martes, 3 de diciembre de 2024

Arcano frenesí (poema)

El choque de los placeres y dolores del mundo

transmutó neuronas, originó un remolino de frenesí,

aun cuando ya habían puesto punto final,

liquidado el motor de la máquina recalcitrante,

el molino de los instintos, la redundancia industrial de los cuerpos.



Los vaivenes fueron réplicas de un tiempo arcano

Los estallidos se revelaron con aspavientos espectrales

Los símbolos fueron descifrados, libres de toda forma.



La convulsión se manifestó, envuelta de basura cósmica

Eyectó en el papel la materia de sus exclamaciones

Se convirtió en el signo del vacío sideral, indescifrable

Inscrito sobre la totalidad de los seres dolientes.



El universo se volvió, de pronto, un círculo vicioso

En el que el despierto soñó su sueño insomne

y no tuvo lugar nunca más una palabra ni una lengua.

sábado, 30 de noviembre de 2024

Uno se muda de morada como quien se muda de vida. Se dejan atrás muchas cosas, otras insisten en quedarse. En la vieja habitación perseveran los recuerdos y el polvo tras el embalaje evidencia el trajín del cambio. Cada lugar desocupado se impregna de la piel de sus antiguos moradores. Algo de ellos permanece ahí, oculto entre las paredes. El vacío del espacio contiene lo que ya no tiene lugar allí: un hogar, un sueño sublimado en el cuerpo.

jueves, 28 de noviembre de 2024

Se agotaron en menos de una hora las entradas al concierto único de Tool en el Movistar. Tenía toda la intención de ir a este épico recital, pero no alcancé, por la sencilla razón de que me pagarán recién mañana. Recuerdo que en el debut legendario de King Crimson pasó algo parecido: también se acabaron rapidísimo las entradas para el show. De tal padre, tal hijo, dice el dicho. Quedé con ataque, sobre todo porque aquella vez había hecho la fila para comprar la entrada de manera física, en la extinta tienda Hites de Valparaíso. Finalmente, habilitaron un segundo show al cual sí pude asistir, experiencia que quedará para siempre marcada a fuego en mi corteza musical. 

Un compadre, el creador del grupo de facebook "Tool Chile" dijo que quedó con la misma sensación, ahora que vino la banda a nuestros lares. Tampoco pudo comprar la entrada, debido a la saturación del sistema. Frustrado, mencionaba que prefería la "vieja escuela", esa en donde comprar en la fila tenía un valor agregado, cierta emoción, cierta adrenalina, donde había un sentido de pertenencia e incluso se podía conocer gente afín en el momento. Triste por el hecho de que llevaba nueve años publicando novedades en el grupo, esperando por el magno evento, para perdérselo, por una cuestión logística. 

A los rezagados del concierto único de Tool en Chile no nos quedará más que la esperanza de un segundo show, dada la alta demanda y la convocatoria, igual como ocurrió con King Crimson el 2019. "Jesus Christ, why don't you come save my life now?"

martes, 26 de noviembre de 2024

La existencia es un éxtasis

Según Mario Cesar Ingénito, la etimología de “éxtasis” viene del griego "ἔκστασις" (ékstasis), que se compone de "ἔκ" (ék), que significa "fuera de", y "στάσις" (stásis), que significa "estado" o "condición". Se refería a un estado de trance místico, donde la persona está “fuera de sí”. Luego, pasó a significar también un estado de entusiasmo o de goce intenso, de ahí, el nombre de la droga juvenil, y del renombrado “estado extático”. Resulta increíble que "éxtasis" tenga un parecido etimológico con "existir". En ambos, se usa el prefijo "ex" que significa "fuera de". Para el caso de existir, viene del latín “exsistere”, compuesto de “ex” (afuera) y sistere (tomar posición, estar fijo). La etimología es paradójica a la vez que reveladora, por eso para Emerson la existencia es un éxtasis. Sería un éxtasis cristalizado, fosilizado, situado.

Deus in Machina

En la Capilla de San Pedro, Suiza, han hecho un experimento: colocar una figura de Jesús que interactúa con sus adeptos por Inteligencia Artificial y que puede dialogar en más de cien idiomas distintos. El experimento se llama “Deus in Machina”, del latín, “Dios dentro de la máquina”. Los responsables son Philipp Haslbauer, Aljosa Smolic y Marco Schmid, de la Universidad de Artes y Ciencias Aplicadas de Lucerne (HSLU) y el Laboratorio de Investigación y Realidad Inmersiva. Para algunos, supone un plausible nexo entre ciencia y religión. Para otros, menos optimistas, supone alguna clase de herejía posmoderna y transhumana. Los devotos más acérrimos ya han puesto el grito en el cielo. “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”, señalan, citando a Mateo 24:11-25. Más allá de esto, lo que está entre líneas es un mensaje contundente: la IA será la nueva fe. Hay que pensar que cada nuevo avance está programado y tiene un propósito. Se lanzó hace poco un juego de rol donde las IA son dioses. Se llama “Mutant Crawl Clasics”. Retrata un mundo devastado postapocalíptico. Es ese un escenario digno del fin de los tiempos: androides replicantes con voz mesiánica. Los tecnócratas materialistas serán los nuevos sacerdotes. El Dios al que se abocan es un Dios sin metafísica, un Dios demiúrgico. Incluso la ciencia será una fuente de milagros y devoción. Sin duda, ya lo es.

lunes, 25 de noviembre de 2024

Pasé a comprar un par de libros a la librería Martino de calle Victoria. Un par de clásicos, Unamuno y Hesse. No iba a la librería desde mis tiempos de escolar, cuando estudiaba en el colegio que queda un poquito más allá: el San Pedro Nolasco. La librería lleva años y es un emblema de las librerías del plan de Valparaíso. Dicen que pertenecía a un descendente de italiano, comerciante del Almendral, don José Devoto Martino, quién adquirió la librería Vilches para luego cambiarle el nombre por su apellido materno. Desde los años noventa permanece en la misma galería. En cierta forma, volver a comprar allí esos libros fue como transitar un tiempo anclado en la memoria, uno en el que un cabro de Básica salía de comprar materiales para marzo, acompañado de su mamá. En esa época, ya se dejaban ver algunos ejemplares literarios en vitrina. Recuerdo uno de Luis Sepúlveda, "Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar" recién publicado y en venta, mismo libro que luego me hicieron leer para el ramo de Castellano. Hoy, en calidad de profe de lengua y literatura, me llevo "Demian" y "Nada menos que todo un hombre", ya no tanto para plan lector, como para colección personal. La colección de ediciones escolares crece, a medida que pasan los años, los cursos, y a medida que crece la nostalgia.

El verdadero significado de la palabra malaya

Con un colega nos preguntamos sobre un término usado mucho por los cabros en la escuela: malaya, un término abiertamente despectivo que, muchas veces, suelen decirse entre ellos mismos, a viva voz. Casi siempre el "malaya" va seguido de un adjetivo chilenísimo de grueso calibre, como uno que todos hemos usado alguna vez, que termina en madre.

Se advierte que los cabros han hecho suyo el lenguaje "flaite" como una forma genuina y espontánea de comunicarse, sin que exista de por medio, necesariamente, alguna clase de hostilidad. Podría decirse entonces que esa palabra la sienten suya, es su seña de identidad. La han dicho incluso, en ciertos contextos, algunos de los ídolos musicales de estos cabros, sus “referentes culturales”, como un tal Pablo Chill E, siempre con esa carga de denostación en contra de otro, a quien consideran alguien merecedor de toda la inquina.

Por lo mismo, el término malaya se ha vuelto un sello, una palabra recurrente. Sabemos su significado por el uso y por su morfología, pero poco sabemos sobre su verdadero origen. Se dice que "malaya" viene del árabe "malai" (extraño) y se usó primero para referirse a los inmigrantes del Oriente Medio, turcos y sirios, quienes eran considerados "extranjeros", bárbaros, en un sentido injurioso. Luego, habría pasado a llamarse “malaya” a cualquiera que fuera extraño y tuviera esas conductas atribuidas, en un principio, a los árabes.

Es escasa la definición técnica de la palabra en términos lexicológicos, aunque sí hay un diccionario de chilenismos que ofrece algunas acepciones. Entre ellas, destaca como “malaya” a alguien carente de sentido o voluntad propia; también a alguien que no hace bien las cosas o que es considerado “mala gente”, incluso se le puede decir “malaya” a una persona “sin importancia, insignificante, que no tiene ninguna trascendencia y ningún valor”. Sin embargo, la carga semántica del malaya, según se le escucha decir a los cabros, recae, ante todo, sobre una “persona con malicia, malintencionada”. Así, el malaya es arrojado sobre otro al cual se le categoriza como un malhechor, sin medias tintas, de forma categórica.

Hay otra etimología del término que describe al “malaya” como una palabra compuesta que deriva de “mal” (sustantivo) y “haya” (verbo haber). En ese sentido, el malaya pasaría además a significar que “hay algo malo”, o “hay mal”. En resumidas cuentas, algo que está mal, que es, sin duda, malo. El malaya adquiere, de esa forma, aparte de categoría de insulto, una cualidad valorativa.

Se dice que la cosa está malaya, cuando las cosas se precipitan hacia un escenario negativo. Y se dice que alguien es malaya, cuando representa todo lo malo, o sencillamente, cuando ese otro aludido actúa en contra de los valores y principios morales. Es así que, en definitiva, el malaya puede ser cualquiera y puede, a su vez, ser usado por cualquiera contra otro al que achacan ese epíteto.

El malaya permanece (todavía) restringido al registro de habla inculta informal, en su variable diastrática, usado por estudiantes vulnerables y por sujetos vinculados al hampa y a la narcocultura, aunque, de popularizarse, dado su significado, podría llegar a decirse en otros círculos, siempre y cuando su reiteración no sobrepase el campo simbólico en el que se desenvuelve.

¿Será posible que, en algún momento dado, el malaya trascienda su connotación “flaite” y sea luego incorporado al léxico de los chilenos, ya que se estila que el habla transforma la lengua, y que la gramática debiera ser descriptiva y no tanto normativa? Pregunta retórica, pero que ayudaría a repensar el malaya como un concepto en sintonía con los tiempos, una “vibra”, una resonancia de los discursos en circulación, una expresión de cierto sentir conflictuado.

domingo, 24 de noviembre de 2024

Y yo me pregunto, ¿qué hará la sociedad de poetas y escritores chilenos ante la inminente escalada nuclear en el conflicto entre Rusia y Ucrania, que, en realidad, se trata del conflicto entre la Federeción Rusa contra el bloque atlantista occidental? ¿Plegarse a uno de los bandos y dedicarles los más incendiarios versos al bando contrario, siguiendo así la lógica de la división? ¿Desmarcarse para rendirle un tributo poético a la paz (cuando no abunda mucho entre sus lides)? ¿O alentar el acabóse y esconderse bajo un refugio repleto de libros y pegarse la última chimba, la última tertulia literaria, una en donde corra todo tipo de fluidos, y a la que asistan todos, sin lobby, por fin, antes de la noche de los tiempos?

sábado, 23 de noviembre de 2024

IA (el antro del Demiurgo)

Poema pensado para una selección llamada "Covid 1984", poemas todos con temática relativa al convulso devenir sociopolítico del mundo pos pandemia.

IA (el antro del Demiurgo)

Han inventado un nuevo juego
La condición para jugarlo es que no cambien las reglas
Ni tampoco sus jugadores
Será solo tú y un montón de mercenarios
Operadores ideológicos
Disfrazados de benefactores y altruistas
Tendrás que apostarlo todo en ese juego
Tu voluntad, tu consciencia, hasta tu cabeza
Porque no se quedarán conformes
Hasta que apuestes tus redes neuronales
Porque no estarán satisfechos
Hasta cancelar tu aparato crítico
Y quedarse con tu alma y tus entrañas.
IA
IA
IA
La red del juego se extiende hasta los confines
Desde el remoto pasado,
El poder incubó sus engendros
Nobleza negra, Estado profundo
El progreso siempre fue una excusa
Los altos ideales, una transacción
Las revoluciones siempre fueron
El acelerador de partículas del caos,
Condición necesaria de su orden
Su nuevo orden.
Huxley y Orwell escribieron solo el proemio
Para la próxima temporada en curso
Que incluirá ojivas nucleares
Y mentes de ordenador
Conectadas a una idea matriz
Un egregor antiquísimo
Invisible ante los ojos del profano.
IA
IA
IA
Así que inclínate ante tus nuevos héroes
Musk, Gates, Harari, Schwab
Inclínate ante sus nuevas criaturas
Hechas de unos y ceros
Prueba tú también
Ese poder, esa droga mefistofélica
simula la divina creación
y goza con la obra transhumana
diviértete en el antro del Demiurgo.

viernes, 22 de noviembre de 2024

Ente y felino (fábula de terror)

Un pequeño gato caminaba por una calle abandonada. Parecía ser un simple gato callejero, otro más del montón. Sin embargo, no caminaba sin rumbo. Buscaba algo.

“Pobre, pequeño e inconsciente animal”, pensaría cualquier cristiano al verlo, pero el gato estaba completamente solo. 

Caminaba sin parar hasta llegar a un oscuro rincón. Ahí se encontró a un ente apenas distinguible entre las sombras. Lo único visible eran sus cuernos, que parecían estar hechos de azufre. El ente notó al gato y, como si se tratara de una persona, le habló. El gato, por alguna extraña razón, también podía hablar. Estaba sorprendido por lo que había visto, aunque no era tiempo para asombros. Debía seguir su camino.

-¿Quién eres tú?- le preguntó el gato al ente.

-Eso no te lo puedo decir-, respondió.

El gato permaneció quieto, temeroso ante su reacción.

-¿Y qué hago aquí, en este lugar tan feo?-, volvió a preguntarle.

-¿Te refieres a por qué caminas por aquí? Es simple, perdiste algo y lo estás buscando-, contestó el ente.

-¿Y qué fue lo que perdí?-.

El ente se ajustó sus afilados cuernos, mientras sonreía.

-Aquello que te hacía algo vivo, tu cuerpo-, respondió.

El gato parecía realmente confundido.

-¿Mi cuerpo? Pero si ya tengo uno-.

El ente quedó en silencio durante unos segundos. Luego, volvió a sonreír.

-Mi querido amigo, tú has fallecido, y lo que ves ahora mismo no es nada más que una ilusión, una mentira-, contestó, enigmático.

El gato quedó aún más confundido, pero, antes que pudiera responder, el ente volvió a dirigirle la palabra.

-Esto es lo que te hubiera gustado hacer en vida, ¿no es así? -, le preguntó, una vez más.

El ente chasqueó los dedos e hizo aparecer la imagen de un gato muy a gusto con una familia humana. El gato quedó pasmado. Jamás, en sus cortos años de vida, pensó que un hogar de esas características sería lo que más anhelaba, porque ni siquiera pensar podía. Su único móvil, preso de los instintos, era la sobrevivencia.

El gato no tenía tiempo para seguir respondiéndole al ente. Debía seguir su camino, para encontrar eso que estaba buscando. El ente comprendió la situación, y se apartó del lugar donde estaba, mostrando que, detrás suyo, estaba el cuerpo de un gato, ¡Era él mismo!, su cuerpo estaba completamente destrozado y arrollado. Había huellas de un vehículo en su vientre. El gato se quedó horrorizado. Luego, permaneció en shock, completamente en silencio.

-No viste las luces. Ese fue tu destino, querido amigo-, dijo el ente, como si se tratara de una sentencia.

El gato miró su propio cadáver durante largos minutos. Luego, se repuso y se dirigió al ente.

-Ahora, ¿dónde se supone que vaya? -, le preguntó, muy afectado.

-A ver las luces-, respondió el ente.

El gato retrocedió, asustado ante la declaración, que se sintió como una amenaza.

-¿Quién eres?-, preguntó.

-Soy la muerte… pero puedes llamarme mortem-.

-¿Mortem?-.

-Me lo acabo de inventar-, dijo el ente, mientras se guardaba la risa.

-Ahora ven. Ya no tienes que preocuparte por nada. Tu cuerpo no está afectado por el pecado-, remató, con una voz lúgubre.

Aunque el gato quedó, en sumo, traumado con la revelación, sabía, muy en el fondo, que era eso lo que estaba buscando, y que no debía seguir haciendo esperar a la muerte. El gato, luego de acicalarse y quitarse los nervios, simplemente asintió con su cabeza, indicando que estaba listo. Así, fue conducido hacia las alas abiertas del ente, las cuales desprendían un aire tenebroso y una ventisca gélida. Se asustó mucho al principio, pero, al notar que, poco a poco, perdía su centro, se dejó llevar por esa oscuridad, totalmente rendido.

A medida que pasó el tiempo, el gato logró encontrar una remota e inexplicable paz, una que jamás había imaginado. Dejó de pensar y de rumiar como antes. Pronto, una gran mano humana lo acarició sobre su cabeza, lenta y suavemente, y lo condujo hacia el vacío, donde dejó de ser.