jueves, 14 de julio de 2016

Nieve

No puedo moverme de valpo hasta el próximo Lunes. Me he mentalizado a viajar a alguna parte. La nieve de repente surge como posible destino. Siempre he querido conocer la nieve. Tiene ese algo de idilio que sobrecoge. Aunque el frío diga lo contrario y llegue a alcanzar el cero absoluto. Aunque fuera a la nieve solo a dar un paseo y desfallecer sobre ella, como Robert Walser.

miércoles, 13 de julio de 2016

Cine Grill Central

Cada vez que paso frente al Cine Grill central de Calle Condell me topo con un afiche distinto, tendiente con el tiempo a la sugerencia erótica más que a la pornografía pura y dura. Pareciera que junto con el local envejece también el gusto, haciéndose más sutil. No se sabe si esa sutileza viene dada por una estrategia revitalizante o sencillamente por una suerte de cansancio. Nunca he ido a ese cine, a excepción de cuando daban funciones de cine arte de insomnia. Nunca he sentido la necesidad de ir (aunque sí el impulso). No imagino cómo será por dentro la experiencia ni qué cosas suceden o se mueven dentro, aparte de órganos y de miradas. Debe ser quizá algo así como el cine que frecuentaba Travis Brickle en Taxi Driver, pero a la manera porteña, es decir, a una manera excéntrica. Una suerte de patrimonio subterráneo sobrevive en ese antro de voyerismo, pese a la invasión de internet y los sitios de sexo en línea. Se ve a los viejos interesados llegar tarde a la función vespertina. Quizá ignorantes de la nueva eclosión virtual. O quizá sencillamente vueltos unos animales de costumbre. Algunos saliendo miran hacia ambos lados de la calle como temiendo ser delatados. Hay algo en ese tabú, en esa oscuridad vergonzosa que atrae. Que lo vuelve una actividad de culto. Nunca será siempre lo mismo, a pesar de que todos sepamos cómo acaba.

martes, 12 de julio de 2016

Cine de terror

Me pegué anoche una maratón de cine de terror. La última que vi (incompleta) fue la tercera de la trilogía El Cubo. La precuela. Un desacierto explicar el origen del Cubo, sus creadores y su propósito. La brillantez de la primera reside precisamente en su escasez de recursos, su atmósfera claustrofóbica, su trama kafkiana, su falta de respuestas. La falta de miedo, siquiera de tensión, me pilla durmiendo. Sueño luego un extraño sueño sobre El resplandor. Despierto con la imagen del hotel Overlook en una cascada de sangre. La figura psicótica del escritor, encarnada en Jack Torrance. Entre líneas pienso un pensamiento de sueño: el hotel representa el vacío del mundo, el río de sangre el deseo de poder, la nieve del exterior la realidad, y el laberinto la propia mente.

lunes, 11 de julio de 2016

Me acuerdo de una vez en un café, en la pantalla de video transmitiendo el video de The Romantics del clásico Talking in your sleep. Un tipo de aspecto flaite a mi lado, con su vaso de cerveza a medio servir, extrañamente tranquilo, absorto en la pantalla viendo el video, obnubilado quizá por esa música y esa onda (y por una mezcla de otra sustancia anterior) tan fuera de su habitual esquema mental. Pese a eso, su atención al video le hacía ver que hay otra clase de “onda” distinta a sus influencias, aunque, en el fondo, le produjese rechazo automático, como Alex ante el método Ludovico en la Naranja Mecánica, con los ojos sometidos a mantenerse abiertos y ver un poco de ultraviolencia. En el video, los tipos blanquitos con sus chaquetas de cuero, sus peinados ochenteros, letras románticas y mujeres danzantes. Le hacía ver a nuestro solitario amigo flaite que no todo era reggaetón y que no solo ellos, los de su tribu, tienen el monopolio de la actitud y la seducción. Las minas del café, a nuestro alrededor, vacilando la música pero con un aire de obligación, de inercia, no prendieron con esa vieja agrupación gringa, pero, en cambio, sí mostraron interés por los absortos. Susurraban palabras al oído como para mantener el suspenso. Entonces nuestro misterioso camarada se levanta e invita a una de las chicas, sin mayor preámbulo. Por supuesto, cuando eso sucede, cambian la música. Entiende que la fiesta de la globalización está al alcance de todos, pero que se requiere de la dosis precisa de oído, ritmo y contexto para estar a tono. Solo entonces, sin ninguna clase de garantía, con puro arrojo, comienza lo bueno y desconocido.

El correo

Una alumna por correo me ha enviado ya tres mensajes de auxilio pidiendo la remota posibilidad de subir su nota si le mandaba a realizar un trabajo. Una parte de mí (la parte seria, que nunca descansa) siente cierto orgullo por su conducta y su preocupación, nunca antes vista en chicas que generalmente viven de acuerdo al dictamen de la desidia y la insignificancia. La otra parte (la parte cínica, la que está de vacaciones) hace caso omiso del envío y piensa mentalmente que todo lo referente a la pedagogía debe quedar en el olvido durante dos semanas. Casi como si se pudiese tener memoria selectiva y suspender de tu realidad cualquier recuerdo referente al trabajo. Pero no se puede. La gracia del trabajo consiste precisamente en su insistencia, en quedar a fuego en la memoria a pesar de haber creído escapar de él por un tiempo. Es su cualidad kafkiana la que lo hace propiamente un trabajo. Tanto que inclusive he llegado a pensar en cobrar por cada palabra escrita con motivo de trabajo dentro del lapso de vacaciones. Sin embargo, la insistencia de la joven en su mensaje escrito me llega a producir ternura y un poco de pena, por el simple hecho de que se trata del primer correo propiamente humano (y femenino) en meses. Por puro ocio y devoción a la palabra, entonces, me dedicaré a cranear una respuesta.

En relación al posteo de Nelsón Parra en Facebook donde suplica por una relación sentimental femenina.

Existe cierto imaginario social que, paradójicamente, dentro de una sociedad gregaria, discrimina más al hombre perdedor en ese ámbito. Simplemente no se concibe a un hombre solo (en el sentido amoroso sexual) sin un dejo de sospecha. Resulta incluso algo vergonzoso. La soledad sigue siendo tema tabú (y lo seguirá siendo), a pesar de la ilusión de mayor independencia de nuestros tiempos.

domingo, 10 de julio de 2016

Lo único que de verdad he escrito últimamente han sido libros de clases. Nada extra pedagógico que resulte realmente provechoso, puramente anotaciones, leccionarios, planificaciones, etc, todos géneros textuales que aborrezco, a excepción de una que otra frase al voleo. Eso es todo, por ahora. No me culpen, es fin de semestre. Dirán que son excusas, pero mentalmente no se deja de escribir. Es solo que la pedagogía ha monopolizado las ideas. Y temo que llegue también a monopolizar la vida.

sábado, 9 de julio de 2016

Sondas

Resulta inquietante cómo los acontecimientos pasan ante ti a lo lejos como olas gigantescas que apenas tocan las orillas de nuestro metro cuadrado cuando estamos demasiado inmersos en nuestra parcela de realidad, en lo que llamamos nuestro mundo, nuestro esquema muy acotado de obligaciones, placeres y responsabilidades. Por ejemplo, no había tenido idea en toda esta semana de la entrada de la sonda espacial Juno en la órbita de Júpiter, hazaña que la Nasa da a conocer por los medios de comunicación como un hito de interés mundial. Estamos tan inmersos en nuestra propia isla sin orillas que a ratos nuestro concepto de mundo se reduce a nuestros pasos y nuestras palabras. Todo lo que sucede a nuestro alrededor y muy afuera de nosotros es la parte de la realidad que divisamos como expectativa u horizonte. Nada parece cambiar con la llegada de la sonda a esa órbita tan lejana, seguimos al parecer más unidos que nunca a nosotros mismos. Seguimos creyendo caminar hacia un punto fijo en el universo y nuestra vida, de vuelta hacia lo que creemos nuestro hogar, mientras el cosmos arriba sigue desatando su fiesta sin fin. No hemos cambiado tanto después de todo, porque arrojamos sondas cada vez más ambiciosas hacia los otros, con nombre de promesa o poder, buscando que orbiten alrededor con la esperanza de la comunicación o. en última instancia, la mera reflexión.

miércoles, 6 de julio de 2016

Esa sensación de poder cuando los estudiantes se acercan suplicantes ante la intuición del fin del semestre, no tiene precio.... Pero también es la sensación de cargar con un peso doble al del resto de los días. El karma es sabio.

martes, 5 de julio de 2016

Kafka

Lo genial de Kafka era que en su obra jamás explica ningún por qué. En la metamorfosis, por ejemplo, jamás se explica por qué cresta Gregorio Samsa amanece de un día para otro convertido en un monstruoso insecto. Y lo que es mejor aún, así acaba hasta el final de sus días y tampoco logra volver a su estado natural. Lo kafkiano trata precisamente de esa falta de explicación, y las consecuencias que acarrea, y cómo a su alrededor tienen que sobrellevar esa incomprensión y esa fatalidad. El por qué en realidad se devuelve teledirigido hacia el lector. Quizá ser un insecto no sea tan distinto de ser un humano. Quizá la respuesta al por qué no haga, después de todo, ninguna diferencia.