Hay algunos que hablan de una "reinvención del cine de terror tradicional" tras los fenómenos exitosos de Obsession y Backrooms, ambas películas creadas por youtubers. Me vi las dos, y no resulta para nada exagerado decir que están revolucionando la manera de entender el terror en el cine, muy estancado en viejos tópicos y en efectismos hollywoodenses. Ya hablé en extenso sobre Backrooms y creo que su principal acierto viene del hecho de haberse creado en base a un universo previo, el cual remite al llamado "creepypasta" de los cuartos traseros infinitos. La fórmula ya estaba cocinada, y alimentada por una multitud de usuarios con mucha imaginación y paranoia, solo era cosa de proyectarla en un largometraje y desplegar el escenario ominoso en la mente de los espectadores. En cuanto a Obsessión, pienso que su éxito radicó en la novedad de su premisa y en el cómo fue ejecutada. Básicamente, se trata de las consecuencias fatales de pedir un deseo llevado hasta el extremo. Y todo ello, aplicado a una realidad muy poco explorada: la realidad de los amores no correspondidos, la toxicidad humana que deviene de ellos. Tanto en Backrooms como en Obsession, los personajes se ven enfrentados a sus sombras por motivos intrínsecos, y el factor extraño (de corte fantástico o paranormal) es solo el gatillante de algo perturbador que ya llevaban dentro y que únicamente se manifestó allá afuera, obligándolos a confrontarse consigo mismos. Backrooms y Obsession triunfaron en su despliegue de terror precisamente por estos motivos, y me atrevería a decir que hicieron propia algunas de las intuiciones del maestro del terror cósmico: el mismísimo Lovecraft, cuando decía que: "ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad, pueden producir la insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad". En efecto, uno de los peores miedos es acabar desconociéndose a uno mismo y perder de pronto el control sobre aquello que creías seguro. El miedo como emoción primitiva siempre estuvo ahí, desde los albores de la humanidad, y lo seguirá estando, hasta el final de los tiempos. Solo hizo falta nuevas formas de invocarlo, más eficaces y resonantes.
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