Voy caminando por el plan y de repente suena la alarma de la Onemi, igual a la de ayer. Luego, se escucha en casi todos los celulares de la gente la misma alarma de evacuación por incendio en Rodelillo. Llamo a mi madre que vive cerca, también de fondo se escucha la alarma en cuestión. Su redundancia se hace necesaria, aunque insufrible. Continúa sonando en la ciudad la banda sonora de emergencia, como si fuese un mantra de sacrificio, en el momento que avanza una nueva marcha a través de Pedro Montt. El humo de la lagrimógena comienza a confundirse con el de las cenizas que caen de los cerros. Valparaíso , señal de pánico. Carne de cañón. Patrimonio del desastre.
martes, 19 de noviembre de 2019
lunes, 18 de noviembre de 2019
El sábado en la tarde, Ripley abrió. Una pura reja permitía el acceso de los pocos que por allí se asomaban tímidamente, por entre los extintos vidrios del retail que ahora figura prácticamente un bunker comercial. Al pasar por ahí, alcancé a cachar una larga fila de motivos navideños dejados en vitrina. En ellos, extrañamente, no figuraba Papá Noel. Pensar que a estas alturas del año la Plaza ya estaría llena de puestos verdes para la venta de todo tipo de artículos de Navidad, pero ahora con suerte se asoma el negocio minorista con papeletas advirtiendo "no robar acá" o bien con uno que otro grabado contra la policía, el gobierno o a favor del estallido. Recordé de pronto el titular de noticia que había salido el otro día: "Consumidores han dejado de comprar productos que no son de primera necesidad". Justo en el momento del recuerdo, una señora salió a través de la reja con un regalo entre las manos. Por la forma del envoltorio parecía un arbolito o un artefacto desconocido. Era la única persona en toda la cuadra con un regalo de esas proporciones.
sábado, 16 de noviembre de 2019
A partir del ya conocido Acuerdo por la paz y Nueva Constitución, el campo de resignificación política nuevamente se da en el ámbito del discurso, partiendo por el hecho básico: cambiar la figura de Asamblea constituyente (lo que exigen las bases y los sectores de izquierda más radicalizados) a Convención constitucional (que encierra dentro de su propia semántica su carácter conservador, más apegado al acuerdo institucional que al clamor de las masas). Este solo hecho bastó para polarizar las posturas respecto a la Nueva Constitución. De modo que están aquellos que no dejan la calle y no piensan transar ni con el gobierno ni con muchas facciones de la oposición, perseverando en las consignas de justicia, en las demandas de fondo, en los cambios estructurales; y aquellos que decididamente ese 15 de Noviembre (a altas horas de la madrugada, con un insomnio que solo puede provocar nuestra democracia trasnochada), "pactaron con el enemigo", bajo la lógica del arreglo estratégico. Sobre ese punto no existen términos medios. Están los que exigen Asamblea constituyente o nada, y los que adhieren a lograr "un avance" tomando la vía de este famoso Acuerdo, pero se sabe de sobra que pactar en ese sentido sería correr el riesgo de burocratizar el asunto y perder el foco de la lucha, asumiendo que todo está "cocinado" por los colores políticos de siempre, y he aquí que surge la palabra cocina con una connotación peyorativa. Sumarse a la cocina del acuerdo constitucional implicaría, desde esta perspectiva, "venderse", pero paradójicamente, en esa gran cocina consiste nuestra democracia representativa de gourmet. La gente de la otra vereda sencillamente acusa que en esa cocina se estén preparando, (como ya lo han hecho durante la Concertación) los amargos sabores de la indolencia y de la injusticia, merced a una nueva receta para la galería pública, con ingredientes demasiado tibios para pretender que el grueso de las bases los digiera a gusto. Lo que no entienden quienes aborrecen el asambleismo o quienes, demasiado embotados con su discurso progre, se decidieron por la convención, es que aquellas bases no se conformarán con un nuevo menú cocinado de antemano, apostarán por renovar el personal completo y, mucho mejor, por cambiar la estructura misma de la cocina. Entonces, por el momento, será todo o nada. Un bien edulcorado cambio gradual de la mano de la convención parlamentaria, o una lucha sistemática en pos de un cambio total en la política chilena. En la medida que esas dos posturas permanezcan irreconciliables, la crisis se dilatará y continuará. Lo bueno de todo es que la crisis misma ha precipitado todo este escenario inaudito, valga decir, histórico. Mirémoslo, de esta forma, con optimismo.
Anoche, durante la jornada histórica, la oposición propuso una "hoja en blanco", es decir, partir desde lo que acuerde el cuerpo constituyente sin tomar como referencia inmediata la actual carta fundamental. Al día siguiente, la llamada Plaza de la dignidad apareció cubierta de sábanas blancas y con un lienzo con la palabra "Paz" desde la estatua del general Baquedano. El blanco, según Enrique Lihn, era el "no color". Desde la cultura oriental, el vacío, la nada, el color de luto. Entonces ¿Cuál es el mensaje? ¿qué tiene que ver el blanco aquí? Pues que para algunos significa tabula rasa, vuelta de página. Para otros, muerte, pacificación o, derechamente, silenciamiento. Regresar a la nada.
viernes, 15 de noviembre de 2019
Gravita un ánimo de incertidumbre, en particular sobre dos cuestiones:
1.- La que ya todos saben ¿Cuál habrá sido el motivo por el que Piñera no declaró Estado de Excepción (seguramente aconsejado por Blumel) y no volvió a soltar a los milicos a las calles, abogando en cambio por la reintegración de pacos en retiro? Cuestión sucedida casi al mismo tiempo que la filtración del audio del general de Carabineros, el cual básicamente aseveraba que no daría de baja a nadie por procedimiento policial "aunque lo obligaran".
Y 2.- La que se sabe en este momento ¿Por qué hay milicos ahora mismo recorriendo Errázuriz y desplegados en la Plaza Sotomayor, cuando hace poco Piñera declaró al país que no los sacaría? Según el diputado Ibañez, se trataría de un "desplazamiento normal de traslado logístico de personas". ¿Precisamente hoy, durante la conmemoración de la muerte de Catrillanca, a sabiendas de la animadversión reinante?
El grado de confusión de los hechos es tal que sus cabos permanecen sueltos ante la opinión pública. La verdad, esa tregua interpretativa, resiste entre los testigos y cómplices de lo sucedido. No habrá versión "oficial", solo la versión contingente que surja al calor del descontento.
jueves, 14 de noviembre de 2019
Para Lagos, los acuerdos de Piñera en materia de paz, justicia y Nueva Constitución van en el "camino correcto", pero "se acaba el tiempo". ¿En qué sentido será correcto declarar un acuerdo para la paz en ocasión que se declaró deliberadamente la "guerra"? ¿De qué forma se aplicará justicia cuando se invocó una Ley de Seguridad del Estado contra todo aquel que la reclama -llamándole delito-? ¿Cómo se acordará una Nueva Constitución desde esa trinchera, si todos piden una Asamblea constituyente y no hay articulación posible entre los poderes del gobierno y la voluntad de la gente? A Lagos, fiel sociolisto, concertacionista de tomo y lomo, le hace falta la brújula para el camino que subraya, y el reloj para el tiempo que según él acaba. Hay un talento, una capacidad sobresaliente para no decir ninguna cosa, y permanecer ahí, sereno, imperturbable. Un talento, ciertamente, político.
miércoles, 13 de noviembre de 2019
El cabildo (sueño ficción)
Soñé que había en la ciudad una especie de cabildo a la altura de una construcción en ruinas a mitad de cerro, en lo que parecía ser el cerro Cárcel. Los participantes del cabildo estaban dispuestos en varias mesas largas tipo té club. La fila de mesas era tan larga que se empinaba por sobre una quebrada dentro de la propia construcción. Lo interesante era que no había un orden aparente ni un vocero específico en aquella fila. A lo largo de cada mesa contigua, harta gente se servía un banquete a la vez que discutía aspectos referentes a la política del momento. Sin embargo, no quedaba claro si se estaban poniendo de acuerdo para llegar a un consenso, razonando ciertos puntos sobre un cambio constitucional, o simplemente dirimían alguna estrategia de acción para salir a la calle. Me encontraba caminando a un costado de aquella larga fila de mesas, tratando extrañamente de buscar un cofre con votos en blanco. Hasta que, de un momento a otro, cada uno de los participantes de las mesas, se levantaban de sus asientos, se dirigían a otra parte, sacaban pancartas o bien se subían encima. Unos pocos se agachaban debajo de la mesa sin motivo aparente. El clima de repente se puso abochornado. Un sonido de alarma empezaba a conspirar desde arriba, mezcla de baliza o de pitido. En ese confuso instante, inenarrable dentro de la ensoñación, apareció un insecto gigante desde unas ruinas con ceniza y polvillo blanco. El insecto asemejaba un grillo con patas tonificadas, muy parecidas a piernas humanas. Comenzaba a saltar por sobre las mesas, invadiendo el espacio del cabildo. Los pocos participantes que permanecían allí esperaban debajo de las mesas, deseando que el bicho se escabullera. Otros, más combativos, le arrojaban piedrazos, además de proferirle imprecaciones, a esta altura, indescriptibles. Seguí al bicho impulsado por un ímpetu magnético, arrastrándome a ras del cerro a medida que la criatura saltaba por entre las mesas, evadiendo el ataque de la gente. Hasta que en el borde de la última mesa, casi llegando al plan de la ciudad, observo a lo lejos una humareda negra, evidente señal de siniestro. La gente que aguardaba la seguridad del cabildo había levantado una barricada para arrinconar al hostil grillo. Este, sin ánimo de retroceder, intentó saltar por sobre la barricada, pero, al parecer, fue interceptado en el acto. Un pitido similar al del principio indicaba que se avecinaba otro invasor, quizá de qué extraña forma. El humo negro de donde desapareció el grillo se volvía humo blanco. Cuando me veo arrastrado por debajo de una de las mesas más grandes, de pronto alguien me saca de allí a la fuerza, sin saber de quién se trata, saca de entre su ropa un formulario y un lápiz, y me obliga a firmar no sé qué cosa. Le entrego el carnet en un acto inconsciente y burocrático. La hoja del formulario en cuestión se encontraba vacía. En él se empezaba a dibujar automáticamente una misteriosa X roja.
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