sábado, 3 de octubre de 2015


Mi viejo mientras escuchaba La Donna E Mobile: "una especie tan deleznable no pudo haber creado algo tan bello. Solo por eso no merece morir". Como Cioran hablando sobre Bach, o el extraterrestre en El día que la Tierra se detuvo. Solo por la música un día libre de trabajo merecemos una pizca de infinito.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

The Martian

Hace pocos días la Nasa anunciaba con bombos y platillos la existencia de materia líquida sobre la superficie marciana y, por consiguiente, la posible existencia de vida. Leo en el enlace de un amigo que ese anuncio podría coincidir con el estreno de la nueva película de Ridley Scott "The Martian", o sea, que sería todo una movida de los publicistas de la 20 Century Fox para promover la película aprovechando el impacto mediático. Antes de eso, buscando algún texto para la lectura silenciosa de mañana, doy con la noticia en el diario. Si llevamos esa lógica hasta el absurdo, tanto la propia película como el hallazgo científico podrían ser un montaje pedagógico para que mañana el curso lea algo novedoso y se digne a prestar atención de una vez por todas (aunque todo sea una falacia y sigamos creyendo que en Marte no hay vida inteligente y aquí sí).

martes, 29 de septiembre de 2015


En todos hay un observador silencioso que pugna por salir al mundo. En el fondo siempre hay una mirada, todo se trata de mirar, todo es cine: el amor, la guerra, los días que pasan, etc.

lunes, 28 de septiembre de 2015


Hemos sobrevivido a las habladurías sobre el fin del mundo. Fábula del mentiroso: cuando realmente ocurra ya no importará, porque la verdad será considerada otra habladuría.


La leyenda decía que los rusos querían teñir la luna de rojo, o que si la mirabas fijamente veías cómo el cielo comenzaba a sangrar, y te convertías en algo completamente desconocido y tu realidad se volvía apocalíptica. Habrá que ver entonces si la vida seguirá siendo la misma el día de mañana.

sábado, 26 de septiembre de 2015


Hay quien decía que se puede escribir absolutamente de todo, desde la última teoría sobre la supernova hasta el precio del helado de tu última cita, desde la última vez que la pieza fue invadida de bichos hasta el último argumento para el Nuevo Orden Mundial, escribir absolutamente de todo, sin pasar por ser un necio o un genio, aun así importan todavía más los cómos que los por qués.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Carpe Diem


Reviso trabajos sobre los tópicos literarios. Uno de ellos sobre el tópico del Carpe Diem llama mi atención. No tanto por un asunto gramatical o académico, sino que por una mera cuestión de impulso estético, de aquella "volada" como llaman los estudiantes y nosotros mismos a nuestra manera. La obra que eligieron para la investigación era la de una escena de La sociedad de los poetas muertos. Predecible pero adecuada. La de la foto de los antepasados que le susurran a los chicos vivir el instante. Revisé si el cuento que hicieron fue copiado. No podía contener la vergüenza. Las musas no siempre nos desconocen. A veces es preciso dejar de lado el libro de clases. Traduzco aquí en el muro el cuento o reflexión sin otro ánimo que ese. Que las líneas nos salven del sentido pedagógico, al menos en lo que dure la lectura:

"Hay veces que me he puesto a pensar ¿Qué sucedería si el tiempo se detuviera? Junto a ello, todos los objetos y personas. Es en ese momento en el cual manteniendo los ojos cerrados, me doy cuenta que en esta circunstancia podría ser yo, no ese “yo” que no es más que un espejismo que todos conocen, si no que mi YO real, aquel que no vive en el mundo “real”, si no que vive en mi universo real. ¿Un lugar perfecto? Me pregunté, una isla, donde pueda estar solo, ¿Qué anti social de mi parte? Bueno, no tanto si lo que busco es ser libre. La soledad es tu mejor compañía, nunca te va a criticar tu forma de pensar, de actuar, de vestir, de oler o tal vez tu peinado. ¿Te imaginas un lugar así? Donde no le rindas cuentas a nadie, donde no tengas que impresionar a nadie, donde puedas actuar con naturalidad, sin temor a lo que puedan pensar los demás, sin una sociedad que te reprima a ser blanco o negro, siendo que entremedio existe una infinidad de tonalidades de gris.
El tiempo toma su curso otra vez, despierto y me asomo por la ventana, a pesar de que esté de día, la noche era lo único que se asomaba, fue entonces cuando me decidí a ir en busca de mi día. Cuando pasó el tiempo, me sentía derrumbado, resignado a que el día que tanto añoré, nunca llegara. Me di la vuelta para observar aquel camino que transcurrí, y en el acto, me llegó un rayo de luz, lo suficientemente fuerte para darme cuenta cuantas personas, lugares, oportunidades, dejé pasar por obsesionarme con ese sol que tanto quería encontrar. Lo más triste de todo, es que me di cuenta que aún no terminaba de abrir los ojos, y ese día que tanto busqué siempre estuvo junto a mí.
Buscando nuevos horizontes que en el ayer dejé pasar, me subí nuevamente al andén, pero cuando llegó el tren, no sabía cómo reconocer si era el mío, y observé cómo las puertas se cerraban lentamente dejando una herida abierta, el tren nunca más pasó de vuelta. En ese momento recordé una frase que solía decir mi abuelo: “A veces, cuando quiero llorar no lloro, y a veces lloro sin querer”. Miré al cielo y marché a mi casa, como ya era parte de la rutina.
Al llegar, entré al lugar más social que conocía, mi espejo, cada vez que me paro frente a él conozco a alguien nuevo. Fue ahí cuando me di cuenta que todo lo que me sucedía era por un temor inexplicable. Solo tenía que cambiar mi mentalidad, vivir el hoy como si no hubiese un mañana, porque podría no haberlo, arriesgarme a tomar el primer tren que pase, si me equivoco no importa, ya tomaré otro. Disfrutar del presente es lo que todos quieren, y no gastaré tiempo a explicar lo que siento a los demás, porque no lo harán, ya que entender un sentimiento es como entender la poesía, tú tienes tu metáfora y yo tengo la mía".

martes, 22 de septiembre de 2015

A pesar de encontrarse en el espejo, permanecer en el reflejo quebrado.
Nadie puede negar que entre nuestra generación y la de nuestros padres hay una brecha importante. Para ellos sin tanto recurso tecnológico ni aspaviento vanguardista las relaciones parecían mucho más estrechas, los compromisos más duraderos, las familias más abundantes y, por supuesto, el proyecto del amor y la procreación todavía concebido como algo prioritario. Para nosotros, en cambio, los hijos de la era virtual y la tecnología, existe un abanico infinito de modos de relación, pero, sin embargo, nuestras relaciones se sienten más efímeras, menos consistentes en el tiempo, más abocadas al instante. Se siente irónicamente un mayor miedo al compromiso, y, por ende, al futuro, pese a encontrarse todo en una avanzada cultural. El impulso de la especie pareciera que anda travestido. Anda pululando cierta desconfianza colectiva, no se sabe si por un cambio de mentalidad o solamente por osmosis. ¿Simple generalización? ¿Problema endémico? No lo creo. Si se habla solo de impotencia personal muy en el fondo se choca con la impotencia a nivel universal. ¿Degeneración o simplemente diferencia? Puede que sea lo que ciertos teóricos, a falta de otro término mejor, llaman modernidad líquida. O simplemente el sarcasmo de nuestra sociedad secular y, de paso, la de nuestros salvajes corazones.

sábado, 19 de septiembre de 2015


En esto suelen oscilar nuestros días: consagrarse en el oficio de perpetuar o superar la normalidad. Se necesita tanto un puro gesto como un temblor para darse cuenta que todo puede llegar a ser una aventura o una burla del destino.