer la vuelta a la “normalidad” implica asumir que la vida es uniforme, que se puede recuperar un orden relativo a cierta percepción lineal de nuestra realidad. Subyace a esta idea un miedo inminente al cambio abrupto, una desadaptación orgánica. La verdad es que nada podrá ser como antes, ni nada nunca podrá volver a ser lo mismo. La pandemia es únicamente el escenario paradigmático en el baile incesante de los fenómenos; el virus, un agente extraño pero relevante en el transcurso de una determinada contingencia histórica. Se aprecia una ingente “retrotopia” en esa añoranza de una normalidad que solo existe en cuanto deseo frustrado por un anterior estado de cosas. Aquella añoranza no es más que la resaca luego del impacto contra el muro, y como toda resaca, nos desmoraliza, nos resiente por lo ocurrido, por lo que se cree perdido. Y entonces rebuscamos respuestas, respuestas a las interrogantes invisibles, cual bacterias en el aire, y no nos queda otro tiempo que el presente ni otro espacio que la convalecencia, aunque sin garantía de una estabilidad perpetua, porque no existe, o solo existe en cuanto vivimos, padecemos, cambiamos y volvemos a padecer.
sábado, 27 de marzo de 2021
De los amigos y amigas que considero verdaderamente íntimos, ninguno y ninguna tiene, afortunadamente, alguna relación directa con el mal llamado “círculo literario”. Se dicen promotores de la cultura y adalides de la moral, pero siguen replicando la vieja política del lobby y el favoritismo. Honestidad solo con sus intereses; lealtad solo con los suyos.
jueves, 25 de marzo de 2021
A más de diez años de la Operación San Lorenzo en Chile, las cosas para los auténticos protagonistas de esta épica tragedia, están lejos de parecer brillantes. Considerada una de las operaciones de rescate minero más exitosas y mediáticas de la historia, superó incluso al impacto que tuvo la mismísima llegada del hombre a la Luna con el Apolo XI. Sin embargo, todo esto no fueron más que molinos de viento y voladeros de luces que acabaron demasiado rápido y demasiado mal para gran parte de los mineros. José Ojeda, el autor del mítico mensaje “estamos bien los 33 en el refugio” no volvió a trabajar nunca más y pasó mucho tiempo internado en psiquiátricos. Luis Urzúa, el líder del grupo, señala que solo se acuerdan de ellos una vez al año, y seguirá así hasta que quede el último minero con vida y le preguntarán lo mismo, condenándolo a un mantra perpetuo. Para Urzúa, al día de hoy, aún no existe respuesta concreta para la situación que vivieron. Únicamente exige recuperar su dignidad como trabajador.
Mario Sepúlveda, otro de los mineros, se lamenta diciendo que con su grupo nunca pudieron tomar una decisión razonable sobre qué hacer al respecto tras el desastre vivido. Aparecieron contratos millonarios, ofertas para escribir sus memorias, giras por el mundo, cual rockstars de la minería. Desgraciadamente, nada de eso fue real, y hubiera sido mejor seguir unidos como estaban abajo, concluye Sepúlveda, quien fue interpretado por Antonio Banderas para el bodrio hollywoodense del año 2015. Los mineros cedieron sus derechos para la realización de la película y también para la publicación de un libro (“En la Oscuridad” de Héctor Tobar), pero reclaman que nunca tuvieron los créditos de su propia historia.
Durante el año 2011, demandaron al Estado de Chile por su responsabilidad en el derrumbe y la justicia resolvió a favor de ellos. Aun así, todavía no reciben la correspondiente indemnización, a causa de varias trampas burocráticas que se prolongaron más allá de lo debido. “Nosotros somos víctimas, no somos héroes”, afirma Urzúa. Por su parte, Sepúlveda se pregunta si acaso toda esa plata que el Estado les debe, alcanzará a pagar todo el daño provocado. Ciertamente, no habrá dinero fiscal suficiente que aplaque la indignación y que resuelva el trauma. “Ojalá nunca hubiese ocurrido el accidente, para haber seguido trabajando, tranquilo, recibiendo nuestro sueldo, en lo que a nosotros nos gusta" señala resignado Omar Reygadas, otro de los sobrevivientes.
La metástasis de la tragedia acabó siendo un montaje muy lucrativo para el aparataje del espectáculo político. Sin embargo, los mineros nunca vieron los frutos de su azarosa y desafortunada hazaña. El costo de perder el anonimato en pos de un heroísmo involuntario le significó, a la gran mayoría de los involucrados, hipotecar su futuro y su felicidad, día a día, como si hubiesen salido de aquella mina eterna para entrar en otra peor: la mina abierta de la ignominia, el secuestro de su imagen pública en desmedro de su humanidad, mancillada por el claustro, la falta de luces y la memoria ciega. Cada uno de los mineros continúa viviendo dentro de su mina existencial. En pleno Chile encuarentenado, esa es una señal de que todos ocultan y abrigan su propio miedo a perder la libertad, su propia cerrazón interior.
miércoles, 24 de marzo de 2021
martes, 23 de marzo de 2021
Una colega antes de entrar a clase iba vestida con una túnica desechable anti covid, un protector facial y mascarilla. Estaba buscando con urgencia el libro de clases en la sala de profesores. “Pareciera que va a una zona radiactiva”, le dije. “Y no es chiste”, respondió ella. “Lo que pasa es que donde vivo yo hay puros abuelitos, y tú sabes que son más propensos a tener el bicho. Además, los chicos con los que trabajo son asintomáticos, así que hay mayor el riesgo de que se puedan contagiar sin siquiera saberlo”. Dicho esto, se apresuró a ir hacia una de las salas habilitadas para clases mixtas. Apenas se despidió. Al salir, justo después de dejar la sala de profes, un fumigador pasó detrás suyo, sanitizando el acceso, como si hubiese querido descontaminar a propósito la estela de su presencia.
lunes, 22 de marzo de 2021
Samuel Paty y el peligro del odio virtual
El crimen contra el profesor francés Samuel Paty, que acabó decapitado por un joven musulmán de origen checo, causó tal impacto que fue homenajeado en París como un “símbolo de libertad”. Todo habría ocurrido a causa de la mentira de una niña estudiante, quien le aseguró a su padre musulmán que el profesor mostró en clases algunas caricaturas de Mahoma con comentarios racistas. Luego, el padre habría levantado una campaña de difamación por redes sociales, llamando a ajusticiarlo. Un activista yihadista se enteraría de la noticia y encendería aún más la hoguera con gasolina de odio, para que el profesor fuera ultimado en plena vía pública, frente al colegio, a vista y paciencia de todos. Hace unos días, y a meses del crimen, la niña finalmente confesó ante los jueces que todo había sido una excusa para no decepcionar a sus padres al faltar a clases. El propio padre, el instigador, reconoció su culpabilidad, asumiendo que solo buscaba defender lo que le había dicho su hija. Bajo este nuevo escenario, el padre de la niña y el activista yihadista fueron acusados por propagación de odio criminal, complicidad indirecta en un asesinato y asociación de delincuentes, mientras que la niña fue acusada por el delito de propagación de odio. En resumidas cuentas: el profesor fue asesinado por una mentira culposa que desencadenó una campaña del terror con consecuencia mortal, y la niña estudiante mintió para hacer la cimarra y volvió a mentirle a su padre por miedo, a costa de la reputación y la vida del maestro.
Lo verdaderamente horroroso aquí, aparte del eco de violencia fundamentalista que tiene este hecho con el atentado al semanario Charlie Hebdo, es el pandemonio en que se pueden convertir las redes sociales cuando son operadas por la mera pulsión del resentimiento, venga de quien venga. De ese modo, la sonada libertad de expresión se malentiende al punto de llamar abiertamente a la cacería de brujas virtual, por medio de injurias y calumnias, muchas veces infundadas, en contra de una persona, auténticos ciber linchamientos sin posibilidad de réplica ni de defensa, chocando seriamente con el derecho al honor y a la privacidad individual de la que gozamos todos en un Estado civilizado. Nuevamente, nuestra realidad occidental covidiana se acerca peligrosamente a una realidad distópica en clave Black Mirror. Es cosa de revisitar aquel viejo episodio de la temporada tres, Odio Nacional, para darse cuenta del poder destructor que puede tener una acusación lanzada al voleo y viralizada en forma de hashtag (bajo el corolario de la free speech), la cual crece como una bola de nieve al punto de volverse imparable, precipitando la total falta de cohesión social y la primacía de las emociones al rojo vivo por sobre las posibles razones, sin otro propósito que la destrucción ciega de alguien. En el caso del profesor Samuel Paty, aquella destrucción galopó cual jinete del apocalipsis con la máscara de la intolerancia religiosa, virus que hasta el día de hoy se resiste a desaparecer, contaminando el seno de nuestra democracia.
sábado, 20 de marzo de 2021
El Comandante Ramiro y El Negro, huérfanos de la Revolución
Ha vuelto a emerger la figura de Mauricio Hernández Norambuena, ex guerrillero involucrado en la muerte de Jaime Guzmán, luego de ser entrevistado desde la Cárcel de Alta Seguridad por un programa de La Red, en el marco de las Constituyentes. Esto ha generado un inmenso revuelo, sacando a flote posturas irreconciliables de quienes lo tratan como un terrorista y de quienes lo consideran un preso político. Más allá de su condición de reo, él manifestó su visión de las cosas respecto a la situación país. “Primero que nada yo diría que considero absolutamente legítima, que no legal, pero absolutamente legítima la autodefensa popular, o sea, la autodefensa del pueblo, cuando los están mutilando, cuando les arrancan los ojos. (…) La cuestión de fondo es élite contra poder. Se podrá decir de cualquier manera. Antes eran explotadores contra explotados, propietarios contra no propietarios, ricos contra pobres, lo que sea. Ese es el conflicto. Lo que estalló fueron las sectores populares, las grandes mayorías del país”. Esas fueron algunas de las palabras del “Comandante Ramiro”, a propósito del 18/10.
Lo que llama la atención aquí, más que el impacto mediático por las declaraciones de Norambuena, es el hecho de que su situación y su visión se ha mostrado radicalmente distinta a la de su ex compañero de armas, Ricardo Palma Salamanca, “El Negro”. Este permanece exiliado en Francia tras la Operación Vuelo de Justicia de 1996, viviendo con relativa libertad, luego de que la Corte de Apelaciones de París denegara su extradición a Chile. Durante su estadía, no solo transita al amparo de la justicia francesa, sino que hasta ha intentando pasar desapercibido, tratando de vivir una nueva vida, buscando dejar atrás su pasado guerrillero. Incluso, con dichos que denotan una visión desalentadora respecto a la cultura comunista. “Me tiene harto: es ideológicamente intolerante y autoritaria. (…) Con el tiempo, he responsabilizado mucho a mi medio familiar, su visión de las cosas del mundo y de la vida. Hubo una determinación por el tiempo histórico que nos tocó vivir y, por otra parte, una determinación familiar. Madre comunista, dos hermanas comunistas. Se almorzaba materialismo histórico y se cenaba materialismo dialéctico. Eso hoy me da un poco de molestia. No tuvieron la capacidad emotiva de enseñarme otros caminos posibles. Me hubiera gustado que me mostraran otro tipo de cuentos, otras literaturas. (…) La Revolución está agotada. Los cambios se dan de manera paulatina, porque lo que debe transformarse es la cultura. Yo ya pasé eso que tenía que pasar y ahora quiero vivir mi vida como se me dé la gana (…) La experiencia me ha vuelto un reformista”.
¿Cómo es posible que El Comandante Ramiro y El Negro hayan tomado estas derivas tan opuestas? Esa es la pregunta que asalta al instante. Por un lado, el Comandante sigue sosteniendo, desde prisión, el discurso más radical de la izquierda, aprendido en sus años de juventud; y, por otro, El Negro ha dicho, desde su estancia en el Viejo Mundo, que aquellas viejas ideas revolucionarias solo representan un momento de su vida, determinado por la historia y la crianza familiar, y que de ninguna manera forman parte de su presente. Resulta curioso saber el cómo vivieron su propio proceso vital cada uno de estos ex guerrilleros, ambos hijos huérfanos de la Revolución en tiempos de dictadura militar. Mientras uno continúa apegado a esa lucha, incluso cumpliendo condena; el otro se desmarca poco a poco, hacia un nihilismo de libertad en el exilio. Así parece que se vive el proceso de la Revolución, una vez que se pierde su contingencia: como un sueño frustrado o bien como un camino destinado al olvido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)