55 años de Tarkus de Emerson Lake and Palmer. Mi padre recuerdo que decía al escucharlo que era "música para la cabeza". Interprétese de la manera que sea. Yo lo leo como música para la imaginación. La existencia de este disco representa, de hecho, una oda a la imaginación, su triunfo contra las potencias automatizadoras y literalizantes, potencias que obran contra el poder del mito, el símbolo, la poesía, la imagen, etc. Lo único que me pasa con esta obra es que quizá el resto del disco sea prescindible. No diga que las otras canciones sean malas, solo que terminan opacadas por la impecable y genial pieza homónima, que podría ser perfectamente el disco por sí sola:
"El título del trabajo debía empezar con la T de “Tank”, que también era una pieza del debut donde Palmer se lucía con un rápido solo de batería. El resultado saldría de la mezcla entre “Carcass” (cadaver), «Tank» y “Tartarus”, el pozo más oscuro del Hades. De allí, el nombre al estrellato.
A grandes rasgos, la historia va así: todo comenzaría en una suerte de mundo postapocalíptico, postguerra nuclear, con la erupción de un volcán. De su cráter nace un engendro: el híbrido tanque armadillo que porta cuatro cañones, dos en sus brazos y nariz. Esa combinación de animal prehistórico y tanqueta blindada sintetiza la idea central de la obra: la fusión, casi inevitable, entre naturaleza y máquina cuando la civilización se dirige hacia la guerra. «Tarkus» representa, así, el poder tecnológico convertido en depredador que avanza sin reflexión ética.
En su marcha, el armadillo blindado se enfrenta a una serie de criaturas que funcionan como alegorías de fuerzas sociopolíticas. Iconoclast —un terodáctilo metálico con un pico bombardero— simboliza las doctrinas revolucionarias que derriban todo lo anterior; vuela alto y ataca desde el cielo, pero acaba abatido por un rival que lo supera en potencia de fuego. Mass, mitad mantis religiosa arácnida y mitad cruz procesional, encarna la religión institucionalizada armada con dogmas y rituales: Cuando la fe se alía con la maquinaria bélica, termina devorándose a sí misma. Finalmente, surge Manticore, el león con cara de hombre y cola de escorpión; una criatura clásica que une ferocidad y veneno. Representa la leyenda, lo irracional y lo mítico: aquello que la lógica tecnocrática subestimó y que termina volviéndose contra ella.
A la banda le gustaría tanto esta representación felina, que, años más tarde, llamarían a su sello discográfico «Manticore».
El relato muestra a Tarkus derrotando uno a uno a sus enemigos — triunfa sobre Iconoclast y Mass — pero la batalla contra la manticora se resuelve con ambigüedad: Si bien el concepto narrativo no está del todo pulido, la ilustración del interior del trabajo insinúa que Tarkus es herido y acaba sumergido, navegando tras la derrota (“Aquatarkus”). Esta conclusión sugiere que el progreso armado, por muy invencible que parezca, termina cayendo ante fuerzas que no puede comprender ni asimilar. Luego, todo renace de las cenizas. La rueda de la historia vuelve a girar."
Fuente: progjazz. «TARKUS» DE EMERSON, LAKE AND PALMER: ENTRE LA MÁQUINA Y EL MITO.
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