jueves, 3 de marzo de 2016

Crédito

La clásica frase de Benjamin Franklin. "En este mundo sólo hay dos cosas seguras: la muerte y los impuestos". ¡Vaya consuelo! Eso hoy día, sin embargo, quedó chico. Existe algo mucho más tenebroso llamado crédito, que ni siquiera con la muerte se acaba. Que incluso en otra vida seguirá existiendo, impago, invicto.

miércoles, 2 de marzo de 2016

El ocio


Siempre cuando no hay nada que hacer en particular, me pongo a delirar sobre los amores que no fueron o que pudieron ser pero no fueron. Por supuesto, en completa ausencia e indiferencia de las implicadas. Me regodeo en sus mil y un posibilidades. Hago poesía sin escribir sobre ellas. La contemplación de aquellos momentos ya perdidos me sirve de placer y de aliciente. Es mi propio concepto de ocio. Al hacerlo así tengo el tiempo necesario para pensar y armarme de fuerza para seguir amando. Porque para poder amar tenemos que tener el suficiente ocio.

Pero ¿qué significa realmente? El tiempo de ocio, concebido desde su acepción latina, "otium", era opuesto al clásico negotium que involucraba actividades públicas, a la vida del mundo público. Cicerón hablaba de un otium cum dignitate que aplicaba a aquellos ciudadanos que ya cumplieron su servicio público y tienen el merecido tiempo para el cultivo y el disfrute de si mismos. El ocio tenía un enclave social. Era la pax, una especie de "felicidad pública" que todo aquel por el hecho de ser simplemente ciudadano poseía, aquellas veces en que el servicio a la comunidad quedaba cumplido o sencillamente se detenía, por abc motivo. Era el ocio asociado a la felicidad, a las cosas simples, a lo que corresponde a la propia persona. Ahora bien, ese tiempo de ocio podía usarse en cuestiones más “espirituales”, generalmente al cultivo de la filosofía, la ciencia, las matemáticas, la poesía o la propia escritura. Todas, disciplinas propias de ociosos. Hoy, sin embargo, el ocio tiene un matiz negativo. Se le concibe como sinónimo de vagancia, de despropósito, de una condición en suma miserable y hedonista. Nadie, a pesar de esto, puede negar que el ocio es una condición permanente. En nuestro fuero interno el ocio arde con una llama voraz. Nos impele a hacer nuestra voluntad. Todo nuestro "negocio" diario de supervivencia y de eficiencia en algún momento inspira y expira para darse un aliento y poder respirar. Ese momento le corresponde a la respiración, al ocio de la vida.

No nos engañemos: el trabajo que tan esforzadamente buscamos o realizamos no hubiese sido posible sin una incontenible cantidad de ocio. Nuestros sueños mismos son producto del ocio. Se trabaja en pos del ocio, en pos de respirar la vida con más fuerza. En eso reside su sentido. En lo que el mismo Cicerón llamaba el "otium negotiosum", el verdadero tiempo para hacer lo que se quiere, realmente. El problema es que hoy ese querer entra en pugna con el deber. Y ese deber en nuestro sistema está supeditado a la lógica del trabajo y la productividad. Solo en la conciliación entre ese antiguo otium y el negotium actual concebido como actividad pública se puede hallar cierto nicho, cierta luz de realización, por así decirlo. Mientras tanto, el otium arraigado en el espíritu sigue quemando. Siempre, a pesar del llamado militar del deber, de la arenga castrense del mes de Marzo, el otium subyace como aquella energía que te da la libertad suficiente para imaginar el querer en toda su dimensión poética, jovial, hasta cierto punto, trágica. La dimensión de ese querer es inagotable, porque el ocio mismo es inagotable. El universo entero es la obra de un ocio invencible.

martes, 1 de marzo de 2016

lunes, 29 de febrero de 2016

¿Quién ganó el Oscar?

¿Quién ganó el Oscar por la Historia de un oso? ¿Chile o los puros artistas? El dilema del momento. Eso se podría aplicar perfectamente también para el fútbol. A mi parecer, la copa en estricto rigor no la gana Chile, la ganan los futbolistas. Cuando la gente participa del triunfo de unos compatriotas apela a una cuestión sentimental, a un sentimiento de unidad colectiva. Resulta bonito saber que ellos no solo se representan a si mismos, sino que también representan algo más grande, llámese país, estado, humanidad, etc. Que la obra que ellos realizan está pensada no solo por egoístas razones, sino que además resulta una especie de ofrenda hacia el mundo. La obra le pertenece al mundo (aclaro, no solo a Chile). Los autores no pueden alegar propiedad allí sin pasar por arrogantes. Pero en la práctica el esfuerzo y la consecución del logro le corresponden al ganador o los ganadores. Aunque, por sùpuesto, nadie está del todo solo. Nadie, en efecto, crea o logra algo desde la nada. Cuando uno defiende una tesis, por ejemplo, (guardando las debidas proporciones) se la dedica, como es usual, a todos aquellos que sin su presencia o su ayuda no hubiera sido posible el desarrollo de esa obra. Es parte de un protocolo valórico. Ahora bien, hay un abismo de diferencia entre ganar un Oscar y sacar un título. Pero si uno va al meollo del asunto, quienes escribieron su obra, quienes se sacaron la cresta, aquellos que sudaron la gota gorda, aquellos que lo dieron todo por algo que los excede se llevan los méritos correspondientes. Apelar a que el premio por ese logro se lo ganó Chile o cualquier otra entidad abstracta es más bien parte de un rollo diplomático.

Meruane


1

A propósito de lo de Meruane anoche, un amigo me envía lo siguiente: "Evocar también a Thomas Hobbes, y su concepción metafórica del Estado como la gran bestia bíblica; máquina poderosa y monstruo devorador de los individuos. O sea, la MASA. Entonces Meruane=Hobbes.... Jajaja". Sin duda alguna, Meruane hizo historia anoche. Desenmascaró a la Masa como lo que es: Un Monstruo. Hizo historia como el humorista hobbesiano por excelencia.


2

Otra cosa a propósito de Meruane: El verdadero terror no es tanto el miedo escénico. La pifia del público, sin embargo, equivalía a la muerte en la Antigua Roma. El emperador, escuchando la voz de la masa, ya hubiese matado a Meruane, por ejemplo. El verdadero terror hoy en día es que eso se viraliza a todo el mundo en cuestión de segundos, multiplicando la ignominia a la millonésima potencia. No hay margen de arrepentimiento. La imagen del artista se crucifica y banaliza sin piedad, mediante un ejército de memes y videos. Hoy la muerte es más bien simbólica. El artista es ejecutado por la opinión pública, bajo la sucia garra del espectáculo. No importa si fue fome o no lo fue. Lo que importa es que Meruane fue un gladiador. Mostró la cara fea del Monstruo. Meruane, el humorista estoico. Meruane el humorista kamikaze de Chile.


3

No pequemos de hueones: Meruane nos paseó a todos. Meruane es en verdad el Ed Wood del humor. Su rutina en el fondo consiste precisamente en la construcción de un personaje humorista fome. Es tan malo que llega a ser bueno en lo que hace. Ahora la gran duda es si el público fue realmente estúpido y no captó esa jugada pifiándolo por no ser literalmente entretenido ni estar a la altura de los otros humoristas, o el público fue astuto y lo abucheó a propósito para seguirle el juego, demostrando que fueron también partícipes de su sarcástica rutina. A juzgar por el público en su mayoría acéfalo oyente de reggaeton, me inclino más por lo primero.

sábado, 27 de febrero de 2016

Esa inquietante tranquilidad de los días antes de Marzo, es como la calma sospechosa antes de una tormenta de estrés y de responsabilidad. Pareciera que el sol del Verano conspira para alejarse y de esa forma acabar con toda esa fantasía entretenida de vacaciones. El sol se lleva consigo el tiempo de ocio, los amores de verano, las juergas, los infinitos momentos de alegría y letargo. Vuelve en su lugar el clima cada vez más hostil, y con él, las viejas preguntas que cada año se repiten. Vuelve la pregunta sobre tu futuro, sobre tu éxito laboral, sobre tu madurez de corazón, sobre las etapas quemadas, sobre tu capacidad para vivir, en definitiva, sobre tu utilidad, para demostrarle a tu círculo que con la llegada de Marzo has logrado responder a cada una de esas preguntas con convicción, como Edipo ante la esfinge, logrando así el orgullo de tus seres queridos, el respeto de tus pares y el regocijo de los dioses. Sin embargo, aun en ese momento previo de regreso a lo que llaman realidad (que no es otra cosa que el regreso a la maquinaria de la supervivencia) se puede hacer algo verdaderamente importante, cualquier cosa que no tenga necesariamente que ver con el trabajo y sus derivados, algo inaudito y trascendente en serio, algo que haga de verdad la diferencia. En la búsqueda de ese algo, por inútil e incomprensible que parezca, me esmero cada año. En ese algo está la lucha secreta.

viernes, 26 de febrero de 2016

Dragon Ball





A treinta años de Dragon Ball: La moralidad de Goku en relación a la de Superman recae sencillamente en que fue motivada por un azar del destino. Un saiyajin que naturalmente está hecho para luchar y matar de repente es mandado a un planeta con individuos de bajo poder de pelea para su conquista. Es encontrado por un terrícola y al caerse por un barranco se golpea la cabeza. Entonces borra ese instinto asesino pero sin perder el espíritu innato de lucha. El bien en Goku se debe a una pura cuestión accidental y natural. De ahí su inocencia. No hay un gran relato de educación en ese bien. De hecho, vivió una buena parte de su vida en estado salvaje (después de morir su abuelo hasta conocer a Bulma). Sin demasiada ilustración. Únicamente el roce social necesario para seguir sobreviviendo y, por supuesto, luchando. En Superman, por su parte, el bien está motivado por una cuestión de crianza. Es el código moral aprendido de sus padres adoptivos. Es la clave para convivir con la raza humana. Para sentirse parte de la civilización (debería decir, la civilización norteamericana). Es el disfraz con el cual se siente un poco más hombre que kryptoniano. Es, en definitiva, el disfraz con el cual mantiene a raya ese poder inconmensurable. Por otro lado, Gokú, muy en el fondo, no deja nunca de ser un saiyajin. No usa ningún disfraz. No se oculta. Es simplemente lo que es. Se siente terrícola únicamente por un sentido de simpatía y pertenencia a sus amigos. No defiende la Tierra por el bien en si mismo. La defiende porque allí hizo su vida. Porque allí fue donde aprendió a ser lo que es. La inocencia del superhéroe japonés que solo quiere luchar por el entusiasmo mismo de la lucha, se contrapone al gran panfleto del superhéroe yanqui que lucha por hacer el bien (su concepción del bien) a toda costa. En Superman el argumento casi la mayoría de las veces es enarbolar la bandera del bien y de la justicia. La superfuerza es la gran excusa para esa misión. En Dragon Ball, en cambio, como buena serie japonesa, el argumento central es la lucha. Toda la cultura, toda la emoción recae en ella. La creencia en el bien es solo la excusa para seguir luchando sin fin.

Humor

En todo humor, al menos como yo lo entiendo, hay un atrevimiento, se juega con el límite del respeto al otro y el sentido común. La magia quizá reside en el estilo de ese atrevimiento. El humor negro que han estado adoptando varios de los humoristas de Viña se apoya en el fondo en esa premisa: hasta donde puedo tensar el límite de modo que se note mi propia astucia, mi propio movimiento. La carta que jugó el primero fue quizá demasiado audaz para el gusto de los presentes. La tercera, Natalia Valdebenito, construyó un personaje abiertamente feminista que ridiculizaba el estereotipo de hombre actual y a su vez reivindicaba un cierto tipo de mujer. La nueva mujer chilena desatada, loca, libre. Aunque la irreverencia por sí sola nunca es suficiente, simplemente como recurso cómico, en un escenario demasiado acomodaticio, ha ganado por estar en boga la desconfianza colectiva contra la clase política, y además, una desconfianza hacia determinados valores que antes se tenían por sagrados. Han querido usar el humor como plataforma de crítica social. Pero también por debajo subyace un hueveo hacia la cotidianidad. Hacia lo que cada quien interpreta como prejuicio. Lo políticamente incorrecto como receta. Como yo lo veo, el humorista en Viña es solo una proyección de un humor transversal, es la propia gente viéndose reflejada y hueveándose a si misma, haciendo catarsis de su propia parodia y de la parodia que es el país en general. Sin embargo, cualquiera que pise la quinta y venga con un discurso así ya se ha prostituido de plano, la crítica se espectaculariza, se vuelve otro brazo del show circense. El bufón hace las veces del espectáculo del rey. Pero lo interesante, lo verdaderamente cómico más allá del show es ese fenómeno virtual que se genera en torno a la polémica, pareciera que se trata del sistema mostrándose tal cual es, una gran apología orgiástica de la banalidad. Son pocos los que al fin y al cabo podrán verlo desde afuera del propio show, los que podrán disfrutar de esa sarta de ridiculeces con altura de miras. Saben que la realidad no cambiaría ni un poquito solo porque Edo Caroe u otro iluminado al uso les diga que todo está mal o que los políticos son corruptos. Se trata de un simulacro de auto critica. De un carnaval bajtiniano en que el "monstruo" juega un poco a sentirse parte de la parodia política en ausencia de sus supuestos representantes. El propio humorista, dentro de la carcajada general, cae preso de la ilusión de su resistencia. De todas formas, para pretenderse humorista negro hay que llegar hasta las últimas consecuencias. Asumir que la risa también puede llegar a matar. Que también la risa tiene su contraparte amarga. Sin la cual nada, en definitiva, daría risa.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Plaza de los sueños

Desde la ventana del cuarto piso se puede ver abajo entre el departamento y el edificio de enfrente un pequeño pasaje con una escalera. Suelen juntarse allí parejas a conversar y a pololear. Con menos frecuencia, grupos. A menudo cuando duermo siesta, tarde noche, los oigo de rebote. Un día, tocaron algo así como un tema rapeado, puteando al sistema, mientras fumaban sus pitos. Otro, un par de testigos de jehová, como tomando sol, descansando luego de una larga jornada golpeando puertas. Bebían agua mineral. Desde febrero en adelante, abundaba lo sentimental. Lo intimista al caer los patos asados. Además, he escuchado más de alguna pelea. Es intrigante ese vaivén del humor del amor. De día, pura chispeante felicidad. De tarde, cuando amanece nublado, cuando todo parece más monótono, y no hay ánimo de panoramas, los nervios aparecen. Reproches, recriminaciones. Una simple disonancia en medio de una balada que vuelve. Cierro la cortina cuando ya he escuchado y visto bastante. Dejo que el día se envuelva en ella. Los rumores del exterior siguen sonando, puertas adentro. Ahora hace poco, tarde noche, lo romántico que aflora. La viva imagen del ocaso, a medida que la pareja de cabros baja la escalera, de la mano. Luego, la aparente tranquilidad. El ruido de autos. Las ventanas que se cierran. Las luces de los postes que se avivan. La cobardía del sol que teme opacar ese momento luminoso, oculto entre dos esquinas. A una cuadra, la llamada plaza de los sueños. Paso por ahí cuando está poblado de parejas. También cuando solo hay soledades. O incluso tarde cuando ya no queda nadie. De todas formas, parece una galería de sueños que vienen y se van. Un espectáculo de asfalto hecho a la medida de la imaginación. El amor visto así se vuelve esa función que solo se observa a distancia, que se disfruta como quien escucha una vieja canción o una obra de teatro callejera. Se vuelve ese sueño insomne que otros viven y que uno solo alcanza a contemplar. Como anónimo transeúnte. Como ciudadano de la abstinencia. El silencio en aquella plaza, solo indica el cierre de la función. Se cierran las cortinas como si ya el show hubiese terminado. Adentro, sin embargo, continúa el rumor de lo que seguirá mañana. Voy más tarde a la cama, esperando replicar al menos una sombra de aquellos sueños. Esperando que la realidad al otro día no me traicione y haga su trabajo.

Sartre revisitado

El infierno somos nosotros.