Segundo poema escrito a mano, por correspondencia amorosa, en clave romántica, dedicado a ella, editado e intervenido con experimentación para evitar la cursilería, en lo posible, sin quitarle la emoción y la intensidad:
y viniste
constelada en la órbita
había una puerta
que empujaste decidida
permanecimos dentro, ardidos
y fuimos en el reflejo
el otro multiplicado
encendidos sin temor
y desatados en la hebra
del instinto oculto
Huimos arrinconados
Sin que nos viera nadie
allá donde el misterio ríe
un escape equivalente al verso
un verso equivalente a la fuga
fundimos la palabra
atrapamos el ocaso
y pactamos sin avales
el derrumbe del cielo
el acto definitivo
el clímax de la historia
una consagración
más allá de las cosas
una afirmación
plegada a nuestro vientre.
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