Se reporta hace poco un nuevo suicidio en Costanera Center. Mujer se habría lanzado al vacío desde un quinto piso. A estas alturas, y con todos los muertos a cuestas, el llamado rascacielos más alto de América Latina se está ganando el título de "La Piedra Feliz" de los centros comerciales.
viernes, 8 de febrero de 2019
jueves, 7 de febrero de 2019
Se dice que el abogado presidente de Gasco que echó a tres mujeres de las orillas del Lago Ranco alegando propiedad privada, fue el mismo que en 1988 interpuso un recurso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para impedir que se transmitiera la película "La última tentación de Cristo" en Chile. Su carácter conservador se traduce entonces no solo en la defensa a ultranza de la privatización de lo público, sino que en la promoción dogmática de ciertos valores eclesiásticos, y en el rechazo categórico a todo aquello que atente contra su reducto de poder. De hecho, esto puede verse reflejado claramente en el propio video viral, cuando una de las monjas le dice a Pérez Cruz que ella es cristiana, exigiendo respeto. Este no lo piensa dos veces y le responde que él también lo es, pero "a su manera". No solo desde el punto de vista moral la actitud del sujeto fue desproporcionada, sino que además desde el punto de vista estratégico. Ahora, por culpa del impacto mediático de su desatino, Gasco tendrá que replantearse una vez más su imagen comercial, ante la horda de detractores e indignados con el episodio. (De hecho, aunque suene ridículo, los memes del perro de Lipigas pueden ser un indicio remoto de que esta empresa podría llevarle la delantera a Gasco en términos de ganancia económica). Y, por si fuera poco, el declararse cristiano a su manera ante el ojo crítico de la red, tampoco ayuda mucho a la ya empobrecida confianza del chileno en la Iglesia. La prepotencia del presidente de Gasco no revela otra cosa que la peor cara de la elite financiera: un deseo desmedido por la apropiación y la acumulación, una cultura expresada en un arribismo galopante, una mentalidad eminentemente materialista y pragmática y, por supuesto, su ego en directa proporción con su poder adquisitivo. A la derecha más liberal tampoco le conviene que sujetos como Pérez Cruz se jacten de propiciar y promover sus valores con tal desparpajo.
miércoles, 6 de febrero de 2019
Otra pareja de ancianos en la comuna de El bosque acuerda un pacto suicida, en el cual el hombre le dispara a la señora para luego quitarse la vida él mismo con el arma. El suicidio de ancianos en circunstancias similares se ha venido haciendo costumbre, y ya resulta sintomático de nuestro ethos social. Hace poco menos de un año una pareja de ancianos también hizo un pacto suicida prácticamente igual en la comuna de Conchalí. El móvil de la pareja era muy parecido: cansancio de vivir, situación indignante, solo que aquella no tenía hijos, y realmente se hallaban solos, inclusive a punto de ser derivados a un asilo, cuestión que habría precipitado el desenlace. En el caso de los ancianos de El bosque, ellos habrían decidido matarse de mutuo acuerdo, pero descartando cualquier atisbo de abandono por parte del hijo de la pareja, quien se encargó de justificar la situación de sus padres. La relativa comparación entre los ancianos suicidas de Conchalí y de El bosque me retrotrae a aquel trágico episodio del mega incendio de Valpo del año 2014. En ese contexto, una pareja de ancianos del Cerro La Cruz murió abrazada bajo las llamas del incendio que devoraba su casa, negándose a salir. Murieron literalmente abrasados. Distintas condiciones, motivos idénticos. De aquella vez, podía derivarse una reflexión filosófica de entre las cenizas, luego de conversar con un loco a propósito de Albert Camus ¿era necesario que murieran así e hicieran ese pacto de amor hasta la muerte bajo el fuego? Salvarlos ¿hubiera sido romper con el honor de su intimidad al límite de la vida? Según Camus, no hay más que un problema filosófico verdaderamente serio, y ese es el suicidio. El hecho de que ellos hayan preferido morir solo puede explicarse en un universo que de pronto comienza a desmentir con violencia sus propias ilusiones y expectativas. De ese modo, los ancianos eran extranjeros. Desterrados de su idilio, no hallaron otra cosa que ejercer ese divorcio entre el hombre y su vida, reafirmando con eso el sentido generalizado del absurdo. Este mismo alcance y cuestionamiento puede aplicarse ahora a los viejitos de El bosque. Claro que no había allí un desastre evidente amenazando su integridad física ni moral, únicamente el dilatado martirio de la vejez, que solo pueden sopesar aquellos que han dedicado su vida a mantener en pie un proyecto sentimental de tal magnitud (inimaginable para uno mismo y muchos coetáneos). Una de las nietas de los Aedo, afirmó que “era una historia de amor de esas que ya no se ven". Efectivamente, vemos, en cuanto testigos solitarios, cómo caen matrimonios de más de medio siglo, prácticamente toda una vida, sucumbiendo ante el deterior de la salud y la enfermedad pero en esencia tan inquebrantables, vínculos que hoy por hoy parecieran dignos de algún museo sentimental, en el que gran parte de las relaciones no alcanzan siquiera a echar la chispa adecuada de compromiso por miedo a subyugar aquella tan cara individualidad. Bendecidos por la pólvora o por el fuego, estos amantes veteranos fueron derrotados por la vida pero a cambio se consagraron al imaginario romántico de la eternidad. No hallando lugar digno en la soberanía política que vio nacer su amor, tuvieron que simplemente tomar la drástica decisión de partir, porque con la vejez viene el olvido, y con el olvido la indolencia por omisión o por decreto. Como reza el título de la novela de Cormac McCarthy, "no es país para viejos".
martes, 5 de febrero de 2019
A la micro se subió un cabro con polera y playera junto a otro más chico que repartía flyers. Su acento era el de un venezolano. Parecía el típico rapero que se pone a improvisar weas y a pedir unas cuantas chauchas, pero no, se trataba de un predicador de la palabra de Dios. A puro pulso y garganta comenzó a dar la clásica cháchara bíblica frente a los pasajeros, mientras que el otro cabro pasaba puesto por puesto, con notoria y evidente señal de cansancio. El joven predicador veía a la gente abrir la ventana para que entrara un poco de aire, arrimada a la sombrita de la cortina, a la vez que continuaba porfiadamente su rutina. Cuando ya el discurso del cabro se ponía moralista, ilustrando más o menos los castigos que les esperaban a los mentirosos, a los fornicadores, a los pusilánimes y a los asesinos, profirió una frase enfática para rematar: "el infierno espera (pero en ti está la decisión de salvarte)". En eso, cuando se dirigió hacia el fondo de la micro, un compadre se levantó para bajarse, no sin antes devolverle el folleto al cabro y decirle: "no sé si creerte, pero lo único que sé es que hace más calor que la cresta". El compadre se bajaba rápido antes que la micro siguiera su rumbo en segunda fila, ante la mirada atónita y sudorosa del joven predicador. Este, luego de acabado su discurso, volvió sin más a la puerta delantera de la micro para virarse de ahí definitivamente ¿Habrá sido acaso el calor para este cabro una prueba de fe? ¿Habrá sido, en cambio, el calor para aquel compadre una señal irrefutable del sadismo de la creación? ¿O, en última instancia, un indicio de que no existe otra cosa que el Sol y su tiranía? Tal vez el infierno, el verdadero infierno ya estaba ahí, en ese momento, y tenía por nombre Verano, y todos nosotros éramos sus huéspedes penitentes.
Fui a la notaria a servir de testigo para que la amiga de una amiga sacara un certificado de soltería. Según consta, el certificado acredita esa condición legalmente con un fin particular (el de la chica en cuestión, parece que tenía que ver con algo un tanto personal). Naturalmente, ambos testigos también eran solteros. Después del trámite, ya se podía decir que la chica era soltera con todas sus letras y con todas las de la ley. Sin más, la soltera legal, con sus dos solteros testigos, como si estuviésemos celebrando una suerte de graduación paradójica o alguna victoria pírrica, fuimos a por unas chelas para brindar por tan sublime estado, amparado ahora por el poder notarial. La chica caminaba serena a nuestro lado, con el certificado de soltería en la mano, casi tanto que lo abrazaba. La soltería será legalizada o no será, parecía pensar ella. Al mismo tiempo, nosotros, los solteros testigos, por cierto, solteros no legales, caminábamos campantes, con toda la sed del verano y con una larga mueca de satisfacción, arrastrando nuestra condición tan naturalmente que no cabía en ella ya asomo ni necesidad de justificación alguna.
lunes, 4 de febrero de 2019
Locura por el pozo del loto de hoy domingo. El más alto en la historia de Chile, dice la periodista de Chv. Pregunta a la gente de la Vega en la fila qué haría con el premio mayor. Gente humilde. Gente que lo necesita pero no sabe muy bien para qué. La mayoría no sabe qué haría con tanta plata. Sus respuestas rondan en lo genérico. Ayudaría a mi familia, viajaría, compraría una casa, no trabajaría. Puros verbos hipotéticos. Si yo estuviese en la fila, tampoco sabría responder bien, razón por la que no voy a comprar el loto, o tal vez, razón por la que simplemente no me atrevo. Al negocio de la esquina entraba un caballero a pedir boleto. Serio como él solo. La señora que atendía le asintió con alegría, en el momento que la tele seguía con la transmisión de la Vega. Una serena expectación se dibujaba en la cara del caballero al buscar algún condenado apoyo donde poder adivinar su suerte. Supongo que lo que mueve a esa gente en la fila tanto como al caballero del negocio es un impulso de necesidad y de ambición revestido de remota esperanza. Me autoengaño, se autoengañan dilucidando qué harían exactamente con la plata. Imaginan escenarios. Idealizan una posibilidad improbable. En pocas ocasiones, maquinan un plan de acción. Esa improvisación, ese desconocimiento es el que mueve a los participantes a dejar su suerte al azar. "El sueño de todos los chilenos" penderá del hilo de la digitación azarosa. El rostro ansioso de todos indica que no saben muy bien lo que quieren pero lo quieren ya. La plata hablará por ellos. La plata hablará por su vida. El azar, cual santo patrono de los sueños, bendecirá o maldecirá su futuro.
sábado, 2 de febrero de 2019
Rumor sobre la muerte de Armando Uribe. De inmediato, la noticia falsa se viralizó cual letanía profana. Lo que no saben aquellos que hicieron circular la noticia es que el mismísimo Uribe confesó en alguna ocasión haber nacido muerto. La parca, para el viejo Uribe, más que terror o pánico, le produce disgusto. Un precio que se debe pagar como si fuera el autor de la existencia de ese mal. Sin embargo, lo que cruza casi toda su obra es el sentimiento angustioso de seguir vivo, muy a pesar de todo, muy a pesar suyo: “Los muertos que fuimos ya se aburrieron de estar muertos”.
Llegó la cruzada evangelizadora. Lo que hacía falta para convertir a la masa imberbe porteña: Libros y más libros.
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