lunes, 15 de febrero de 2021

domingo, 14 de febrero de 2021

Un amigo de años, que se hace llamar “el misántropo”, con el que compartimos una visión pesimista sobre el amor y la vida en general, me acaba de contar que su actual pareja tiene dos meses de embarazo. Me confiesa por interno: “La vida me llevó a esto. Nada que hacer. Es un punto de no retorno”. En ese momento, surge la disyuntiva: “¿felicitarlo o darle el sentido pésame”.

viernes, 12 de febrero de 2021

La historia de "La Maje", La viuda negra de Valencia

María Jesús Moreno, “La Maje”, es una joven enfermera española que ha sido ampliamente conocida por planear el asesinato de su esposo, el ingeniero Antonio Navarro. Pero lo interesante es que ella solo sería la autora intelectual, porque quien se ensuciaría las manos sería su amante, Salvador Rodrigo Lapiedra. Este acabó cumpliendo los caprichos de La Maje, asestándole más de seis puñaladas al ingeniero en un garaje en la ciudad de Valencia. Supuestamente, tras el crimen, el amante la “salvaría”, paradójicamente, de una relación tóxica con Antonio. Una vez consumado el hecho de sangre, y en total coordinación, Maje y Salvador acordaron juntarse para deshacerse del cadáver. Todo esto sucedía, en paralelo, mientras Maje terminaba de encamarse con otro amante que ella tenía. Salvador, en tanto, no estaba enterado de que su amada Maje tenía otros amantes aparte de él. 

Según consta en las declaraciones y en los mensajes recuperados durante la investigación policial, Salvador y Maje tenían bastante comunicación, incluso durante el matrimonio de ella con Antonio. Sin embargo, Salvador estaba convencido de que ella se iría con él y formarían una nueva vida juntos. En cambio, Maje le hacía creer a Salvador que era el único, cuando ella había intimado por lo bajo con hasta con tres hombres más. Definitivamente, y de acuerdo a los relatos aportados en juicio, La Maje había conseguido manipular a Salvador mediante el ardid del sexo y la promesa romántica, con el fin de deshacerse de su marido y vivir en plena libertad. (La infidelidad de la Maje habría sido uno de los detonantes de ruptura). Salvador confesó frente a todos su crimen y también afirmó el hecho de que estaba profundamente enamorado de Maje, motivo por el que no logró dimensionar el daño que iba a causar. Salvador, aun teniendo una pareja y una hija, había sido engatusado por las artes seductoras de la Maje y acabó por caer en la tela de araña de la viuda negra, todo lo cual le valió el apodo de “el asesino pagafantas”. 

Posterior al crimen, la farsa de la Maje continuó. Ella asistió al funeral de Antonio, leyendo frente a todos una dolorosa declaración de amor. Mientras tanto, Salvador quería a toda costa concretar su relación con Maje, llevándola a otro plano. Maje sabía del amor que Salvador sentía por ella, por eso mismo, era totalmente manipulable. Le llegó a confesar a una amiga que este hombre le daba asco, pero le había sido útil. Pasaron los días y la vida sexual de la Maje siguió, volviéndose a encamar con otro de sus amantes, a la par que mantenía completamente controlado a su esclavo y sicario Salvador. 

Todos comenzaron a sospechar respecto a la actitud de la Maje. Se mostraba muy fría y apática. Entonces, las investigaciones policiales poco a poco apuntaron a su círculo cercano. Sospecharon de alguno de sus amantes, hasta descubrir su relación extramarital con Salvador. A partir de ahí, sería cuestión de tiempo para revelar el plan que habría llevado a Antonio a la muerte. Por supuesto, y fiel a su psicopatía, Maje culpabilizó de todo a Salvador, negando sentirse enamorada de él. Salvador, en cambio, totalmente ciego, se responsabilizó de todo. Una vez que la situación empeoró, es convencido pronto por su hija y su señora para culpar a Maje, diciendo que ella era el cerebro tras la horrorosa muerte. 

Durante el juicio, se logró comprobar la hipocresía de la Maje y se acreditaron los hechos relatados por Salvador, quien declaró mediante un total arrepentimiento de sus actos. Se les condenó a prisión. Maje servirá 22 años. Salvador, 17. Los móviles del crimen también quedaron aclarados: el dinero por viudez y las ansias de una vida alocada en libertad. Todo eso le costó muy caro a la viuda negra de Valencia. 

Incluso en prisión, el carácter bizarro de la Maje no deja de sorprender. Continúa utilizando el sexo como moneda de cambio entre los reos, con tal de conseguir beneficios. Hasta se llegó a emparejar con un amante pederasta. 

Tal como la viuda negra que al aparearse enreda al macho entre las telas y se lo sirve de banquete, así mismo, la Maje se aparea con los hombres y luego los devora, los manipula o derechamente los liquida.

jueves, 11 de febrero de 2021

La teoría del Iceberg que circula por las redes sociales, revela los secretos profundos de diferentes personajes, franquicias o fenómenos de la vida pública. Así, mientras más profundo se escudriña, se descubren cuestiones cada vez más turbias, llegando incluso a desentenderse del iceberg en sí mismo, para ahondar derechamente en la zona abisal. Esta teoría, por supuesto, no es nada nueva, y tiene antecedentes en la literatura y la psicología, con Hemingway y Freud como sus autores. En el caso de Hemingway, él decía que la gran parte de la estructura narrativa que sostiene los relatos está escondida, “bajo el agua”. Se le expresa al lector solo una parte, la punta del iceberg, pero todo el trasfondo aparece apenas sugerido, oculto o, incluso, nunca se puede llegar a la totalidad de las significaciones o connotaciones, de modo que el lector actuaría como un náufrago perdido en un océano vasto, repleto de peligros y con escasa visibilidad. En el caso de Freud, ya sabemos que uno de sus planteamientos más trascendentes fue la idea del inconsciente, según la cual existen zonas o instancias de nuestro aparato psíquico que están vetadas a nuestra consciencia primaria, y a las cuales no podemos acceder fácilmente. Bajo este inconsciente se encontraría una gran masa informe de deseos ocultos, instintos, pulsiones y recuerdos reprimidos, expresándose de forma errática y esporádica al exterior, en forma de sueños o de actos involuntarios. Ahora bien ¿Cuál es la gracia de esta nueva relectura de la teoría del iceberg que ha estado difundiéndose últimamente? Pues que se basa en los antecedentes de Hemingway y Freud para hacer correr una serie de especulaciones respecto a diferentes cosas, siempre buscando ahondar en el lado b de todo, en las conspiraciones, en las leyendas, en los tabúes, en las sombras. De ahí la idea de la Deep web en relación a Internet, pero esto ha ido un poco más lejos. Se está planteando prácticamente que todos y cada uno de los aspectos de la cultura y la sociedad contienen en sí su propio iceberg y, por ende, su propia fosa de secretos. Es cosa de echar un vistazo a youtube y encontrarán teorías, por ejemplo, sobre el iceberg de Disney, de Google, de series de tv, de videojuegos, de bandas musicales, de marcas corporativas, e incluso de la historia de Chile. ¿Existirá un iceberg para la literatura? ¿La escritura como la transcripción de una “deep web”, una red profunda? Puede que con tanto iceberg se nos congele el pensamiento, asumiendo que lo turbio permanece en el fondo, de acuerdo a ciertas fuentes dudosas, sin constatar suficiente evidencia, pero acaba siendo, después de todo, un ejercicio mental tan morboso como inquietante. ¿Cuál será el iceberg que simboliza, ya no tu inconsciente ni tu relato profundo, sino que tus más oscuros secretos? Hay gente que muere sin revelar su iceberg interior, llevándose a la tumba misterios que nunca nadie podrá dilucidar. Pregúntate a ti mismo ¿sabes toda la verdad sobre tu persona? ¿Existen ahí dentro cosas que nunca le mostrarías a nadie, y que solo tú conoces? Entonces es posible que estés construyendo tu propio “creepypasta”.

lunes, 8 de febrero de 2021

Continuación de conversación con el cuidador de autos


Antes de abrir la reja de la casa, el cuidador me mira desde la calle, me saluda y hace un gesto como de teclear al aire. Me detiene y comenzamos a conversar:


-¿Hizo lo que le dije, al final?-

-Todavía no, he tenido que hacer-.

-Se lo digo en serio, usted puede hacerlo-.

-Demás que sí-.

-Sí pue, no puede ser que se pueda hablarlo y no se pueda escribirlo-.

-Suena lógico, pero hay que ver si me pescan-.

-Pero esos weones van a tener que entender-.

-Uf, ta difícil-.

-Pero si usted es profe. Algo de peso tiene que tener. Imagínese que si le digo esto a esos locos, aunque tenga la razón, no me van a pasar, así de simple, no me van a pasar. Por eso le digo, usté tiene chance-.

-Veré que se puede hacer-.

-Sí pues hágalo, nada que ver que subir pa arriba y bajar pa abajo no se puedan escribir-.

-Estoy de acuerdo-.

-No ve que esto ha servido para instruirse. Y se hizo hace poco. Hay que estar informándose. ¿Usted ya se lo enseñó a sus alumnos?-.

-Aún no. En Marzo pienso hacerlo-.

-Ahí tiene que puro ponerle bueno, y decirles a los cabros que se puede subir pa arriba y bajar pa abajo tranquilamente, jaja-.

-Jajaja sí-.

-Mire, ponga el caso de unos alumnos suyos que coloquen en un prueba que suben pa arriba y bajan pa abajo ¿usted les va a colocar malo solo porque otros lo dicen? Dígame si no sería injusto para ellos-.

-Claro que lo sería, no habrían escrito nada malo-.

-¿Ve lo que le digo? Por eso, métase ahí, insista, hable con esos locos. Tendrán que entender igual.

-Esperemos que entiendan-.

-Si se supone que la wea se actualiza cuando uno habla ¿cierto?-.

-Así es, la lengua se actualiza con el habla-.

-¡Entonces! Ya todos decimos subir pa arriba y bajar pa abajo, ¿por qué no escribirlo también? Nosotros como chilenos tenemos que hacer valer lo nuestro. Así es nuestra forma de expresión-.

-Claro que sí. No puede quedar así esta wea-.

-¡No puede, pue! ¡No puede!-.

(El cuidador alza la voz y me da la mano entusiasta)

-¡Hágalo, profe! ¡Hágalo!

(Abro la reja, me despido a lo lejos. El cuidador de autos ataja el vehículo de un turista que pasa justo frente a la reja).

viernes, 5 de febrero de 2021

domingo, 31 de enero de 2021

En jerga de gamer, siempre hablábamos del jefe como aquel enemigo contra el cual se luchaba para poder ganar una etapa y pasar al próximo nivel. La cantidad de jefes y su nivel de dificultad generalmente iba aumentando conforme se avanzaba en el juego, hasta llegar al jefe final que vendría siendo el archienemigo del protagonista o, al menos, el antagonista de la historia. Esta lógica era muy básica pero increíblemente nos significó horas de vicio, dedicación y compromiso emocional. 

Después nos dimos cuenta que también existían jefes fuera de los videojuegos, allí en los lugares donde se debatía la vida y todos sus calabozos. Eran simplemente aquellos sujetos que estaban dispuestos a derrotarnos o a humillarnos si no sabías cómo enfrentarlos. Había que superarse y ganar experiencia para poder tener el coraje de volverse un oponente digno. Aunque, en dichos escenarios, el jefe nunca se mostraba como tal, y solo lo hacía cuando se veía amenazado o seriamente acorralado.

Entonces, la única posibilidad era adoptar una posición mucho más asertiva. Esconderse si era necesario. Esperar la oportunidad para atacar o simplemente resistirte a las provocaciones, de modo que al jefe no le quedaba otra que mostrarse en su verdadera forma y exponerse. Había un triunfo después de esa hazaña, pero no un triunfo total, a lo sumo, una victoria pírrica. Pasábamos a otro nivel, tal vez, pero no garantizaba que saliéramos del calabozo ni mucho menos que ganáramos el juego. Es más, los jefes de la vida real encontraban la forma de hacernos ver que derrotarlos no significaba nada o que, incluso, su derrota en sí misma implicaba la nuestra. 

De esta forma, comprendimos que aquellas horas interminables de simulación nunca nos prepararon de manera óptima para el macabro y enrevesado juego de la vida. Siempre había que improvisar sobre la marcha, tratando de armar mapas en la cabeza, con los pocos puntos de experiencia que íbamos sacando a raíz de los múltiples errores y desaciertos, creyendo tener una consola en nuestra mente y un control que nos permitiera conocer todos los patrones y combinaciones posibles con solo pensarlos, pero el jefe de la realidad siempre se nos adelantaba, de alguna forma. Había que ser como él o derechamente plantearse la posibilidad de que el jefe final fuera uno mismo, y no existiera otra salida del calabozo que la resignación o el autosabotaje. Pero entonces recordamos que la partida, en ese plano, puede repetirse constantemente, sin llegar a morir, y el juego puede darse vuelta, una y otra vez, sin que eso implique su total agotamiento.

sábado, 30 de enero de 2021

Serie libros prohibidos: "Deshumanizando al varón. Pasado, presente y futuro del sexo masculino" de Daniel Jiménez (extracto)

Lo perverso de insistir en que los valores tradicionales fueron una creación masculina es que solemos tener menos simpatía hacia quienes consideramos únicos responsables de su propio dolor, algo necesario para dar la espalda a problemas de enorme magnitud mientras se mantiene una conciencia tranquila. La resistencia al cambio de terminología, si alguna vez hay riesgo de que ocurra, será feroz, y la razón podemos encontrarla en el ensayo de Umberto Eco, Construir al enemigo: “Tener un enemigo es importante no solo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor. Por lo tanto, cuando el enemigo no existe, es preciso construirlo.” Que la palabra patriarcado, como se emplea en la actualidad, sólo invoque connotaciones negativas muestra que no se trata de un término científico, sino puramente ideológico que se corresponde con la imagen del enemigo. Al fin y al cabo, siguiendo la definición feminista en que todas las sociedades son patriarcales, se podría atribuir al patriarcado la creación de la democracia, la libertad de expresión, el Estado de derecho, la libertad religiosa, la libertad de prensa, los derechos humanos, infinidad de avances médicos y científicos que han mejorado la vida de millones de personas, o el enorme progreso conseguido en los últimos 200 años con respecto a la reducción de la pobreza extrema, entre otros campos. Sin embargo, el término se encuentra invariablemente empleado en un contexto negativo que sólo contempla la peor cara del sexo masculino, y se considera necesario derribarlo a cualquier precio.

viernes, 29 de enero de 2021

Friedrich Nietzsche. El nihilismo: escritos póstumos (extracto)

El hombre, una minúscula especie animal exagerada que afortunadamente ha cumplido su tiempo; la vida sobre la tierra, en conjunto, un instante, un incidente, una excepción sin consecuencias, algo que para el carácter general de la tierra carece de importancia; la tierra misma, como todo astro, es un hiato entre dos nadas, un acontecimiento sin plan, razón, voluntad, autoconciencia; el peor tipo de necesidad, la necesidad estúpida... Contra esta consideración algo se subleva en nosotros; la serpiente de la vanidad nos dice: «todo esto tiene que ser falso, puesto que subleva...» ¿Todo eso podría ser tan sólo apariencia? [...]