lunes, 10 de junio de 2024

Luego de cachar los comentarios en distintos videos y publicaciones sobre contingencia nacional, solo puedo concluir que abunda el trolleo a mansalva, lo escatológico, lo sarcástico y lo "memético". Lo loco es que se da en todo orden de cosas, incluso en contextos presuntamente más "elevados", y me consta que es así. Entre los cabros, por supuesto que la cosa es menos cartucha. Lo he visto en grupos y chats de política y literatura. Abunda el chisme, el pelambre y la talla interna, porque puta que es bueno pal hueveo el chileno, y le gusta el cahuin y la chimuchina. Y en esto, camaradas, no nos hagamos los hueones. Cada una de estas cuestiones conforman verdaderos relatos caóticos, fragmentarios y disruptivos con una intención, las más de las veces, destructiva, aunque con un insospechado potencial creativo y desacralizador. 

domingo, 9 de junio de 2024

He notado que el afán de notoriedad, el impacto mediático y el afán de figuración mueven harto las agendas personales. Supongo que está bien. Hay quienes tienen ese talento para las relaciones públicas. Lo llevan en la sangre y en la crianza. Han construido su vida entera en torno al roce y al contacto oportuno. Han hecho de su máscara social su mina de oro. En cambio, hay quienes, como yo, que sencillamente no cuentan con ese temperamento, con ese impulso. Con el tiempo, uno evita los grandes círculos, las grandes reuniones, los grandes espacios y encuentra razonable y hasta deseable la idea del "insilio", neologismo que nos remite a la idea de estar pero no estar. Se crea una imagen, una cierta "figura", a punta de ensayo error, porque se pretende persistir en un oficio que, obsesión mediante, ha conllevado grandes aciertos y muchísimos placeres, aunque, sobre todo, incontables sinsabores. Como algunas circunstancias adquieren ribetes dramáticos, y llegan a presentar verdaderos "giros" argumentales, inexplicables, inexorables, se debe aprender -incluso a la fuerza- a amar al proceso y desapegarse del resultado. A punta de estoicismo, se sobrelleva el desastre de la expectativa. Aunque el momento de la catársis, posterior a la catástrofe, es liberador. Derrumbada la antigua imagen, derrumbada aquella figura, su necesidad imperiosa, entonces es cuando puedes abocarte por entero a un derrotero alternativo, palabra por palabra, a un relieve discursivo, narrativo y poético propio, pese a la ignomnia gravitante.
Nueva mini crónica urbana en el estilo de antaño, para quienes aún siguen atentamente a este servidor. Retomando el pulso. Lea y juzgue, carísimo lector:

Un carro tirado por un caballo surcó la avenida en la tarde noche, rumbo a la Iglesia Corazón de María. Llovía mucho. En el carro, iba una pareja de jóvenes casados. Le seguían numerosos vehículos que tocaban la bocina de forma estruendosa. El ruido se confundía con el sonido de la lluvia en el asfalto y el techo de las casas. Pasaron rápido, ante la presencia de quienes por ahí caminaban, algunos indiferentes; otros, estupefactos. Sin duda, la ceremonia de un matrimonio siempre será un acontecimiento, sobre todo si a la salida, luego de la consagración eclesiástica, se deja caer una lluvia torrencial, dotando al “matricidio” de características épicas.

Tan pronto la pareja de casados cruzó la avenida, con ayuda del “carro de sangre”, el gentío se dispersó. La calle volvió a su pasividad paradójica bajo el aguacero. Había quienes se quedaban mirando el “carro del amor”, y otros, sencillamente, corrían para resguardarse de la lluvia que no paraba de caer. La gente había visto en la lluvia repentina un milagro anunciado, pese a que, horas más tardes, algunos rincones de la ciudad se anegarían. Así mismo, la gente vio en la pareja a caballo un milagro andante, un sueño lúcido tirado a sangre, pese a que el amor puede, tarde o temprano, desatar una tormenta y anegar el corazón. Esa misma escena bajo la lluvia podía simbolizar, al mismo tiempo, el derroche de un matrimonio otoñal, consagrado a la precipitación, o bien su pronóstico anticipado, uno en el que los implicados corren el riesgo de inundarse, si no sortean los charcos, los socavones y el vendaval.

Con la suficiente esperanza de vida, se puede escribir hasta el féretro, o bien, retomar textos del pasado, asediados por la odiosa procrastinación y las disyuntivas vitales. Tiempo hay, tiempo falta, pero tiempo al tiempo.

Edgar Morín pública novela de su juventud a los ciento dos años.

Exégetas del caos

"El caos es un orden por descifrar". José Saramago.

“Cuando todo vuelva a retirarse a la matriz del tiempo, reinará el caos de nuevo, y el caos es la partitura en la que está escrita la realidad.” Henry Miller

"El caos es rechazar todo lo que has aprendido. El caos es ser tú mismo". Emil Cioran
Ser conocido aún como cronista, "navegante en hechos y palabras", como "agudo observador del entorno", "inmortalizando crónicas de tiempos idos", por dos grandes poetas porteños y por un amigo escritor de Santiago, basta y sobra, a estas alturas, en cuanto a reconocimiento, y confirma que el oficio, por difícil e incomprendido que parezca, deja una huella mínima. Frente al embate del tiempo y los avatares humanos, las extrañísimas circunstancias vividas, de un tiempo a esta parte, me regocijo en la idea de que algo de nombre queda en la palabra, cincelada con rigor y no con menos pasión.

sábado, 8 de junio de 2024

«Por qué 1984 no será como "1984"»: 40 años del primer Macintosh, Walter Isaacson

Muy interesante artículo sobre la influencia de la novela clásica de Orwell, "1984", en los primeros ordenadores personales Macintosh, surgidos en el mismo año planteado por la obra orwelliana.

"Clow y dos miembros de su equipo —el redactor publicitario Steve Hayden y el director artístico Brent Thomas— habían estado considerando la posibilidad de utilizar un eslogan que utilizara el título de la novela de George Orwell: «Por qué 1984 no será como 1984». A Jobs le encantó, y les pidió que lo tuvieran listo para la presentación del Macintosh, así que prepararon un guion gráfico para un anuncio de sesenta segundos que debía parecer la escena de una película de ciencia ficción. En ella se presentaba a una joven rebelde que huía de la policía del pensamiento orwelliana y que arrojaba un martillo contra una pantalla donde se mostraba al Gran Hermano mientras este pronunciaba un alienante discurso.
El concepto capturaba el espíritu de aquella época, el de la revolución de los ordenadores personales. Muchos jóvenes, especialmente aquellos que formaban parte de la contracultura, habían visto a los ordenadores como instrumentos que podían ser utilizados por gobiernos orwellianos y grandes empresas con el fin de socavar la individualidad de la gente. Sin embargo, hacia el final de la década de los setenta, también se veían como una herramienta en potencia para lograr la realización personal de sus usuarios. El anuncio presentaba a Macintosh como un guerrero que defendía esta última causa: una compañía joven, rebelde y heroica que era lo único que se interponía entre la gran empresa malvada y su plan para dominar el mundo y controlar la mente de los ciudadanos.
A Jobs le gustaba aquello. De hecho, el concepto que articulaba el anuncio tenía para él una relevancia especial. Se veía a sí mismo como un rebelde, y le gustaba asociarse con los valores de la variopinta banda de piratas y hackers que había reclutado para el grupo del Macintosh. Por algo sobre su edificio ondeaba la bandera pirata. Aunque hubiera abandonado la comuna de manzanos en Oregón para crear la empresa Apple, todavía quería que lo vieran como un miembro de la contracultura, y no como un elemento más de la estructura empresarial.
Sin embargo, se daba cuenta, en lo más profundo de su ser, de que había ido abandonando cada vez más aquel espíritu pirata. Algunos podrían acusarlo incluso de haberse vendido".

Treinta y seis jornadas en el mundo de los vivos. Como repetía el poeta Jorge Guillén: "pasa el tiempo y suspiro porque paso".

"Medio siglo sin Julius Evola", Guillermo Mas Arellano

"Evola propone afrontar la crisis con entereza y realismo: buscando la trascendencia y ejercitando el autodominio. En sus palabras, “La libertad se define como la capacidad de dominio sobre los instintos. Todo puede ser dominado y todo puede dominar al hombre, desde el heroísmo al miedo”. Todo ello despierta nuestra naturaleza dormida, lo que somos en potencia y debemos explicitar mediante nuestros actos. Esta perspectiva que desprecia el racionalismo no cae a cambio en el irracionalismo de los románticos (falsamente atribuido después al fascismo y al nacionalsocialismo, en realidad mucho más deudor de la Ilustración), sino en una mentalidad suprarracional que se eleva sobre las capacidades humanas señalando hacia las cumbres más altas del horizonte."

El 6 de junio de 1924, 3 días después de la muerte de Kafka, Milena Jesenská publicó en su obituario: "Vio el mundo lleno de demonios invisibles. Era demasiado sabio para vivir".