Otro cazabulos: resultó que al final los científicos de la NASA no han encontrado ninguna partícula de fuera de nuestro universo, y menos han confirmado que provenga de un universo paralelo en donde las leyes de la física marchan en sentido contrario. Es más, ni siquiera se trata de la Nasa directamente, sino que de Peter Gorham, un profesor de física de la Universidad de Hawai y su equipo, quien explicó la probabilidad de haber descubierto un nuevo tipo de partícula, y que, por lo tanto, se estaría ante un nuevo modelo de la física, pero no necesariamente ante la presencia de un universo paralelo. Esta sería más bien una hipótesis planteada por la revista New Scientist a raíz de los estudios de Gorham, pero solo eso: una hipótesis. La tan bullada noticia sería una malinterpretación del Daily Star, medio que comenzó a rodar la bola de nieve, pese a que, de entrada, en el mismo título del artículo que originó todo se revela que es una teoría y que nunca asevera la existencia de nada, aunque tampoco se descarta completamente, y esa es la gracia del conocimiento científico: que no afirma ni niega nada hasta que no se pueda contrastar ni comprobar con evidencias empíricas. Pero resulta curiosa sobre este punto la responsabilidad de la divulgación científica respecto a cuestiones que suelen darse por sentadas y resultar atractivas para la opinión pública. Hasta leí en redes sociales algunos estados que hacían alusión a un posible orden de cosas que fuera en reversa para evitar la crisis sanitaria. Incluso yo mismo me vi citando a Borges con su Jardín de los senderos que se bifurcan para darle un toque cuántico literario al asunto. Sin embargo, como ya dije anteriormente: el conocimiento científico da lugar a la especulación mientras no se tenga certeza respecto a un potencial hecho o descubrimiento, y en esa especulación puede caber perfectamente todo un universo de posibilidades.
miércoles, 20 de mayo de 2020
martes, 19 de mayo de 2020
Bill Gates, coronavirus y la agenda oculta
“Hobbes dijo que el poder absoluto no proviene de una imposición desde arriba, sino de la elección de individuos que se sienten más protegidos renunciando a su propia libertad y otorgándola a un tercero” La diputada Sara Cunnial en el parlamento italiano, quien acusó a Bill Gates públicamente por delitos contra la humanidad.
La Nasa ha encontrado partículas de fuera de nuestro universo tras un experimento de detección de rayos cósmicos. Los expertos han dado un paso más allá y aseguran que se podría tratar de un universo paralelo en el que las leyes de la física serían totalmente contrarias a las que conocemos.
La literatura ya había ofrecido una interpretación de esa posibilidad con Borges en Los jardines de los senderos que se bifurcan. La hipótesis de los mundos paralelos:
«En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras. En cambio, en la obra del casi inextricable Ts’ui Pên, el hombre opta —simultáneamente— por todas. Crea, así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también, proliferan y se bifurcan»
¿Será acaso la contingencia mundial una disyuntiva borgeana, legitimada ahora por la ciencia? ¿La posibilidad de la bifurcación cuántica hacia otra dimensión opuesta?
Acaso se avanza hacia el recuerdo,
acaso se avanza hacia el olvido primigenio.
Acaso se avanza hacia el recuerdo,
acaso se avanza hacia el olvido primigenio.
Hambre
La palabra hambre fue proyectada sobre el edificio Telefónica durante la noche santiaguina por el colectivo Delight Lab, el mismo que post 18/10 proyectó la palabra dignidad. Esto, bajo el contexto de una nueva ola de manifestaciones que se dio en la comuna de El Bosque, para denunciar la falta de alimentos tras la implementación de la cuarentena total y la demora en la entrega de cajas con provisiones anunciada por Piñera. El colectivo Delight Lab salió a explicar el motivo de la intervención, señalando abiertamente que el virus ha agudizado las diferencias sociales ya visibilizadas durante el estallido social, y haciendo además un llamado a agilizar las medidas de ayuda a los más necesitados para que no ocurran más protestas en plena pandemia. Estos hechos volvieron a encender el fragor social que había estado contenido desde hace un par de meses producto de la crisis. Por lo mismo, el oficialismo y la oposición han vuelto a enfrentarse. Los del bando oficial han insistido en criminalizar y perseguir a los manifestantes más radicales, querellándose contra los que saquean y alientan el desorden público. Mañalich aseguró que ellos “representan un riesgo innegable para la salud de los otros”, y que contribuyen a la prolongación indefinida de la cuarentena. El intendente metropolitano, por su parte, ha señalado que “el coronavirus está muy feliz de que esas personas estén actuando de esa forma", personificando al virus como un agente promotor de la violencia y el caos que está prácticamente en su salsa para poder extender sus influencias. Desde el núcleo más duro del oficialismo incluso han llegado a sostener que estos tiempos de pandemia han sido una especie de tregua para Chile y que los disturbios de El Bosque son orquestados por sectores de la extrema izquierda para preparar una “segunda ola del estallido social” y formar así un escenario tal que propiciará la caída del gobierno y la destrucción por la destrucción. Los del bando opuesto, en cambio, y fieles a su consigna, ven en las manifestaciones de El Bosque otro síntoma de que las cosas se han vuelto insostenibles dentro de un esquema sociopolítico a todas luces excluyente. Un dirigente vecinal de la comuna así lo expresó: “Cuando se trata de delito de cuello y corbata es un error”. Consideran que aquellas manifestaciones son nada más que la respuesta a la llamada “violencia estructural” propia del sistema neoliberal en Chile, el cual ya ha sido expuesto hasta el hartazgo desde el 18/10 y que viene arrastrando sus fisuras, sus heridas abiertas, sangrantes, desde hace décadas, con la necesidad de empujar un nuevo proceso constituyente, y junto con ello, un ingente cambio en el ethos político y la estructura económica del país. Primero, era la palabra Dignidad como bandera de lucha a raíz de la revuelta de octubre; ahora, la palabra Hambre, impuesta como una denuncia y, al mismo tiempo, un llamado de auxilio en medio de una batahola generalizada. Una proyección que crea profundas divisiones, y que viene a reflejar en parte una condición no solo social, sino que existencial, hoy por hoy, en el adn chilensis. El hambre en cuanto denominador común de un descontento orgánico arrastrado con el tiempo. El hambre que resuena ruidosamente en la intemperie y se deja verbalizar estampada contra la noche, mientras el gobierno llama a mantener la compostura a costa de su propia inoperancia, y el virus aguarda invisible, silencioso, durante los toques de queda, su estampida nihilista.
lunes, 18 de mayo de 2020
Antes de bajar del coleto en la noche, había olvidado acomodarme la mascarilla. Cuando estuve a punto de ajustarla a mi nariz y abrir la puerta del vehículo, una joven atrás, muy estresada, señaló que, para la próxima, me la pusiera correctamente. Quería, pero no hallaba qué responderle, sobre todo porque tenía razón en señalar mi falta. Confieso que, por un momento, me enojé al tener ella, una desconocida, ese atrevimiento, pero, una vez cerrada la puerta del coleto, respiré hondo y atendí el contexto de la situación. Mi error involuntario había puesto irascible a la joven, con su correspondiente mascarilla negra, aunque con todo el derecho que le imprimía la medida sanitaria. La posibilidad del contagio, su fantasma, nos había precipitado a ambos a un encuentro demasiado abrupto, no por ello menos intenso. Ella había visto en mí una amenaza con cara de hombre, otro latente portador; yo había visto en ella, en cambio, una extraña enmascarada a bordo, otra mujer reprochando, con firmeza, mi total irresponsabilidad.
domingo, 17 de mayo de 2020
Javier Milei, el polémico economista libertario de Argentina, se declaró hace poco en contra de la llamada “cuarentena cavernícola” del gobierno, por la sencilla razón de que si se lleva a un extremo, la producción baja a cero y así tampoco se puede consumir ni proveer nada, ningún bien de primera necesidad. Conviene en que la cuarentena fue obligada en circunstancias de que no se sabía muy bien la naturaleza científica ni la capacidad de alcance del virus, pero resultaría a la larga en un arma de doble filo prolongarla demasiado sin tomar un plan de acción seguro que permita salvaguardar la fuerza de trabajo y la circulación del mercado pese a la pandemia. En definitiva, lo que defiende Milei, de acuerdo a su postura liberal, es el llamado “respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo”, el criterio propio, la autonomía que tampoco pueden ser pasadas a llevar so pretexto de establecer controles estatales no suficientemente fundados. La cosa es que estos dichos, que expuso abiertamente en los programas de televisión, le valieron a Milei ser denunciado penalmente por supuesta incitación al delito ¿cuál era ese? Un llamado a la desobediencia civil rompiendo las cuarentenas establecidas por norma. No es novedad el severo castigo que reciben aquellos que salen a las calles durante los toques de queda, sin el requerido salvoconducto. Aquí en Chile, por ejemplo, los beligerantes son detenidos al oponer resistencia y reprendidos con multas millonarias. Nadie cuestiona, en todo caso, que ante un descontrol de proporciones sea urgente tomar resguardos públicos de carácter radical. Lo que se discute más bien es la implicancia que eso pueda tener finalmente sobre la libertad y soberanía de los individuos. A qué punto podría llegarse a lo que Foucault llamaba la práctica del “biopoder”. Milei es enfático en esto, y se asume completamente liberal, por el hecho de que para él el Estado es el problema de base, el agente monopólico del poder por excelencia.
El gran debate ahora es: ¿Cuarentena total o reactivación gradual? Este versus en parte ya había sido planteado durante las primeras semanas del brote en Chile. El enfrentamiento se dio entre los puntos de vista de la presidente del Colegio Médico, Iskia Siches y el ministro de Salud, Jaime Mañalich. Iskia consideraba que era necesario paralizar todas las actividades y apelar a una cuarentena generalizada ante el inminente riesgo de contagio de los chilenos, priorizando su salud antes que nada; y Mañalich advertía que paralizar todo hasta nuevo aviso era una medida extrema en vista de la todavía incierta curva de contagio, señalando que no debía descuidarse el sector productivo. Ante esta disyuntiva, se planteó el falso dilema entre salud vs economía en el contexto de la creciente pandemia. Esto constituye una falacia por la sencilla razón de que ese dilema solo respondía a una polarización política en las perspectivas de Iskia y Mañalich respecto a la influencia del virus, y también por el hecho de que una cosa no puede concebirse sin la otra para que el orden social retome su curso a pesar de la crisis. En efecto, una medida restrictiva en aras de la protección a la salud pública es contraproducente porque afecta directamente el ámbito laboral y empresarial: muchos negocios pueden quebrar, o muchos trabajadores pueden ser despedidos sin remedio, por lo cual se ha hecho necesaria la instauración de una Ley de protección del empleo que pudiera salvaguardar la fuente de ingreso de muchas personas, la cual incide a su vez en su salud como condición base para poder seguir desenvolviéndose en sociedad. Por lo tanto, el tema de la salud y la economía no pueden entenderse bajo una simple dicotomía, sino que son conceptos tan imbricados entre sí que desarrollan un continuo. Y así deben concebirse en relación a su coexistencia con el virus.
Pese a estas cuestiones, se ha vuelto a instalar en la palestra el planteamiento entre puntos de vista irreconciliables. Ante la cada vez más amplia escala de mortalidad que ha alcanzado el covid 19, se ha optado poco a poco por la medida de la cuarentena total, medida que ya había sido celebrada por Iskia y que ahora el oficialismo parece acoger con cierta reticencia. Las razones son categóricas. Dado el explosivo avance de la pandemia, el gobierno ha tenido que implementar una estricta cuarentena en el área metropolitana de Santiago, la cual seguramente se aplicará a regiones, conforme a la evolución del panorama. Todo esto habla del fracaso en el tono triunfalista del gobierno, que creyó que el pico de contagio ya había pasado, motivo por el cual se ordenó inicialmente un regreso a una “nueva normalidad”, y posteriormente, un “retorno seguro”, con tal de volver a empujar la economía del país. Pero no contaban con que todo se descontrolaría y habría que realizar un abrupto giro de guión, para no precipitar aún más el desastre sanitario.
Considerando lo anterior, resulta paradójico que en un principio aquellos que se mantenían escépticos frente al avance de este nuevo virus, llamándolo incluso “montaje del gobierno” para frenar las réplicas del estallido social y para postergar el proceso constituyente, ahora le exigen al propio Estado que instaure de manera gradual el confinamiento total de la población. Y aquellos que promulgaban con fuerza la eventual campaña de normalización ahora se planteen decretar, en palabras de Karla Rubilar, “la cuarentena total en la RM y en todo el país de ser necesario”. Al parecer el virus ha tenido un impacto tal en el status quo que ha hecho pisarse la cola y ha obligado a desdecirse a ambos extremos de la política.
Sin embargo, el dilema ya no pasa por oposiciones binarias, ni por salud vs economía, ni por cuarentena absoluta vs regreso a la rutina, sino que pasa por cómo reabrir la economía sin arriesgarse a un repunte de los contagios. Un grupo de científicos de Israel ha propuesto una solución razonable: la regla del 10-4, o sea, 10 días en cuarentena y 4 yendo al trabajo o a la escuela, aprovechando el período de latencia como punto débil del virus. Esta es una idea que suscribo, y que debería ponerse en práctica, porque ya no se trata de someter a la gente a un encierro deliberado con la excusa de la seguridad, ni tampoco de llevarla a una exposición irresponsable con el pretexto de la normalidad, sino que de encontrar un punto de equilibrio entre el repunte de la actividad económica y el combate sostenido contra el patógeno. Simplemente, no se puede estar encerrado toda la vida, pero tampoco se puede subestimar el peligro de la intemperie.
jueves, 14 de mayo de 2020
El ministro Mañalich llamó “viroterrorismo” a la difusión de datos sobre el covid que él considera falsos. La subsecretaria de salud, Paula Daza, precisó que el término hace mención a “aquella información que produce angustia o dolor”. Ante esto, salió al paso Nicolás Muena, investigador de la Fundación Ciencia y Vida, quien criticó su uso, pues a su juicio se confunde con el bioterrorismo, consistente en ataques terroristas usando agentes biológicos, lo cual no guarda ninguna relación con los bulos. De hecho, para Muena, el propio mal uso de esta palabra sería a su vez un auténtico bulo. Hay una evidente imprecisión léxica en la construcción del término, por el simple hecho de que su morfología no agrupa ninguna referencia a lo informativo, únicamente une virus con terrorismo, volviéndose así un concepto redundante e innecesario. Sin embargo, y pese a esa falencia, sabemos en el fondo a lo que apuntaba Mañalich gracias al contexto que rodea su neologismo pandémico, y ese contexto dice relación con el estado de alerta, con el “pánico viroterrorista” que podría inundar a Chile tras conocerse malas nuevas desde el exterior. Su creación lingüística respondería a una creciente sensación de hostilidad que se estaría respirando en el ambiente, de ahí la asociación del virus a las falsas noticias, que a su vez presuponen la existencia de un enemigo reconocible a combatir: el de las comunicaciones que desafían la verdad oficial. De ese modo, Mañalich, usando la propia jerga del presidente, personaliza lo que puede constituir, perfectamente, una verdad incómoda, un peligro público. Vuelve un anatema todo aquello que no entronca con su línea de pensamiento, con su manera de gestionar la crisis. Todo aquello se vuelve inmediatamente un enemigo del Estado. Entiende que el tejido del bienestar social no puede ser invadido por ninguna clase de anticuerpo crítico ni sugestivo, porque eso sería dejar a las personas a su suerte, confinarlos sin remedio, confrontarlos con el riesgo mortal de la autodeterminación.
miércoles, 13 de mayo de 2020
Lo de Giorgio Jackson y el rollo en torno al fraude de las donaciones de la mitad de su sueldo a instituciones de caridad, que en el fondo se trataba de platas destinadas a fondos de su propio partido, “Revolución democrática”, con fines a todas luces instrumentales, refuerza una vez más la idea de que en materia política la deshonestidad es una condición sine qua non. Es cosa de preguntarle al principal crítico de Jackson, el ex precandidato presidencial del Frente Amplio, Alberto Mayol, quien dijo que "en política, la mentira y omisión son compañeros de ruta, y Giorgio es talentoso en ello". Años atrás, el gurú, Eduardo Bonvallet, también lo criticó y se enfrentó cara a cara al diputado, invitándolo a regalar su dieta, diciéndole directamente que le dejara de mentir a la gente (con la cual tanto se lavan la boca los políticos al momento de enarbolar sus muy buenas intenciones).
Por otro lado, el oficialismo ha festinado con este golpe moral, tanto así que han emplazado al otrora beatífico Jackson a pedir perdón frente a todos los parlamentarios, y de paso, “frente a todo el país”. Incluso Chile vamos se ha propuesto llevar a Jackson a la Comisión de Ética por “infracción a la buena fe”. Esos dimes y diretes de la política, esas alusiones constantes a la transparencia, a la probidad, a la integridad, en donde cada uno le reprocha al otro lo bajo que puede caer, lo mal que lo ha hecho, o le celebra al de su camada lo alto que puede llegar a ser, o lo bien que lo ha hecho, de acuerdo a su propio nicho de intereses, no es otra cosa que la mecánica del poder mostrando sus plumas de pavo real para ganarse la aprobación de todos sus feligreses.
Sea del bando que seas, ya sea progresista, conservador, liberal, tiránico, al entrar en terreno político la cosa se mueve así. Un constante tira y afloja entre dignidad, egoísmo y reputación. Eso quedó demostrado de manera magistral de parte del legendario profesor Walter White en Breaking Bad. Por muy bueno que seas o pretendas ser, el poder te pasará la cuenta, porque este, en el fondo, no le pertenece a nadie. Una vez lo posees, te posee.
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