Réplica a comentario de Nibaldo Acero: es, en realidad, la hipocresía la que opera. Aun en el fracaso se esconde un sino trágico, en el sentido clásico de la palabra, es decir, de catarsis y de nobleza. En el arribismo chileno ni se ve esto, es solo la mona vestida de seda, la mediocridad que pende del hilo de un ascenso social, como si fuese una especie de prozac ideológico para recomenzar la rueda: he ahí Sísifo. El sentido trágico sería un purgante a su sacrificio laboral, en fin.
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Buenos comentarios salieron de aquel estado, con el profe Nibaldo Acero, quien dictó una cátedra sobre Bolaño en la Católica para un ramo optativo. Se dio una conversación tan fluida que hasta me citó en su tesis doctoral, luego de tomar prestado el concepto de "po-ética" que usé para un ensayo reflexivo en aquella cátedra. Tiempo después, me eliminó sin réplica de sus redes, como tantos otros del medio literario. Todavía no sé por qué. Supongo que por alguna diferencia o por burdo rechazo mediado por desconocimiento. En fin. Muchas simpatías empezaron así, virtuosas en la superficie, pero frágiles en lo profundo, sin apañe real, sin sustancia. Se revelaron como lo que son. Lo bueno que en eso mismo hay material para seguir escribiendo, de manera salvaje, sin contemplaciones. Como dijera el propio Bolaño: "Esto es lo que aprendí de la literatura chilena. Nada pidas que nada se te dará. No te enfermes que nadie te ayudará. No pidas entrar en ninguna antología que tu nombre siempre se ocultará. No luches que siempre serás vencido".
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