lunes, 18 de agosto de 2014

Nunca se sabe a ciencia cierta lo que es una idea

Nunca se sabe a ciencia cierta lo que es una idea. Podemos analizar sus condicionamientos, constatar si tienen alguna clase de origen psíquico, social, hasta biológico, pero cuando aparecen lo hacen casi siempre de forma inenarrable, en nuestras horas de insomnio, en nuestro furtivo momento de dispersión o en un derroche de emocionalidad. ¿Entonces qué es precisamente una idea nueva? No cabe otra cosa que invocar al mito: o las ideas son creaciones románticas del intelecto o son un conjunto de asociaciones lógicas de elementos que ya existían mucho antes que nosotros en la memoria colectiva. 

En realidad, hacemos uso y abuso de las palabras sin saber realmente el origen y el significado original, de lo contrario no habría espacio para especular ni divagar libremente sobre nada. De cualquiera forma, las ideas solo pueden estar ahí una vez que han sido expulsadas de nosotros. El mundo nos invade con su ejército de formas. No nos importa el cubo rubrick por la jodida simetría de los colores, porque esa ya fue la idea de otro, sino porque pasó por nosotros en un intento de reinventarlo con nuestras manos. 

Creemos tener muchas ideas, pero si se mantienen en la esfera del ego se limitan a ser parte de una auto complacencia inútil por etérea. Si las ideas no nos atraviesan de alguna forma, las consideramos abortadas de antemano. Es esa la clásica disputa entre la musa y el genio (o mejor dicho, el obrero) que la considera su temporera privada de la creación. Da Vinci decía: “Concebir una idea es algo noble. Ejecutarla es servil”.

domingo, 17 de agosto de 2014

El robo del siglo

El robo de los "ladrones del siglo", pocos reconocen el verdadero arte que hay detrás de una gran acción criminal. No se trata tanto del valor de lo que se roba, ni de qué hacer con el botín, se trata del acto de robar por si mismo, por eso no cabe apreciarlo solamente con los ojos interesados en el dinero. Decía Bertol Brecht: "qué es robar un banco comparado con fundarlo". En definitiva el robo de aquellos sujetos, más allá de si tiene alcances morales o políticos, de si su acción fue digna de Robin Hood, es preciso concebirlo desde el gesto, incluso si se quiere, desde el estilo, puesto que semejante empresa demanda inteligencia, astucia, hasta creatividad. Es el punto en que el robo se vuelve arte, en que es una jugada maestra, un ajedrez oscuro, y se sitúa más allá de cómplices y de victimas. Apuesta por la perfección, quiere pasar desapercibido y al mismo tiempo provocarlo todo. Los dadaístas nos enseñaron que la originalidad es difusa, que hay que volver a las fuentes para constatar que solo quedan sombras. Entonces el robo se vuelve una célula marginal pero necesaria: Es el agente destructor que le permite a sus cómplices experimentar las manchas del guion.

lunes, 11 de agosto de 2014

Qué extraño se siente escribir sobre la morada del ocio y de la muerte

Qué extraño se siente escribir

sobre la morada del ocio y de la muerte,

esa muerte trasnochada y ebria

celebrando la broma viviente que soy,

y es ella la que acabará la broma.


Unas cuantas luces

me llevan a soñar el aburrimiento

de escritura intermitente, de ojos rehenes.


La parsimonia mía,

que intercambia monólogos,

comunicados a la pantalla,

la gélida luz que absorbe y atrapa

la boca que come de tus constelaciones

el satélite bufón de tu astrología.


El juego y olvido de las palabras

la mitología no enseñada,

la analfabeta alegría,

la alegría de atravesar puertas,

de sobornar los agujeros

de salar las equivocaciones

y jamás postergarse a sí mismo.


¿Debo hacer de mi solitario heroísmo poesía?


Cuando me defino asalta la duda,

el yo se presenta cual verdugo

como si fuese hijo del error o la vergüenza

¿Es la vergüenza la que me parte en dos?

¿Es la vergüenza la que redimirá nuestro contacto

Entre pliegues y miradas de infinito?

¿Es la vergüenza misma ese infinito del que me hablabas,

Esas tardes en vela, de sabor amargo?

No: es solo aquello que envolvías celosamente

para regocijo de tu espíritu caprichoso


Nuestras palabras dichas en el vacío

Ese montón de energía funeraria

¿tuvo algún sentido para nosotros?

Fue solo el juego de niños cósmicos

dentro de una fiesta de caos

Entonces ¿Para qué el sentido?

La conmoción podría ser la respuesta,

La conmoción del peso de las palabras

que se masturban en caverna

ante nuestra propia ausencia y presencia.


Así, en esta jornada de sentidos y contrasentidos

me trago el orgullo y puedo decir

que gracias a la bendita existencia

me declaro el héroe de nada y de nadie

y puedo acabar de derramar la tinta

el líquido sobre relatos que aún no existen.

Luego, me vuelvo frenético,

el signo interrogativo para amigos y enemigos.

En especial para todo y todos,

no saben separar entre figura y genio,

y ya no se puede ser uno sin el mundo

luego escribo, muero y el misterio subyace.

miércoles, 6 de agosto de 2014

“Vengo de una raza notable por la fuerza de la imaginación y el ardor de las pasiones. Los hombres me han llamado loco. Lo cierto es que aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche. Diremos pues que estoy loco. Concedo por lo menos que hay dos estados distintos en mi existencia mental: el estado de razón lúcida que no puede discutirse y que pertenece a la memoria de los sucesos de la primera época de mi vida, y un estado de sombra y duda que pertenece al presente y a los recuerdos que forman la segunda era de mi existencia. Lo que pasa es que soy muy feliz en la duda y en la sombra” A. Caicedo.
Resulta una realidad que quienes promulgan dejar las posesiones sean siempre quienes precisamente las poseen. Son los privilegiados que romantizan e idealizan la pobreza como un valor en sí, hacia una suerte de cinismo al uso, de vestir harapos conceptuales y teorías sobre el desprendimiento que solo corresponden a una ambición disfrazada de modestia. Es el pensamiento de lobo hablando el lenguaje de las ovejas. Allí encontramos a muchos gurúes y lideres de lo "espiritual". 

Los necesitados autenticos no pueden darse el lujo de "desprenderse" de nada. Al contrario, quieren volver a "aprehender" la vida. Camus decía al respecto: "Es un tipo de esnobismo intelectual lo que hace a la gente pensar que pueden ser felices sin dinero". Estos son los nuevos "pobres", que ensalzan la pobreza a categoría de mito o de fenómeno, pero que, en el fondo, no quieren serlo. Son las nuevas ratas de la inconsecuencia. 

El auténtico no pensará dos veces en salir y enfrentar al mundo, solo y contra todo. Quizá Aniceto Hevia, en Hijo de Ladrón, sea un retrato hablado: "Cuando fui dado de alta y puesto en libertad, salvado de la muerte y de la justicia, la ropa, arrugada y manchada de pintura, colgaba de mí como de un clavo. ¿Qué hacer? En verdad, no era mucho lo que podía hacer; a lo sumo, morir; pero no es tan fácil morir. No podía pensar en trabajar -me habría caído de la escalera- y menos podía pensar en robar -el pulmón herido me impedía respirar profundamente. Tampoco era fácil vivir. En ese estado y con esas expectativas, salí a la calle". 
-Está en libertad. Sol y viento, mar y cielo. "

viernes, 1 de agosto de 2014

Se escribe al comienzo y durante como puro impulso, ánimo de seguir. Se deletrea la ficción a costa de provocar un club de fanatismo y de inquisición. El resto que se gesta a partir del famoso "oficio" (la mayor capacidad, lecturas, conocimiento) se da en el camino, entre los ripios, entre los errores. Hay una manía por "escribir bien", que deriva de una exigencia canónica o lo que llama Bloom, angustia de la influencia. “La literatura puede servir como ensayo para aprender a desleer un mundo", pero las definiciones no importan mucho, si lo que se desarrolla en la práctica es indeterminado. La critica academicista, abogados del diablo, no debiese desalentar a los aficionados. Si tu novia te anima a seguir, el resto importaría poco, o como algo anecdótico, pero no determinante. Se arman una serie de cofradías, de pequeños santuarios o antros de lectura. Ya no se aspira a un paradigma, es preciso conocerlo. Lo que se hace en la práctica es más bien una necesidad compulsiva, una forma de extirpar el órgano de las significaciones.

Enseñar lengua

La poesía como zeitgeist. Cada época con su propio aliento, pero allí aguarda algo que lo atraviesa todo. Es mutable, siendo el lenguaje solo la expresión de esa ¿energía? ¿razón? ¿música? En ese vaivén, el espíritu de la lengua no ofrece tregua. Por lo mismo, Aristóteles hablaba de la poesía como universal, al hablar de lo que podría ser. Es, en el fondo, el principio histórico de que la poesía atraviesa como lanza todos los corazones del tiempo, más allá del lenguaje y de las circunstancias, del llamado contexto de producción, en términos escolares.

Tiene que ver con el grado de universal de cada voz poética. Vallejo hablando del dolor, Holderlin de la alegría. Son tan imperativos ahora, como en aquellos momentos, a pesar de, o precisamente, por esa diferencia vital de origenes y ocasos. Pero reinterpretar su poesia, a partir de esa curva de tiempo, es tambien todo un desafio. Por lo mismo, no me cabe en la cabeza aquella didáctica antojadiza que recurre a una enseñanza cronológica de los autores, como si fuesen almas en pena que, de repente, se invocan en la sala de clases, y que los alumnos deben repetir para nutrirse prácticamente de esa "sabiduría", de ese espíritu letrado que ellos, como cajas vacías, no poseen ¡Se trata de despertar al Vallejo y al Holderlin en cada uno! provocando, a fuerza de sangre, esos sentimientos, a raíz de la lectura, de otra forma no podrán identificarse jamás. 

El error está en situar a la poesía como un trampolín social, como un ideal de sublimación. La poesía es ahí ahora y siempre, de lo contrario, será mejor que la eliminen definitivamente del abstracto panóptico curricular, y volver a la escuela normalista del lenguaje como producción en serie.

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Una especie de ética incómoda aflora en la cabeza del profesor de lengua que, al mismo tiempo, tiene ciertas pretensiones poéticas: no puede simplemente aspirar al espectáculo social y mercantil de la poesía, o peor aún, sentirse parte del grupo de pequeños mesías jóvenes de la literatura "posmo" y ver, por otra parte, el evidente déficit de lectura y la indiferencia hacia escribir que demuestran sus alumnos. País de poetas, ¿pero para quiénes? ¿Leerán tus alumnos alguna vez esa producción, con algún gesto de identificación verdadera? ¿Para quién escribes? ¿Quién te lee? Preguntas del millón.


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¿Cómo se supone que pueda aplicarse la enseñanza de la literatura, si gran parte de los estudiantes, con una mezcla entre desidia e impulsividad, demuestran que no solo no saben leer, sino que simplemente prefieren no hacerlo? ¿Cómo enseñarles que leer es gratificante o, al menos, útil para todos, cuando, en el fondo, se está de acuerdo en que leer no es un asunto de vida y muerte, sino que una elección personal, exclusiva, muchas veces accidental? ¿Es la literatura de verdad enseñable, cuando como mucho acaba siendo escrita y consumida? ¿Es posible inculcar esa "pasión" a todos? Todavía lo ven desde la utilidad, desde la identificación, y eso está sujeto al contexto. Que la letra entre con sangre resulta tentador, pero siempre se confía en que los estudiantes acaben cumpliendo el sueño del constructivismo: que todos somos lectores en potencia, arquitectos del significado (por supuesto, soñadores que ni han pisado aulas chilenas) ¿cómo se supone que los alumnos construyan significado si no hay garantía de que mantengan siquiera la atención de la clase? como mucho leen para salir del paso, amparados por un curriculum invisible. Hay que cargar con una fe y una paciencia a priori, de lo contrario se oscila siempre entre el desencanto y la utopía.


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En sala de profesores, mientras los colegas ya hablaban sobre adonde irían a viajar para las próximas vacaciones, agarré un libro que estaba botado sobre Miguel Hernández, "El oficio de poeta". Como una suerte de broma pedagógica, el epígrafe rezaba: "En igual forma como se fajan los miembros del niño desde la cuna, es necesario también desde la primera juventud, fajarles también la voluntad".

martes, 29 de julio de 2014

Trascendence: Fausto revisitado

Vi Trascendence: la idea de una super inteligencia que por medio de la tecnología intente emular a Dios, fábula archi conocida. Se trata más bien de un reciclaje del mito de Fausto, el deseo ilimitado de conocimiento a cambio de la servidumbre a un demonio en su sentido clásico, es decir, a una entidad externa. En este caso, Johnny Depp el genio científico adquiere super conciencia por medio de una red virtual a cambio de que pierde su condición humana. La clave está en la pregunta que Morgan Freeman le replica: "¿cómo saber si tienes conciencia de ti mismo? ¿acaso la tienes?". 

El problema del argumento reside en que mientras más "trascendencia" adquiere el genio, es capaz de religarse con el todo replicando además aquello que él fue, pero perdiendo en ese proceso la subjetividad. Es el relato de la magia hermética pero computarizada: "el mundo como una red mental". Sin embargo, el precio de ese poder y esa visión es siempre la soledad. 

A fuerza de volverse una pura conciencia, Johnny Depp se vuelve impersonal, abstracto, mente que no vive porque ya no experimenta, simplemente lo sabe y lo domina todo. He ahí el error de la película. Si ya trascendió su condición humana, ¿por qué sigue atado a reglas morales y a emociones terrenales? ¿qué le impide someter al mundo y no auto destruirse? 

La metáfora del a-mor como la verdadera "trascendencia", por su parte, acaba siendo la fábula platónica de los seres que se sacrifican para permanecer juntos. Es la típica vía del sentimiento como redención. Pero en la película el genio absoluto demuestra que su capacidad para estar en todos lados y saber todas las cosas le resta la exclusividad del corazón que la mujer científica le reclama. 

En su expansión artificial, Johnny Depp, el genio, pierde en intensidad, es la maldición de la técnica, imita y reemplaza pero falla en crear, falla en la poiesis, el hombre falla en su intento de ser dios pero gana precisamente liberando en forma de canto trágico aquella frustración contra la inmensidad. Faltó esa catársis, se obsesionaron con la tecnología. A mayor conciencia, menor pasión, ese parece ser de manera rústica el mensaje de la película.

martes, 15 de julio de 2014

Estuve leyendo un artículo en un blog de un escritor español llamado Neorrabioso sobre la denuncia que recibió de parte de Roger Wolfe por copiar su material impunemente en la red (con miras a difundirlo por supuesto). Wolfe le envió una amenaza explícita acusándolo de pirata. El escritor argumenta que lo que hace no es ningún delito, porque mientras no gane dinero con lo que hace , al contrario, le hace un flaco favor al autor en difundir una obra en línea gratuitamente. Es prácticamente el mismo dilema que con la música. Neorrabioso señala sin embargo que en el caso de la música la mayoría va a preferir escuchar un tema en mp3, en cambio, con la escritura, todavía el papel, el objeto libro, tiene peso (en sentido literal y figurado) frente al formato virtual -digital. Según Neorrabioso, Wolfe cae en el patetismo de reclamar derechos intelectuales contra un pobre navegante de blog que vive con los bolsillos vacíos y con suerte tiene para comprar un par de libros al mes. Él solo desea transmitir un poco de lo que sabe y ha leído. Es el vicio en el que caen muchos autores: solo por la vanidad de ver su nombre impreso se creen con el derecho de reclamar exclusividad y propiedad como burgueses del lenguaje, cuando en la práctica, y sobretodo en Chile, se sabe que el público objetivo es algo absolutamente difuso y el déficit en el hábito y comprensión lectora una realidad.


viernes, 4 de julio de 2014

Cuando los físicos cuánticos hablan del principio de indeterminación, bajo el cual no es posible determinar el estado de la materia en un punto fijo, en realidad están aludiendo, mediante un lenguaje positivo, a aquel devenir que los presocráticos ya habían postulado, en Tales con el símbolo del agua, y en Heráclito con el del fuego.

Heisenberg explicaba que los átomos no son cosas, son posibilidades de la conciencia. Es la deriva científica para concluir que nada se toca con nada, y que, en el fondo, las relaciones no son sino posibilidad, exceso de energía desfilando inexistente. ¿Cuánto de eterno hay en esa gran sinapsis de las emociones? En este punto, los científicos develan con un lenguaje prosaico unas cuantas verdades poéticas. De hecho, ya se ha postulado que existen células para cada emoción humana.

Todo está ya en el cuerpo, eso lo sabían los irracionalistas, dispuesto para la ficción y para el simulacro de las relaciones humanas. Por eso mismo hay energía, gratuita, doliente, ilimitada: o dejamos que haya espíritu, haciendo que nuestras experiencias tengan lugar en el mundo, o caemos en el nihilismo de los átomos que nos componen y que no se tocan jamás.

Nuestro amigo John Keats, el poeta cuántico, lo expresa con mayor vehemencia: "no retengas un átomo de un átomo o me muero, o si sigo viviendo, sólo tu esclavo despreciable, ¡Olvida, en la niebla de la aflicción inútil, los propósitos de la vida, el gusto de mi mente perdiéndose en la insensibilidad, y mi ambición ciega!"