Ganó Rumania. Ganó el país de Emil Cioran. El mismo que dijo alguna vez: "Todo éxito suele ser un malentendido".
martes, 13 de junio de 2017
Uno de los temas inéditos del Ok Computer, relanzado a propósito de los veinte años del álbum (1997-2017). La forma y el fondo del disco eran la de una visión distópica del nuevo siglo. El último vestigio de una generación perdida, la llamada "generación X", el epítome de los años noventa, en los cuales reinaba la intuición de que algo acababa -cierto concepto de modernidad- y de que algo estaba a punto de comenzar -nuestra era hiperconectada, pero, hasta cierto punto, esquizoide, paranoide-. El arte y la política empiezan a tener su propio karma, su propia policía. Se han redefinido los medios de producción, los objetos de consumo, la información, pero también se ha redefinido la soledad, el aburrimiento. La modernidad nunca llegó, o siquiera empezó. Siempre fue un proyecto. Ok computer podría ser perfectamente la banda sonora de alguna novela de Thomas Pynchon o de David Foster Wallace. La mirada de los personajes en el video de esta canción inédita es, a fin de cuentas, la misma que la nuestra frente a la pantalla, una mirada digital, de frente a cierta idea de futuro, pero de espaldas a la noche.
lunes, 12 de junio de 2017
"Hay suficiente metafísica en no pensar en nada" decía Pessoa. Vuelvo a buscar esa frase mientras la cama permanece deshecha. Como en el cuadro de Delacroix. Signo de los tiempos. Signo del sinsentido de ciertas costumbres. Siempre me he preguntado lo mismo ¿Para qué habría de hacerla si a la noche debo volver a deshacerla? Y considerando que no la deshace otro que uno mismo ¿Cuál es el sentido de volver a hacerla? ¿La comodidad del sueño? ¿La restauración de un orden perdido? Ya lejos de la casa de los padres, y en completa soledad, deja de ser una obligación hacerla. Puede permanecer así días, imperturbable en su desorden. O rara vez hecha con motivo de alguna visita esporádica. Pero siempre vuelve a ese hacerse y deshacerse. ¿Cuál sería entonces su estado normal? En este momento, lo deshecho. La cama no sería sino que otra versión de la piedra de Sísifo. La evidencia de cierta sensación de desapego o, viéndolo de otra forma, la evidencia de una noche demasiado agitada que se niega a desaparecer. De la manera que sea, ya hay suficiente metafísica en no hacer nada. Suficiente metafísica en no hacer la cama un día domingo, para mañana rehacerla y quizá, inciertamente, volver a despertar.
domingo, 11 de junio de 2017
Las colegas del preu insistían en que los nuevos debían "pagar el piso". El asunto se ha aplazado, según dicen, más de lo debido. Solo el sábado la coordinadora volvió a sacar a colación el tema. Se veía dispuesta a cumplir con esa "obligación moral". Incluso tenía preparado algo especial, para ponerse al día, según ella, con una pagada de piso pendiente. Pero todo quedó en nada a causa de uno de los nuevos que se excusó a última hora. Ninguno de los implicados -incluyéndome- se ha vuelto a pronunciar al respecto. La pagada de piso quedó así en el limbo, indefinidamente, ante la inquietud persistente e interesada de las colegas antiguas. "Pronto les cobraremos la palabra, algo tendrá que caer" agregaba una de ellas vía grupo de whatsapp. A pesar de la buena onda que pueda surgir, sigo sin digerir bien esa idea. ¿No será mejor que los antiguos le den la bienvenida a los nuevos? ¿No será eso acaso algo más lógico y atinado? Nunca he sido muy amigo de ciertas costumbres. Nunca he entendido otra cosa en la pega que no sea trabajar y hacerse el hueón, cuestión que, orgullosamente, se me da bastante fácil.
sábado, 10 de junio de 2017
Batman
El Batman de los sesenta, interpretado por el fallecido Adam West, tenía la particularidad de ser un Batman kitsch, caricaturesco y hasta algo psicodélico. No pretendía profundidad ni grandilocuencia trágica. Era una parodia viviente. Una suerte de quijote sin la lectura romántica e idealista. Algo muy sui generis, alejado del Batman de Tim Burton y Schumacher, con tintes de superhéroe gótico, y del Batman de Nolan, que indaga en la faceta moral, psicológica y, hasta cierto punto, existencialista del caballero de la noche. El Batman de Adam West fue en verdad el primer Batman capaz de reírse de si mismo. Algo impensado hoy por hoy.
viernes, 9 de junio de 2017
La alumna que llegó de las últimas a la clase del plan anticipa del preuniversitario, luego de acabar y habiendo salido todos, se acerca a preguntarme si había leído Rebelión en la Granja. Lo preguntaba para que la ayudara con una duda que tenía sobre la novela. La duda tenía relación con el sueño del cerdo mayor. Según ella, en una parte de ese capítulo no se distingue si lo que soñó era solo parte de la utopía que quería comunicarle al resto de los animales de la granja, o realmente era producto de su estado de ensoñación al imaginar al fin un mundo sin seres humanos. En ese momento no recordé muy bien el episodio exacto, pero trataba de enseñarle que era más bien una sátira que un sueño. Era la sátira política de la revolución rusa, una sátira con caracteres de fábula. El sueño del cerdo vendría siendo el sueño de la ideología. La chica seguía con dudas respecto a la naturaleza de ese sueño en la narración, pero parecía comprender mejor a partir de esa alusión alegórica. Me sorprendía gratamente que me preguntase eso, después de la revisión del primer ensayo psu, sobre todo porque la clase a altas horas de la tarde ya iba adquiriendo cierto carácter salvaje, cierto ánimo desatado, no llegando, claro está, a constituir una subversión. El interés de la chica por el libro de Orwell no era del todo casual. Estaba ahí para demostrar cómo una simple pregunta podría cambiar el curso de las cosas, el curso de la clase y su orden subyacente. La planificación que se cree seguir al pie de la letra no era sino un orden impuesto, una realidad apócrifa. Dentro de ella alguien sueña con otra posibilidad y tiene el coraje de llevarla a la práctica. La chica quizá podía intuirlo. Ese coraje venía de cerca, de parte de algunos compañeros atacados por inquietudes personales y anécdotas fuera de la máquina. Ella no podía ser menos. Solo uno de ellos parecía más bien la viva imagen del burro. Un chico que durante toda la clase no participó, casi ausente, aunque solo alzando la voz para dar respuestas contrarias al pensamiento de algunos de sus compañeros. La metáfora del escéptico. El único que en la novela, paradójicamente, es capaz de cuestionar el nuevo orden.
miércoles, 7 de junio de 2017
El Martes algunos cabros plantearon la idea de cambiar el ramo de Orientación religiosa del instituto por uno de Filosofía. He seguido de cerca sus comentarios. La gran mayoría está en desacuerdo con el ramo religioso. No tanto por lo religioso en sí, que de suyo provoca anticuerpos, sino que simplemente por el hecho de que lo sienten aburrido e innecesario. He hablado con el profesor del ramo. Un caballero cordial. Tiene pinta de saber mucho. Pero, al parecer, tomando el comentario de los cabros, algo no cuadra con su cátedra. ¿Será la metodología? ¿El hecho de leer pasajes bíblicos? ¿La reticencia a cierta evangelización solapada? ¿O todo eso junto? Sobre la mesa en la sala de primero di justamente con un material de orientación. Tenía por título: Lo que Dios piensa del tabaco. En la esquina inferior de la hoja había dibujado un mono con un pucho en la boca. Atrás una cruz invertida. Con eso había evidencia suficiente de la joda que para algunos significaba el ramo.
Con respecto a la posibilidad de cambiarlo por Filosofía, unos chicos de segundo preguntaron si podía acaso enseñar algo filosófico, si sabía de materia al respecto, en caso de que el cambio de ramo fuese real. Les dije que podía ser, siempre y cuando ellos consultaran aquella idea con la directiva. Uno solo manda dentro de la sala de clases. Las ideas estructurales casi siempre se dejan caer "desde arriba". Nosotros somos los que servimos de cómplices o, en su defecto, de herejes. La propuesta, mientras tanto, continúa en el limbo. El ramo religioso sigue dictándose. Su profesor permanece estoico en la jungla educativa, de manera admirable, como venido de otra era, enviado por maestros y figuras de otros tiempos. Y los cabros siguen aburriéndose, en un estado de estupor constante, sin credos ni rosarios. A raíz de eso, sale a flote entonces la filosofía como un catalizador. Sin embargo, un catalizador puesto a la fuerza en un curriculum tecnocrático, para darle un matiz, si se quiere, más "humanista" y menos "funcionalista"; de modo que sigue teniendo un carácter de disciplina, cuando, de acuerdo a las palabras de Giorgio Agamben, la filosofía es una "intensidad". Todo ámbito del conocimiento debería ser filosófico con el grado suficiente de intensidad. Incluso el aburrimiento. Sobre todo el aburrimiento. En ese sentido, la escuela debería ser, ante todo, filosófica.
Quilpué 2666
Tras la desesperada búsqueda de Laura Landeros, en la Ritoque sostienen que anda circulando por las redes sociales un nuevo relato acerca de un posible desconocido en un automóvil blanco que estaría secuestrando a jóvenes en el mismo lugar donde se vio por última vez a Laura. A propósito de este relato, el locutor saca a colación la novela 2666, en la cual se narra la desaparición de mujeres de la Ciudad Juárez (la parte de los crímenes), quienes, antes de conocer su sórdido destino, habrían sido abordadas precisamente por un auto misterioso. La literatura y el mal. O, mejor dicho, la realidad. Quilpué podría volverse ahora ese páramo del que hablaba Bolaño citando a Baudelaire. Quilpué 2666.
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