La pregunta parecía simple pero no lo era ¿cómo enseñar poesía a los cabros sin caer en el desencanto y el aburrimiento? ¿cómo explicarles que no es una cuestión lejana ni rimbombante sino que una cuestión cotidiana, incluso demasiado próxima? Algunas de las técnicas enseñadas en aquel taller tenían por nombre Bola de nieve y Avalancha. Cuando los colegas ponían en práctica la Bola o la Avalancha en el papel, tomaban palabras al azar puestas ahí originalmente por el abecedarium dictado en la pizarra. Lo hacían de tal manera que ese menjunje de palabras fuera cobrando una forma y una estructura determinadas. Pensé de inmediato en los clásicos ejercicios dadaístas. La escritura incomprendida de estos poetas kamikaze, vuelta luego una estrategia didáctica al uso (y a veces abuso) de las nuevas generaciones de escribientes. Incluso el propio cut up de Burroughs, la escritura automática de Bretón. Cuántas otras técnicas, nacidas como proyectos de avanzada para luego acabar en la hoja y en la mente de algún cabro diletante de la poesía por salvaje costumbre o simplemente por una osmosis inexplicable. La cosa era que en el taller se trataba de soltar la mano, de desenredar la lengua. El derecho a la educación, según los dichos de la propia tallerista, era a fin de cuentas equivalente al propio derecho a la expresión. Y el asunto consistía en encontrar a como dé lugar la manera de ir metiendo la poesía en ese corsé curricular, que solo sabe de contenidos funcionales y objetivos especulativos. Todo se resumía en cómo volver necesario algo en apariencia tan inútil como la poesía. Acaso lo más inútil, en una sociedad que reclama a gritos cualquier clase de retribución o negociación. Muchos estaban de acuerdo finalmente en que debía hacerse necesaria (la poesía) en conjunto con la música, la lírica o el desenfado de una melodía furiosa, propiciando el ritmo, contagiando el sentido. De esa forma, luego de una serie de actividades comprometedoras, el taller remataba con el ejercicio meta poético de la propia lectura, la propia exposición de los colegas frente a los otros en un espectáculo activo y pasivo, no sin cierto coraje, miedo o vergüenza. El clímax de la situación apuntaba al hecho de que todos allí, aficionados a la palabra, podrían hacer plausible esta posibilidad en un contexto real de abulia o desinterés generalizado. Pero eso, como el propio ejercicio de la escritura, no podría saberse sino hasta el enfrentamiento de las ideas con su correspondiente realidad. La poesía podría estar allí, en ese hipotético e imaginario escenario ideal, pero también podría estar perfectamente, y con justa razón, en otra parte, remota y todavía desconocida, abierta al límite infranqueable del aprendizaje
viernes, 3 de noviembre de 2017
jueves, 2 de noviembre de 2017
miércoles, 1 de noviembre de 2017
“Fue importante en mi vida como estudiante, porque era una persona distinta: Tenía un carácter extraño. No era una persona que destacara, no era un gran alumno, no era un gran líder. Pero tenía algo muy especial, una riqueza espiritual” Sebastián Piñera, hablando sobre su antiguo ex compañero del Verbo Divino: Rodrigo Lira.
Vuelvo a la pieza luego de un miércoles con onda dominical. Ya no digamos que vuelvo a casa. Sería mucho decir. La pieza tal cual. Con la cama deshecha, con unas cuantas cuestiones sin revisar, y con la ventana semi abierta a través de la cual había caído algo de agua sobre el velador. Ese pequeño charco sobre el velador refleja el exterior de la pieza, pero a la vez se posa sobre el interior. No refleja otra cosa que el punto intermedio entre esa humedad poblada al aire libre y esa sequedad puertas adentro en la que con suerte caben los libros, la ropa y la falta de vergüenza. Nada de lo que he descrito en rigor me pertenece. Nada en estricto rigor es mío. Ni siquiera ese pequeño charco de agua producto de la entropía inevitable del medio ambiente. Como mucho solo su reflejo sobre mi persona, y un par de recuerdos desventurados en el bolsillo del pantalón.
Rumbo a Viña, casi al llegar a la Torre Barón, una montonera de pancartas presidenciales, puestas ahí al lado de donde pasan los autos, a modo de aviso publicitario. Justo a un costado de ellas, bajo la carretera de Av España, un grupo de clochards, de vagabundos anónimos se guarece del frío y de la intemperie, instalando incluso carpas y colchonetas. Se divisaba a uno de los más desprendidos sacar la pancarta en mejor estado, arrastrándola con cuidado a través de la carretera, procurando ilusamente no ser visto. La acomodó de tal forma que le sirviera de abrigo, antes de que acabase el período eleccionario, y antes de que la acción del viento y la velocidad de las máquinas acabaran por liquidarla.
martes, 31 de octubre de 2017
95 tesis
Un día como hoy, hace 500 años, se dice que Martín Lutero fue a las puertas de la Iglesia de Todos los Santos, de Wittenberg, y clavó allí sus 95 tesis contra la indulgencia católica que iniciaron la reforma protestante. Había establecido que la única forma de lograr la salvación era la fe, -su interpretación personal- y que el comercio de “bonos” que asegurasen el ingreso al cielo ponía a la Iglesia al mismo nivel de un burdel. 500 años después de la reforma luterana, los burdeles siguen siendo lugares decentes.
Decían en La Ritoque que algunos creyentes iban a velar a sus muertos en la víspera del día de todos los santos (traducido en inglés como "All Hallows Eve"), el 31 de Octubre en la noche, precisamente el momento que se asocia, desde el culto celta, con el renacimiento de los espíritus tanto buenos como malos. Rito católico contra tradición pagana. O tal vez, ese contra sea solo superficial, y los muertos no sean sino una proyección paranormal de los propios miedos de los mortales. La vida no sería para ellos sino una oportunidad para conspirar en medio del desconcierto general. Decían además en la radio que ciertos laicos no entendían el misticismo de la cuestión pero, en cambio, no discutían la existencia de la celebración masiva, adoptando el feriado con total conformidad y sumándose a la orgía consumista de la noche de brujas. Cosmovisión religiosa y perspectiva secular. Ambos juegan, en resumidas cuentas, con la misma piñata, porque cada quien agarrará del suelo su propia ración de sentido, aunque no fuese para otra cosa que para las mismas tonterías y travesuras. Unos velarán a sus muertos en un acto de genuflexia sublime y aparatosa. Otros simplemente enarbolarán su propio hedonismo una noche en que para ellos la existencia de los santos y los muertos justificará para siempre su aburrimiento resucitado.
lunes, 30 de octubre de 2017
Hay cosas sobre la polémica declaración de independencia de Cataluña que me quedan dando vuelta:
1.- El carácter legal o ilegal del proceso eleccionario de los independentistas. (Considerando que toda revolución deba encontrarse por definición "fuera de la ley").
2.- El espíritu reaccionario de los "unionistas".
3.- La frase original de Josep Pla escrita en su Cuaderno Gris: "lo que más se parece a un hombre de izquierdas en este país es un hombre de derechas", intervenida y editada luego, a raíz de la contingencia, como "no hay nada más parecido a un español de derechas que uno de izquierdas".
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