martes, 6 de marzo de 2018

Necrofilia

De todos los recovecos del mundo

De toda la algarabía de los laberintos

Tenía que encontrarte en el rincón más oscuro

Recién salida del cubículo mortuorio

Con la vista perdida en la luz 

Una luz más pálida que la de una estrella agonizante

No dices nada pero tampoco lo callas

Solo aguardas el deseo que no puedes percibir

Bajo tu cuerpo perfecto, inerte, helado

El silencio te vuelve herméticamente sensual

Y cada gesto de estatua que imagino que modulas

Vuelve el acto una ceremonia de hielo fúnebre

Un rito de fluido y estancamiento

Cada movimiento va trazando el desvío por el que las sensaciones impulsan el instinto de muerte

Y tú la conoces mejor que nadie

Ese privilegio exquisito de estar del otro lado pero a la vez estar aquí, sintiéndote

Dentro, pero fuera de ti misma

Configurando en la carne tu propio obituario

Inaugurando un amor póstumo

Más allá del tiempo y sus cadáveres

Que puede vencer incluso la descomposición de la materia y la putrefacción de los sentidos

El signo de lo profano va coronando lo sublime

Los gusanos ya no pueden seguir esperando

Cómplices de este encuentro furtivo y taciturno

Lo único más encantador que la muerte

Es ahora el lazo que amarra esta sangre, este dolor con tu alma sin envase

Únicamente viva bajo este sueño enfermo

este placer subterráneo

Sin ley ante la ironía de la eternidad.



François Bertrand ("The Vampire", woodcut from "Mémoires de Monsieur Claude")

lunes, 5 de marzo de 2018

Brígido el efecto del café Juan Valdez. Una risa deliberada sin motivo aparente. De pronto, sin previo aviso, un optimismo involuntario.
Eddie Vedder cantándole a los cineastas muertos. La sombra del grunge en el corazón del mainstream...

sábado, 3 de marzo de 2018

Sobre Una mujer fantástica

#Modooscar Respecto a Una mujer fantástica, hay un par de citas internas que quisiese destacar. Una, ya conocida, dentro del plano en el que Marina observa su rostro desde un espejo puesto entre sus piernas. El plano se visualiza de tal manera que hace pensar que el espectador observa lo que los ojos de la protagonista miran dentro del espejo, o, por qué no, que el espectador en el fondo proyecta su propio reflejo en este y comparte una mirada vicaria dentro de la escena. La cita en cuestión remite a una fotografía autorretrato de Armen Susan Ordjanian, de 1981, en la cual Armen está realizando la misma pose que Daniela Vega en la película. El cuestionamiento que Armen se hacía en su tiempo sobre la identidad de la mujer, confundida en el reflejo de su rostro femenino sobre sus genitales, cobra mediante la cita otro matiz al replicarse en la película de Lelio, amplificando el mismo cuestionamiento ahora en clave trans. Porque en realidad, como cita Gonzalo Frías, la pregunta sigue siendo la misma: ¿dónde está la identidad? ¿En los genitales? ¿En la mente? o, podríamos agregar, acaso en la mirada de ese otro que mira y no reconoce otra cosa que una yoidad problemática, vacilante entre la carne, el pensamiento y la axiología 

Una segunda cita pasó mucho más inadvertida, aunque se ancla desde una escena también connotada dentro del filme. La escena en la que Marina se sitúa en medio de una calle resistiendo un fuerte viento. Aquí el significado resulta mucho más predecible, y tiene que ver menos con la identidad que con la voluntad de caminar a contracorriente o, simplemente, de enfrentar la adversidad a cualquier precio. Más que cita, en este punto, la escena vendría siendo una relectura de otra escena clásica de Akira Kurosawa en su Rapsodia de Agosto de 1991. Exactamente, la escena final de la película. Ahí vemos a una anciana corriendo precisamente contra un fuerte viento, sin dejarse arrastrar, con sumo coraje. A diferencia de lo que sucede en Una mujer fantástica, en la peli de Kurosawa la anciana va persiguiendo a sus nietos. No es solo ella contra la adversidad, sino que es ella, su familia y la calamidad del desastre nuclear de Nagasaki. Es la reflexión sobre el enfrentamiento aguerrido de la vida en un medio propicio para la muerte. Esta misma reflexión, en otro tenor, puede aplicarse para la escena de Marina estática pero de pie contra el viento. La lentitud de la toma refuerza el simbolismo estoico. Es ella, solo ella, en un medio propicio para la hostilidad, encumbrando contra el viento de la incomprensión el cuerpo de la diferencia.



viernes, 2 de marzo de 2018

Una verdadera zoología del insulto: perro, zorra, insecto, cerdo, vaca, oveja, víbora, pajarraco, hiena, gallina, sapo, pavo, burro, rata, gusano, sabandija, arpía, ganso, simio, etc, etc. En cambio, la palabra humano sigue siendo considerada como lo que no es. Una palabra cínica, una palabra amarilla. El día en que el idioma por fin reconozca la palabra humano como insulto, habrá que salir a la calle para gritarla a los cuatro vientos.
Entrevista de trabajo en el Liceo René Descartes. Llegué allí de pura chiripa. Me dirigía en un principio rumbo a la estación Miramar, a seguir la caravana busca pega, cuando de improviso miré hacia arriba en toda la curva de Avenida Valparaíso con calle Quinta. Aún quedaba aquel liceo recóndito a la altura del Cerro Castillo. Cambio de planes; solo había que subir un par de cuadras para seguir escudriñando alguna vacante. En verdad la volada fue muy cartesiana: Se pensó de pronto y se hizo. Junto a la reja de la entrada se encontraba una inspectora de patio. Le entregué el curriculum y me preguntó qué profe era. Ante la respuesta, replicó que justo estaban necesitando profesores de Lenguaje, puesto que recién ayer se había retirado alguien. Demasiada coincidencia en un lapso de tiempo y un espacio tan acotado. No podía ser mejor. Entré y la inspectora se dirigió con el curriculum directamente hacia la oficina de Utp. Incluso, hasta se dio el lujo de darme un consejo: "Di que necesitas la pega". Le respondí que de hecho la necesitaba. Esperé un par de minutos en el patio del colegio hasta que la inspectora regresó todavía con el curriculum en mano. "Su curriculum estaba mal hecho", decía a lo lejos mientras se aproximaba. Evidentemente en broma. Ella no podía aguantar ni el gesto de su propia talla. Así que, al ver que solo asentía, replicó: "No, a las 1 y media. Entrevista con la UTP". Para hacer la hora, y capear la buena noticia, alcancé a darme una vuelta por el centro sin problema y con toda confianza. 

De regreso para la entrevista, la inspectora me señaló que subiera sin más y hablara con la recepcionista. Esta al desconocerme preguntó si ya había hablado con la UTP. Le dije que no, que la inspectora había coordinado con ella previamente. La recepcionista entonces, sin tener idea de la coordinación a sus espaldas, llamó a la oficina para confirmar. Bastaron unos minutos para que bajara la jefa de la unidad técnica. Durante la entrevista se habló a grandes rasgos del horario, los montos, el tema disciplinar y el tema académico. Aclaró que ese era el filtro necesario, que aquí "sí se podía trabajar" y que estaban evaluando otras cinco entrevistas más antes de la efectuada para tomar luego una decisión y llamar más tarde a cada uno de los profesores entrevistados en caso de sí o de no. De ese modo, la Utp se despedía amablemente, aunque tanto urgida por los mil y un trámites aún pendientes que evidenciaban su ya agitada preocupación. 

A la salida me interceptó la inspectora y preguntó cómo me había ido. Le respondí simplemente que la jefa había quedado de llamarme "como suele ser". Improvisando algo de entusiasmo, agregué que ojalá quedara en el Liceo y pudiera ejercer de una vez por todas. Al notar lo dicho, la inspectora saltó de inmediato, y dijo si estaba seguro, porque sabía de comentarios de otros profesores que en el Liceo la cosa administrativa igual era complicada. "Si no, pregúntale al profesor de religión". Apuntó de inmediato hacia un caballero que entraba a la sala de profesores con paso cansino. "Él dijo que si le preguntaran dónde estaba el infierno, respondería sin duda que aquí". Luego de esa acotación inesperada, abrió la reja de salida y me deseó lo mejor. La llamada se supone que debería suceder en estos momentos, o durante la tarde noche. De lo contrario, habré salido de aquella entrevista con un ánimo endiablado, cachando de antemano que no todo lo que se piensa necesariamente tiene que existir.

martes, 27 de febrero de 2018

Hoy recibí el finiquito del instituto. El cielo amaneció nublado. Antes de recibir el cheque, la secretaria me pedía ir a la notaría a ratificar los papeles correspondientes. Su cara denotaba una oficiosa preocupación. Simulaba una sonrisa de empatía antes de intuir lo engorroso del trámite. Me solicitó que revisara y leyera bien el finiquito antes de firmar cualquier cosa. Ahí figura que solo me pagarían un mes por año, puesto que al final del primero me hicieron una recontratación estratégica, la cual a partir del segundo año contaría como si hubiese sido contratado de nuevo sin acumular antigüedad. Ya esperaba algo por el estilo, pero ante mi cara de exasperación, la secretaria me sugirió que llamara a la contadora. Llamó y me pasó el teléfono.
Le conté a la contadora el problema respecto al correcto pago del finiquito. Terminó explicándome que el resto de la plata se había cancelado en las liquidaciones a modo de anticipo de indemnización, cuestión que no alcancé a advertir hasta ahora, en el día del batacazo final. Sin ánimo de réplica, y ya sumido en la resignación, solo agradecí y colgué. De ese modo, la secretaria volteaba la cara y con un oportuno rostro afable preguntó si ya estaba todo bien. La miré a la cara diciéndole que todo estaba ok, sabiendo que solo admitía un cínico gesto de aprobación.
Fui a la notaría para validar los papeles. De regreso al instituto, la secretaria volvía del baño, casi corriendo. Me pedía la copia de los finiquitos. Una para ella, otra para mí. Preguntó dónde había quedado la tercera. Le respondí que quedaba para el notario. Acto seguido, me pidió firmar cada una de las copias, incluyendo la copia de la liquidación de febrero. Ella miraba con circunspección el movimiento del bolígrafo sobre el papel, como procurando que cada firma cancelase de una vez y para siempre la relación contractual, eximiendo de responsabilidad a cada una de las partes.
Luego de todo ese proceso silencioso, se alcanzaba a notar en ella un gesto de alivio, un suspiro casi inaudible. Me dio el cheque del finiquito. Me preguntó si acaso ya había encontrado pega en otro lado. Le dije que para serle franco solo contaba con otros dos trabajos sin muchas horas. "Ojala que me las suban, rezaré al cielo, al universo". Una vez dicho eso, la cara de la secretaria cambió drásticamente, de plácida y oficiosa a levemente tensa. "¿Cómo que al Universo? A Dios, a Dios debe rezarle". Oyendo su alusión a Dios, del todo burocrática, seguí dándole detalles respecto a aquellas dos pegas, interrumpiéndola para que la cuestión no derivara en un debate metafísico, teológico.
Después de firmar lo último, se aproximaba el momento de la verdad. Me despedí de la secretaria con un corto y seco encuentro de mejillas. Apenas esbozando un par de palabras de protocolo. En ese momento, entraba otro colega. Apenas lo saludé. Apuré el paso hacia la salida. No alcancé a despedirme del director, del cual nunca más supe nada. Al mirar al cielo, seguía nublado. A lo lejos, se veía cómo un par de sujetos incógnitos, irreconocibles, entraba al mismo sitio por donde yo acababa de salir para siempre, sin retorno previsible.

domingo, 25 de febrero de 2018

Estudiantes de la Coordinadora de Secundarios de Valparaíso irrumpieron en el Hotel O Higgins, en la previa del piscinazo, para manifestar el derecho a la filosofía. Se alcanzó a escuchar fuerte y claro "sin filosofía, la sala está vacía" en medio del ruido de los guardias y la prensa. El organizador del evento le comunicó a los medios que "son cosas que pasan". Por su parte, los locos del matinal decían asentir la causa de los cabros, pero agregando que el bochorno fue un problema de seguridad. A causa de la conmoción, un desfile de modas tuvo que ser suspendido. Cuando la prensa alertaba sobre la manifestación, los cabros mantenían un intenso forcejeo con los guardias y los agentes del festival, en una suerte de riña, donde se esperaba que alguno de ellos cayera a la piscina y pasara a convertirse automáticamente en portada de día Lunes. Ninguno lo hizo. La filosofía fue, por algunos breves instantes, ese forcejeo, esa resistencia. Por el contrario, la piscina no representaba otra cosa que la realidad, fresca pero asfixiante, esperando que alguien se precipitara en ella de improviso, protagonizando una caída de antología.

sábado, 24 de febrero de 2018

Un programa sobre "barrios sin internet en Chile". Los barrios son retratados como verdaderos desiertos digitales, en donde el único mundo accesible para las personas es el de la calle y el de las inmediaciones. En una parte se logra ver al periodista preguntando con preocupación a un locatario cómo lo hacen para vivir en esas condiciones de nula conectividad. En el preciso instante en que acababa la nota, un cabro chico, al parecer el hijo del locatario, se puso de súbito tras el periodista en señal de haber estado jugando a las escondidas.

viernes, 23 de febrero de 2018

Europe, Viña 2018

Contaba un loco (el “Glam americano”) que lo que la llevaba en los ochenta era el heavy metal y, en particular, el glam. No así el thrash que era una volada más under. El heavy era lo comercial y el símbolo de los cassettes que vendían en las disquerías del Parque Arauco era una espada. Dentro de esta categoría se ubican los Europe, glam metal desde Suecia, junto a otros grupos de la onda de Motley Crue, Quiet Riot, Ratt, etc. Para marcar la diferencia con el heavy metal tradicional se estilaba la estética producida, el maquillaje, los peinados, las vestimentas, de ahí la etiqueta de Hair metal para hablar de una serie de bandas que, tocando en clave heavy, adoptaban la parada y la extravagancia de las bandas de glam rock de los setenta, entre ellas, Alice Cooper, T Rex, Sweet, Roxy Music. Inclusive los propios Kiss. Pero habrían sido los finlandeses de Hanoi Rocks los verdaderos pioneros, los primeros en asumir el concepto de glam metal con todas sus letras. A la forma también se suma el fondo: los excesos, el desenfreno, como el de los propios Europe en sus años mozos, luego de presentarse en Viña en el año 90, tras el lanzamiento de su ya clásico The final countdown. Según dicen en aquella época la banda protagonizó un numerito en la disco César de Reñaca. Habrían llegado borrachos y se habrían enojado con unos camarógrafos, para luego intentar ligar con unas chicas en la pista de baile, solo para ser expulsados en el acto por los guardias de seguridad debido al jugo constante. Aquella noche habría sido desastrosa pero digna de espíritu rocanrolero. Un periodista le preguntaba a Joey Tempest, el vocalista, durante la conferencia de prensa de ayer, por qué ese rock de los ochenta, con todo su estilo y su actitud, no mantuvo su influencia en el tiempo. Tempest le respondía que era porque la industria musical simplemente había cambiado. Ya en los noventa, el Grunge había opacado el reinado del heavy y del glam. Pero se trataba, según Tempest, de mantener viva la esencia del rock mediante el talento y la calidad musical, a pesar de perder aquella mística de la juventud. El conteo final comienza. Los chicos ya han dejado atrás el disfraz glamoroso, ya han olvidado aquella antigua locura de sus mejores años, pero siguen vibrando ante el sonido de las guitarras, la elegancia de los teclados y ante el apetito de un Monstruo que esperan que ruja como nunca, hambriento de nostalgia.