domingo, 31 de mayo de 2020

En Chile, la gestión del ministro de salud ha sido duramente cuestionada, sobre todo después de una desafortunada declaración en la cual señala que todas sus proyecciones epidemiológicas se han derrumbado como si fueran “castillos de naipes”; además, ha dicho que desconocía la “magnitud de la pobreza y del hacinamiento” que están viviendo muchos sectores de la población, agudizada todavía más por el problema sanitario. Todas estas señales de inoperancia fueron interpretadas en forma de indolencia por parte de la oposición, incluso desde el propio oficialismo, lo cual ha llevado a generar el debate en torno a la urgencia de las cuarentenas. El gobierno ha procrastinado estas medidas hasta el extremo y ha propuesto, en cambio, retomar poco a poco el hilo de la productividad económica, sobre todo cuando los números de contagiados aún no parecían lo suficientemente preocupantes ni alarmantes. Eso le valió una crítica férrea, en circunstancias de que el Colegio Médico y ciertas investigaciones expertas respecto al avance del patógeno ya habían advertido que la situación se iba a volver cada vez más peligrosa frente a la inminencia del invierno y que, definitivamente, el virus no se iba a volver “mejor persona”. Por ello, el gobierno, un tanto arrinconado, ha salido a desmentir las declaraciones sobre al aumento de contagios debido a los llamados a la “nueva normalidad” y el “retorno seguro”, y se propuso ir estableciendo cuarentenas cada vez más estrictas en sectores estratégicos como la Región Metropolitana y, prontamente en la Quinta Región, buscando de esta manera paliar los errores cometidos y enfrentar el emplazamiento de los sectores más disidentes, los cuales, en su mayoría, claman para que la clase política “salga de su burbuja” y aplique de una vez por todas la cuarentena total en aquellas zonas más vulnerables del país, solo que esta medida saca a relucir, una vez más, el grave problema de fondo: el de la desigualdad en el acceso al empleo y los recursos básicos, porque, desgraciadamente, la cuarentena total, sus consecuencias, no son iguales para todos. Es más, pone en evidencia que, en efecto, las cosas no son así. 

Por otro lado, en Argentina, opositores al gobierno de Fernández, entre ellos, científicos e intelectuales, se han puesto de acuerdo para cuestionar precisamente la cuarentena nacional, el ASPO (Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio), que ya lleva más de dos meses. El cuestionamiento lo han hecho a través de una carta en la que, según dicen, el gobierno ha encontrado en la llamada “infectadura” un relato legitimado por expertos para mantener un estado de cosas que atentaría peligrosamente con la propia democracia del país, bajo el pretexto de la seguridad pública. Desde el gobierno han salido a replicar los dichos de la carta, argumentando que no son pro cuarentena, sino que “anti muerte”, por lo que la cuarentena establecida por decreto es únicamente una medida provisoria. En este punto, el ministro de salud argentino señaló que por ningún motivo se está pasando a llevar la libertad de los individuos, como así lo creen, según él, sectores de la derecha (o, mejor dicho, liberales), sino que se está priorizando el bien común, el derecho colectivo a la vida. O sea, se está planteando un escenario un tanto distinto al chileno en este sentido: mientras que en Chile la oposición llama al gobierno a declarar cuarentenas cada vez más fortalecidas en pro de la seguridad social, en Argentina la oposición está más o menos convencida de que la cuarentena nacional indefinida ha redundado en perjuicio más que en beneficio, y quizá esto se deba a los distintos colores políticos que presiden cada país. 

La cuarentena se ha convertido, a la vez que en una política, en una disyuntiva ética. El quid del asunto estriba en la radicalidad del debate en torno a la necesidad de su implementación. Mal que mal, esta medida juega con un derecho humano intrínseco: la libertad de acción, que puede eventualmente entrar en conflicto con la legalidad y la seguridad colectiva. Pero la interrogante que cabría hacerse, para tantear una posible conciliación, sería la que planteó el periodista Ernesto Tenembaum, muy certeramente en un artículo: cuántas vidas se está dispuesto a sacrificar en pos de las libertades perdidas (tras la debacle).
A ver si entendí bien: ¿unos monos se metieron a un laboratorio indio a robar muestras de sangre de pacientes con covid 19? ¿Y este evento quieren relacionarlo con el argumento de la película 12 monos de Terry Gillian, so pretexto de aunar otro episodio en que, merced a la pandemia, la realidad ha superado a la ficción o, mejor dicho, la realidad ha alcanzado límites que entroncan incluso con la ciencia ficción más distópica? Según tengo entendido, en la película el Ejército de los Doce monos sería inicialmente señalado como el causante del desastroso virus que ha azotado a la humanidad, y por eso el protagonista Cole es enviado desde el futuro para averiguar sobre esta supuesta organización terrorista. Pero resulta que al final se descubre que el Ejército de los Doce monos era una organización animalista cuyo único objetivo era liberar a los animales cautivos en los zoológicos, y el verdadero culpable de desatar el virus mortal sería un asistente del laboratorio de Goines, quien no se encontraba en los registros de los expertos del futuro de Cole. Dado lo anterior, el Ejército de los Doce monos era totalmente inocente de la acusación que se le achacaba. Entonces tenemos que el paralelismo entre lo que sucede en el filme y nuestra contingencia no funciona ni siquiera a nivel simbólico, quizá solo aludiendo al escenario pandémico que ni por asomo alcanza las proporciones catastróficas de la película. ¿No estará siendo leída esta salida de madre de los monos en el laboratorio indio como otro argumento en clave viral para la tesis animalista y, en cierta manera, ecologista, de “el ser humano es el verdadero virus” (que en todo caso debería relacionarse precisamente con el planteamiento del Ejército de los Doce monos en la película de Terry Gillian)? ¿No será el pánico previo sobre esta mala interpretación del hecho ocurrido una nueva excusa para sostener que “los animales le están ganando terreno a los humanos, recuperando lo que les pertenece”?

lunes, 25 de mayo de 2020

Texto de requisito para postular al taller de “Nietzsche, la vida como ensayo de liberación” dictado por Martín Hopenhayn.

Mi interés por el taller pasa por un impulso de releer los conceptos de Nietzsche a propósito de los últimos avatares del nuevo milenio, en específico, el del último hombre, el del superhombre y el de la voluntad de poder, conceptos que, articulados en función de una lectura filosófica de la contingencia, creo que podrían aventurar una hermenéutica profunda sobre la actual condición humana. En tiempos adversos, se ha vuelto imperioso repensar los presupuestos vitales que teníamos por establecidos. Hablo de la moralidad, de la pugna interna del hombre confrontando su escala de valores con una realidad que se le presenta cada vez más hostil. En el fondo, se trata nuevamente del individuo en conflicto con el otro, con la totalidad y su correspondiente abismo. De ese conflicto surgen los móviles que han sido el motor de su propia historia, y que todavía configuran una constante, acaso remotamente un camino de libertad. Resulta arduo, sin embargo, avizorar uno, hoy por hoy, en circunstancias en que la humanidad entera se ve sometida a una nueva plaga, frente a la cual se obliga (o es obligada) a un confinamiento no solo material sino que existencial. Este escenario acaba siendo el escenario propicio para la aparición del “último hombre” y un crecimiento nihilismo que se deduce inmediatamente de un ataque al sistema inmune de la vida, una merma en la voluntad de poder. La idea de liberación debería pasar, en este sentido, por una toma de conciencia sobre la fragilidad de la propia vida, y por una reafirmación de la propia existencia en función de un espíritu de autonomía que pueda validarse no solo más acá sino que más allá de sí mismo, en lo extensible del mundo, en su apertura a la experiencia. Una vía hacia el superhombre no como una teleología sino que como una pulsión de fuerzas creativas, entonces se vuelve un derrotero posible, una oportunidad para invocar los anticuerpos necesarios contra la decadencia biológica, el sometimiento político de las mentes y las voluntades, y la corrupción de los valores metafísicos sobre los que se asienta la civilización occidental, valores que, por supuesto, si no pueden ser superados, siquiera resignificados, una y otra vez, a raíz de esta nueva crisis, corren el riesgo de volverse más empobrecedores, propiciando un estancamiento de lo humano, contrario al devenir orgánico de la vida que, de una u otra forma, siempre consigue ver la luz en medio de la oscuridad cósmica.

Cristian Warnken entrevistó al ministro de salud Mañalich el domingo. Cuestiones que subrayo: 

1.- Mañalich leyó La peste de Albert Camus más de tres veces. Para él, al país le restan dos escenarios posibles a enfrentar: el planteado en la novela, que implicaría "condenar a muerte segura a muchos ciudadanos"; o la estrategia de gobierno expresada en la llamada "nueva normalidad", que implica aislar a la población en zonas donde se sabe hay un mayor riesgo de contagio. En definitiva, muerte o nueva normalidad. 

2.- Se discutía el año pasado respecto a la eliminación del ramo de filosofía en los colegios, y para Mañalich eso está mal. Cree que hay que cavilar sobre qué mundo, y en particular, sobre qué país se quiere después de la pandemia y Carlos Peña debería ser uno de los intelectuales que pueda pensar ese Chile. Son tiempos de pandemia, y a la vez, tiempos de filósofos, repitió enfático. 

3.-El ministro estuvo a punto de morir. De chico sufrió un accidente en el que perdió el bazo y un riñón. Todo lo que vivió después para él es una yapa. Es decir, toda su vida posterior, incluyendo su puesto de ministro de salud en Chile, sería una añadidura, una casualidad asumida. 

4.- Para encontrar el equilibrio interior, el ministro se vuelca hacia la oración, y se confiesa como un “creyente tardío”. Lo más difícil, según él, sería poder "conciliar la fe en un creador todopoderoso con el darwinismo".

jueves, 21 de mayo de 2020

No sabía que Arturo Prat era homenajeado por los navales japoneses. De hecho, figura entre los tres héroes máximos de la historia naval mundial. 

miércoles, 20 de mayo de 2020

Otro cazabulosresultó que al final los científicos de la NASA no han encontrado ninguna partícula de fuera de nuestro universo, y menos han confirmado que provenga de un universo paralelo en donde las leyes de la física marchan en sentido contrario. Es más, ni siquiera se trata de la Nasa directamente, sino que de Peter Gorham, un profesor de física de la Universidad de Hawai y su equipo, quien explicó la probabilidad de haber descubierto un nuevo tipo de partícula, y que, por lo tanto, se estaría ante un nuevo modelo de la física, pero no necesariamente ante la presencia de un universo paralelo. Esta sería más bien una hipótesis planteada por la revista New Scientist a raíz de los estudios de Gorham, pero solo eso: una hipótesis. La tan bullada noticia sería una malinterpretación del Daily Star, medio que comenzó a rodar la bola de nieve, pese a que, de entrada, en el mismo título del artículo que originó todo se revela que es una teoría y que nunca asevera la existencia de nada, aunque tampoco se descarta completamente, y esa es la gracia del conocimiento científico: que no afirma ni niega nada hasta que no se pueda contrastar ni comprobar con evidencias empíricas. Pero resulta curiosa sobre este punto la responsabilidad de la divulgación científica respecto a cuestiones que suelen darse por sentadas y resultar atractivas para la opinión pública. Hasta leí en redes sociales algunos estados que hacían alusión a un posible orden de cosas que fuera en reversa para evitar la crisis sanitaria. Incluso yo mismo me vi citando a Borges con su Jardín de los senderos que se bifurcan para darle un toque cuántico literario al asunto. Sin embargo, como ya dije anteriormente: el conocimiento científico da lugar a la especulación mientras no se tenga certeza respecto a un potencial hecho o descubrimiento, y en esa especulación puede caber perfectamente todo un universo de posibilidades.

martes, 19 de mayo de 2020

Bill Gates, coronavirus y la agenda oculta

“Hobbes dijo que el poder absoluto no proviene de una imposición desde arriba, sino de la elección de individuos que se sienten más protegidos renunciando a su propia libertad y otorgándola a un tercero” La diputada Sara Cunnial en el parlamento italiano, quien acusó a Bill Gates públicamente por delitos contra la humanidad. 


La Nasa ha encontrado partículas de fuera de nuestro universo tras un experimento de detección de rayos cósmicos. Los expertos han dado un paso más allá y aseguran que se podría tratar de un universo paralelo en el que las leyes de la física serían totalmente contrarias a las que conocemos. 

La literatura ya había ofrecido una interpretación de esa posibilidad con Borges en Los jardines de los senderos que se bifurcan. La hipótesis de los mundos paralelos: 

«En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras. En cambio, en la obra del casi inextricable Ts’ui Pên, el hombre opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan» 

¿Será acaso la contingencia mundial una disyuntiva borgeana, legitimada ahora por la ciencia? ¿La posibilidad de la bifurcación cuántica hacia otra dimensión opuesta?

Acaso se avanza hacia el recuerdo,
acaso se avanza hacia el olvido primigenio.

Hambre

La palabra hambre fue proyectada sobre el edificio Telefónica durante la noche santiaguina por el colectivo Delight Lab, el mismo que post 18/10 proyectó la palabra dignidad. Esto, bajo el contexto de una nueva ola de manifestaciones que se dio en la comuna de El Bosque, para denunciar la falta de alimentos tras la implementación de la cuarentena total y la demora en la entrega de cajas con provisiones anunciada por Piñera. El colectivo Delight Lab salió a explicar el motivo de la intervención, señalando abiertamente que el virus ha agudizado las diferencias sociales ya visibilizadas durante el estallido social, y haciendo además un llamado a agilizar las medidas de ayuda a los más necesitados para que no ocurran más protestas en plena pandemia. Estos hechos volvieron a encender el fragor social que había estado contenido desde hace un par de meses producto de la crisis. Por lo mismo, el oficialismo y la oposición han vuelto a enfrentarse. Los del bando oficial han insistido en criminalizar y perseguir a los manifestantes más radicales, querellándose contra los que saquean y alientan el desorden público. Mañalich aseguró que ellos “representan un riesgo innegable para la salud de los otros”, y que contribuyen a la prolongación indefinida de la cuarentena. El intendente metropolitano, por su parte, ha señalado que “el coronavirus está muy feliz de que esas personas estén actuando de esa forma", personificando al virus como un agente promotor de la violencia y el caos que está prácticamente en su salsa para poder extender sus influencias. Desde el núcleo más duro del oficialismo incluso han llegado a sostener que estos tiempos de pandemia han sido una especie de tregua para Chile y que los disturbios de El Bosque son orquestados por sectores de la extrema izquierda para preparar una “segunda ola del estallido social” y formar así un escenario tal que propiciará la caída del gobierno y la destrucción por la destrucción. Los del bando opuesto, en cambio, y fieles a su consigna, ven en las manifestaciones de El Bosque otro síntoma de que las cosas se han vuelto insostenibles dentro de un esquema sociopolítico a todas luces excluyente. Un dirigente vecinal de la comuna así lo expresó: “Cuando se trata de delito de cuello y corbata es un error”. Consideran que aquellas manifestaciones son nada más que la respuesta a la llamada “violencia estructural” propia del sistema neoliberal en Chile, el cual ya ha sido expuesto hasta el hartazgo desde el 18/10 y que viene arrastrando sus fisuras, sus heridas abiertas, sangrantes, desde hace décadas, con la necesidad de empujar un nuevo proceso constituyente, y junto con ello, un ingente cambio en el ethos político y la estructura económica del país. Primero, era la palabra Dignidad como bandera de lucha a raíz de la revuelta de octubre; ahora, la palabra Hambre, impuesta como una denuncia y, al mismo tiempo, un llamado de auxilio en medio de una batahola generalizada. Una proyección que crea profundas divisiones, y que viene a reflejar en parte una condición no solo social, sino que existencial, hoy por hoy, en el adn chilensis. El hambre en cuanto denominador común de un descontento orgánico arrastrado con el tiempo. El hambre que resuena ruidosamente en la intemperie y se deja verbalizar estampada contra la noche, mientras el gobierno llama a mantener la compostura a costa de su propia inoperancia, y el virus aguarda invisible, silencioso, durante los toques de queda, su estampida nihilista.