Murakami definía en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, la apariencia de los llamados "sarariman", "hombres vestidos con traje y corbata", personificando a la masa impersonal y siniestra que no necesariamente resulta la antagonista de la historia sino que aquella que difiere de los intereses del protagonista. Lo del abogado Jaime Bassa en la comisión de Defensa Nacional recuerda un episodio murakamiano cualquiera. Los pequeños empleados con sus chaquetas y corbatas, no ostentaban su atuendo tanto por un signo de apariencia como de necesidad. El formalismo de la ropa lleva una marca de clase. Bassa al sacarse la chaqueta y no llevar corbata a la sesión, sencillamente demostró que no le hace falta ese formalismo. Su nutrido curriculum lo respalda. La soltura de cuerpo a la que aludía el diputado José Pérez no era otra cosa que una proyección. No concebía que uno "de su misma clase" no llevase su seña de identidad, traducido en ese tan transversal respeto a la institucionalidad. La soltura de cuerpo de Bassa fue su señal de autonomía, su propia forma de infringir las reglas del juego, pero todos sabemos que, en términos protocolares, y para cualquier clase de instancia solemne, ajena al individuo, el hábito sí hace al monje.
sábado, 21 de julio de 2018
jueves, 19 de julio de 2018
Metaforismos
En una entrevista a Jodorowsky, sobre el lanzamiento de su libro Ojo de oro, se le preguntaba sobre el contenido, consistente básicamente en un compendio de sus tweets. Decía que no eran simplemente tweets, sino que "metaforismos", un nombre un tanto pretencioso para englobar cada una de las frases que él subía a la red social bajo el lema de la Re-evolución poética y la Conciencia al poder. El cuestionamiento principal al libro era sobre el por qué publicar un compendio de "metaforismos" y si las entradas de twitter podían considerarse o no literarias. Jodorowsky respondía que a él no le interesaba si el conjunto de esos tweets podía o no llamarse literatura, sino que le interesaba el carácter dialógico y colectivo que este adquiría, digamos, cierta trascendencia del yo hacia un nosotros, expresado en ese montón de frases escritas en tercera persona plural. Según él, cada frase suya caía en seiscientos mil cerebros y no había ahí derecho de autor, ni siquiera propiedad intelectual. Era como sembrar en terrenos ajenos. Con lo cual nada quedaba ahí, todo se daba y redundaba en el "fin del ego" (término del cual Jodo parece estar obsesionado).
La entrevistadora, aún no captando del todo la idea, le volvió a preguntar por qué creía acaso que hablar de uno mismo no era algo literario. Señalaba que era porque casi todos los grandes poetas fueron autorreferentes, porque la literatura (casi toda) tenía "olor a ombligo", entonces había ahí otra clase de literatura actual gracias al twitter que vendría siendo una literatura sin yo, una "literatura del nosotros". Ante la réplica, se le insistió con una última pregunta. Sobre por qué decidió hacer finalmente ese libro, si la virtud de twitter era que se generase diálogo, y el publicar un libro ya implicaba un nombre propio, un autoría. Jodorowsky volvía a su punto anterior, impenetrable, respondiendo que no le importaba que lo retwitearan, que todo lo hacía simplemente por el hecho de dar sin preocuparse por recibir algo a cambio. Apelaba a la cantidad de tiempo invertido en los tweets, de manera gratuita, en un brillante gesto de altruismo.
Después de eso, la entrevista tomó otro ribete. La pregunta, sin embargo, continúa dando vuelta ¿los tweets (o si me apuran, los posteos) pueden llegar a tener siquiera alguna remota cualidad literaria, o solo depende de si son publicados por un escritor o un personaje de renombre? ¿existirá realmente algo así como una "literatura del nosotros" o era solo otro de los tantos argumentos que usaba Jodorowsky para justificar lo injustificable y enrollarlo todo dentro de una madeja discursiva? De la forma que sea, hay textos y textos. Como decía el propio Jodo, la palabra final la tendrán los otros. Solo un ojo clínico o una masa lectora podrían empujar a un twitttero o a un facebookero a querer publicar lo que sus seguidores día a día comentan. Una cosa muy posmoderna, en todo caso. Lo que no quiso aceptar Jodo -virtud a su carácter mediático- es que en ese acto no hay tanto un dar desinteresado, sino que también un recibir oculto tras la imagen del psicomago o del gran literato. Pero convengamos en que ninguna de estas cosas a la larga importa, si el conjunto de la humanidad virtual puede, aparte de imbuirse de sabiduría en línea, leer en papel ese ambicioso conjunto de tweets psicomágicos o metaforismos, que, aunque las cifras económicas digan lo contrario, tienen el carácter de ser gratuitos.
Habiendo terminado la entrevista, se le pidió a Jodorowsky que leyese algunas de sus creaciones, para regocijo de la humanidad virtual. "Deléitenos, maestro", decía la entrevistadora, entusiasta. Lo que alcanzó a leer Jodo, y que quedó impreso en la edición a papel de la entrevista, era escueto y decía más o menos así: -Más importante de que te amen es que tú ames. -El único medio de conocer al ser humano es a través de sus límites. -Triunfar es aprender a fracasar.
miércoles, 18 de julio de 2018
martes, 17 de julio de 2018
El nuevo doodle de san Google conmemora el nacimiento del belga George Lemaitre, apodado el "padre del Big Bang". Era, aparte de astrónomo, un sacerdote católico. Estudió conjuntamente a Tomás de Aquino y a Einstein. De esa amalgama se deduce que pudo plantear la hipótesis de que la existencia de un universo creado no necesita un comienzo fijo en el tiempo. Años más tarde, se propuso modelar lo que serían las primeras nociones sobre la "explosión del átomo primigenio". Los miembros de la Royal Astronomical Society habrían encontrado inaceptable que Lemaitre pretendiese aunar ciencia y fe. El sacerdote y científico se defendía argumentando que "el comienzo del mundo pudo haber ocurrido un poco antes del comienzo del espacio y el tiempo (a raíz de un solo quantum)”. Einstein había revisado sus explicaciones sobre el origen del universo y la probabilidad de que este se siguiese expandiendo indefinidamente. Sostuvo que los fundamentos de Lemaitre justificaban a su manera la idea de que la Creación podría ser identificada perfectamente como una gran explosión aún en curso. El universo, entonces, para Lemaitre, no era solo una creación, era además la consecuencia de una gran explosión. Todo habría provenido, para el sacerdote, desde ese punto cero. Todo sería producto de ese estallido. La vida entera tendría la marca de ese estallido. Gracias a esos aportes, la teoría del big bang se expandió rápidamente como una de las teorías más aceptadas. Lemaitre, sin apenas concebirlo, había alcanzado ese punto en que las fronteras desaparecen, para dar lugar a un conocimiento aproximado del cosmos desde la razón y la creencia mística. Una superación del dogma confesional y, a su vez, del positivismo decimonónico. Todo se expande, así lo demostró Lemaitre. Todo comienza, y sin duda, todo explota. Así lo demuestra también Google, adoptando la lógica del big bang informativo.
lunes, 16 de julio de 2018
La irrupción de las Pussy Riot en la final del mundo ayer consistía en una performance contra la violencia policial llamada “El oficial de policía ingresa al juego”. Conmemoraba la muerte del poeta ruso Dmitri Prigov, dicen las Pussy Riot, y pretendía exigir la libertad de los presos políticos rusos y denunciar las detenciones arbitrarias del gobierno de Putin. Una de las líneas de su manifiesto dice lo siguiente: "El Policía Celestial es el organizador del hermoso carnaval de la copa del mundo, el policía terrenal tiene miedo de la celebración. El Policía Celestial vela cuidadosamente por obedecer las reglas del juego, el policía terrenal entra en el juego y no se preocupa por las reglas". En el momento que las performistas fueron perseguidas, una de ellas intercambió una palmada con un estupefacto Mbappé. Cabe señalar que la invasión al campo de juego ocurrió justo durante un contragolpe clave. El croata Luka Modric era quien llevaba la pelota por la banda izquierda.
sábado, 14 de julio de 2018
Asado en la casa de abajo al frente. Por la ventana del dormitorio se cuela el olor a carne. Entra hasta el humo de cigarrillo de los comensales que no paran de echar la talla y brindar por no se sabe qué motivo. Suenan temas aleatorios. Desde Los Prisioneros a Sonora de Llegar. La juerga sucede tan cerca de la pieza que de hecho pareciese que fuese aquí mismo, en el depa. Incluso hasta hago el ademán de asomarme y un loquito levanta una lata hacia arriba como queriendo socializar su vacile. En cuanto cierro la ventana y vuelvo de la cocina, la música desaparece. Todos se habían fondeado, y solo una joven afuera, junto a la parrilla, leía unos mensajes en su celular, fumándose el último pucho para también guardarse pronto. El único vestigio de la junta sigue siendo el olor a asado que vino para quedarse, y la sensación de estar siempre dentro pero a la vez en otra parte. Sin pensarlo tanto, con esos dos elementos, una Escudo guardada en el refri y un dvd de The Verve voy armando mi propio momento de dispersión. Si es que así se le puede llamar. En un acto reflejo, voy vacilando solo a raíz de los ecos aún latentes de la juerga de afuera. Kafka decía: "No es necesario que salgas de tu casa, quédate en tu lugar y escucha... El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar". Ya que no se fue a la fiesta, la fiesta vino a uno, de rebote, no de lleno. Sus cenizas y su ausencia, su réplica, van marcando la tónica del panorama nocturno. Entonces me doy por satisfecho, cuento los minutos para medianoche, e, inescrutablemente, me quedo raja, siguiéndole el rastro a la mosca que busca desesperadamente escapar al exterior, hacia la noche infinita.
jueves, 12 de julio de 2018
Luis Urzúa, uno de los 33 mineros, se pronuncia sobre el encierro en una cueva de los chicos tailandeses integrantes del equipo de fútbol Los jabalíes salvajes, a cargo del entrenador y ex monje budista Ekapol Chantawong. Sostiene que lo peor no ocurre dentro, sino que afuera después de haber salido, con el ruido mediático y las secuelas psicológicas de tan extrema experiencia. Sus palabras son las siguientes: "Cedimos todos los derechos sobre lo ocurrido a abogados y productores. Hoy por hoy no podemos ni siquiera vender una chapita de los 33, mucho menos escribir un libro ni protagonizar una película". Aunque parezca inverosímil, el reclamo de Urzúa ocurre en un contexto particularmente delicado para la libertad de información y los resquicios legales que restringen su circulación bajo la excusa de la propiedad intelectual. "No era para hacernos ricos, pero era para tener una vida tranquila" repite Urzúa en referencia a la tan bullada película 'Los 33', dirigida por Patricia Riggen, protagonizada por Antonio Banderas, e inspirada en el libro "En la oscuridad", del periodista Héctor Tobar. Por supuesto, ni la película ni el libro le han generado dividendos a sus propios personajes. Resulta ridículo que las propias víctimas devenidas luego en mártires y "héroes nacionales" no puedan, como legítimos protagonistas de su drama, ser soberanos de su propia historia. Llamarlo ignominia, absurdo, contrasentido, es poco. Pero es así como funciona la lógica contractual de la imagen en un escenario en el cual todo, absolutamente todo cuenta con un precio. Un precio, claro está, privado, restringido para los sujetos de derecho, sujetos únicamente a su contingencia y miseria cotidiana. El pago de Chile. Por otro lado, el proceso de blanqueamiento de imagen para el entrenador Chantawong alcanza un ribete similar, solo que todavía sin la odiosa explotación mediática de por medio, sin ese ojo orwelliano que indaga en el ente del espectáculo como quien indaga en un rentable recurso natural. Se ha generado, eso sí, un círculo de protección en torno a las principales figuras: los 12 "jabalíes salvajes". La transmutación épica exige un alto sacrificio a cambio de la celebridad. Así lo evidencia la última iniciativa del gobierno de Tailandia: transformar la cueva del encierro en un museo de exhibición. La glorificación de la tragedia, contrapuesta a la espectacularización de la misma, tan propia de nuestra idiosincracia.
Aniquilación en el Ex teatro Velarde (no aniquilación literal, Aniquilación, la película de Alex Garland). Hubo por los menos dos cuestiones en las que no había caído en cuenta:
1.- Un loquito que antes trabajaba en el equipo de cine Insomnia me hizo recordar la asociación de la idea del Área X con la Zona de Stalker. La utilización del espacio mutante y radiactivo constituía un homenaje subrepticio a esa zona prohibida que se supone cumplía los deseos de sus visitantes (con evidentes reminiscencias a Chernobyl). Adentrarse en aquel espacio, sin embargo, no suponía, como en la película de Tarkovski, el hallazgo de un lugar secreto y milagroso, sino que la exploración de un territorio sitiado por algo venido del espacio, un algo digno de alucinación, extraño por grotesco. Mientras que el viaje a la Zona implicaba un aciago autodescubrimiento y una revelación de la vanidad de nuestras ambiciones, el viaje al Área X, por su parte, conducía a las protagonistas al encuentro con la aberración de lo desconocido aflorando desde adentro y desde todos lados.
2.- La llegada de Denis Villeneuve y esta película, Aniquilación de Alex Garland, son a menudo encumbradas por la crítica como "nuevos clásicos de la sci fi". Pese a esto, difieren en la perspectiva. La de Villeneuve insiste en la posibilidad de comunicación e incluso de conciliación con el otro alienígena. La de Garland, en cambio, plantea el extrañamiento absoluto del hombre confrontado con la otredad cósmica, que rebasa y literalmente aniquila su sentido y racionalidad. De esa perspectiva se deduce la siguiente idea: la vida humana como una extravagancia genética; la otredad del ente o la criatura espacial como una amenaza al sistema humano. En este punto cinematográfico, Garland es un fiel lector de Carpenter. Y, en otro plano, remite también a la tradición de misántropos literarios como Lovecraft. Garland encarna, a su manera, ese espíritu nihilista. Todo encuentro con la otredad no sería otra cosa que un encuentro con la verdadera verdad: la aniquilación del ser.
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