Contra la manía de la perfección aséptica (ilusoria), reivindico el ripio, la mancha, el exceso formal. Hay algo ahí humano. Abomino, sobre todo, de la nueva escritura por IA: tan pulcra, predecible y aburrida como la arquitectura de una clínica. Cita Osvaldo Bossi en Querido joven maravilla: "Los poetas no saben escribir. Por eso, precisamente, escriben. El otro día, por ejemplo, leí un poema “impecable”. No sobraba una palabra, no faltaba una coma. Cada corte de verso era el más acertado y no otro. Entonces pensé: Qué bien escribe este poeta. Pero enseguida me pregunté, también: ¿eso es todo? ¿a escribir "bien" se reduce el asunto? Lo raro, es que después de leerlo, sentí todo lo contrario. Sentí que de tan bien escrito estaba mal escrito y que, de tan bueno, era malo. Como si la perfección de un poema estuviera en su imperfección, distinta en cada poeta. Limpiar mucho un verso, lavarlo con lavandina, puede ser un error fatal. Hay poemas que se mueren así. No olvidemos que, para que un cuerpo viva, un poco de microbios y de mugre es imprescindible. Lo que me lleva a pensar que, a lo mejor (sólo a lo mejor) la más difícil lucha no sea con la forma de un poema sino contra nosotros mismos. Nuestro ego, querido Robin, una vez más. Yo entiendo que un poeta joven quiera escribir como Shakespeare (la frase es de Borges) pero un señor mayor, que sabe que la muerte existe y que todo es olvido... ¿Por qué no relajarse un poco y escribir el pequeño poema que, si tuvimos suerte, nos tocó escribir? Un poema “perfecto” es como esas casas impolutas, sobre todo esas cocinas que parecen salas quirúrgicas donde nadie se sentó nunca a tomar un café. Ni mucho menos fritó un par de milanesas y las acompañó con ensalada… Que los poemas son de la vida, Robin, aunque hablen de la muerte."
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