domingo, 25 de septiembre de 2022

Nimá Yushich y la revolución de la poesía iraní

Ya que en Irán se levantan contra el régimen islámico, viene a cuento a un revolucionario de la poesía. Se trata de Nimá Yushich (1897-1960), poeta iraní conocido como el “padre de la poesía persa moderna”. Creó una forma poética en verso libre que fue en contra de las restricciones de la rima y la métrica tradicionales, todo lo cual le valió una poderosa influencia sobre los noveles poetas de Irán, dada sus innovaciones en la forma y el estilo. Se impuso a través de su propia poética, en un momento en que nadie había logrado liberar, con éxito, a la poesía persa de una decadencia que era producto de la hegemonía de la prosodia sobre el contenido. De esta manera, la poesía de su tierra cobró, después de siglos, la libertad creativa y formal de la prosa.

La liberación de la poesía nimáica rima con los levantamientos sociales ocurridos en Irán. En una coyuntura histórica repleta de incertidumbre planetaria, telón de fondo bélico, “estallidos”, insurrecciones, reseteos mundiales y “primaveras árabes”, su poesía resuena en el imaginario cual canto elegiaco para un mundo ad portas de una gran tribulación.

El poema La noche bien podría ser una premonición simbólica del futuro o una alegoría mítica de nuestro tiempo, de todos los tiempos:


Es la noche

Una noche de profunda oscuridad

En una rama del viejo árbol de higos

Una rana croa sin cesar

Prediciendo una tormenta

Y yo estoy ahogado en miedo.


Es la noche

Y con la noche el mundo se ve

Como un cadáver en la tumba;

Y tengo miedo y me digo:

“¿Qué tal si cae una lluvia torrencial en todos lados?

¿Qué tal si la lluvia no se detiene

Sino hasta que la Tierra se hunda en el agua

Como un pequeño barco?”.


En esta noche de horrenda oscuridad

¿Quién puede decir cómo vamos a estar

Cuando amanezca?

¿La luz de la mañana hará

La temible cara de la tormenta

Desaparecer?

sábado, 24 de septiembre de 2022

"Mi razón constantemente me recomienda que aplauda lo que el mundo aplaude, mi razón me pide sin cesar que calle ante lo que la corrección política establece, mi razón me ruega encarecidamente que asuma como propios los postulados del progresismo hegemónico, para poder medrar; y que, una vez asumidos tales postulados, discrepe en asuntos menores con mucho postureo y jeribeque, como hacen los escritores sistémicos, para posar de rebeldes o valentones ante las masas cretinizadas. Pero mi fe quijotesca se niega a aceptar lo que mi razón me reclama, a sabiendas de que esta decisión conlleva una condena a la soledad; porque uno no tarda en descubrir que, al revolverse contra el espíritu de su tiempo, no consigue otra cosa sino resultar enfadoso e intempestivo ante una inmensa mayoría de gentes que desean llevar una vida pastoreada por las ideologías. Pero, aunque la soledad sea a veces muy dolorosa, uno se siente más vivo que nunca; pues, como nos enseñaba Chesterton, sólo el que nada a contracorriente sabe con certeza que está vivo (frente al que nada a favor de corriente, que avanza fácilmente, aunque lleve mucho tiempo muerto)."

Juan Manuel de Prada (en Una enmienda a la totalidad)
Se bajan las caretas.
Se exponen los relatos.
Cae el peso de la noche.
"Culpa a los hombres de estar poseídos por el patriarcado. Una educación opresora que nos ha enlatado de forma que no somos más que lo que somos porque nos sentimos incomprendidos, viendo pasar a las mujeres a izquierda y derecha a toda velocidad, porque ellas han logrado cambiar el mundo gracias a que llevan pantalones como nosotros y nosotros no sabemos qué hacer con los pantalones que siempre hemos llevado. Cita a mujeres líderes como a Bellonce, Michael Obama o Greta Thunberg -que ya tiene delito-, convirtiéndolas en el ejemplo para romper con el pasado. Las considera como las poseedoras de brillantes cabezas cuyo resplandor de lo que hacen o dicen da sentido al resto de las mujeres del mundo. Pero se olvida de que quienes siguen rigiendo el mundo, incluso esta misma ideología que ella abandera con orgullo, siguen siendo hombres poderosos como Bill Gates, George Soros, Joe Byden, David Rockefeller, y organizaciones mundiales que también son dominadas por hombres como la ONU, OMS, FaceBook, Amazon o Google… Pero no porque sean feministas, sino porque las mujeres son el producto que mueve el sentido del mercado que ellos desean."

El feminismo se olvida de que los derechos civiles son co... (hispanidad.com)

viernes, 23 de septiembre de 2022

Gnosis V

(nuevamente, a medio camino entre la poesía y la reflexión filosófica)

El nivel del ser

I
¿Qué es ser?
Un principio divino
¿Qué es el nivel del ser?
La distancia en que nos encontramos
con respecto a nuestra esencia.
Vivimos un retorno
Volvemos a lo recurrente en nuestras vidas
Eliminando lo innecesario
Podremos subir de nivel
Y escalar la escalera de lo sublime
Arriba donde el ser no distingue altura.

II
Nada tiene que ver el ser con el tiempo lineal
No hay ser en lo lineal
Un nivel del ser más alto
Está de inmediato por encima de nosotros
Instante por instante.
No está en ningún tiempo remoto
Sino aquí y ahora, en nosotros mismos
En forma vertical.
La línea horizontal y la línea vertical se encuentran
De momento en momento, en nuestro interior
La personalidad se desenvuelve en la línea horizontal
Nace y muere en su tiempo lineal.
Necesitamos hacer el trabajo
Subir los peldaños.

III
El ser mismo no es del tiempo
Hay que buscar elevarse, por encima de uno mismo
Para llegar a ser
Hay que buscar elevarse, elevar la comprensión,
El camino al ser es vertical
Por lo que la elevación misma
implica llegar a ser.

IV
¿Cuál es nuestro nivel?
¿Cuál es nuestro nivel del ser?
La recurrencia de la farsa y la tragedia
Continuarán, mientras carguemos un peso indeseable
y no podamos elevarnos.
Nuestro nivel del ser
Equivale a nuestro nivel de consciencia
Al pasar a otro nivel
El anterior desaparece.
Nuestro nivel del ser
Está en el punto en que nos encontramos
En la escalera vertical
El camino ascendente.

V
¿Cuál es ese nivel del ser?
No hay camino ni dirección única
Hay que abrirse paso en nuestro interior
Todas las cosas fuera de nosotros
Serán el reflejo de lo que llevamos dentro.
El nivel que tengamos
Será la base para los niveles superiores.
El despertar será indispensable
Para llegar al entendimiento de nuestra elevación.

VI
En el acto de elevarse
Habrá voluntad y disciplina
A cada paso en la escalera, se crea valor
Y cada huella confirmará la virtud del cambio.

Chile despertó, ¿pero cuándo?

¿El 18 de octubre del 2019? ¿O el 4 de septiembre del 2022?

Su respuesta condicionará su destino histórico y el del país. 

jueves, 22 de septiembre de 2022

No hace mucho, el Minsal acaba de poner fin a la obligatoriedad del uso de mascarillas y a la exigencia del pase de movilidad. Con esto se cierran más de dos años de restricciones sanitarias que fueron duramente cuestionadas por gran parte de la ciudadanía y por ciertos sectores disidentes, asociados al libertarismo, a la causa anti plandemia y también a la izquierda anti progre. Algunos políticos como Mauricio Ojeda y Johannes Kaiser ya habían manifestado su rechazo a las medidas contra el covid, señalando que incurrían en un manejo geopolítico de la población y en un atentado contra derechos fundamentales como la libertad de reunión, de desplazamiento y de consentimiento del paciente. Hoy, tras “desescalarse” las políticas contra el bicho, el propio Kaiser ha presentado un proyecto para derogar el artículo 36 del Código sanitario que permite al Ministerio de Salud decretar alerta sanitaria sin pasar por el Congreso. Según Kaiser, esto sentaría un precedente para que en un futuro no vuelvan a ocurrir “nuevas dictaduras sanitarias” ni regímenes de carácter “plandémico”.

Al parecer, cierta disidencia ya está celebrando este cambio drástico en la lógica anti bicho como una victoria contra el sistema. Sin embargo, nada es tan fácil. Hay que pensar que cada movimiento en el tablero perverso del poder está organizado de tal forma que siempre exista una ilusión de resistencia, de modo que las elites puedan ganar tiempo para instalar sus nuevas agendas y protocolos. Así, la nueva ministra de salud, Ximena Aguilera, ha anunciado que, pese a todo, “el covid sigue con nosotros”, por lo que se va a implementar una nueva campaña de vacunación para los grupos de riesgo, tal cual como se ha hecho contra la influenza. Esto redundará en un plan de inoculación anual que incluye la “vacuna bivalente” de covid 19, la cual cuenta, según dicen, con los componentes necesarios para combatir la variante Ómicron. Nuevamente, Chile será el país piloto con un Programa Nacional de Vacunación y las farmacéuticas podrán continuar con el negocio de las inyecciones, claro está, sin hacerse responsables de los efectos secundarios que ya tuvieron estas vacunas experimentales en muchos de los pacientes inoculados, durante la primera cruzada del 2021.

Jorge Zamora, disidente activo de la plandemia, ya había advertido la gran farsa detrás de este supuesto avance con respecto a nuestro anterior estado de cosas. Para él simplemente se trata, en buen chileno, de otro gran “pico en el ojo” de la disidencia controlada, y no puede ser menos, para alguien que sostiene firmemente que “el virus no existe” y solo es un constructo virtual genómico, usado de manera maquiavélica para el control demográfico y para la guerra biológica. Si bien, en este punto, me reservo las dudas sobre el origen y naturaleza del bicho, cuestión que excede mi competencia, sí es evidente que el relajo en las medidas sanitarias en Chile, está lejos de constituir una verdadera seña de libertad, y solo se trata de una victoria pírrica, una en que únicamente se celebra el hecho de ejercer lo que nos pertenece por derecho natural, lo que no constituye, ni por asomo, una conquista digna, a lo sumo, una concesión transitoria del propio status quo, para continuar viralizando sus influencias, acaso sin anticuerpos suficientes.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Me dice por interno la chica con la que salgo:

-Desde el 1 de octubre ya no pedirán pase

-Lo sé

-Vamos al Cinzano

-Me leíste la mente.

Todo indica que esa será la tónica de muchos. Una catarsis. De a poco, nos veremos las caras, fraguaremos salidas y volveremos a respirar, sin otro límite que nuestros tiempos.

lunes, 19 de septiembre de 2022

El naufragio del Arethusa y el oleaje del Valparaíso mítico.



El cuadro "El naufragio del Arethusa" pintado en 1826 por el ilustrador inglés Carlos Wood representó el naufragio de la fragata estadounidense en las costas de Valparaíso. Inspirado por la violencia del hecho, se puede apreciar la pasión trágica del hombre enfrentado con la naturaleza, la destructiva, indomable y arrolladora fuerza del mar que marcaría, cual símbolo feroz, el ethos vital del puerto, desde tiempos de la temprana patria hasta nuestros entonces. En el punto donde ocurrió el incidente del naufragio, estaba la llamada “Punta Cruz de Reyes” que intersecta lo que hoy corresponde a las calles Prat y Cochrane, y que está próxima a la ya mítica “Cueva del Chivato”, zona mágica donde se cuenta, incluso desde el siglo XVII, que habitaba un chivato, un “animal del demonio”.

Según consta en el libro “Valparaíso, el mito y sus leyendas” de Víctor Rojas Farías, los marinos que se adentraban en aquellos terrenos desaparecían o apenas sobrevivían, alimentando la idea de la existencia del animal. Con el tiempo, la Cueva del Chivato adquirió una naturaleza cada vez más oscura, asociada con fuerzas malignas, al punto de no saber si la cueva “llevaba directamente a las llamas del infierno” o “llegaba mucho más allá de la muerte”. Tanto era el miedo en torno a la cueva que llegó a transformase en el sitio más temido del puerto por todo el relato demoniaco que lo circundaba. Años más tarde, José Victorino Lastarria escribiría su novela Don Guillermo, la primera novela de Chile, tomando como escenario un submundo dantesco llamado Espelunco, al cual se accede precisamente a través de la Cueva del chivato.

A simple vista, la relación del naufragio del Arethusa con la cueva podrá parecer simplemente un asunto de contigüidad, pero resulta que, a partir del episodio, es posible interpretar la fuerza simbólica del romanticismo de la época, la cual arrastró su oleaje mítico y poético hasta nuestras latitudes porteñas. El mar como eterna patria, imponente, fundante y, al mismo tiempo, salvaje; y el secreto de la cueva, que viene a representar la profundidad de la tierra, lo oculto, lo desconocido, cuya dimensión evoca la oscuridad, aunque también el caos primigenio sobre el cual transcurre la vida del hombre.

De cierta manera, en Valparaíso aún resuenan aquellas olas tempestuosas, chocan contra la vida diluida de sus transeúntes, conspirando, tratando de abrirse paso de vuelta hacia el plan de la ciudad, en un territorio todavía vivo, desollado por el tiempo y la historia. La fuerza demoniaca del mar ha fundado la ciudad más allá del arribo de los hombres, y los porteños, cual náufragos del mito, asisten a su espectáculo, día a día. En su corazón, pese a las adversidades, todavía se eleva la marea y descansa el misterio. Valparaíso romántico, Valparaíso marino, Valparaíso demoniaco.

En el libro de Alfonso Calderón, "Memorial de Valparaíso", figura una crónica de Carlos Bladh sobre el puerto que incluye un relato del naufragio del Arethusa:

"El año 1827 fui testigo ocular de una ocasión en que un huaso dio una prueba extraordinaria de su habilidad con el lazo. Un barco, el Arethusa, de Nápoles, encalló durante una fuerte tormenta del oeste en las rocas de la costa de Valparaíso, a una distancia de alrededor de 10 leguas del camino entre el puerto y el Almendral. La tripulación se podría haber salvado mientras que el barco aún resistía; pero el capitán no se figuraba tan grande el peligro y mantenía la tripulación a bordo, para cuidar el barco y la carga. Sin embargo, la base del barco se soltó a los golpes; los mástiles se cayeron al agua y lo flotante de la carga, que consistía de mercaderías en fardos, cubrió toda la superficie del agua entre el buque destrozado y la tierra. El piloto, con ocho marineros que sabían nadar, se echaron entonces al agua del lado de barlovento y fueron felizmente conducidos por las olas a la costa peñascosa hacia el final de la bahía, que consiste de terreno arenoso, y ahí fueron todos rescatados. El Capitán, su hijo y siete de la tripulación estaban todavía a bordo; pero como el barco fuera amenazado de ser devorado por las olas inmensas, se tiraron cuatro marineros al agua, al sotavento del casco y fueron inmediatamente destrozados entre los fragmentos del barco y la carga. Toda la costa estaba llena de gente que quería ayuda r a los infelices que todavía quedaban a bordo; pero no había ningún modo de salvarlos. Trataban de tirar cuerdas con piedras amarradas a bordo pero la tormenta contraria lo impedía; por fin se logró, cargando un cañón levemente -con un ovillo como emplazamiento- y disparando el tiro sobre el casco, tiraron una cuerda fina a bordo; pero los hombres estaban paralizados por el terror y el frío, y no se les ocurrió amarrar una maroma o un cable a la cuerda con lo cual hubieran podido alcanzar tierra y perecieron todos ante nuestros ojos, dejándonos la impresión dolorosa y terrible de su angustia. Un marinero inglés, valiente, nadador fuerte, se había entretanto tirado al agua a alguna distancia del barco náufrago y había hecho un esfuerzo extremo para cruzar las marejadas, en dirección oblicua, y se abrió paso al costado de barlovento del buque, en la esperanza de poder nadar a tierra con alguno de los náufragos; pero a cada intento renovado era rechazado por las olas furiosas, hasta que se hundió por fin, agotado por el trabajo, reapareció dos veces, pero quedó después largo rato invisible, y se dio por perdido para siempre; cuando otra vez asomó su cabeza sobre la ola, un huaso, con la rapidez de un rayo, lanzó su lazo alrededor del cuello del marinero audaz y lo arrastró felizmente a tierra acompañado del grito de "viva" estrepitoso de miles de voces".

Fuente: 


domingo, 18 de septiembre de 2022

Gabriela Mistral, poeta patriota

"A mí me gusta la Historia de Chile, y no es que me complazca como la cara de la madre al hijo, por pura filialidad. Si yo hubiese nacido en cualquier lonja terrestre, me gustaría lo mismo al leerla. Me da un placer semejante al de una faena bien comenzada, bien seguida y bien rematada. Me agranda los ojos como la forja que se cumple cabalmente en la buena fragua; me aviva los pulsos expectantes como una fiesta de regatas, hecha por hombres ganosos en un mar acarnerado y en un sol fuerte; me serena y me conforta con su éxito ganado agriamente, como cuando he visto la subida del metal jadeado, en los ascensores de la bocamina porque el logro que responde al largo repecho ratifica las medidas probas en la balanza, y hace sonreír al buen amador de la justicia. Así me gusta la Historia de Chile, como un oficio de creación de patria, bien cumplido por un equipo de hombres cuyo capital no fue sino su cuerpo sano y lo que el cuerpo comprende de porción divina. Me alegran y me ponen lo mismo a batir los sentidos las demás historias nacionales heroicas. Los espectáculos de la naturaleza son embriagantes sin que lo sean más que el de una gesta larga de hombres entregados a preparar y a ofrecer esa soberana producción, mixta de territorio dulce o áspero, de potencias humanas empecinadas en gastarse y vaciarse, de ayudas naturales y sobrenaturales y de desalientos y fervores, en turno de marejada."

Gabriela Mistral, Breve descripción de Chile.