Un cabro decía que estuvo detenido por un disturbio post partido del día Martes, y que por tal motivo fue formalizado. Contaba la experiencia a sus compañeros con cierta seriedad. En el fondo de esa preocupación se escondía cierto orgullo, orgullo por iniciarse en una experiencia límite. (coqueteando con lo ilegal). Hoy día, después de haber faltado, se le ve más tranquilo que aquella vez. Le pregunto que cómo le fue, si logró zafar el proceso. Dijo que sí pudo, solo que con la condición de una firma hasta la resolución de aquel incidente. No podía ocultar, a pesar de verse atrapado en semejante burocracia, su sensación de alivio al concretar la victoria pírrica. "Me los paseo a todos". dijo con resolución. Pensaba de seguro que era más vivo que ellos. Para él ese paseo era más importante que cualquier siete. Se sentía libre, en cierta medida, libre de mandar a la mierda dentro del aula, donde sabe que existen leyes y cadenas de otra naturaleza. Donde sabe que su profesor -un simple novato en la escuela de la calle- ejerce otro tipo de ley, una ley que hasta él mismo no dimensiona.
viernes, 18 de noviembre de 2016
jueves, 17 de noviembre de 2016
A veces revisando la mensajería, uno vuelve a conversaciones antiguas, pequeñas y anónimas obras maestras escritas a dos manos. Las guardo celosamente como si se tratasen de material arqueológico. Leo el de una chica que decía ser de España, pero que andaba por Alemania, estudiando filosofía, luego de volver de Chile. En una parte, casi al principio, hablaba sobre un sueño que tuvo, un sueño con un chico desconocido de Valparaíso (que resultaba ser uno mismo), y una carta con un secreto que quemaba. Se vuelve a la conversación con el iluso recuerdo de algo, a pesar de la ficción, solo por el placer del texto. Me regocijo en la belleza de esos diálogos íntimos y pretenciosos sin otro fin, buscando algún pasaje significativo o simplemente analizando el derrotero que tuvieron. Una especie de obsesión romántica mezclada con una innata capacidad de ocio. Quizá precisamente entremedio de estos ligues fracasados -y elocuentes- sobreviva algo medianamente digno de ver la luz, algo que sea bueno, que sea real, algo que al menos queme, como aquella carta imaginaria.
Calor de locos. Lo malo que la migraña comienza a brotar. Aunque da la ocasión para el hielo y la cerveza. Hay cierto embrutecimiento en el calor que exaspera. En cambio, invita al ánimo desenfrenado. No hay tiempo para la reflexión debajo de la brasa. Solo queda salir a buscar algo para refrescarse y aguardar la sombra. La mirada lasciva fluye sola, las señoritas lo saben. Pasan de largo ignorando la orgía del tiempo. Los vendedores continúan estoicos, aprovechando la intuición del verano. El caminar se vuelve despreocupado. Pareciera que los problemas se derriten, junto con la cabeza. La mejor excusa para no trabajar en demasía. El frío invita a la introspección, o la actividad puertas adentro. El calor obliga a la acción, al aire libre. No deja espacio para el recogimiento. No provoca otra cosa que un ocio desatado. Unas ganas metereológicas de beber y beber, hasta que el sol se canse.
miércoles, 16 de noviembre de 2016
Vi de esos chocolatitos de forma elíptica en el kiosco. Blancos y oscuros. Con rayas arriba. La señora los tenía a cuatro por cien. Le hice saber que hace veinte años mi bisabuela los compraba a diez por cien en el cerro. Le recalqué: El doble. Ella señaló: Más del doble. Cómo cambia todo, le repetí. Sí, todo sube, todo cambia, remató ella. Una corta sonrisa la delataba. Una sonrisa, en cierto modo, mercantil. Parecía reírse por el paso del tiempo y su irónica alza de precios. Uno, en cambio, se reía a medias, pensando, como su cliente, en ese tiempo cuando todo era más bonito, y, lógicamente, cuando todo solía ser más barato . La nostalgia, a fin de cuentas, sabe dulce pero también sale cara.
martes, 15 de noviembre de 2016
lunes, 14 de noviembre de 2016
Habla el creador de Westworld
"Una vez leí una teoría de que el intelecto era como las plumas del pavo real. Solo un alarde extravagante para atraer una pareja. Todo el arte, la literatura, un poco de Mozart, Shakespeare, Miguel Ángel y el Empire State, son solo rituales de apareamiento. Quizá no importe que hayamos logrado tanto por los motivos más bajos. Claro que el pavo real apenas puede volar. Vive en el suelo, picoteando insectos en el lodo, y al final se consuela con su gran belleza". Dr Robert Ford (Anthony Hopkins) en la serie Westworld.
domingo, 13 de noviembre de 2016
A propósito de la Super Luna.
"En realidad no hay ningún lado oscuro de la luna. Toda la luna es oscura". Palabras al cierre del disco de Pink Floyd. Dichas por el portero del Abbey Road studios.
viernes, 11 de noviembre de 2016
Última clase
Último día de clases de Segundo Ciclo. Como suele suceder, la preocupación de las cabras y cabros va in crescendo. Una de ellas llega a la hora en que le corresponde Lenguaje, pero para rendir una última prueba de Matemáticas. Otro dijo levantarse temprano solo a ver su promedio final, urgido por el Nem. De hecho, en ningún momento se entró a la sala. Solo se estuvo afuera en el patio conversando, dada la inasistencia generalizada. Se diluye la norma. Se distiende el criterio. Solo para constatar el fin de una etapa. Lo que esta cabra y este otro cabro hagan fuera de las aulas ya no me incumbe en lo absoluto. Aunque mi interés en sus asuntos solo va de la mano de cierta empatía y atención diplomática, habilidades que el profesor debe aprender muy a su pesar. El cabro, el más entusiasta, dice que estudiará Sociología. Tenía la vaga esperanza de rehuir las matemáticas. Pero se da cuenta que estas le aparecerán aunque no lo quiera. Le doy el respectivo ánimo de protocolo. La cabra, más cínica, alega respecto al atraso del profesor de Matemáticas. Para ella, a diferencia del cabro anterior, este proceso resulta más un trámite fastidioso, que, sin embargo, se esfuerza por completar. No especificó qué estudiaría. Tampoco se dio el tiempo de comentarlo. Solo se le veía hablar sobre sus anécdotas y sobre el estilo de vestir de sus compañeras de curso. Ambos confirmaron su asistencia a la Licenciatura. Será entonces la formalidad necesaria para luego escribir la palabra Libertad en la pizarra. El rito y el desenfreno como formas de enterrar al escolar interior, para luego dar rienda suelta a su propia condenada voluntad. Solo les doy un último consejo a modo de despedida: "Hagan lo que quieran. Pero háganlo bien". La cabra se siente decidida, y finalmente contesta: "También usted".
jueves, 10 de noviembre de 2016
Lector de blogs
Se siente una nostalgia, y hasta cierto punto, melancolía, al leer los escritos de ciertas mujeres que ya fueron. Como si sus solas voces fuesen invocadas detrás de la pantalla con el solo hecho de leerlas. Es la sensación que deja visitar sus blogs. El romanticismo meloso de su estilo, la ternura que evocan a ratos, también con un cierto dejo de tristeza. No hay nada pretencioso, ni demasiado sofisticado en ello. No se lee nada impostadamente literario. Tampoco el intento de una estética. Es solo la sensibilidad siempre misteriosa, vetada a una primera lectura. Recuerdan a ratos a Madame Bovary con su ensoñación romántica, a su literatura como escapismo sentimental. O a Jane Austen con esa decimonónica proyección del amor. Hay algo en el blog que lo reviste todo de intimidad, aunque únicamente fuese virtual. Un secreto. Quizá, a lo sumo, una confesión, que se hacen a si mismas, en ausencia del mundo y de sus deseos. Solo leyéndolas puedo darme cuenta. Entrando en el blog creo volver a entrar también en sus corazones. Pero no para quedarme. Ni siquiera con su consentimiento. Solo haciendo las veces de lector obsesivo, creo cerrar un círculo imaginario, solo una idea sobre lo que pudo ser una promesa, una futura relación.
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