viernes, 12 de julio de 2024

Penumbra de provincia IV: La flor del tiempo abierta

I

Una tarde, mientras Ángel y Miranda paseaban por Isla Negra, el ocaso envolvió el cielo. Sentados sobre unos roqueríos, de cara al mar, se quedaron mirando el espectáculo. Ángel la tomó de la mano con ternura, pero sus dedos temblaban con el viento helado de julio.

—No sé si seamos capaces de resistirlo, Miranda. Lo que se viene. Tenemos que estar seguros-

Miranda soltó una lágrima. Ambos tenían un secreto que debían revelar, un misterio incomprensible escarbando en su historia o tal vez en sus vidas pasadas. Se conmovieron por la sola posibilidad de no volver a verse. Sin embargo, la búsqueda de su verdad era irrenunciable.

La última noche llegó serena. Miranda y Ángel se abrazaron con fuerza. Las lágrimas parecían poblar el mar nocturno.

—Quizás en otra vida, en otra época, no en esta, haya tiempo para nosotros—susurró Ángel, mientras miraba a Miranda y acariciaba su rostro.

Miranda asintió, preocupada. No podía ocultar su intriga por la búsqueda que estaba dispuesta a realizar con Ángel. Se abría ante sus ojos un camino tortuoso.

Volvieron a la cabaña. La isla fue testigo de su pacto y de su propósito. Esa noche ardieron con una llama intensa, bajo el frío invernal. Al otro día, con la escarcha de la mañana, se levantaron para caminar rumbo al puerto, en otra ruta próxima a una costa repleta de árboles. El mar era el telón de fondo, el gran custodio que rodeaba sus circunstancias, el vigía de sus pasos perdidos.

II

Valparaíso, aquella ciudad sin tiempo, yacía en ruinas bajo un cielo que predecía su ocaso, en un mundo que creyeron haber conocido, en otro plano, en otra vida.

-Yo soñé con esta ciudad, Ángel-, dijo Miranda. -Es la misma que soñé en mis sueños de pequeña. Pero también imagino lo que tú imaginas, algo muy feo, espeluznante, una herida infectada-.

Ángel caminaba entre los escombros que alguna vez fueron esos callejones laberínticos. El aire estaba cargado con una sensación metálica. Algo similar a una maquinaria invadía el plan.

Los edificios antiguos se alzaron como panteones. Las calles estaban cubiertas de un polvo espeso. Ángel avanzaba a paso lento por el entorno. Algo se retorcía en su interior. La debacle se manifestaba también en sus entrañas. De pronto, sintió náuseas. Le dolió la cabeza. No era su historia, pero algo en esa destrucción le movía por dentro.

Estaba conectado con lo que allí pasó. Aquella herida de la que hablaba Miranda. Aquella herida que parecía abrirse en el tiempo como una flor carnívora. La flor parecía haberse devorado los sueños de ambos. Era como si Valparaíso hubiera sucumbido a una fuerza desconocida o, tal vez, a sus invasores eternos. Las sombras de los transeúntes que por allí pasaron se proyectaban en los muros de los rincones.

III

—Miranda, ¿hasta cuándo seguirá esto? No se puede. Ya no hay nada aquí para nosotros. Ven conmigo-, le dijo Ángel, insistente. Sabía que algo a su alrededor lo conminaba a quedarse, un secreto terrible, un relato enterrado, una conspiración, pero sentía que eran fantasmas de un cuento que no le pertenecía.

Ella lo miró con ojos que reflejaban una mezcla de dolor y ansiedad. Comprendía las palabras de Ángel, pero el miedo a enfrentar la verdad la mantenía atrapada.

—Ángel, no sabes lo difícil que es para mí permanecer acá, pero ya estamos en esto. Hay cuestiones aquí que debemos resolver, y lo sabes-, contestó Miranda, decidida a seguir con aquella búsqueda, pese a la incertidumbre. Aquella respuesta a la incógnita se había instalado en sus vidas, y los interpelaba cual reflejo de un espejo quebrado.

—¿Qué es lo que nos están ocultando? Dime Miranda, ¿qué hicimos en el pasado para pasar por esto?-, se preguntó Ángel, cada vez más inseguro. –No me lo preguntes, por favor. No hay tiempo-, contestó Miranda.

Cada callejón, cada edificio en ruinas, ocultaba fragmentos de una verdad recóndita. Las sombras no solo yacían en la superficie, sino que se infiltraban en los rincones como tentáculos de un poder insospechado.

IV

Miranda siguió su camino y se perdió en la neblina. De pronto, Ángel se encontró atrapado en las inmediaciones de una acera muy ancha, próxima a la esquina de un lugar conocido en el pasado como La Intendencia. Su cabeza y su corazón palpitaban producto del cansancio. Al mirar hacia la calle contigua, una luz radiante envolvió el lugar, seguida de un sonido irreproducible. Nadie advirtió su origen. Duró unos cuantos segundos que parecían la alarma de un toque de queda.

Extrañó a Miranda. Volteó a ver el camino que había desandado, y vio reflejada en el asfalto la forma de un par de siluetas. ¿Quiénes eran? En su interior, pudo visualizar a una pareja de poetas misteriosos, persiguiéndose con saña, enfrentándose, a vista y paciencia de los ciudadanos errantes. Visualizó también la aparición de cañonazos y furiosos pasos de una turba sin rostro. En ese momento, Ángel agitado, comprendió que aquellas imágenes le perseguían, que era parte de su historia más ingrata.

V

Ángel y Miranda volvieron a encontrarse en lo que parecía un bar. De aquel bar solo había sobrevivido la fachada y el letrero carcomido. Se alcanzaba a leer: Piedra Feliz. Al pasar, se sentía por dentro una vibra enigmática, un sonido de jazz, seguido de un arreglo de cuerdas. Parecía la emanación de alguna de aquellas lecturas trasnochadas.

Siguieron caminando, agotados. De repente, en las paredes, Ángel vislumbró unas figuras, unas sombras en movimiento, como unos espectros que emergían de aquella época de convulsión y embriaguez. Miranda se quedó pasmada, mientras que Ángel se acercó con cautela. Los espectros permanecieron estáticos durante unos momentos en una esquina de la vieja Plaza de la Victoria.

Tan pronto como avanzaron hacia su encuentro, se escucharon gritos ensordecedores, seguidos de sollozos. Venían de todas partes y envolvían la escena entera. Los espectros volvieron a escabullirse y algo como una ráfaga helada azotó el rostro de los amantes, dejándolos inconscientes.

En su mente, Ángel visualizó a la pareja de poetas, una vez más. Estaban peleando frente a la plaza. Vio a la mujer sacar un revólver de su chaqueta negra, a punto de disparar contra el hombre. Fue corriendo a detenerla, gritando sin ser escuchado. Cuando la pareja desapareció en la bruma de la noche, Ángel sintió algo caliente en la cabeza. Un golpe que jamás logró advertir, un golpe que vino como el karma desde un pasado remoto.

Ángel, atrapado, cayó al suelo y pensó, de nuevo, en Miranda, quien observaba impotente cómo la historia de Valparaíso se desvanecía frente a sus ojos.

VI

Al volver en sí, ya estaban en otra parte. Regresaron a los roqueríos de la isla oscura, pero comenzaba a amanecer. Los amantes se miraron. Sin embargo, sus rostros eran distintos. Ya no eran ellos. Eran otros.

—Lo hemos logrado. ¿Te das cuenta todo lo que tuvo que pasar, para que por fin estemos en este momento, aquí y ahora, tú y yo? —le dijo la mujer al hombre.

-Así que esto era. Siempre se trató de nosotros-, contestó él. La sostuvo de la mano y miró nuevamente al mar.

El mar se alzaba prístino. Ya no le temían. Él temblaba ante ellos.

Se habían tocado, en ese punto, los espíritus de aquella ciudad ruinosa y los corazones heridos de los amantes. La flor carnívora volvió a abrirse y el tiempo los devoró a ambos, matándolos dulcemente.

Metáfora de contingencia

El alza de la luz no producirá estallidos.

jueves, 11 de julio de 2024

"No le crea, profe. Este hizo el trabajo con Chat GPT", reclamó un alumno contra otro compañero, acusándolo de usar el famoso chat para escribir. La verdad es que se nota, a vuelo de pájaro, cuando eso pasa. No es muy difícil notarlo. Sin embargo, se instaló una sospecha que antes no se tenía. Como mucho, las acusaciones eran respecto al uso de Wikipedia. En aquella ocasión, se alegaba desprolijidad y mediocridad. Esta sospecha, en cambio, va un poco más allá de todo eso. A medida que la tecnología evolucione y los prompts se hagan más precisos, llegará el punto en que se sospeche de la autenticidad de casi cualquier escrito, sin antes haber pasado por un filtro riguroso. Se dirá de un escritor anónimo, inédito y desconocido que usó Chat GPT solo para desprestigiarlo, así como se puede acusar a alguien de casi cualquier cosa solo con un mero retoque de su imagen y de su voz por Inteligencia Artificial. Se veía venir. Se veía venir.

La muerte de Narciso (poema de un estudiante)

Para aquel que conoció la profundidad de su alma

al caer en la profundidad de su abismo

para aquel que al querer lanzarse a la realidad

cayó en la mentira que esconde un espejismo

Narciso, tu vanidad no logró concebir la inmensidad de la creación

Te viste condenado por Némesis a extraviar tu amor en el inframundo

Y tuviste que reconocer la muerte en el reflejo de ti mismo.

martes, 9 de julio de 2024

La alumna poeta me envió al correo su libro prometido. Se llama "Una historia sin fin", clara referencia a la película homónima. Tiene casi cien páginas. Me confió la tarea de leer su obra y editarla lo más posible, para una pronta publicación. La he leído y encuentro que la chica escribe fenomenal. Con el suficiente apañe y riguroso trabajo de edición, puede volverse una gran poeta. Escogí los siguientes poemas que, a mi juicio, son verdaderas "joyitas" que brillan por sí solas. Su progreso poético lo siento como propio. Orgulloso de ella y de su escritura. :

Apocalipsis

Afuera, el apocalipsis. Se cae el mundo a pedazos, afuera la fuerza de la lluvia y el viento sacuden las ramas de los árboles. Afuera el cielo es gris, el frío es cruel y la tormenta arrasa con todo.

Pero contigo aquí no es así, a tu lado solo hay calidez, a tu lado solo hay seguridad. Me hace sentir que, aunque el cielo se venga abajo vamos a estar bien. Se cae el mundo, pero contigo solo veo belleza en el desastre.

Algunas gotas saladas entran por la ventana abierta, empapando el piso de madera, pero ninguno de los dos dice nada, a ninguno le importa. Sigues siempre tan lejano, como si estuviera a una vida de distancia, como si no fuera tan fácil como acercarme para disipar la sensación etérea que la rodea y convencerme de que está aquí y ahora, que es real.

La puerta de la habitación se abre repentinamente, y con pesar me doy vuelta a atender el motivo de la intrusión. Es mi madre, en el instante en el que cruza el umbral ya quiero que se retire y nos vuelva a dejar solos.

-¿Ya estás lista?, tenemos que salir ya, la casa funeraria está lejos y ya casi es la hora.

Asiento, alisando mi falda negra.

Para cuando mi madre se va, no hay señales de ti, ya no estás, y así es como esta solo será una de las incontables veces que volveré a verte partir sin despedirte, sin decir ni una sola palabra, sin que te voltees a mirar hacia atrás.

Porque lloraste por mucho tiempo... ahora soy yo quien llora mientras te espera, pero no importa cuánto espere por ti. Ni siquiera puedo escuchar tu recuerdo, no volverás jamás

Afuera, el apocalipsis. Adentro también.



El libro que nunca te escribí



El libro que nunca te escribí tiene las páginas manchadas por borrones que dibujan la silueta de ese otro tú, el que era la génesis de las palabras más hirientes. En esas páginas acecha la sombra de tus otras manos, las que agarraban todo lo que yo era para despedazarlo metódicamente.

El libro que soñé con escribirte tenía tu nombre en la dedicatoria y una historia hermosamente nuestra entre versos.

El libro que soñé con escribirte no tenía la historia verdadera, la de tus silencios infértiles, la del dolor que me regalaste, ni la desilusión que sembraste en mis jardines, de la que germinaron incontables escritos.

El libro que te quise escribir era el más largo del mundo, porque tenía una carilla por cada día a tu lado. El que podría escribir tendría exactamente 127 carillas con sus planas manchadas de sangre, 20 hojas donde se hacía notar mi frustración, 15 carillas donde me preguntaba por qué tú y no otro, 41 hojas donde se desdicen todas mis declaraciones en el eco de tus errores, y página a página crece la distancia entre nuestras manos y los agradecimientos finales son siempre despedidas.

Si te escribiera todos los libros del mundo ahora, me quedarían cortas las palabras, para relatarle a quien lo leyera la trama que nos ataba.

Si te escribiera ese libro ahora, tendría que poner en sus párrafos todas las cosas que no quiero decirte ni debería.

Si publicara ese libro hoy, quien lo lea sabría cada detalle morboso de todos los peores momentos en que me lastimaste [sin saberlo y con intención] (en que nos lastimamos) y pensaría que soy estúpida por aun así escribir que me gustaría que no me hubieras hecho tanto mal. Y se reiría de mí, por poner que lo peor que me pasó en la vida fue dejarte de amar, que todo el espacio de la adoración ahora lo ocupa un agujero de tinta.

No escribiría nunca ese libro, porque no hay manera en que nadie entienda que se pueda amar a quien te hizo daño, aun siendo consciente de que te está deshilachando lentamente.

No escribiría ese libro nunca, porque lo leerías pensando en que corrigiendo sus errores tendrías otra oportunidad, como si pavimentar el siguiente tramo de una calle anulara los baches de la anterior, como si pudiera borrar toda esa angustia de cuajo y volver a quererte.

No escribiría nunca ningún libro, porque soy incapaz de moldear en estética todo ese martirio, porque no hay ni un poco de prosa ni de poesía en esta historia, ni moraleja ni sentido alguno.

Todos los libros que nunca te escribí, ni escribiría, los llevo conmigo siempre, y me aterra que algún día alguien más los lea con ojos juiciosos.



Quiero querer

Quiero sacarme la piel, y ponerme otra sin cicatrices

O tal vez quedarme así, expuesta y vulnerable...

Siendo nada más que una silueta de hueso y carne,

Sin huella de las personas que alguna vez me hicieron mal

Y dejaron a su paso un dolor visceral que a veces,

En mis peores días, me cierra la garganta y me sofoca

Quiero dejar de arrastrar los "que hubiera pasado y si..."

Los ecos de pena y los cadáveres de ilusiones rotas,

Quiero quemar las cartas que no escribí, pero solo las tristes...

Sin importar que, de ser así, solo quedarían unas pocas

Quiero sentir sin pensar o quizás solo dejar de pensar que estoy loca

No encontrar paz solo si me paso de copas.

Soñar de nuevo sin manchar fantasías con peros,

Que la palabra “tristeza” no se me quede corta

Para explicar qué es lo que me abruma y desborda.

Dormir sin pesadillas, o soñar que no soy yo sino otra,

Quiero excitarme como si fuera un primer borrador,

Y no pensar que sería más fácil solo borrar la historia,

Reescribirla de cero, o empezar solo un nuevo proyecto

Quiero tener lo que no tengo, o no haber tenido nunca

Lo que ya perdí y que intenté en vano de recuperar

Quiero no tener que sea la última cada una de las gotas

Y que, en vez de desbordarse el vaso, este se rompa

Quiero arrancarme la piel, sin cambiarla por una nueva

Deshacerme junto con ella de todas las cosas que duelan

Que no quede nada, ni huesos, ni carne, ni secuelas ni preguntas sin respuesta, ni cartas, ni ilusiones,

Desaparecer todo hasta que no quede siquiera

Una lápida impersonal en la que dejar marchitas rosas.

Quisiera dejar de querer tantas cosas...





Imagen

Me agobian besos y

caricias inconsecuentes,

seguidas de miradas ausentes

que me convierten en nada,

poca cosa, una anécdota,

o un recuerdo, con suerte.

ya son demasiadas noches

de tan pocos nombres

y menos palabras.

estoy bastante cansada

de las fotos con recortes,

resentir quedarme callada,

de tantas caídas libres

a camas sin resortes,

o de mi imagen propia

llena de vacíos y huecos

por intentar definirme

a través de ojos ajenos.





Entre cordura y arte



No sueño con estatuas

ni monumentos

quiero sangre

en el pavimento,

mi poesía y florezcan brotes

del concreto inerte,

quiero perderte, Cordura,

porque en tu ausencia habita

el arte, y los días que perdí

todo aquello que anhelo

habita allí donde no estás.

Pero te vas y me vuelo,

me extravío en un camino recto,

desencuentro las constantes

que rigen y estructuran

todo aquello más allá

del velo de la locura,

y todo lo que encuentro acá

acá se queda,

¿de qué me sirve hallarlo

y que sea solo mío?

quiero posar en las manos ajenas

los versos delirantes de fiebre,

pero el sentido se pierde

se torna incoherente

en la sanidad necesaria

para regalar ese fragmento

de inconsciente,

y parece adrede la tortura

de llevar mi cúspide

a la más pura soledad.





Poco más, o nada



Pondría tu nombre en mis poemas,

solo para que todos sepan

que son tuyos.

Pondría tu nombre en mis poemas,

para que sepas

que quiero que sepan.

Pondría tu marca en el orillo

de mis palabras de segunda mano,

solamente para darles más valor.

Pondría tu nombre en mis poemas,

pero no

no para que tú sepas

que son tuyos.

Para que tú te enteres,

que fue lo que dejo aquel ínfimo,

e interminable trayecto

que caminé contigo;

Hablo de la sangre en tus servilletas

aunque no entre en la métrica,

de la obsesión con que lavé mis manos.

Hablo sobre dedos exigentes

robando mis galletas a medio comer

Menciono sueños delirantes,

o la forma en la que lloras,

sin hacer ruido alguno.

Pinto tu silueta en mis poemas

con referencias cómplices,

dibujo con palabras tu sombra,

tras mi prosa confusa que la esconde,

encajando entre versos sus vértices,

para no tener que escribir tu nombre.

Pondría tu nombre en mis poemas,

pero una parte de mí anhela

que puedas leer sus cinco letras

aun estando ocultas al resto.

Es que una parte mía deseaba

que aún nos quede esto,

de sin palabras habladas

entender aquello tras los gestos,

a pesar de que quede solo eso,

poco más, o nada





Poder



¿Quién tiene el poder?

Te lo explicaré

El poder lo tienes tú

El poder lo tengo yo

Tienes el poder de arruinarme

Tengo el poder de arruinarte

Tenemos el poder de arruinarnos.

Sí, pero….

Tenemos el poder

De hacer que la ruina

Sea nuestra salvación.

Tenemos el poder

De armarnos

Una vez que nos rompamos

Ese es el verdadero poder.

Puedes pedirme que renuncie a todo

Pero no me pidas que renuncie a él.

Somos la representación

De todo lo que podemos ser.

Entonces... ¿nos arruinamos?

Hagámoslo

Para luego salvarnos.

Esa es toda la verdad.



Estamos tan vacíos



Estamos tan vacíos,

saltamos de cama en cama,

y buscamos y buscamos

no sabemos bien qué

quizás nada, o lo que sea

algo que nos mueva,

nos sacuda, nos cambie,

pero tenemos miedo

a las historias que duran

tenemos miedo,

porque sabemos que

de algunas

dura más la huella

que la historia,

que donde te falle

la memoria

van a estar las cicatrices,

así que elegimos

estar vacíos

porque es mejor

Que estar tristes.





Amor atómico



Respóndeme, amor

¿Hubiéramos sido explosivos juntos?

¿Hubiéramos sido tan locamente letales como un misil?

¿O hubiéramos sido una bala loca

Disparada contra la vida de los otros?

Yo sé bien lo que hubiéramos sido:

Hubiéramos sido una bomba contra el tiempo

Breves, pero eternos.

Habríamos iniciado una aventura

Sabiendo que ya tendría un final

Pero el corazón humano

Es realmente caprichoso

Y lo entendí por lo que sentí

Al verte por última vez

Y ahora pienso, pienso en lo que debimos haber hecho:

Fundirnos de una sola vez, el uno junto al otro

Antes de que nos consumiera la historia, con su fuego.





Estoy dispersa



Estoy dispersa esta noche, soy solo polvo, lágrimas y reproches, rimas trilladas, poemas zigzagueantes y versos inentendibles.

A fin de cuentas tal vez soy más de lo que creían pero aún así menos que suficiente, lo que hay de mi nunca alcanza para la gente que quiero, y este destino austero sigue cruzándolas en mi camino.

A esas personas ausentes me refiero, para las que nunca sirvo, las que acechan todavía mis escritos de porquería con sus siluetas traicioneras escondidas tras la métrica.



Olvido



A veces me siento como

Poco más que un olvido

Esperando a pasar.

Y hago el duelo

Por esas huellas a borrar

De cada paso del camino,

Por cada detalle a desdibujar,

Por los momentos que ya

No serán recuerdos.

La intrascendencia se siente,

A veces,

Como un puñal en el pecho

Una guillotina sobre mi cuello,

Una sentencia.

Acecha mis pesadillas,

Con sus sombríos paisajes

Un mundo frío en el que

No existo para nadie

más que yo.

Un mundo en el que

No me inventan otros ojos

Ni delinean otras manos

Mi contorno.

Donde no queda nada de mí

En las personas que atesoro

No queda nada de mí.

No queda nada.
"Para abrir un tarro de jurel, ¿llamaré a un cura o al Servicio Médico Legal?", preguntó un caballero por teléfono en el trole.

lunes, 8 de julio de 2024

El simbolismo de la noche en Occidente, Guillermo Mas Arellano

"Para Mallarmé, la poesía es un acto nocturno y silencioso reservado para los insomnes más impenitentes: donde el yo desde el que se escribe, e incluso la propia escritura en sí misma, se afirman negándose y se crean destruyéndose, como pura «teología apofática». A Mallarmé, además, le llamó Valery «Orfeo redivivo»; y, en este sentido, conviene recordar una máxima de Blanchot: «No escribimos lo que somos; somos los que escribimos». Conecta con lo escrito por Foucault: «El ser del lenguaje no aparece por sí mismo más que en la desaparición del sujeto». Porque la cuestión del yo en literatura y su cuestionamiento es una constante.

Así, Descartes escribió «Pienso, luego soy»; Cervantes le hizo decir a Quijote «Yo sé quién soy»; Dios afirmó ante Moisés «Yo soy el que soy»; Pascal sentenció «el yo es odioso»; Rimbaud revolucionó con su «yo es otro»; Quevedo confesó «Soy un fue, y un será, y un es cansado»; y Canetti dejó escrito «Buscan en mis ruinas. Pero yo soy la mía». Este total de aseveraciones se podría resumir en la cita de Juan de la Cruz que concluye: «Desamparo del espíritu en tiniebla». Hablamos, por supuesto, desde la primera persona: la del sujeto moderno occidental. Apenas nada: «una sombra que se va»."

Las profecías de Houellebecq en "Sumisión". Pedro Fernández Barbadillo

"El creciente distanciamiento, ya abismal, entre la población y quienes hablaban en su nombre, políticos y periodistas, conduciría necesariamente a algo caótico, violento e imprevisible. Francia, al igual que los demás países de Europa occidental, se encaminaba desde hacía mucho tiempo a una guerra civil, era una evidencia". Michel Houellebecq

domingo, 7 de julio de 2024

Una ex alumna del año pasado, la "poeta del curso", me escribió un correo. Dijo que se me echa bastante de menos como profesor. Además, me comentó que acababa de hacer un "librito con sus mejores escritos" y quería saber cómo podía hacérmelo llegar. Según ella, cuenta con un borrador en word y con una copia del libro impreso. También me pidió que les diera una lectura crítica y concienzuda a sus textos, con miras a una publicación. Confieso que su correo me alegró mucho. Siempre es grato que te recuerden para bien. No quería mentirle, diciendo que extrañaba el colegio. Lo que sí me embargó de emoción fue su persistencia en la escritura, y el hecho de que me haya confiado todo este tiempo su proceso creativo. Mal que mal, la he ayudado a pulir su técnica y a superar sus miedos en un lapso de dos años. Y vaya que ha crecido bastante. Así fue desde el comienzo la dinámica entre nosotros. Pasé de ser su profesor a ser su editor personal, y ella pasó de ser una simple alumna a una verdadera autora emergente, una promesa. Y lo digo con mucho orgullo. Esperaré su libro, y haré el trabajo de edición que le debía. Lo que eran pruebas con nota al libro, lo que era un mero ejercicio curricular, en el contexto de las clases, ahora se volvió una auténtica correspondencia literaria, una comunicación genuina que trascendió el universo pedagógico

Gabriel García Márquez: "Los OVNI´s son Naves de Otros Planetas, pero cuyo Destino NO es la Tierra".

- ¿Qué opina usted sobre los ovnis? -

Mi opinión sobre los ovnis es de sentido común: creo que son naves procedentes de otros planetas, pero cuyo destino no es la Tierra.

- ¿Cree en la posibilidad de la existencia de vida en otros planetas? Es conmovedora la soberbia de quienes afirman que nuestro planeta es el único habitado. Creo más bien que somos algo así como una aldea perdida en la provincia menos interesante del Universo, y que los discos luminosos que vemos pasar en la noche de los siglos nos miran a nosotros como nosotros miramos a las gallinas.

- ¿De dónde creen que proceden o quién los dirige? -

Los ovnis deben esta tripulados por seres cuyo ciclo biológico es desmesuradamente más amplio y fructífero que el nuestro. No se ocupan de nosotros porque acabaron de estudiarnos hace miles de años, cuando se hicieron las ultimas exploraciones del Universo, y no sólo saben de nosotros mucho más que nosotros mismos, sino que conocen inclusive nuestro destino. En realidad, la Tierra debe ser para ellos una isla de emergencia en los azares de la navegación espacial.

- ¿Cree que se informa debidamente al público sobre el tema? -

No creo que haya una conspiración de las grandes potencias para ocultarnos la verdad de los ovnis. Eso sería atribuirles a los dueños del mundo más inteligencia de la que tienen.

- ¿A qué atribuye esta persistencia de algunos científicos en negar, no ya la posibilidad de que existan naves extraterrestres, sino también el fenómeno en sí? -

Lo que pasa es que la humanidad no supo merecer la sabiduría de los alquimistas, que consideraban el laboratorio como una simple cocina de la clarividencia, y ahora estamos a merced de una ciencia reaccionaria cuyo dogmatismo ramplón no admite las evidencias mientras no las tenga dentro de un frasco.

Son científicos regresivos que niegan la existencia de los marcianos porque no los pueden ver, sin preguntarse siquiera si los marcianos no serán los microbios que nos hacen la guerra dentro del cuerpo. Mientras la ciencia sea experimental – y no clarividente, como lo fue la alquimia y como sólo puede serlo la poesía en nuestros tiempos – la humanidad seguirá formando parte del reino de los percebes.

Seguiremos viendo con la boca abierta esos discos luminosos que ya eran familiares en las noches de la Biblia, y seguiremos negando su existencia, aunque sus tripulantes se sienten a almorzar con nosotros, como ocurrió tantas veces en el pasado, porque somos los habitantes del planeta más provinciano, reaccionario y atrasado del Universo.

(1969). Revista Cíclope, nº 16.