"Un día leí que tal vez la vida no era para todos. Valparaíso tampoco lo es". Daniela Tapia, 14 años, Curauma, Valparaíso en 100 palabras, 2015.
martes, 15 de noviembre de 2016
lunes, 14 de noviembre de 2016
Habla el creador de Westworld
"Una vez leí una teoría de que el intelecto era como las plumas del pavo real. Solo un alarde extravagante para atraer una pareja. Todo el arte, la literatura, un poco de Mozart, Shakespeare, Miguel Ángel y el Empire State, son solo rituales de apareamiento. Quizá no importe que hayamos logrado tanto por los motivos más bajos. Claro que el pavo real apenas puede volar. Vive en el suelo, picoteando insectos en el lodo, y al final se consuela con su gran belleza". Dr Robert Ford (Anthony Hopkins) en la serie Westworld.
domingo, 13 de noviembre de 2016
A propósito de la Super Luna.
"En realidad no hay ningún lado oscuro de la luna. Toda la luna es oscura". Palabras al cierre del disco de Pink Floyd. Dichas por el portero del Abbey Road studios.
viernes, 11 de noviembre de 2016
Última clase
Último día de clases de Segundo Ciclo. Como suele suceder, la preocupación de las cabras y cabros va in crescendo. Una de ellas llega a la hora en que le corresponde Lenguaje, pero para rendir una última prueba de Matemáticas. Otro dijo levantarse temprano solo a ver su promedio final, urgido por el Nem. De hecho, en ningún momento se entró a la sala. Solo se estuvo afuera en el patio conversando, dada la inasistencia generalizada. Se diluye la norma. Se distiende el criterio. Solo para constatar el fin de una etapa. Lo que esta cabra y este otro cabro hagan fuera de las aulas ya no me incumbe en lo absoluto. Aunque mi interés en sus asuntos solo va de la mano de cierta empatía y atención diplomática, habilidades que el profesor debe aprender muy a su pesar. El cabro, el más entusiasta, dice que estudiará Sociología. Tenía la vaga esperanza de rehuir las matemáticas. Pero se da cuenta que estas le aparecerán aunque no lo quiera. Le doy el respectivo ánimo de protocolo. La cabra, más cínica, alega respecto al atraso del profesor de Matemáticas. Para ella, a diferencia del cabro anterior, este proceso resulta más un trámite fastidioso, que, sin embargo, se esfuerza por completar. No especificó qué estudiaría. Tampoco se dio el tiempo de comentarlo. Solo se le veía hablar sobre sus anécdotas y sobre el estilo de vestir de sus compañeras de curso. Ambos confirmaron su asistencia a la Licenciatura. Será entonces la formalidad necesaria para luego escribir la palabra Libertad en la pizarra. El rito y el desenfreno como formas de enterrar al escolar interior, para luego dar rienda suelta a su propia condenada voluntad. Solo les doy un último consejo a modo de despedida: "Hagan lo que quieran. Pero háganlo bien". La cabra se siente decidida, y finalmente contesta: "También usted".
jueves, 10 de noviembre de 2016
Lector de blogs
Se siente una nostalgia, y hasta cierto punto, melancolía, al leer los escritos de ciertas mujeres que ya fueron. Como si sus solas voces fuesen invocadas detrás de la pantalla con el solo hecho de leerlas. Es la sensación que deja visitar sus blogs. El romanticismo meloso de su estilo, la ternura que evocan a ratos, también con un cierto dejo de tristeza. No hay nada pretencioso, ni demasiado sofisticado en ello. No se lee nada impostadamente literario. Tampoco el intento de una estética. Es solo la sensibilidad siempre misteriosa, vetada a una primera lectura. Recuerdan a ratos a Madame Bovary con su ensoñación romántica, a su literatura como escapismo sentimental. O a Jane Austen con esa decimonónica proyección del amor. Hay algo en el blog que lo reviste todo de intimidad, aunque únicamente fuese virtual. Un secreto. Quizá, a lo sumo, una confesión, que se hacen a si mismas, en ausencia del mundo y de sus deseos. Solo leyéndolas puedo darme cuenta. Entrando en el blog creo volver a entrar también en sus corazones. Pero no para quedarme. Ni siquiera con su consentimiento. Solo haciendo las veces de lector obsesivo, creo cerrar un círculo imaginario, solo una idea sobre lo que pudo ser una promesa, una futura relación.
Lo pintoresco de todo es que durante la mañana los cabros sacaron a colación el tema Trump. Uno de ellos proyectó el meme sobre Los Simpsons anticipando el triunfo de Trump como presidente hace 16 años, en el contexto de la última unidad sobre géneros periodísticos. De hecho, se debatió en torno a la naturaleza del meme. Si era alguna especie de propaganda, lenguaje multimedial o derechamente un nuevo género. Luego, en la última hora, otro cabro pidió proyectar el video de Kramer imitando a la Dra Ana María Polo y a Donald Trump en un juicio hipotético. Fue durante la hora de Convivencia Social. A raíz del humor, la idea finalmente era debatir en torno a la polaridad política. La jornada, después de todo, nos sirvió para declarar lo siguiente: que la contingencia mundial (por oscura y adversa que parezca) puede servir de salvavidas ante el desgaste didáctico de fin de semestre.
martes, 8 de noviembre de 2016
Un compañero de tesis, me acuerdo, hizo una lectura libre sobre la novela de Yuri Herrera "Señales que precederán el fin del mundo". En la novela, la protagonista se llama Mákina, una joven mexicana que deberá embarcarse hacia Estados Unidos en busca de su hermano perdido. Ayer en el debate con Trump, una de sus promesas iba a ser justamente la construcción de un muro en la frontera con México. El viaje de Mákina dice relación con la mitología azteca. Nueve caminos. Hasta llegar a Mictlán. La tesis de aquel compañero buscaba obviar la consabida interpretación del "tercer espacio", tópico por ese entonces de moda en nuestra escuela. Se alejaba de lo meramente tópico, literario, en pos de una lectura político-económica de la novela. Tomando el ejemplo de Mákina, recuerdo que postulaba la ilusión del viaje, la superestructura que lo envuelve todo, de la cual el propio motivo de la migración y el narcotráfico forman parte. En resumidas cuentas, de acuerdo a su tesis, el sujeto en la novela se hallaba -como la propia palabra lo dice- "sujeto" a condicionantes que lo sobrepasan. Lo mismo puede extrapolarse a las elecciones presidenciales en Yanquilandia. De repente, ante los ojos de los candidatos, todo el mundo aparece dividido entre sujetos como Mákina que creen ir hacia alguna parte, y sujetos como los policías fronterizos que propician una cacería sin fin. Una gran cortina de humo, como en la novela misma, cuando la protagonista se percata de que, en realidad, vaya hacia donde vaya, siempre se hallará con un atajo directo hacia el Inframundo (americano).
lunes, 7 de noviembre de 2016
Apuntes sobre Black Mirror y el transhumanismo
G.P: En el episodio navideño hay un dispositivo en el que extraen una porción de tu ego y le dan vida para que haga cuestiones domésticas. Luego eso se utiliza incluso en cuestiones judiciales, para forzar declaraciones.
L.O: Los abogados ni siquiera entienden el ciberdelito, los black hat hackers llevan la delantera. Eso incluye a las empresas sin estudios en ética, como Google.
G.P: La ética será un fantasma en la época del transhumanismo.
Silencio en la nieve
La última película que vi con ella fue Silencio en la nieve de Gerardo Herrero en el Centro Cultural Gabriela Mistral de Villa Alemana. Las palabras que más se repetían dentro del guión fueron: “Mira que te mira Dios, mira que te está mirando, mira que te has de morir, mira que no sabes cuándo”. Tratando, mediante una interpretación antojadiza, encadenar el recuerdo de algo inexorable.
domingo, 6 de noviembre de 2016
Acerca de Westworld
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En Westworld, no hay nada que la ciencia ficción no haya imaginado antes. La posibilidad no solo de jugar a ser Dios, de crear vida inteligente, sino que de crear "conciencia". El gran dilema frankesteniano que define el futuro de la humanidad. Un profesor de la Universidad nos aclaraba precisamente que la ciencia ficción, en palabras de Bradbury, no hablaba sobre el futuro sino que de lo posible en la contingencia misma, del presente del hombre, por lo que la palabra progreso no sería sino lo que está velado bajo la quimera de nuestro tiempo.
En Westworld, no hay nada que la ciencia ficción no haya imaginado antes. La posibilidad no solo de jugar a ser Dios, de crear vida inteligente, sino que de crear "conciencia". El gran dilema frankesteniano que define el futuro de la humanidad. Un profesor de la Universidad nos aclaraba precisamente que la ciencia ficción, en palabras de Bradbury, no hablaba sobre el futuro sino que de lo posible en la contingencia misma, del presente del hombre, por lo que la palabra progreso no sería sino lo que está velado bajo la quimera de nuestro tiempo.
Westworld, relectura de la película de los setenta, Almas de Metal, le susurra a nuestra época de aburrimiento sofisticado. Hace de todo tiempo histórico un parque de diversiones hiperrealista para los llamados huéspedes. Los anfitriones vendrían siendo esta nueva clase de esclavos con inteligencia artificial, que viven bajo el yugo de una incipiente conciencia, de existir de acuerdo a los parámetros de una narrativa previamente designada y programada -metáfora del dios narrador ya trabajada por Unamuno-. Nada que no haya sido explorado. Lo interesante, sin embargo, viene en cómo esas tramas confluyen y en cómo nuestros anfitriones en apariencia inconcientes comienzan a rebelarse y a descubrir los hilos que los atan a su propia historia. En suma, la trillada pero siempre cotizada búsqueda de sentido.
Es, en parte, la misión de dos personajes claves, a mi entender. El solitario y oscuro huésped villano, que vaga por el viejo Oeste americano en busca del laberinto dibujado en el cráneo de un anfitrión, lo que él llama y comunica al creador de Westworld (Anthony Hopkins) como el "secreto mejor guardado"; y la hermosa e inocente doncella anfitriona del campo, que lentamente y a través de un viaje sentimental va descubriendo la sórdida naturaleza de su existencia, como la flor que violentamente se abre ante una primavera inminente. En la pugna y en la odisea iniciática de esos dos personajes (la cacería del villano huésped y el cuento de hadas de la doncella anfitriona) se va desplegando el secreto detrás del show cibernético de Westworld.
En cierto momento, el padre de Dolores, que comienza a citar a Shakespeare, le susurra algunas cosas a su hija. Dolores, la doncella anfitriona, intuye finalmente algo que cualquiera de los huéspedes, paradójicamente, también ansía: el sentido de su propia trama. "A veces siento que el mundo exterior está llamándome, me susurra que hay algo más". Ese algo más, lo que siempre está abierto a lo posible: la quintaesencia del espíritu.
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