sábado, 23 de julio de 2022

"Es hora de la verdad": Rechazo por Boric, Pablo Ortúzar.

Los países son sistemas sociales complejos y el objetivo de la política es tratar de orientar esa complejidad hacia un óptimo de resultados mediante políticas de Estado. Esto, por supuesto, es muy difícil. Antiguamente, las ideologías políticas proveían recetas globales que respondían todas las preguntas importantes, pero hace décadas adquirimos conciencia de la precariedad de estos grandes modelos. Esto pasó luego de que, una y otra vez, ideas que parecían excelentes y lógicas en el papel produjeran desastres al entrar en contacto con la realidad. En los 90 se terminó imponiendo, entonces, un pragmatismo de prueba y error sin muchas altisonancias. La famosa y hoy desdeñada “tecnocracia”.

El déficit que se generó, sin embargo, fue de sentido. Los grandes desafíos colectivos exigen un grado de disciplina y unidad de propósito para funcionar. Y ya que las ideologías y todo su imaginario militante están muertas, por más que algunos reciclen su estética con fines promocionales, lo que se abrió camino fue la fragmentación identitaria. Un ensimismamiento del ser, que pasa a ser militante de su diferencia. Este proceso fue empujado, por cierto, por las dinámicas de mercado que, en pos de acelerar la circulación del capital, incentivan un estado de permanente definición y diferenciación identitaria. Una adolescencia eterna.

La política identitaria es parasitaria: su posición es demandar eternamente reconocimiento -y recursos de todo tipo- por parte del orden social huésped. No tiene visión de conjunto, sino intereses estrechos que promueve desde el activismo permanente. Esta competencia por capturar reconocimiento ha llevado, a su vez, a un torneo victimista: quien logre mejor reivindicar la posición de vulnerado podrá capturar más recursos. La ironía es que parte clave de ser realmente víctima es experimentar grandes dificultades para poder hacerse visible como tal. Luego, los victimistas más exitosos suelen ser personajes acomodados dedicados al rentismo moral. Es parte de lo que el youtuber César Huispe pone sobre la mesa en su fulminante análisis de la serie de Amazon Prime La Jauría, dirigida por Pablo Larraín.

Los activismos identitarios tratan el orden institucional huésped como piñata: le pegan a ver qué cae. Hay dependencia, pero no lealtad, respecto a él. Esto conlleva la decadencia del orden compartido, lo que enfrenta a los grupos identitarios a la misión de tratar de mantener vivo el organismo huésped. Sin embargo, tal tarea es imposible desde sus lógicas autorreferentes. La Convención Constitucional, que ha sido una especie de gran feria del victimismo estratégico, nos ha dado una valiosa lección al respecto: los activistas de lo propio son incapaces de pensar en términos públicos. Su única pregunta y preocupación es qué tajada le toca a cada lote. Luego, su propuesta final es más una desconstitución -una repartija- que un orden alternativo con expectativas de funcionar. Al octubrismo no le da para más.

La crisis política que hoy vive el gobierno tiene su origen ahí mismo. La izquierda liderada por el Presidente Boric es una precaria asociación de activismos identitarios. No tienen visión de país ni de Estado, y se nota. Es un eterno alimentar clientelas victimistas, pero inconsistente y carente de horizonte. El gremio de apaleadores de la piñata se hizo del gobierno de la piñata, pero no tienen idea de qué hacer con ella. Luego, siguen actuando como “movilizados”. Están todavía en modo demanda, cuando les toca ofrecer respuestas.

Para peor, esta parálisis degenerativa es un lujo que no podemos darnos. El mundo está entrando desde 2020 en un proceso de reconfiguración política que, si nos agarra mal parados, nos mandará al basurero. Y los desafíos de adaptación al cambio climático no aguantan más atrasos. Si no logramos unidad de propósito luego en torno a objetivos estratégicos claros, Chile se convertirá rápidamente en un Estado fallido: se romperá la máquina.

¿Cómo superar esta situación? La derrota en las urnas de la propuesta constitucional octubrista es un paso clave, pues le dará una oportunidad de salida de la trampa identitaria a Gabriel Boric, permitiéndole pararse como Presidente de todos los chilenos -con los dos pies firmes en su versión de segunda vuelta-, en vez de como pastor de activismos dispersos. Será libre para conducir la búsqueda de amplios y pragmáticos acuerdos políticos sobre lo común y lo compartido. Y celebrará el 18 en un país con, al menos, ganas de seguir existiendo como tal.
“Somos, en cierta manera, continuadores del Siglo XVIII, el Siglo de las Luces, solo que nuestro pretendido iluminismo es más amplio, más complejo, más confuso y, al mismo tiempo, menos inteligente.” Fernando Villegas.

Ven, querida, y desmontemos juntos nuestras narrativas y relatos más intrincados.

Abandonemos, de una vez por todas, la lógica del divide et impera

Destruyamos la vil carcasa de la ideologización.

Ven, y cuestionemos el dogma que nos mantenía escindidos de por vida.

A menos que aún creas en el fondo de la Madriguera del Conejo

O en la Gran Conspiración detrás del teatro del mundo.

jueves, 21 de julio de 2022

“Es hora de la verdad”. “Este proyecto no me gusta para nada”, Cote Evans.

“Yo voté que NO en la consulta del 76, que NO en el plebiscito del 80, que NO en el 88, voté por Aylwin, Frei, por Lagos, voté las dos veces por Bachelet, no soy de derecha y he hecho todos los esfuerzos para que me guste este proyecto de Constitución, no me gusta para nada, no pone en el acento en las urgencias del país, falta de trabajo y pobreza. (…) ¿Cuándo ha habido un plan nacional del trabajo, una lucha contra la pobreza?, esos dos son los temas fundamentales de Chile y todos los sectores políticos no le han dado pelota. (…)

(…) Al Gobierno le conviene que gane el Rechazo, si el Gobierno pretende tener un plazo mayor de cuatro años. La interpretación de la votación de Boric en segunda vuelta era que la antorcha pasaba a una nueva generación, por lo que este Gobierno no se piensa de cuatro años… Si gana el Apruebo, el Gobierno sentirá que sus ideas no son para cuatro años. Esto no quiere decir que se quiera reelegir, porque no está considerado, pero con la opción Apruebo es más difícil que un proyecto de más de cuatro años sea viable.”

miércoles, 20 de julio de 2022

"Es hora de la verdad": La verdad sobre las izquierdas indigenistas (fragmento), José Rodríguez Elizondo

Divide et impera

Tras la debacle global de los partidos políticos, el trío izquierdas / centros / derechas dejó de ser lo que era. En Chile, al menos, el pensamiento político emana de los columnistas de medios y la política real se ejecuta al ritmo de las redes sociales y los matinales de la tele. Quizás por eso, los extremistas antagónicos suenan tan parecidos.

Como efecto inmediato, el sistema democrático ya no tiene quien lo defienda de manera eficiente. Está cayéndose de la cornisa y algunos piensan que, para salvarlo, debiéramos habilitar gobiernos de unidad nacional, con un programa que, en rigor, sería un puñado de evidencias maltratadas.

Entre ellas: desarrollo ecológicamente sustentable, reducción de las desigualdades socioeconómicas, reconocimiento de los pueblos originarios, integridad del Estado nacional, independencia colaborativa de los poderes públicos, normalización de la relación civil-militar, mejor relación posible con los países vecinos, homologación de oportunidades para las mujeres, inteligencia para combatir el narcotráfico, igualdad ciudadana ante la ley, cultura de la alternancia y aplicación sin sesgo de los derechos humanos.

El problema es que, para demasiados, ya es demasiado tarde. Los jóvenes dirigentes de las nuevas izquierdas y sus maduros asesores intelectuales no están ni ahí con la unidad nacional. Presumen que los condena a la derrota electoral permanente, pues los equilibrios constitucionales -esos que defienden quienes saben lo que es perder la democracia- garantizan la mantención del statu quo. Además, saben que el fracaso de los guerrilleros castro-guevaristas, el esperpéntico sandinismo conyugal y los millones de emigrantes del chavo-madurismo, son disuasivos demasiado potentes en cualquier país que elija a sus representantes con libertad.

Desde esa realidad los jefes de las nuevas izquierdas están ejerciendo una opción audaz: en vez de enfrentarse a una nación unida en la diversidad de sus componentes, postulan dividirla en una pluralidad jurídico-constitucional de naciones. Para ese efecto, levantan el eslogan de la refundación y prometen el pago de una “deuda histórica” a los pueblos que habitaban nuestros territorios antes de la llegada de los españoles.

Lo que quizás no previeron, es que esa opción tiene un lado oscuro. Induce a rebobinar la historia, desconocer los héroes y emblemas republicanos, tolerar desfogues destructivos, abrir mejores espacios para la delincuencia, reconfigurar los mapas y, en definitiva, reemplazar el singular interés nacional por los plurales e inmanejables intereses identitarios.


La nueva clase

Parece obvio que estamos ante el viejísimo tema de dividir para reinar, que ya estaba en las tesis de Lenin por lo menos desde 1914. Aludiendo a los que llamaba “Estados abigarrados”, propios de los imperios en guerra, el gran teórico bolchevique dictaminó que el derecho de las naciones a su autodeterminación implicaba el separatismo. Agregó que, “sin jugar a definiciones jurídicas”, ese proceso debía ser funcional a la revolución proletaria y concluir con la formación de Estados nacionales independientes.

Lo complicado, para las actuales izquierdas antisistémicas, es que a) la economía posindustrial y la implosión soviética liquidaron la posibilidad de una revolución socialista con base obrera y b) los comunistas chinos hoy están compitiendo con éxito en todos los mercados capitalistas. A partir de tal cambiazo en la teoría, sus intelectuales orgánicos han producido conclusiones “revisionistas”, entre las cuales las siguientes cuatro: 1) ya no cabe soñar con la utopía marxiana sobre un porvenir radiante con base obrero-industrial, 2) una revolución de nuevo tipo exige una nueva fuerza social marginalizada, 3) esa fuerza está en los pueblos originarios desde inicios de las repúblicas y 4) el principio del “buen vivir” arcaico, propio de esos pueblos, debe imponerse a los desmadres del consumismo neoliberal y antiecológico.

Un detalle adicional: como en política los hechos generan las teorías, aquí no estamos hablando de elucubraciones en el aire. El modelo previo ya existía y estaba en el corazón de América Latina.


Modelo altiplánico

Aunque imperfecto y precario, el modelo es el Estado Plurinacional de Bolivia, con base en la hegemonía demográfica de sus pueblos indígenas, la Constitución de 2009 y la autopercepción de Evo Morales como legatario -diríase que por default- de Fidel Castro y Hugo Chávez.

Los éxitos que se autoadjudica Morales están a la vista. Emergió como líder indígena con el apoyo de la población indígena, se aferró al poder por más tiempo que cualquier predecesor e instaló una Constitución que no sólo define a su país como una nación de naciones. Además, confiere a sus jefes de Estado una potestad supranacional: desconocer, unilateralmente, cualquier tratado que bloquee a Bolivia una salida soberana al mar. Se subentiende que alude al tratado chileno-boliviano de 1904 y al chileno-peruano de 1929.

Y así como Castro delegó en el politólogo francés Regis Debray la escrituración de su proyecto guerrillero continental, Morales encontró su intelectual funcional en su exvicepresidente y sociólogo Álvaro García Linera. Fue éste quien le adaptó y glosó las tesis de la plurinacionalidad regional, expuestas en el párrafo anterior, con su apéndice marítimo.
Principio de ejecución

En 2015, una editorial chilena publicó y presentó en Chile un libro de García Linera, con una actualización de las tesis mencionadas y un anexo en el cual el autor explica por qué nuestro país debe ceder a Bolivia “un pequeño espacio soberano (…) para la resolución del tema marítimo”. El libro se titula Comunidad, socialismo y estado plurinacional y sus editores lo prologaron con una explicación sorprendente: “Bolivia es, hoy, uno de los más importantes centros generadores de teoría y conocimiento político en el mundo”.

Seis años después, tras perder Bolivia la demanda contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia, relacionada con ese tema, Morales (expresidente a su pesar), quiso promover una “América Latina plurinacional” desde el Cusco. Tuvo el apoyo silente del presidente peruano Pedro Castillo, pero fue bloqueado in actum por los más distinguidos excancilleres y exvicecancilleres peruanos, encabezados por Allan Wagner. Estos lo acusaron de atentar contra la soberanía nacional y de querer desmembrar al Perú con un objetivo propio: obtener litoral marítimo soberano para Bolivia, vía comunidades aymaras.

Lo que no dijeron esos diplomáticos de alta escuela -pero sin duda sabían- es que Morales pretendía liquidar el tratado chileno-peruano de 1929, que garantiza la contigüidad geográfica entre ambos países.


Resumiendo

Las izquierdas plurinacionalistas, refundacionales e indigenistas que hoy pretenden prevalecer en la región, tienen un modelo en Bolivia, una Constitución afín en Ecuador y ahora tratarán de captar las simpatías de Gustavo Petro, exguerrillero y Presidente electo en Colombia. En paralelo, han hecho sonar las alarmas en Argentina, sobre un eventual efecto-demostración con base en su territorio habitado por mapuches.

En Chile, pese a que sólo las comunidades mapuches tienen una densidad demográfica apreciable (un 10% aproximado), está en trámite un proyecto de Constitución que recoge las tesis plurinacionalistas e indigenistas antes reseñadas. De hecho, las autoridades oficiales, los convencionales constituyentes y los medios han ignorado aquello que detectaron ipso facto los diplomáticos peruanos: que esas tesis pueden afectar el estratégico tratado de 1929 y, por añadidura, el de 1904 con Bolivia. Es un tema que sólo han tocado algunos excancilleres (mención para Soledad Alvear y Teodoro Ribera), presuntos expertos y la organización Amarillos por Chile, liderada por el prestigioso intelectual Cristián Warnken.

Visto lo cual, alguien debiera tuitear en las redes algunos pensamientos del peruano José Carlos Mariátegui, el marxista indigenista mayor de América Latina. En especial, aquel que advierte contra pasar del prejuicio de la inferioridad de los indígenas al extremo opuesto: “el que la creación de una nueva cultura americana será esencialmente obra de las fuerzas raciales autóctonas”.

Leerlo sería sorprendente para los románticos de la “hoja en blanco” y para quienes han dejado entibiar sus sentimientos patrios. De paso, podría hacerlos pensar que, en vez de refundar el país, lo que se necesita es refundar los partidos políticos que no atinaron a defender la democracia.

La poesía luciferina de Karl Marx

“Pues un Dios ha arrebatado de mí todo

En la maldición y tormento del destino,

Todos sus mundos se han ido irrevocablemente.

Solamente me resta la venganza.

Construiré mi trono en las alturas,

En una cumbre inmensa y fría.

Por su baluarte –supersticioso espanto.

Por su alguacil –la más negra agonía.”


Invocación de un desesperado.



“Los vapores infernales suben y llenan la mente,

Hasta que enloquezco y mi corazón es totalmente cambiado.

¿Ves esta espada?

El Príncipe de las Tinieblas Me la vendió.

Para mí marca el compás, y da las señales.

Cada vez con más osadía, toco el baile de la muerte.”


El violinista.



“Con desdeño arrojaré mi guante

En la misma cara del mundo,

Y veré el colapso de este pigmeo gigante

Cuya caída no ahogará mi ardor.

Entonces vagaré como un dios victorioso

Entre las ruinas del mundo

Y, dando a mis palabras fuerza activa,

Me sentiré igual al Creador.”


Orgullo humano.


¿Los versos de algún escritor maldito desconocido en la línea de Rimbaud o Baudelaire? ¿Las líricas oscuras y blasfemas de alguna banda underground de Thrash, Death o Black Metal? Nada de eso: los poemas de juventud de Karl Marx. Un descubrimiento que viene tan duro y evocativo como un trago de absenta. Poemas, por cierto, muy envolventes en su cualidad transgresora.

Según Robert Payne, “la furia poética de Marx recuerda el Mefistófeles de Goethe”. En efecto, hay quienes han visto en este “odio romántico” un afán de desacralización por medio de la ideología política. Paradójico que el “marxismo científico” haya nacido de un alma tan llena de pasión y de romanticismo, en su sentido original, decimonónico. Tenemos, con estos poemas perdidos, al Marx completo, un hijo de su época y, en cierta manera, el padre de una idea que aún se disputa el poder con voluntad luciferina.
¿Y qué pasaría si te dijera, querida, que todo fue una pura mascarada y que hay mucha más opacidad tras el tejido de los sueños?

¿Qué detrás de los ideales que seguimos con tanta insistencia, estaban los mismos que financiaron el sistema que combatimos?

¿Que aquellos rebeldes que creímos incorruptibles, escondían su propia agenda secreta y servían a intereses todavía ocultos al profano?

¿Que detrás de cada supuesto despertar se sobrepuso otra ilusión que procuraba mantenernos en un estado de sonambulismo, divorciados de la propia consciencia?

martes, 19 de julio de 2022

Carlos Marx y Satanás, José Ignacio del Castillo

Robert Payne, en su biografía del autor de Das Kapital, había sacado ya a la luz algunos alucinantes textos del joven Marx como Oulanem o El Violinista. La inquietante novedad de la tesis del libro de Wurmbrand fue descubrir que probablemente Marx jamás abandonó sus lazos con el satanismo.

No sólo Wurmbrand es de esa idea. El insigne economista e historiador de las ideas Murray Rothbard (Historia del Pensamiento Económico, vol. II) incluye a Marx dentro de la tradición gnóstica: Marx creía tener poder para descubrir el mensaje escondido que contiene las intenciones del Destino. Algo que en la tradición gnóstica sólo las mentes iluminadas serían capaces de descifrar. Existe un conocido vínculo entre las tradiciones gnósticas y ocultistas. Aleister Crowley, el más famoso nigromante satánico del siglo XX, definía en Magic Theory and Practice el ocultismo como “el arte de causar que el cambio ocurra conforme a la voluntad” o dicho más llanamente el poder de controlar mentes y sucesos ajenos por la intención.

Es difícil saber si Marx alcanzó tal grado de megalomanía o si siquiera estaba familiarizado con esa idea. Lo que sí sabemos es que siendo joven escribió un poema titulado El Violinista en el que parece ya estar al corriente de algunos de los rituales satánicos:

“Mira esta espada: me la vendió el Príncipe de las Tinieblas,
porque él marca el tiempo y traza los signos.
Con furia creciente toco la danza de la muerte...”

Wurmbrand concede especial significado a estos versos. En los rituales de los adeptos más implicados en el culto satánico, el candidato compra una espada hechizada que garantiza éxitos, firmando a cambio y con sangre propia, un contrato por el que se entrega el alma al diablo después de la muerte.

Y en su tragedia Oulanem, que literalmente significa Anticristo (las letras de Manuelo –el Salvador, el Cristo– puestas en orden inverso) Marx habla por voz de su protagonista:

“¡Destruido! ¡Destruido! ¡Mi tiempo ha terminado!
Pronto estrecharé a la eternidad en mis brazos y pronto proferiré gigantescas maldiciones contra la humanidad. ¡Ah! ¡La eternidad! Es nuestro eterno dolor, indescriptible e inconmensurable muerte, vil artificialidad para burlarnos a nosotros (...)

Ahora aparece un hombre, dos piernas y un corazón, con poder para pronunciar maldiciones vivas. ¡Ah, tengo que atarme a una rueda de llamas y bailar gozoso en el círculo de la eternidad! Si existe Algo que devora, saltaré a su interior, aunque destruya el mundo...

Destrozaré con permanentes maldiciones, el Mundo que se interpone entre mí y el Abismo. Rodearé con mis brazos su dura realidad: Al abrazarme, el mundo morirá sin un quejido, y se hundirá en la nada más absoluta. Muerto, sin existencia... ¡eso sería realmente vivir!(...)

Nosotros somos los simios de un Dios indiferente. Y no obstante mantenemos muy cálida a la víbora con absurdo esfuerzo, en el abierto regazo del amor, que trata de alcanzar la Imagen Universal ¡y se ríe de nosotros desde las alturas!”

Marx tenía 18 años cuando escribió estos versos. ¿Fueron sólo un desvarío de juventud? Las pruebas que siguen aportando Wurmbrand y Payne parecen contradecir tal hipótesis. Poco tiempo después escribe:

“He perdido el cielo,
ahora con seguridad.
Mi alma una vez fiel a Dios
ahora va seguramente directa al infierno”

Marx no tardaría en saltar de las palabras a la acción. Introducido al socialismo por su mentor Moisés Gess en 1841, se implica rápidamente en actividades subversivas y terroristas combinando la pluma con las bombas. Pocos campos mejores que este para luchar contra Dios pudo pensar el joven Marx. El propio Gess debió advertirlo al escribir en una carta a un tal B. Auerbasch en 1841: “Marx es probablemente el más grande filósofo de la actualidad. El Dr. Marx es todavía muy joven (24 años); propinará el golpe definitivo a la religión y a la filosofía tradicionales...”

Pero, ¿vendió realmente Marx su alma a Lucifer a cambio del poder para transformar el Mundo y llevarlo hasta el mismísimo abismo? Parece ser que al menos, eso es lo que él creía. Su hija Eleanora Marx (El Moro y el General-Memorias de Marx y Engels) relata que siendo niños, su padre les contaba recurrentemente el cuento de un tal Hans Rekle. Una historia que se prolongaba interminablemente durante meses y parecía no tener final. Hans Rekle era un mago, propietario de una tienda de juguetes, cargado de deudas. Pese a ser un mago andaba constantemente necesitado de dinero. Tanto que se veía obligado a ir vendiendo sus preciosos juguetes, uno por uno, al diablo. Eleanora cuenta que eran historias tan terribles y realistas que a menudo ponían la piel de gallina.

En “El desconocido Karl Marx”, Robert Payne escribe que es prácticamente imposible no ver en Hans Rekle al propio Marx. Basta con sustituir los juguetes del mago Rekle por los niños de Marx para que todo se entienda. Así describía su mujer Jenny la muerte de sus hijos Edgar y Franziska: “Mi pobre pequeño Edgar saltó a mi encuentro con su carita alegra. No disfrutaría mucho de sus caricias. En noviembre (de 1850), el pobre niño sufrió de convulsiones causadas por una inflamación pulmonar.. Mi dolor fue enorme. Era el primer hijo que perdía. No me imaginaba entonces las otras penas que me esperaban y que harían insignificantes todas las penas pasadas” (...) “En pascua de 1852, nuestra pobre Franziska cayó enferma aquejada de una grave bronquitis. Durante tres días la criatura lucho con la muerte. Sufrió mucho. Su pequeño cuerpo descansaba en la habitación trasera; todos nos fuimos a la habitación de delante y cuando anocheció colocamos nuestros colchones en el suelo, con los tres niños a nuestro lado y todos lloramos por el pequeños ángel que yacía sin vida allí al lado. La muerte de nuestra hija ocurrió en nuestra época de mayor pobreza".

Por otra parte Arnold Kunzli en su libro “La psicografía de Marx” explica la culpabilidad del ideólogo de Tréveris en el suicidio de dos de sus hijas y uno de sus cuñados. Eso aparte de que otra de sus hijas, Laura, tras enterrar a sus tres hijos se quitó la vida junto a su marido.

Marx jamás desempeñó trabajo fijo remunerado alguno. Eligió la vida de revolucionario profesional. Se dedicó, primero a la subversión terrorista, y después a la propaganda y el activismo político en favor del comunismo y el ateísmo. Poco le costaría comprender que sus “hijos-juguetes” criados entre la pobreza y el desvarío estaban siendo la moneda de cambio de su compromiso con la destrucción.

En 1841 Moisés Gess había escrito de Marx que él iba a ser quien propinará el golpe definitivo a la filosofía y la religión tradicionales. Algo después, Heinrich Heine, que había coqueteado con el comunismo durante unos meses (tiempo suficiente para conocer bien a Marx y a otros exiliados alemanes en París), describía a los comunistas como “una multitud de dioses ateos y autodesignados” y auguraba: “El futuro huele a cuero, sangre, ateísmo y muchos azotes. Yo aconsejaría a nuestros nietos que nacieran con una gruesa epidermis bajo la espalda”

Si de joven Marx se dedicaba a bramar maldiciones contra el mundo, de adulto lo encontramos metido en faena. En marzo de 1850 redacta junto con Engels un documento titulado “Plan de acción contra la democracia” en el que esboza un programa revolucionario de terrorismo, incitando al asesinato de las cabezas coronadas, la destrucción de monumentos públicos y una alianza entre el proletariado y la pequeña burguesía que más tarde sería eliminada por el proletariado.

Poco después Marx, Engels, von Willich, G.J. Harney y Adam Vidil firman un acuerdo para formar una Sociedad Universal que tome el poder en los Estados alemanes, Gran Bretaña y Francia. Robert Payne aporta en su libro un informe de un confidente policial que asiste a las reuniones del grupo y que viene a confirmarnos las inclinaciones reales del propia Marx: “La sociedad B es la más violenta. En su seno se enseña y discute formalmente el asesinato de príncipes. En una reunión celebrada anteayer y que fue presidida por Wolf y por Marx oí gritar a uno de los oradores ‘La estúpida inglesa tampoco escapará a su destino. Las mercancías de acero inglesas son las mejores, aquí las hachas se afilan especialmente bien y la guillotina espera a las cabezas coronadas’ (...) Se fijó el mes de mayo o junio para dar el golpe principal en París”. Las prácticas terroristas quedan todavía más claras a continuación: “La gran asociación comunista Bund (Liga) se extiende por gran parte de Europa. Marx, Wolf y Engels son los jefes para Prusia. Este Bund dirige en Prusia unas trescientas sociedades de trabajadores en cada una de las cuales no más de una décima parte son miembros del Bund. (...) Otra característica notable es la disposición de que cuando algún miembro de las sociedades ha de comparecer ante un tribunal de justicia se espera de todos los miembros de su sociedad cometan perjurio y declaren su inocencia. De este modo, dice la carta, fue absuelto el individuo que atentó el año pasado en el Rin contra la vida del rey de Prusia y que recibía instrucciones de París y Colonia.”
Sabido es que cuando el movimiento se diluye, Marx se lanza a elaborar una torpe coartada teórica que dé cierto barniz científico a la subversión. No sólo eso. También por entonces redacta la famosa frase. “La religión es el opio del pueblo” que con el correr del tiempo y la repetición incesante de sus propagandistas, acabaría por convertirse en el más grande tabú que jamás ha existido para alejar al hombre de su innata inclinación religiosa. ¿Casualidad? Eso podríamos pensar si al menos Marx hubiese sido consistente en ese punto. Sin embargo, Wurmbrand aporta un testimonio final asombroso. El del Capitán Reese, un discípulo de Marx que al conocer la muerte de su maestro fue a Londres a visitar la casa donde éste había vivido. Al llegar a Londres, la familia Marx ya había abandonado el edificio, así que el capitán sólo fue capaz de hablar con la sirvienta que vivió en el mismo edificio: “Marx estaba aterrado con Dios. Durante su grave enfermedad solía rezar sólo en su habitación frente a unas velas encendidas y con una especie de cinta alrededor de su cabeza”. Wurmbrand considera que aunque tales cintas pueden recordar a las filacterias judías, dado que los judíos no rezan ante las velas y que Marx era un autodeclarado ateo, es más que probable que los amuletos tuviesen algo que ver con ritos ocultistas. Un indicio más de que pudo existir una agenda oculta en la vida de Karl Marx. La incógnita sigue sin despejarse.

Marx: el satanista (última parte), Ramón Fonseca Mora

Marx comenzó con ambiciones artísticas. Sus dramas y poesías son importantes por cuanto revelan el estado de su corazón, pero careciendo de valor literario, no han recibido reconocimiento. La falta de éxito en pintura y arquitectura nos dio a un Hitler. En drama, a un Goebbels. En filosofía, a un Rosemberg. Parece que Marx abandonó la poesía por una carrera de revolución llevada a cabo en nombre de Satanás en contra de una sociedad que no apreció su poesía. Es concebible que este sea uno de los motivos de su rebelión total. Ser menospreciado como judío podría haber sido otro.

Dos años después de que su padre expresara su preocupación, en 1839 el joven Marx escribió: “Diferencia entre la filosofía de la Naturaleza de Demócrito y Epicuro”, en cuyo prefacio se identifica con la declaración de Esquilo: “Odio a todos los dioses”. Esto corrobora que Marx estaba en contra de todos aquellos dioses en la tierra y en el cielo que no reconozcan la autoconciencia humana como deidad suprema.

Marx fue un enemigo declarado de todos los dioses, un hombre que había comprado su espada al príncipe de las tinieblas al precio de su alma. Manifestó como su objetivo el arrastrar a toda la humanidad al abismo y seguirla, riéndose a carcajadas.

¿Había Marx realmente comprado su espada a Satanás? Su hija Eleanor cuenta que Marx contaba muchos cuentos, a ella y a sus hermanas, cuando eran niñas. Su favorito era uno sobre un tal Hans Rockle. Dice ella: “Contar este cuento tomaba meses y meses, porque era un cuento muy largo, que no tenía fin. Hans Rockle era un brujo que tenía una tienda de juguetes y muchas deudas. A pesar de ser brujo siempre estaba en dificultades económicas. Por lo tanto tenía que vender, contra su voluntad, todas sus cosas hermosas, una a una, al Diablo… Algunas de sus aventuras eran tan horripilantes que nos paraban los pelos de punta”. ¿Es normal que un padre le cuente a sus hijitos historias horripilantes sobre la venta de los tesoros más queridos que uno posee al Diablo? Robert Payne, en su libro Marx, también recuenta este incidente detalladamente, según fuera contado por Eleanor; de cómo el infeliz Rockle, mago, vendió los juguetes con renuencia, conservándolos hasta el último momento. Pero como había hecho un pacto con el Diablo, no tenía forma de evitarlo. Este biógrafo de Marx continúa: “Casi no hay dudas de que aquellas historias interminables eran autobiográficas. Él tenía una visión diabólica del mundo, una malevolencia diabólica. A veces parecía estar consciente de estar realizando las obras del Diablo.”

Cuando Marx terminó Oulanem y sus otros poemas primeros, en los cuales escribió respecto a tener un pacto con el Diablo, no pensaba todavía en el socialismo, al que inclusive había combatido. Marx era editor de un periódico alemán, Rheinische Zeitung, el cual anunciaba que “no le concede ni siquiera validez teórica a las ideas comunistas en su forma presente, mucho menos desea su realización práctica, la cual de todos modos considera imposible… A los esfuerzos de las masas para llevar a cabo sus ideas comunistas se les puede responder con un cañón, tan pronto como éstas se vuelvan peligrosas…”.

Después de alcanzar esta etapa de su pensamiento, Marx conoció a Moisés Hess, el hombre que desempeñó el papel más importante en su vida, y quién le hiciera abrazar el ideal socialista. En adelante, Marx no habló mucho en público sobre la metafísica, pero conocemos sus puntos de vista a través de los hombres con quienes se asociaba.

Uno de sus compañeros en la Primera Internacional fue Mikhail Bakunin,anarquista ruso, quién escribió:“… aquí entra Satanás, el eterno rebelde, el primer librepensador y emancipador de los pueblos. El hace que el hombre se avergüence de su ignorancia y obediencia bestiales. Él lo libera, le estampa en su frente el sello de la libertad y humanidad, urgiéndole a desobedecer y a comer el fruto del conocimiento”. Bakunin hace más que alabar a Lucifer. Tiene un programa concreto para la revolución, pero ninguno que pueda liberar a los pobres de la explotación. Escribe: “En esta revolución tendremos que despertar al diablo en las gentes, para provocar las pasiones más bajas”.

Karl Marx fundó la Primera Internacional junto a Bakunin y respaldaba este extraño programa. Bakunin revela que Proudhon, otro importante pensador socialista, y por aquel tiempo amigo de Karl Marx, también “adoraba a Satanás. Hess le había presentado a Marx a su amigo Proudhon, quien, al igual que Marx, también usaba el estilo cabelludo y de barba típico de la secta satanista del Siglo XIX, de Joanna Southcott.

Proudhon, en “filosofía de la miseria”, declaró que Dios es el prototipo de la injusticia: “Alcanzamos conocimiento a pesar de Dios. Alcanzamos la sociedad a pesar de Él. Cada paso de avance es una victoria en la cual vencemos al Divino”. Proudhon exclama: “Ven, Satanás. Calumniado por los pequeños y por los reyes. Dios es estupidez y cobardía; Dios es hipocresía y falsedad; Dios es tiranía y pobreza; Dios es maligno. Cuando la humanidad se inclina ante un altar, la humanidad, esclava de reyes y sacerdotes, será condenada… Juro, Dios, con mi mano extendida hacia los cielos, que tú no eres más que el verdugo de mi razón… Dios es esencialmente anti-civilizado, anti-liberal, anti-humano”. Proudhon declara que Dios es maligno porque el hombre, su creación, es maligno. Tales pensamientos no son originales. Son el contenido usual de los sermones en los servicios de adoración satánica.”

Paremos aquí. Hay mucho más que escribir, pero creo que lo copiado arriba de lo escrito por Richard Wurmbrand en “La otra cara de Marx o Fue Marx un Satanista?” es suficiente para abrir el apetito a algunos lectores interesados en el tema para que investiguen más acerca de quién en verdad era Karl Marx y con quienes se alió para lograr las grandes tragedias en los dos siglos precedentes. Hablamos de decenas de millones de refugiados, deportados y muertos….

Marx, una vez que se lanzó por el camino socialista cerró su interior y no escribió nada más sobre su motivación. Pero los poemas y dramas son ventanas a lo profundo de los seres humanos. Como creo que dije antes, el poeta condensa en pocas palabras la intensidad y profundidad de sus emociones más sinceras y reales. Cuando leí sus poesías y dramas, me asomé al interior de Karl y no me gustó lo que vi. Por eso lo comparto aquí. Para que nos demos cuenta de dónde vienen los socialistas que hoy intentan dominar el mundo a través de sus ideas de un solo gobierno e impuestos mundiales, entre otros. Ellos, sin que lo sepamos —y sin que muchos de ellos colocados en niveles inferiores sepan a quién en verdad sirven—, obedecen a un solo amo que se encuentra sentado en la cúspide de su pirámide.

Se equivocan quienes piensan que no adhiero al feminismo. Por supuesto que adhiero al feminismo, pero al feminismo de Esther Vilar y de Camille Paglia.