Javier Milei, el polémico economista libertario de Argentina, se declaró hace poco en contra de la llamada “cuarentena cavernícola” del gobierno, por la sencilla razón de que si se lleva a un extremo, la producción baja a cero y así tampoco se puede consumir ni proveer nada, ningún bien de primera necesidad. Conviene en que la cuarentena fue obligada en circunstancias de que no se sabía muy bien la naturaleza científica ni la capacidad de alcance del virus, pero resultaría a la larga en un arma de doble filo prolongarla demasiado sin tomar un plan de acción seguro que permita salvaguardar la fuerza de trabajo y la circulación del mercado pese a la pandemia. En definitiva, lo que defiende Milei, de acuerdo a su postura liberal, es el llamado “respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo”, el criterio propio, la autonomía que tampoco pueden ser pasadas a llevar so pretexto de establecer controles estatales no suficientemente fundados. La cosa es que estos dichos, que expuso abiertamente en los programas de televisión, le valieron a Milei ser denunciado penalmente por supuesta incitación al delito ¿cuál era ese? Un llamado a la desobediencia civil rompiendo las cuarentenas establecidas por norma. No es novedad el severo castigo que reciben aquellos que salen a las calles durante los toques de queda, sin el requerido salvoconducto. Aquí en Chile, por ejemplo, los beligerantes son detenidos al oponer resistencia y reprendidos con multas millonarias. Nadie cuestiona, en todo caso, que ante un descontrol de proporciones sea urgente tomar resguardos públicos de carácter radical. Lo que se discute más bien es la implicancia que eso pueda tener finalmente sobre la libertad y soberanía de los individuos. A qué punto podría llegarse a lo que Foucault llamaba la práctica del “biopoder”. Milei es enfático en esto, y se asume completamente liberal, por el hecho de que para él el Estado es el problema de base, el agente monopólico del poder por excelencia.
domingo, 17 de mayo de 2020
El gran debate ahora es: ¿Cuarentena total o reactivación gradual? Este versus en parte ya había sido planteado durante las primeras semanas del brote en Chile. El enfrentamiento se dio entre los puntos de vista de la presidente del Colegio Médico, Iskia Siches y el ministro de Salud, Jaime Mañalich. Iskia consideraba que era necesario paralizar todas las actividades y apelar a una cuarentena generalizada ante el inminente riesgo de contagio de los chilenos, priorizando su salud antes que nada; y Mañalich advertía que paralizar todo hasta nuevo aviso era una medida extrema en vista de la todavía incierta curva de contagio, señalando que no debía descuidarse el sector productivo. Ante esta disyuntiva, se planteó el falso dilema entre salud vs economía en el contexto de la creciente pandemia. Esto constituye una falacia por la sencilla razón de que ese dilema solo respondía a una polarización política en las perspectivas de Iskia y Mañalich respecto a la influencia del virus, y también por el hecho de que una cosa no puede concebirse sin la otra para que el orden social retome su curso a pesar de la crisis. En efecto, una medida restrictiva en aras de la protección a la salud pública es contraproducente porque afecta directamente el ámbito laboral y empresarial: muchos negocios pueden quebrar, o muchos trabajadores pueden ser despedidos sin remedio, por lo cual se ha hecho necesaria la instauración de una Ley de protección del empleo que pudiera salvaguardar la fuente de ingreso de muchas personas, la cual incide a su vez en su salud como condición base para poder seguir desenvolviéndose en sociedad. Por lo tanto, el tema de la salud y la economía no pueden entenderse bajo una simple dicotomía, sino que son conceptos tan imbricados entre sí que desarrollan un continuo. Y así deben concebirse en relación a su coexistencia con el virus.
Pese a estas cuestiones, se ha vuelto a instalar en la palestra el planteamiento entre puntos de vista irreconciliables. Ante la cada vez más amplia escala de mortalidad que ha alcanzado el covid 19, se ha optado poco a poco por la medida de la cuarentena total, medida que ya había sido celebrada por Iskia y que ahora el oficialismo parece acoger con cierta reticencia. Las razones son categóricas. Dado el explosivo avance de la pandemia, el gobierno ha tenido que implementar una estricta cuarentena en el área metropolitana de Santiago, la cual seguramente se aplicará a regiones, conforme a la evolución del panorama. Todo esto habla del fracaso en el tono triunfalista del gobierno, que creyó que el pico de contagio ya había pasado, motivo por el cual se ordenó inicialmente un regreso a una “nueva normalidad”, y posteriormente, un “retorno seguro”, con tal de volver a empujar la economía del país. Pero no contaban con que todo se descontrolaría y habría que realizar un abrupto giro de guión, para no precipitar aún más el desastre sanitario.
Considerando lo anterior, resulta paradójico que en un principio aquellos que se mantenían escépticos frente al avance de este nuevo virus, llamándolo incluso “montaje del gobierno” para frenar las réplicas del estallido social y para postergar el proceso constituyente, ahora le exigen al propio Estado que instaure de manera gradual el confinamiento total de la población. Y aquellos que promulgaban con fuerza la eventual campaña de normalización ahora se planteen decretar, en palabras de Karla Rubilar, “la cuarentena total en la RM y en todo el país de ser necesario”. Al parecer el virus ha tenido un impacto tal en el status quo que ha hecho pisarse la cola y ha obligado a desdecirse a ambos extremos de la política.
Sin embargo, el dilema ya no pasa por oposiciones binarias, ni por salud vs economía, ni por cuarentena absoluta vs regreso a la rutina, sino que pasa por cómo reabrir la economía sin arriesgarse a un repunte de los contagios. Un grupo de científicos de Israel ha propuesto una solución razonable: la regla del 10-4, o sea, 10 días en cuarentena y 4 yendo al trabajo o a la escuela, aprovechando el período de latencia como punto débil del virus. Esta es una idea que suscribo, y que debería ponerse en práctica, porque ya no se trata de someter a la gente a un encierro deliberado con la excusa de la seguridad, ni tampoco de llevarla a una exposición irresponsable con el pretexto de la normalidad, sino que de encontrar un punto de equilibrio entre el repunte de la actividad económica y el combate sostenido contra el patógeno. Simplemente, no se puede estar encerrado toda la vida, pero tampoco se puede subestimar el peligro de la intemperie.
jueves, 14 de mayo de 2020
El ministro Mañalich llamó “viroterrorismo” a la difusión de datos sobre el covid que él considera falsos. La subsecretaria de salud, Paula Daza, precisó que el término hace mención a “aquella información que produce angustia o dolor”. Ante esto, salió al paso Nicolás Muena, investigador de la Fundación Ciencia y Vida, quien criticó su uso, pues a su juicio se confunde con el bioterrorismo, consistente en ataques terroristas usando agentes biológicos, lo cual no guarda ninguna relación con los bulos. De hecho, para Muena, el propio mal uso de esta palabra sería a su vez un auténtico bulo. Hay una evidente imprecisión léxica en la construcción del término, por el simple hecho de que su morfología no agrupa ninguna referencia a lo informativo, únicamente une virus con terrorismo, volviéndose así un concepto redundante e innecesario. Sin embargo, y pese a esa falencia, sabemos en el fondo a lo que apuntaba Mañalich gracias al contexto que rodea su neologismo pandémico, y ese contexto dice relación con el estado de alerta, con el “pánico viroterrorista” que podría inundar a Chile tras conocerse malas nuevas desde el exterior. Su creación lingüística respondería a una creciente sensación de hostilidad que se estaría respirando en el ambiente, de ahí la asociación del virus a las falsas noticias, que a su vez presuponen la existencia de un enemigo reconocible a combatir: el de las comunicaciones que desafían la verdad oficial. De ese modo, Mañalich, usando la propia jerga del presidente, personaliza lo que puede constituir, perfectamente, una verdad incómoda, un peligro público. Vuelve un anatema todo aquello que no entronca con su línea de pensamiento, con su manera de gestionar la crisis. Todo aquello se vuelve inmediatamente un enemigo del Estado. Entiende que el tejido del bienestar social no puede ser invadido por ninguna clase de anticuerpo crítico ni sugestivo, porque eso sería dejar a las personas a su suerte, confinarlos sin remedio, confrontarlos con el riesgo mortal de la autodeterminación.
miércoles, 13 de mayo de 2020
Lo de Giorgio Jackson y el rollo en torno al fraude de las donaciones de la mitad de su sueldo a instituciones de caridad, que en el fondo se trataba de platas destinadas a fondos de su propio partido, “Revolución democrática”, con fines a todas luces instrumentales, refuerza una vez más la idea de que en materia política la deshonestidad es una condición sine qua non. Es cosa de preguntarle al principal crítico de Jackson, el ex precandidato presidencial del Frente Amplio, Alberto Mayol, quien dijo que "en política, la mentira y omisión son compañeros de ruta, y Giorgio es talentoso en ello". Años atrás, el gurú, Eduardo Bonvallet, también lo criticó y se enfrentó cara a cara al diputado, invitándolo a regalar su dieta, diciéndole directamente que le dejara de mentir a la gente (con la cual tanto se lavan la boca los políticos al momento de enarbolar sus muy buenas intenciones).
Por otro lado, el oficialismo ha festinado con este golpe moral, tanto así que han emplazado al otrora beatífico Jackson a pedir perdón frente a todos los parlamentarios, y de paso, “frente a todo el país”. Incluso Chile vamos se ha propuesto llevar a Jackson a la Comisión de Ética por “infracción a la buena fe”. Esos dimes y diretes de la política, esas alusiones constantes a la transparencia, a la probidad, a la integridad, en donde cada uno le reprocha al otro lo bajo que puede caer, lo mal que lo ha hecho, o le celebra al de su camada lo alto que puede llegar a ser, o lo bien que lo ha hecho, de acuerdo a su propio nicho de intereses, no es otra cosa que la mecánica del poder mostrando sus plumas de pavo real para ganarse la aprobación de todos sus feligreses.
Sea del bando que seas, ya sea progresista, conservador, liberal, tiránico, al entrar en terreno político la cosa se mueve así. Un constante tira y afloja entre dignidad, egoísmo y reputación. Eso quedó demostrado de manera magistral de parte del legendario profesor Walter White en Breaking Bad. Por muy bueno que seas o pretendas ser, el poder te pasará la cuenta, porque este, en el fondo, no le pertenece a nadie. Una vez lo posees, te posee.
lunes, 11 de mayo de 2020
Durante el día del alumno salió una noticia que señalaba el retorno a clases de los estudiantes chinos. Ellos están siendo monitoreados mediante brazaletes electrónicos para detectar el covid 19. Estos brazaletes inteligentes miden su temperatura en tiempo real. Los padres pueden vigilar la situación a través de una aplicación móvil. En caso de temperatura elevada, el brazalete envía una señal a los profesores, quienes alertan a la policía. Parece que Byung Chul Han no estaba tan errado al señalar que el modelo chino, si bien ha demostrado eficacia en el freno del contagio, lo ha hecho a expensas de un estado de hipervigilancia digital (mejor dicho, un “feudalismo digital”) que puede exportarse a Occidente y que coquetea peligrosamente con la idea de un control total sobre las libertades de cada individuo. Biopolítica pura y dura.
Por otro lado, informaron que en Singapur ya se está probando con tecnología robótica, en específico, con la implementación de perros robot de nombre Spot, de la agencia Boston Dynamics, los cuales cuentan con un software personalizado desarrollado por GovTech, la agencia de tecnología del gobierno de Singapur, y caminan libremente por los parques públicos del país con la función de recordarle a las personas que deben seguir las medidas de distanciamiento social necesarias para prevenir los contagios por covid 19. Todo lo anterior recuerda a aquel episodio de Black Mirror llamado Metalgate, en el cual un perro robot de similares características estaba programado para destruir humanos en un contexto post apocalíptico. Aquí, por supuesto, y como siguiendo el manifiesto de la robótica de Asimov, Spot está llamado a procurar que se cumplan las medidas de seguridad para evitar la propagación del virus, pero no deja de sonar distópica la idea de un Estado de bienestar con estructura de ciencia ficción, monopolizando el uso del poder tecnológico en aras de un pretendido orden social.
Los creadores de Black Mirror habían dicho que no era necesaria otra temporada para el año 2020, ¡porque la contingencia mundial ya es un episodio por sí solo! Y basta pensar en los alumnos chinos y los perros robots de Singapur para declararse, definitivamente, un actor de reparto.
sábado, 9 de mayo de 2020
David Icke se ha llegado a preguntar lo que parece imposible: ¿existe el virus? Producto de esto fue censurado por Youtube y Facebook. ¿Desinformación delirante o escepticismo conspiranoico? Juzguen ustedes.
Nicolás Morás, un libertario argentino, comparó a Julian Assange con Cándido de Voltaire, de quien destacó que “el optimismo es la manía de pensar que todo está bien cuando todo está muy mal”. En un contexto mundial donde la libertad de expresión está siendo cuestionada, bajo la excusa de una creciente censura amparada por el establecimiento de una supuesta “verdad oficial” con respecto al coronavirus, Assange, el Cándido de nuestros tiempos, corre el peligro de ser extraditado hacia los Estados Unidos, lo cual significaría literalmente dictar su condena de muerte. Por lo mismo, Eva Joly ha repetido, de forma categórica, que “si Julian Assange es extraditado, es el fin del estado de derecho en Occidente”. Tal cual como se lee.
viernes, 8 de mayo de 2020
Primero fue el murciélago grande de herradura chino (Rhinolophus ferrumequinum), sindicado como el sospechoso número 1 de ser el portador del brote de coronavirus, razón por la cual todos los murciélagos en el mundo (y, dicho sea de paso, todos los chinos) fueron considerados, de un momento a otro, como villanos, potenciales agentes de contagio (recordando un tanto el miedo primigenio a la figura del vampiro). Tiempo después, surgió una alerta sobre una aparición de “avispas asesinas” (Vespa mandarinia) en Estados Unidos, la cual habría sido vista en territorio chileno ante el aviso de un agricultor que aseguró haber capturado una. El peligro representado por estas avispas sería enorme, por el simple hecho de que atacan a las abejas, la especie más importante del planeta, (según muchos científicos) que corre el riesgo de desaparecer y, junto con ella, nosotros mismos. Sin embargo, el Servicio Agrícola Ganadero (SAG) descartó la supuesta presencia de estas avispas en Chile, señalando que se trataría más bien de otra especie, la Vespa orientalis, originaria de Asia y Europa meridional, con hábitos muy similares a la conocida chaqueta amarilla. Ahora, y tras el inicial miedo al virus del murciélago y al presunto ataque de las avispas asesinas, surgió otra amenaza: las polillas gitanas. Una de estas especies sería, casualmente, asiática (Lymantria umbrosa). Al igual que las avispas, también estarían asolando el sector de la agricultura en Gringolandia, y constituirían un peligro potencial para los recursos naturales y el medio ambiente. Es increíble, pero el panorama mundial de escozor ante la pandemia, con el país norteamericano como uno de sus principales blancos, llegó a tal punto que ha traído consigo una suerte de sugestión colectiva, que configura a su vez un escenario propicio para la reinterpretación de un posible apocalipsis a la antigua, con plagas incluidas. Un verdadero bestiario pandémico del cual los poderes fácticos pueden valerse perfectamente para promulgar, una vez más, la política del terror y del control.
martes, 5 de mayo de 2020
Post coronavirus
Para Michel Houellebecq,"no despertaremos, después del confinamiento, en un nuevo mundo; será lo mismo, sólo que un poco peor”.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)