Envío una serie de mensajes con cv a correos de colegios o institutos. Minutos después, me llegan un par de mensajes de vuelta. Sin haber visto la ventana del gmail, juro que esos mensajes corresponden a respuestas inmediatas a la solicitud de empleo. "Esta es la mía" me digo a mi mismo, por un momento. En ese lapso ya me pasaba las tremendas películas. Ya me imaginaba ejerciendo en una pega soñada, con goce de sueldo a conveniencia del trabajador, sin agobio laboral, con unos colegas piolas y unas colegas de ensueño, unos alumnos luminarias y, por sobre todo, sin exigencias extra curriculares más allá de lo que corresponde al propio ejercicio docente dentro de la maldita institución. Cuando voy a revisar los mensajes, me doy cuenta, en cambio, que se trataba solo de avisos automáticos de rebote, generados por inexistencia de correo de destino. Pues, esa, amigas y amigos, ha venido siendo más o menos la dinámica de la búsqueda de trabajo durante estos últimos días de vacaciones: una oferta imposible, un rebote eterno. Y una expectación ansiosa a toda prueba.
viernes, 16 de febrero de 2018
jueves, 15 de febrero de 2018
El poeta mendigo
El poeta mendigo de Av Argentina. Los que cachan el centro de valpo lo deben haber visto o lo deben ubicar. Se ponía antes en La Polar y escribía sus textos sobre la acera próxima al Jumbo y frente a los muros azules que estaban debajito del puente que da a la Av España. Seguramente se fue de ahí debido a las obras en construcción o tal vez buscando un sitio más estratégico, solitario o transitado. Casi no habla. La gente cuando pasa por ahí se limita a mirar esos garabatos hechos con tiza sobre el suelo y a darle una que otra moneda guacha, a la vez que trata de leer al voleo qué es lo que dicen, tratando de no pisar en el camino la improvisada obra de nuestro anónimo vate.
“Para saber decir yo te amo, primero se debe aprender a decir yo“, frase de Ayn Rand citada por Revolución Democrática el pasado día en su cuenta Twitter. Las críticas no se hicieron esperar. Tormenta de bullying virtual dado que la autora citada en cuestión fue conocida por ser de derechas y abiertamente en contra de los ideales progres que tanto pregona el partido del Frente Amplio. El extracto correspondería a un ensayo titulado “La virtud del egoísmo”. ¿Simple lapsus ideológico, producto de una mala lectura o una lectura antojadiza? ¿O derechamente posverdad ad portas de los "tiempos mejores"?
miércoles, 14 de febrero de 2018
De chico siempre soñé que por estas fechas alguna enamorada me regalara un producto de aquella extinta empresa Village, (obsesión capitalista), declarada en quiebra ya a comienzos de siglo; aquella legendaria empresa del amor rayano en lo cursi que durante más de veinte años monopolizó la estética de nuestro romanticismo. Así como la empresa quebró, ese sueño de chico también lo hizo. Como tantos otros. Sueño ingenuo o tal vez demasiado romántico, ya no precisamente en el sentido actual, sino que en el sentido de idealista, de andar por las nubes. Pese a esa quiebra, siempre guardo la esperanza de alguna vez recibir un regalo que simbolice al menos de manera rústica alguna suerte de lazo afectivo. Algún regalo pequeño pero significativo que no sea solamente una sonrisa o una noche de placer efímera. En el fondo, sueño con tener siquiera alguna wea buena que presumir durante un día especialmente dedicado al comercio de los corazones y cupidos. Mientras tanto, continuo en una carrera hedonista y narcisista sin fin, en un amor propio masoquista, refugiado en el alcohol y brindando por los deseos imaginarios y los amores y empresas en quiebra.
martes, 13 de febrero de 2018
Ha circulado por las redes el obituario de un catalán de nombre Emilio Piró que reza lo siguiente: “Ha dejado este mundo sin haber aportado nada de interés". El mensajito causó revuelo dada su crudeza y sinceridad. No habría sido escrito por nadie a excepción del propio difunto. El obituario sería parte de un testamento que el mismo Emilio habría dejado y que fue hallado luego por sus familiares, consternados ante la confesión de su mortal "insignificancia". Según ellos mismos señalan, no se agregó ni se quitó nada a la esquela. La frase en cuestión es literal. La traducción al catalán, de hecho, es todavía peor. Dice: “Ha fallecido sin haber modificado demasiado el mundo que lo rodeaba”. ¿Será este el mensaje final del Hombre sin atributos de Musil? ¿Será acaso este testamento post mortem una suerte de anti obituario? Para honrar su inutilidad en vida, no hallaron otra cosa mejor que volverlo un hecho de interés público. Eso prueba que cualquier texto, desautomatizando su sentido habitual, en este caso, bajo un arranque de honestidad extrema, puede llegar a subvertir su propia regla, y volverse luego un verdadero semillero de interpretaciones que seguirá creciendo hasta después de la muerte, a pesar de su malogrado y occiso autor.
lunes, 12 de febrero de 2018
Muñecos colgando bajo el “puente de los candados” aparecieron hoy en Providencia, encima del río Mapocho. Los muñecos representaban ahorcamientos por pena de muerte para los "pedófilos". La acción se le atribuye a un tal Movimiento Social Patriota que dejó una inscripción sobre el mismo puente con una estrella de ocho puntas. ¿Por qué eligieron la soga? ¿Por qué ese símbolo ocultista? Me acordé de repente de aquel video mítico de Mr Bungle, en el cual los integrantes aparecen colgando bajo un puente, simulando ser ahorcados, sufriendo convulsiones. El video, por supuesto, fue censurado por MTV. El ahorcamiento simbólico. El ahorcamiento performático. Faltó poco para que colocaran una guillotina y un verdugo. Chilito cada día más raro.
Badfinger
Badfinger: Una de las mejores bandas de rock con la peor suerte del mundo. Fueron contratados en su tiempo por el sello Apple Records, creado por los cuatro de Liverpool. Pese al éxito de sus primeras canciones, resultó que el dinero de las ganancias no llegaba, a causa de la presión que ejercía un tal Stan Polly sobre el primer manáger, quien le cedió las finanzas del grupo. Stan Polly, un oscuro hombre de negocios norteamericano, un estafador con una pila de demandas a su haber, de quien se dice que estuvo incluso metido con la mafia, habría quebrado a los Badfinger, llevándose todos los beneficios de su nuevo contrato con la Warner.
Durante el año 71 app, el grupo sacó uno de sus mejores albumes, No Dice, del cual se desprende su sencillo Without you. Según el propio McCartney, esta podría haber sido una de las mejores canciones de todos los tiempos, si no hubiera sido porque, en medio de la quiebra por culpa de Polly, Harry Nilsson versionó el tema de los Badfinger, y con ello se encumbró al estrellato, ganando la fama que los británicos nunca vieron en vida.
Luego del último disco con Pete Ham, la banda fue demandada por la propia discográfica Warner, a causa de las denuncias por malversación de fondos dirigidas precisamente hacia Stan Polly como responsable de la agrupación. Al no saber qué hacer para revertir la situación, Pete Ham invitó a tomar a Tom Evans, su compañero en la creación musical, para conversar sobre un plan definitivo que tenía en mente. Evans no sabía que ese sería el último día que lo vería. Su plan era mortal. Ham fue encontrado al día siguiente ahorcado en su propia casa, con 27 años (la edad suicida). Ni siquiera el embarazo de su novia había podido evitar el desastre.
La banda siguió adelante, con Evans a la cabeza, pero nada volvería a ser igual. Ocho años más tarde, en medio de una carrera errática, todavía bajo la sombra del maquiavélico Polly, Evans recibió una millonaria demanda de parte de un antiguo promotor, que le reclamaba por un incumplimiento de contrato relacionado justamente con su período en la Warner. La cifra era estratosférica. Tal como Ham, Evans también acabó desesperado, y tras una discusión con otro miembro del grupo, Joey Molland, sobre los derechos de autor del tema Without you, no encontró otra salida que replicar aquel fatídico plan innombrable repetido por su amigo aquella noche de 1975. El hijo de Evans, de manera repentina, y sin sospechar nada, había encontrado a su padre ahorcado, al igual que Ham, una mañana de 1983.
Desde ese entonces, poco y nada se sabe de aquella truncada promesa llamada Badfinger. Aquella "banda maldita" no por su oscuridad sino que por su mala estrella, por su destino miserable. Aquellos que fueron llamados a ser los "nuevos Beatles", pasaron a la historia como los rockeros más perdedores, los auténticos fracasados del rock.
El único miembro que aún permanece con vida, Joey Molland, continúa tocando en algunos lugares las canciones de la banda. A veces se presenta como Joey Molland’s Badfinger, pero ciertos seguidores lo critican por el hecho de apropiarse del nombre del grupo, siendo que la mayoría de los temas pertenecían a los difuntos Pete Ham y Tom Evans. Molland siempre se defiende explicando que es la única forma de seguir vivo: tocando las canciones de sus viejos amigos, aunque no fueran suyas.
En honor al legado de Badfinger, Vince Gilligan cerró la serie Breaking Bad con una canción final: "Baby Blue". Después de todo, el duro camino que recorrió Walter White hasta convertirse en lo que fue, coincide con el duro camino que llevó a los Badfinger a la perdición. Aunque no al olvido absoluto.
Si William Shakespeare o León Tolstoi estuvieran vivos y se hubiesen propuesto escribir una obra que versara sobre el ascenso y caída de una banda de rock, esa habría sido una obra sobre Badfinger.
domingo, 11 de febrero de 2018
"Hágase una pregunta ¿por qué la dejé viva?" fueron las palabras de José Navarro luego de ser detenido, refiriéndose a la niña que había secuestrado en Licantén. Navarro era conocido como "El brujo" por la familia de la niña Emmelyn, debido a su supuesta capacidad de realizar "descargas". Se cuenta que convenció a la familia de la existencia de un tesoro enterrado en el cerro El Quelmen, y que para ir a buscarlo debía ir con Emmelyn (porque según él, ella tenía una "energía mística") y con su tutor, el abuelo. Fue en esa circunstancia que Navarro golpeó al abuelo con una pala y huyó con Emmelyn hacia rumbo desconocido. El sujeto tenía antecedentes por abuso sexual, sin embargo, la niña apareció días después, ilesa, sin signo de haber sido agredida. No se explica por qué El brujo hizo lo que hizo, ni tampoco por qué dijo lo que dijo antes de su captura. Su pregunta, por loca que sea, deja volando una interrogante. Abre una especulación. El episodio podría pasar piola por algún capítulo de True detective, si no fuera porque no hay protagonistas a la altura. Da hasta para improvisar un guión policial con tintes de brujería. Chile, material eterno de realismo mágico, pero con magia de la negra.
viernes, 9 de febrero de 2018
Me compré Relatos Reunidos de César Aira y Pastoral americana de Phlip Roth, casi a un precio risible. Los dos por 10 mil. Era en la tienda del loquito al lado del cine insomnia. Sobre el libro de Aira señaló que el compendio de sus “crónicas imaginadas” era una edición limitada, que lo que más se vendía eran en cambio sus novelas. Su comentario bien puede haber servido de nota crítica y, además, por la tangente, de impulso publicitario. Asentí y le pregunté si acaso tenía la novela El mago. No la ubicaba. Prometió traer un lote grande de libros, a ver si en uno de ellos aparecía como por arte de magia algo del argentino. Respecto al de Roth, explicó de forma escueta que para él, en cuanto a literatura norteamericana del pasado siglo, existía Roth y todos los demás. En ese momento le hice una salvedad, mencionando que también estaba Norman Mailer, con su monumental Los desnudos y los muertos. El loco estaba de acuerdo. Además coincidimos en que La mancha humana del mencionado era otro gran libro. Ante mi vacilación con la edición de la novela, el compadre se disponía a ofrecer su razonable precio, por gentileza de la casa. Por un momento dudé en comprar a Aira y a Roth, hasta que recordé que precisamente andaba con un billete de diez en el bolsillo. Era todo o nada. Al rato, compra realizada. El loco la había hecho nuevamente. Le había pagado en primer lugar los Relatos Reunidos a seis. Luego, al tomar la Pastoral americana, sugería que con el mismo vuelto del primer libro podía pagar este otro. Una jugada maestra. Un buen librero sabía siempre cómo leer entre líneas. Cómo leer el contenido simbólico y pragmático de sus libros, y además cómo leer la necesidad simbólica y pragmática de sus clientes, para provocar la magia de la transacción, por medio de la idea del gusto literario, que, sin embargo, no garantizaría ni por asomo la lectura efectiva. Pero eso, al fin y al cabo, le importaba únicamente a su clientela. Sabía que solo la crítica, usada con la suficiente sagacidad y argucia comercial, podía lograr ese efecto milagroso. Saliendo del local leía la contratapa del libro de la Pastoral americana. En él aparecía escrito precisamente lo mismo que el loco de la librería había explicado: “En la actual literatura norteamericana está Philip Roth, y después, todos los demás”. La nota figuraba escrita por el Chicago Tribune.
El recinto
Hay una teoría que sostiene que los sueños pueden tener directa relación con la sustancia psicoactiva DMT que sería producida naturalmente por la glándula pineal. De ahí la naturaleza caótica de la imaginería onírica. En estas últimas noches ya me he estado empezando a creer esa idea, dado los sueños cada vez más extraños que han ido surgiendo.
La cosa va más o menos así. En el de ayer, estaba subiendo las escaleras de algún gran recinto educativo. De acuerdo a la infraestructura imposible, este iba cobrando una forma inusualmente parecida al laberinto de Escher, pero solo en el relieve de los espacios, porque las escaleras se hacían empinadas pero no tenían otra curva ni otra geometría que la de su inclinación. El timbre para entrar había sonado hace rato. No había eso sí ningún alumno merodeando los alrededores. Al llegar di con una sala imaginaria. Era una sala de media. Los cabros permanecían allí sentados, casi impávidos. Una angustia comenzaba a aflorar. Era una angustia producto de su silencio hasta cierto punto insoportable. Una tranquilidad sepulcral lo invadía todo. La sala asemejaba, por su pintura blanca, y por la cualidad de sus moradores, una condición de monasterio. Solo una mesa vacía indicaba el lugar que le pertenecía por descarte al profesor. En el momento que abría el libro de clases, para pasar la lista, luego de haber saludado con la mirada a todo ese grupo de jóvenes almas silentes, el curso entero desaparecía. La puerta de la sala se abría de manera misteriosa. En un abrir y cerrar de ojos, todo se iba a negro sin mayor explicación.
Al rato, otra escena, u otro sueño dentro del sueño. Era en una pieza llena de diarios sobre las paredes. Unos supuestos compañeros la poblaban. Un bullicioso grupo de compañeros buena onda. Compartían lo que parecía un vaso con algún elemento indescriptible, de color azul. Había que beberlo o tan solo cederlo para generar cierto vínculo fugaz. De fondo sonaba una mezcla de rock progresivo y desde otro sitio cercano un remix bailable electrónico. La música provenía de dos lados diferentes, pero el acceso a tales lados, según la intuición sonora, solo podía darse desde una puerta escondida en un rincón de la pieza empapelada. Para llegar a ella y, eventualmente, escapar de esa incómoda situación, había que abrirse paso entre los comensales que reían, parlaban y bebían sin otra justificación que sus propios organismos repletos de endorfina. Cuando me ponía a pensar en ese plan, y ejecutaba el primer movimiento, pidiendo permiso a un compadre de pelo largo que fumaba solo, justo una jovencita me detenía. No recuerdo su rostro. Solo recuerdo que en ese momento estaba bebiendo de aquel vaso. ¿Me habrá leído la mente? ¿El momento de su detenimiento habrá tan solo coincidido con mi abrupta retirada? Nada era seguro. Lo primero que hizo fue dejar a un lado su puesto de encima de una cama y ofrecerme un poco de lo que bebía. Solo para congeniar sorbía un poco de aquella bebida de ensueño, hasta que de pronto se armaba un karaoke dentro de la pieza. De la nada se levantó un sujeto a corear los primeros versos de una melodía muy parecida a Killer de Van der graaf generator. En ese momento fue que lo identifiqué con otro compadre que conocía en la realidad, pero no se parecía en nada a ese otro sujeto que cantaba en el sueño. Solo conseguía asociarlo con él por la sincronía musical. A medida que él se compenetraba con la canción, el ruido de afuera se confundía con la batahola general. El contenido de aquel vaso había quizá hecho efecto en los comensales de la pieza. Sobre la cama, una sola masa informe que simulaba una orgía. Era el momento perfecto para huir de ahí y buscar al menos otro sitio más coherente.
De nuevo la angustia. No por la sensación de claustrofobia, sino que por la interpelación directa, por la falta de conexión con el ambiente. Un pasillo daba hacia otra escalera como la de aquel recinto educativo. A medida que subía, la música electrónica se hacía cada vez más fuerte. A martillazo acústico digno de antro subterráneo. Pero de entre la oscuridad, las luces multicolores y las piezas abiertas no se lograba identificar a nadie, o tal vez todos estaban demasiado insertos en su propio proceso festivo. Cuando llegaba al supuesto sitio de la sala de baile, solo estaba aquella jovencita con un amigo en una esquina cerca de lo que asemejaba una ventana hacia el exterior. Estaban fumando. Hacia afuera solo una luz negra que proyectaba un espacio blanco. La jovencita, muda, nos señalaba sobre algo que había perdido. El amigo hacía el gesto de seguir bebiendo, también mudo. Trataba de congeniar. Pedía entusiasta algo sobre la barra vacía. De repente, la jovencita huía sin razón. Bajaba aquellas escaleras de Escher, esta vez de verdad distorsionadas. Al seguirla me daba cuenta que todo alrededor iba adquiriendo un tono cada vez más apagado. En cuanto iba descendiendo, el ruido y el ánimo chispeante alrededor desaparecían de forma progresiva. No más electrónica. No más prog rock. Ni siquiera rostros empapados en sudor, reflejos de lucecitas ni hormonas insolentes.
Volviendo a la pieza empapelada, ya no había nadie. El vaso de aquella sustancia azul ya se había vaciado. Sobre la cama supe de inmediato lo que había perdido aquella jovencita. Una chaqueta. Había buscado la chaqueta en señal de retirada. La recogía con la vana esperanza de devolvérsela. Salía por el único acceso que tenía para dar hacia la zona de las pistas de baile, pero al ir pasando por allí, todo iba tomando un color pálido. Solo era cosa de tiempo para volver, dentro de la diegesis, de regreso al recinto educativo por el que había empezado el sueño, y por el que estaba a punto de empezar la clase del principio. Me hallaba de vuelta en la sala con los alumnos totalmente quietos. La angustia volvía esta vez al mirar la lista del libro de clases llena de signos de interrogación en lugar de nombres. Sobre la silla del profesor estaba la chaqueta de la jovencita del sueño. En eso, una alumna de la última fila, que estaba con audífonos, de improviso se levantó para señalar la chaqueta, pidiéndola de vuelta. Cuando giré para sacarla de la silla, el silencio se apoderó nuevamente de todo. Miraba hacia el grupo curso para dirigirme a entregársela, sin embargo, todo se iba a negro, una vez más. El sueño había acabado.
Sobre el velador, una llamada perdida. Y un vaso de té a un lado de la lámpara, helado, sin tomar.
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