domingo, 20 de abril de 2025

Apuntes y reflexiones sobre el símbolo de la cruz y el símbolo del huevo

¿Cuál es la relación entre el símbolo de la cruz y el huevo? ¿Cuál es la relación entre la crucifixión y la resurrección de un hombre al que llamaban el Mesías y de quien se decía que salvaría a la Humanidad? Se preguntarán los ateos más radicales y los positivistas más escépticos. Difícil responderlo si aún creen en el prejuicio de Augusto Comte sobre la era mítico-teológica como era superada por una presunta "Religión de la Humanidad", en donde no cabe ni una remota idea de lo inmaterial, ni el espíritu ni Dios. No es tan difícil de entender, si se abre la mirada hacia lo metafísico y hacia lo que se considera sagrado. Nuevamente, si se reconcilia lo humano con lo divino y se mira desde un prisma simbólico, más allá del dogma de lo evidente y lo medible. Hay que ir un poquito más allá de la materia.
En primer lugar, el huevo. El huevo conforma una metáfora arquetípica, encierra la creación y la renovación constante. Significa el inicio, el renacimiento de una vida no solo física, también una vida interior. Esa idea estaría presente en varias tradiciones religiosas, no solo la cristiana, y en el folclor incluso de muchas culturas. Para los indios, según el Upanishad, el huevo viene del no ser y engendra los elementos de la naturaleza. Para los egipcios, el signo del huevo era la potencia de la vida. En las tumbas de Beocia, por otro lado, fueron descubiertas algunas estatuas de Dionisio con un huevo en la mano. En ciertos países de Europa, se decía que los campesinos comían huevos después de sus labores agrícolas, con el fin de obtener buenas cosechas que se asocian al ciclo de la vida. En algunas tumbas antiguas de Suecia, Finlandia y Rusia, se encontraron huevos de barro, colocados ahí como reliquias que simbolizaban la inmortalidad del alma, envuelta en la materia. Los muertos salen de sus tumbas, así como el ave sale del cascarón. Hay, sin ir más lejos, un paralelismo entre Jesucristo y el ave fénix. Vuelta a la vida desde las cenizas. Milagro viviente.
Recordar a Herman Hesse con su alusión a Abraxas en Demian. "El huevo es el mundo. El que quiere nacer tiene que romper un mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El Dios es Abraxas". Cristo resucitado es esa potencia que rompe un antiguo mundo, es la luz que se abre paso en las tinieblas del ser, es la voluntad misma irrumpiendo en medio de la noche. Un rito similar se puede encontrar en los relatos sobre otras figuras míticas de diversas tradiciones, tales como Osiris (egipcio), Tammuz (babilónico) u Orfeo (griego). Hay un contexto distinto, pero una idea fuerza, un arquetipo idéntico. Por lo mismo, sin aquella dualidad, no era posible la obra. Se necesitaba de la pasión, de la cruz y del encierro, en resumidas cuentas, de la sombra, para completar el ciclo y reconciliar los opuestos en un equilibrio perfecto. Esa danza cósmica de muerte, duelo y resurrección es propia del acto alquímico y recrea la evolución de la conciencia, en todo orden.
“Por el fuego, la naturaleza se renueva íntegramente” era la traducción del INRI colocado encima de la cruz del Nazareno. En el fondo, se trata de una fórmula alquímica. Y no es el fuego físico, es el fuego interior que purga las impurezas del alma para luego purificarlas. Quien se inicia en el misterio, debe morir. Así mismo, el crucificado sacrifica su ser mortal, para pasar por la oscuridad y luego iluminarse y renovarse en una nueva vida. Jung decía: "ningún árbol puede crecer hasta el cielo, sin que sus raíces lleguen al infierno". Y ese infierno puede ser representado como el umbral, "Sábado Santo", el abismo disolvente, el vacío sagrado, el silencio del ser, el limbo entre una antigua forma de vida y un nuevo despertar.
En suma, para la liturgia oficial, la Pascua culmina la Semana Santa con el milagro de la Resurrección (piedra angular de la tradición cristiana), pero para la tradición interior se trata del verdadero comienzo. Quien atraviesa su propio vía crucis, tiene que estar dispuesto a llevar su cruz de manera estoica (Viernes Santo); luego, atravesar su propia "noche oscura del alma" (Sábado Santo); si lo logra, podrá removar la piedra del sepulcro, revelarse y liberarse, trascendiendo las sombras que lo mantenían dormido, en un estado silente (Domingo de Resurrección).
En eso se puede resumir la victoria del Resucitado y el reino del Redentor en los corazones. Para el cristianismo, se establece un nuevo régimen ontológico. Se consuma una escatología y una teleología, fundamentada en la esperanza histórica. Sin ese acontecimiento, nada tiene sentido y todo se reduciría a un nihilismo eterno y a un ciclo sin fin de violencia y destrucción.

sábado, 19 de abril de 2025

El Vía Crucis porteño y la Cruz del Cerro Placeres: un halo de muerte y de misterio

El Vía Crucis porteño, realizado por los vecinos de la Parroquia de Lourdes del Cerro Placeres, cumple setenta y tres años. Cada Semana Santa, se organizan para planificar el recorrido que realizarán. Eligen a los candidatos ideales para personificar a las mujeres piadosas, a los feligreses devotos y también a los romanos. La elección del actor que hará de Cristo tiene, sin duda, un componente ritual. No cualquiera puede emular la obra y hacer el papel de mártir, en condiciones un tanto adversas. Hay que estar convencido y “creerse el cuento”, desdoblarse de manera crística.

Según la propia tradición, la ruta sacra consta de quince estaciones. En la primera, que comienza en Avenida Placeres con San Luis, Cristo es condenado a muerte. Luego, se siguen el resto de las estaciones a través de las calles, en la Universidad Santa María y después se sigue por Avenida Matta, hasta llegar al monumento y terminar en Plaza La Conquista, donde Cristo es crucificado, para pasar a la última estación, donde sale del sepulcro y resucita de entre los muertos, ante la reacción extática de los vecinos.

Junto con la quema del Judas, el Vía Crucis ha persistido y se ha vuelto una recreación dramática en la que la gente del sector crea comunidad. Un sincretismo genuino. Uno de los pocos que resiste, ante la ola disolvente. Hay anécdotas que envuelven la procesión, como el frío que amenaza a los vecinos al anochecer, atmósfera perfecta para el simbolismo del evento. Toda una carga emocional y vital dota al Vía Crucis de un carácter viviente. Los vecinos, por sus testimonios, pareciera que cargan en sus propios corazones un dolor personal que luego subliman de manera catártica a través del acto colectivo.

Hay más. En el trayecto, se encuentran con la legendaria Cruz del Cerro, más arriba de la Santa María. Se dice que dicha cruz tiene más de 115 años instalada allí, por la primera misión evangelizadora que se predicó en el sector, según la propia Junta de Vecinos de la Parroquia Lourdes. Cuenta la leyenda que antiguamente, antes de ser reemplazada por una cruz metálica el año 61, la cruz era de madera, y aparecía muchas veces envuelta en llamas. La gente de la época creía que se trataba del mismísimo diablo, deambulando por la zona, cada vez que ardía, señal de su presencia. Otra leyenda cuenta que, después de la epidemia de viruela y el terremoto de 1906, fueron instaladas algunas fosas comunes en los cerros de Valpo. Una de esas fosas habría sido hecha en los alrededores de la cruz, dotándola de un aura fúnebre, señalando el lugar en donde descansan los restos de los porteños afectados por el sino trágico.

Detrás de cada cruz, hay un halo de muerte y también de misterio. La historia detrás de la cruz de Placeres le inyecta misticismo a la clásica procesión. La vía sagrada de la cruz en el puerto ha terminado, y con ella reposan su alma atormentada los caídos y alivian sus angustias los vivos, en espera del acto final, que luego los devotos porteños celebrarán en grande, con harto pescado, vino y huevos de pascua, el mismo día de la resurrección, completando así el ciclo y la promesa eterna que se renueva año a año.
¿Por qué se puede decir que el cuadro de la crucifixión de Gustave Doré es puro romanticismo? Porque recordemos que el romanticismo busca, antes que nada, remecer la sensibilidad y la conciencia del espectador mediante la expresión subjetiva y el despliegue de la imaginación y la fantasía. Para ello se vale de lo dramático y también de lo ominoso. La muerte de Cristo en la cruz, caída la noche, con una luz celestial e intrigante atravesando el cielo, representa precisamente esa visión romántica.

"Debajo de la imagen se encuentra un pasaje del Evangelio de Lucas, que enfatiza la profunda oscuridad que se apoderó de la tierra durante la crucifixión."



En defensa de Judas

(Recopilación de textos sobre el discípulo elegido)

Mucho hilo que cortar respecto a la figura de Judas: el único apostol traicionero ante los ojos de la Iglesia y, sin embargo, el único elegido que envió a su maestro hacia el camino que ya le estaba designado por mandato divino. Judas el enviado, el verdadero seguidor, el auténtico cristiano, la traición se torna aquí traducción fiel del original. Fue tal su devoción que aceptó escribirse a si mismo en la lista negra de la historia y aceptar la ignominia milenaria que hoy por hoy aceptamos sin mayor reparo. Los móviles de su tan mentada traición son tan difusos como las circunstancias de su muerte ¿Perdió la fe simplemente y, en un acto de egoísmo ateo, lo vendió a los romanos como falso profeta? o ¿Entregó a su maestro porque así debía ser con tal de cumplir la obra redentora que ya le había sido encomendada al mesías? Fue pese a todo algo así como el guardián que hizo lo que tenía que hacer, así como Virgilio acompañó a Dante hasta el infierno para luego reencontrarse con el Paraíso. Sin ir más lejos, considero que el beso de Judas fue quizá el primer acto de vanguardia del que se tenga data.
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La quema del Judas en los cerros, algunas como un deja vu de la infancia sobre las casas ahora hecha cenizas y moneda oxidada. ¿Será que olvidamos ya el precio que pagamos por los ídolos crucificados en la memoria? Algunos de los niños que me recordaban a mí mismo, decían que iban a quemar al polémico discípulo de Cristo para "vengar a los damnificados por el incendio". Qué imagen más bella, y por lo mismo terrible. En el chivo expiatorio de la nostalgia, aquellos niños, a su manera, con un montón de monedas viejas, sobre los escombros, con una lejana vista al mar, crean su propio reino de Dios pagando el fuego con el fuego.
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Una chica en la película "El último beso" dijo textualmente que el matrimonio se inventó cuando las parejas vivían máximo hasta los 30. El jovencito de la película buscaba refugio en ella por su espontaneidad y tentación. Le encontraba la razón más atemorizado que convencido sobre la idea de huir del compromiso con el amor de su vida. Ella le invita al funeral de la muerte de un amigo. Al no llegar se da cuenta de la traición. De una pasión clandestina. Lectura bíblica del filme: El jovencito fue Judas en su miedo. En su deseo de sexo libre de responsabilidad. El último beso puede ser el que desperdicie o corone su suerte. La chica amante, la María Magdalena que solo llama a vivir su pasión, seduce pero huye al menor atisbo de problemas. Solo queda el jovencito con la cruz en su conciencia y su amor, la chica embarazada que ahora le desprecia pero en el fondo no puede perdonarle haber acabado con lo que fueron e iban a ser. Para él en realidad fue el futuro, su incertidumbre, o más bien el compromiso su verdadera cruz, cuando se supone que sea su salvación, siempre y cuando aquel amor no se agote en la pura promesa, porque incluso para eso hay que pagar un precio altísimo: poner en una balanza el tiempo y el orgullo por un fin que se cree absoluto. No importa al fin y al cabo la verdad ni cuánto dure esa promesa. La leyenda cuenta que el crucificado regresa a la vida luego de tres días de silencio y oscuridad. El matrimonio sería entonces el lapso en que se sacrifica la libertad por la promesa de un amor que promete volver y cambiarlo todo, la garantía de un paraíso para el que se hipoteca hasta la palabra empeñada, el triunfo moral del corazón después del luto, la vida y todo lo demás.
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Amos Oz en su novela Judas planteó una idea hasta el día de hoy controvertida: La posibilidad de que el Judas Iscariote de la Biblia no haya sido un traidor, sino que, por el contrario, el mayor devoto de los discípulos, el primer y el último cristiano. La idea de Amos no era someter esa posibilidad a una tesis, sino que desarrollarla de manera polifónica en un libro con una trama que mezclara la novela de aprendizaje con la novela de desamor. Así como Borges en su cuento Tres versiones de Judas, planteaba un giro radical, explicando el por qué la supuesta traición constituía en realidad un hecho necesario para completar la misión de Cristo en la tierra. El libro sobre Judas le valió a Amos el descrédito social en su pueblo de origen. Sin embargo, contrario a lo que se piensa, dijo "sentirse orgulloso" de ser llamado traidor por el simple hecho de oponerse a ideas fundamentalistas. Sin ir más lejos, equiparó la relectura de la traición con la de Max Brod hacia su amigo Franz Kafka. Dijo que si Max no lo hubiese traicionado, quemando sus manuscritos, nadie habría sabido de su obra. Lo mismo se podría decir respecto a Judas y su maestro. Si no lo hubiera entregado a los romanos, no habría habido crucifixión, ni mucho menos, resurrección. En resumidas cuentas, no habría habido obra. El cristianismo como tal no hubiera estado completo sin ese sacrificio. Asimismo, la literatura no sería tal sin aquel acto de "mala fe", sin aquel acto deshonesto pero brillante de la publicación. Amos lo supo y lo llevó hasta las últimas consecuencias, convirtiéndose en el traidor de su cultura, pero a cambio de un prestigio de otro orden. Un oscuro prestigio. Un prestigio literario. Todo escritor que sea llamado como tal por la sociedad, en definitiva, tiene que tener un poco de Judas.
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Quema del Judas en los años sesenta. Cerro Barón. Tengo la impresión de que antes la quema del Judas tenía otro motivo, un motivo si se quiere más apegado a la tradición. Un motivo ceremonial. Se recuerda con nostalgia aquel acto de la quema porque reunía a todo el barrio. El fuego tenía entonces un sentido de destrucción pero también de reunión. La calavera en el muñeco representaba a la muerte. Su quema era un nuevo comienzo. El rito de hoy en día, por su parte, se ha politizado. El muñeco ya no simplemente simboliza la muerte, sino que se identifica con los políticos. En el Cerro Castillo, por ejemplo, queman a Trump. En Venezuela hacen lo mismo con Maduro. Incluso en Valpo queman a Jorge Castro. Las monedas que se desprenden de los muñecos en llamas serían lo que la gente desearía tomar de vuelta. El valor de cambio de sus ilusiones. La politización del Judas, plenamente identificado con el "traidor al pueblo". Se perdió quizá el sentido original, religioso, pero el rito adquirió, en cambio, un significado político. La gente sublima, a través de ese acto simbólico de la quema, la indignación colectiva. No solo se venga de su opositor, sino que también procura incendiar su legado.
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El actor Luca Lionello, que interpretó a Judas en La Pasión de Cristo de Mel Gibson, era un declarado ateo hasta antes de comenzar el rodaje de la película. Cuando este acabó, se convirtió al cristianismo, y no solo eso, también bautizó y confesó a sus hijos. Su personaje traicionó al Mesías en el filme, pero en realidad esto acabó siendo el rito para su conversión fuera de la pantalla. Ya vemos que el celuloide tiene cualidades evangélicas: envuelve tanto a traidores como escépticos.
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La figura de Judas siempre ha representado, para las masas, la figura del traidor. Pero hay quienes sostuvieron, como Borges, que Judas en realidad era el auténtico discípulo que posibilitó el destino de su maestro, sin el cual no habría crucifixión, no habría rito fundante ni cristianismo. No hay que quedarse en el mero dogma. Hay que apropiarse del simbolismo y reencarnarlo. Un ejemplo de esta rica apropiación se da cada año, sagradamente, en la Plaza Waddington de Playa Ancha, desde el año 97, con la clásica "quema del Judas", es decir, la quema del traidor de turno, en torno al cual la comunidad hace catarsis y consagra sus lazos. Recordemos a René Girard, con su libro El chivo expiatorio. Según su visión, el rito del sacrificio sería el mito fundante de las civilizaciones. Si Girard estuviera en Valpo, definitivamente, viviría en la República Independiente.

viernes, 18 de abril de 2025

Gracia y Fundamento (crónica)

Viernes Santo. Era tarde noche. En el escenario de Plaza Victoria, había un coro de jóvenes con música rock pop de fondo, cantando unas canciones cristianas. Una joven directora dirigía la orquesta. Pasé por ahí, antes de regresar a la casa, y me impresionó la gran cantidad de gente que presenciaba el espectáculo. Frente al escenario, había unos puestos en donde se colocaban las personas a cargo del evento. Le pregunté a un cabro que atendía ahí y hacía entrega solidaria de ropa. Me dijo que era un evento musical en espera del Vía Crucis que, en ese momento, venía desde la Iglesia de la Matriz, rumbo hacia la Catedral de Valparaíso. El cabro me entregó una tarjeta en la que decía “Gracia y Fundamento”. Ese era el nombre de la fundación a cargo: Gracia y Fundamento, una iniciativa relativamente nueva que se propone entregar un “mensaje de esperanza, de restauración y transformación a través de Cristo”. Guardé la tarjeta y me quedé un rato a escuchar la música de los jóvenes cantantes cristianos, mientras anochecía en el plan. Al frente, en la Catedral, estaban unas señoras vendiendo ramos y velas, frente a las rejas abiertas, seguramente también en espera del Vía Crucis.

La Plaza Victoria se volvió, de pronto, el lugar en el que los creyentes se congregaron para recrear la procesión y la pasión de Jesús. Mientras tanto, la Plaza se llenaba. Los jóvenes seguían cantando, luego de prenderse las luces de los postes. Una que otra gente casual pasaba por ahí, uno que otro se quedaba a hacer la hora o simplemente vacilaba el ambiente. Unos punkis llegaron y le preguntaron algo al cabro de la ropa solidaria. Se llevaron un par de bolsas, se rieron y siguieron su camino. Se fueron a echar debajo de un árbol. Uno de ellos llevaba el ritmo de la música, meneando la cabeza repetidamente, como en un concierto de hardcore. Las guitarras se volvían un poco más afiladas y los riffs más potentes, pero el tono, lejos de ser agresivo, era más bien solemne, acorde con el mensaje evangelizador. Habían visos a bandas como Stryper, incluso, o ciertos pasajes de Jesucristo Superestrella, ciertos tonos calcados, idénticos.

Todos parecían extasiados, escuchando el despliegue de talento del coro. En eso, un hombre solitario, mal vestido, sucio, seguramente un vagabundo, se levantó y fue donde una señora, que estaba haciendo unos gestos de súplica con las manos, muy compenetrada con el show en vivo. La señora estaba al lado de los guardias del evento. El hombre, insistente, le preguntó a ella si podía ayudarlo, o al menos eso parecía estar pasando, puesto que yo me encontraba a un costado, frente al escenario. Era evidente la incomodidad de la señora y de los allí presentes, ante la insistencia del pobre tipo. Entonces, imbuida por la atmósfera “solidaria y caritativa” abrió su cartera para pasarle unas pocas monedas. El hombre las recibió, aunque no parecía muy satisfecho. Uno de los guardias del evento lo divisó y lo acompañó lejos del lugar, llevándolo más allá del sitio del escenario. Fue en ese instante, cuando estaba cerca del coro, que el hombre se exaltó y movió el micrófono de la directora de la orquesta, para luego apegarse al lado de una cantante, interrumpiendo la música. Un par de guardias fue de inmediato a encarar al hombre, y uno de ellos lo increpó de tal manera que salió corriendo, hasta la esquina de Molina con Condell, cerca del cine Insomnia. Todo ocurría mientras los jóvenes continuaban su coro, estoicos, y entonaban un aleluya seguido de alusiones líricas a la santidad y el amor.

Cuando el hombre vagabundo se alejó, la orquesta se detuvo un momento, para recordar el sentido de la actividad: honrar la obra de Cristo, su sufrimiento que también era el nuestro y el de los allí presentes, la gracia y el perdón que también aguardaba a los desposeídos o a los que perdieron su “norte”, a los que, arrojados a la calle, por destino o circunstancia, se volvieron locos e incomprendidos en su voluntad errática. Un joven del coro comenzaba a decir algunas palabras reflexivas. Se trataba de rememorar la procesión del hombre que era hijo de Dios, castigado por los incrédulos los mortales. La mayoría aguardaba, desde hace rato, la recreación de su llegada, ahí, en la Plaza de la Victoria, frente a la Catedral y frente al retail, aún abierto, durante un feriado renunciable, con alguno que otro comprador impune. La mayoría se quedó, fiel a su convicción, pero luego anocheció, y como aún no llegaba el Vía Crucis, me retiré antes de tiempo. El hambre fue más grande. Ya no había rastro del hombre vagabundo. Su sombra se había dispersado en las calles aledañas. Lo único seguro, a esas horas de la tarde, era la pronta llegada del mártir, así que los porteños, sus feligreses, volvieron a cantar, con gracia y fundamento, como quien espera un milagro encarnado.
“La esencia dual de Cristo, el anhelo tan humano tan sobrehumano del hombre para llegar a Dios ha sido siempre un profundo e inescrutable misterio para mí. Desde mi juventud, mi angustia primera, la fuente de todas mis alegrías y amarguras ha sido ésta: la lucha incesante e implacable entre la carne y el espíritu. Llevo en mí las fuerzas tenebrosas del Maligno, antiguas, tan viejas como el hombre y aún más viejas que éste; llevo en mí las fuerzas luminosas de Dios, antiguas, tan viejas como el hombre y más viejas que éste. Y mi alma es el campo de batalla donde se enfrentaban ambos ejércitos”. Nikos Kazantzakis.

"El crucificado de Nikos Kazantzakis", Antonio R. Rubio Plo

"La última tentación de Cristo fue polémica en los años 80 por la adaptación al cine de Martin Scorsese, fiel a un texto en el que no faltan los consabidos tópicos de la relación de Jesús con Magdalena o de Pablo como inventor del cristianismo. Kazantzakis defendió su libro ante ortodoxos y católicos alegando que, al final, Cristo vence todas las tentaciones mundanas y acepta en la cruz la voluntad del Padre. Sin embargo, su Cristo parece un personaje de tragedia griega, abocado al sacrificio como Ifigenia o Edipo, un Cristo que pretende ser muy humano, aunque se asemeja a un icono hierático.
En contraste, Cristo de nuevo crucificado está más próximo a los rasgos de un Jesús amoroso y redentor. Kazantzakis debió de conocer el relato El gran inquisidor de Dostoievski, en el que Cristo vuelve a la tierra para ser condenado de nuevo por un inquisidor al que le resultan subversivas sus palabras de amor y de paz. Es lo mismo que le sucede a Manolios, un joven pastor de una aldea de Anatolia durante la guerra grecoturca de 1922. Manolios ha sido designado por el pope Grigoris para encarnar a Cristo en una representación de la Pasión, pero nunca llegará a hacerlo en la Semana Santa, pues muere a manos de sus convecinos, instigados por el propio pope, en la noche de Navidad. Esta fecha tiene un alto valor simbólico para Kazantzakis, que entiende que Cristo ha venido al mundo para padecer (...)
Caifás y Pilatos reviven en este Cristo de nuevo crucificado, y esta afirmación de un maestro de la aldea lo resume bien: «Cuando un individuo sufre una injusticia y esa injusticia es provechosa para la comunidad, entonces es justo que aquel la sufra». De ahí que se crucifique de nuevo a Cristo. Con todo, un amigo de Manolios exclama: «¿Cuándo nacerás, Cristo bendito, sin que seas crucificado, para vivir entre nosotros por toda la eternidad?». En esto, precisamente, reside la esperanza de la Resurrección."

"Carl Jung, Cristo, el ave fénix y la piedra filosofal", Alejandro Martínez Gallardo.

"Lo que es importante y significativo para mi vida es vivir con la máxima plenitud posible para que la voluntad divina se cumpla dentro de mí. Esta tarea toma tanto de mí que no tengo tiempo para nada más... Lo que la naturaleza pide del manzano es que produzca manzanas, y en el peral que produzca peras. La naturaleza quiere simplemente que sea un hombre. Pero un hombre consciente de lo que soy y de lo que estoy haciendo. Dios busca la conciencia en el hombre... Este es el verdadero nacimiento y resurrección de Cristo en el interior. Si más y más hombres conscientes alcanzan esto, esto es entonces el renacimiento espiritual del mundo. Cristo, el Logos -esto es, la mente, el entendimiento, brillando en las tinieblas." - C.G. Jung Speaking: Interviews and Encounters with C.G. Jung

jueves, 17 de abril de 2025

“La pasión de Cristo 2″ de Mel Gibson


"Gibson también describió la trama como un “viaje psicodélico”, y mencionó que incluirá elementos visuales y narrativos que llevan al espectador a dimensiones sobrenaturales.
“Creo que para contar la historia adecuadamente, tienes que comenzar con la caída de los ángeles, lo que significa que estás en otro lugar, en otro reino. Necesitas ir al infierno. Necesitas ir al Sheol”, declaró en el podcast."
El Reino Unido acaba de declarar que la definición legal de mujer se circunscribe al sexo biológico. Chesterton dijo: 'Llegará el día que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde'. Ese día ya llegó. Tanto J K Rowling como las "Terf" deben estar celebrando. Vaya paradoja.