lunes, 3 de octubre de 2022

El beso (mini ficción)

Se miraron fijamente, esperando el momento adecuado, mientras la noche cayó. –Ya es hora-, le dijo ella a su prometido, con una mirada profunda. –Lo sé-, le respondió él, expectante. Se quedaron mudos. Ella, nerviosa, puso su mano sobre el rostro de él. La dejó ahí, enternecedora. Él estrechó su brazo alrededor del cuello de su compañera y lentamente la trajo hacia sí. Demasiado cerca el uno del otro, ella desplazó uno de sus dedos por entre la oreja de él. Acto seguido, el hombre hizo lo mismo con la oreja de ella. De ese modo, sincronizados por el sentir, se sacaron cuidadosamente la mascarilla que llevaban, para ver por fin sus rostros verdaderos. En el momento en que iban a besarse, la piel de sus rostros se fue desvaneciendo con la brisa fresca que entraba por la ventana nocturna, hasta desaparecer por completo. El beso fue dado en el vacío y aún sobrevive, invisible, contagioso.
-Profe, póngase la mascarilla, no lo reconozco sin ella-, me dijo un cabro, literalmente, en la mañana. El verdadero rostro permanecía oculto. Ahora, por fuerza mayor, la mascarilla pasó a ser el rostro. Llegó un punto en que no pudimos reconocernos sin él. Quitárselo equivalía a desaparecer.

domingo, 2 de octubre de 2022

Y ahí estaba el ejemplar de la Nueva Constitución, en una caja de libros usados en la feria de viejos de Plaza O Higgins, compartiendo espacio con otros libros, entre ellos, El juego del dinero de Robert Kiyosaki y Memoria de crímenes de Ray Bradbury. En una sola caja, una novela negra, autoayuda financiera y un borrador constitucional. El destino de muchas obras de la literatura universal es ese: servir de inventario para el librero ambulante y de banquete literario para el lector callejero.

El hackeo al Estado Mayor Conjunto: complot o montaje

Tras el hackeo al Estado Mayor Conjunto que revela información clasificada de las Fuerzas Armadas y también informes policiales secretos sobre lo ocurrido durante la insurrección de octubre, han salido a la luz diversas teorías. La primera dice relación con el presunto plan de un grupo autodenominado Guacamaya, grupo anónimo de “hacktivistas” que, según dicen, ya ha atacado los organismos militares y policiales de otros países. Su declaración de principios ya es de conocimiento público y alude a un llamado de resistencia en contra de los Estados considerados invasores del espíritu de Abya Yala, nombre primigenio con el que se alude a toda la América. Así se deja leer en un extracto de su manifiesto:

“Para que quede claro, los ejércitos militares y las fuerzas policiales de los Estados de Abya Yala, son la garantía de dominio del imperialismo norteamericano, son garantía de la presencia extractivista del Norte Global. Son fuerzas represoras violentas, criminales en contra de los propios pueblos y sus organigramas piramidales internos de poder también son repudiables.”

Si se hace una lectura acuciosa, se puede inferir la ideología que subyace a estos llamados e imprecaciones, cuál sería su ideario y hacia qué horizonte apuntan. El propio grupo Guacamaya lo deja entrever, incluso de manera lírica y vehemente, en un poema:

¡Aquí, en nuestro hogar,

se congregan los mundos:

el águila del norte,

la guacamaya del centro

y cóndor del sur!

¡Vamos como el principio mismo de nuestro tiempo,

con nuestro tiempo espiral,

de cuentas largas de mil años,

con nuestro calendario lunar iluminado de sol!

¡Nuestra victoria es la vida!

La simbología de las aves alude a los ejes de poder en disputa a lo largo de América. Se trata de una metáfora geopolítica. El águila del norte es el Estado profundo norteamericano. La guacamaya y el cóndor representan, por su parte, el ethos de Hispanoamérica, aunque se puede advertir una evidente diferencia sustantiva en el cóndor, que configura el Cono Sur y que forma parte de nuestro escudo nacional como animal patrio, simbolizando la fuerza, en consonancia con el lema. La guacamaya, por su parte, representaría, más bien, el “espíritu centroamericano”, más tropical, y no es casual que este grupo de hacktivistas se haya adjudicado su nombre como emblema de batalla. Se podría decir entonces, que la visión de Guacamaya apunta a una suerte de reivindicación de los pueblos hispanoamericanos en contra del dominio del capital financiero estadounidense. Su ideario entraría en total consonancia con la izquierda libertaria y revolucionaria de corte marxista, pero con un toque de bolivarianismo por su idea de la “unión latinoamericana”.

Ahora, la pregunta que subyace es la siguiente: ¿habrá algún vínculo de este grupo con los partidos de coalición afines a su cosmovisión política? Difícil saberlo, mientras no existan pruebas fehacientes. Lo único evidente, por el momento, es que la intervención de Guacamaya en el Estado chileno, coincide con la coyuntura política posterior al rechazo de la Nueva Constitución, durante el gobierno progresista de Gabriel Boric, lo cual ya dice mucho.

He aquí que surge otra teoría aún más audaz sobre el hackeo, y es la teoría del montaje. Jorge Zamora, quien se ha hecho conocido en medios independientes por cuestionar la plandemia, ha señalado que el ataque cibernético al alto mando militar fue consecuencia del conflicto diplomático de Boric con Israel. Según su teoría, el propio gobierno (o quienes lo manejan en las sombras) habría hecho un “auto hackeo”, para neutralizar cualquier intento de levantamiento militar en contra de la agenda global en marcha. Prueba de esto, para Zamora, sería el hecho de que casi ningún personero de gobierno ha responsabilizado directamente a los hackers y, en cambio, han instruido investigaciones para delegar responsabilidades dentro de la institucionalidad militar. Aunque los antecedentes para sostener esta teoría no sean suficientes, no está demás pensar que existe una vasta red de implicaciones de poder, un auténtico Juego de tronos criollo, en donde se puede revelar toda una trama de negociaciones, sobornos, chantajes e incluso conspiraciones ocultas a la ciudadanía tras el velo del orden, la seguridad y el status quo.

Más allá de la presunta tentativa terrorista y revolucionaria de Guacamaya, más allá de la presunta conspiración del gobierno en contra de las fuerzas antiglobalistas, se ha hecho patente que las instituciones del Estado están expuestas, que Chile no tiene infraestructura crítica de ciber seguridad, dando una señal psicológica de indefensión ante cualquier fuerza invasora, ya sea un enemigo interno o externo. Un verdadero “ciber estallido” o “ciber insurrección” se está gestando, un auténtico espíritu octubrista llevado al mundo de lo digital en plena época del globalismo.

Sacarse el bozal

1.- Primer día en que se libera el uso de mascarillas. Sin embargo, al salir a la calle, extrañamente, no pocas personas seguían con el bozal. Muchos la lucían casi orgullosos, como si el solo hecho de llevarlas ahora desobedeciera el mandato de su eliminación. Así, rebeldes, en sentido inverso, con la mascarilla cubriendo su boca, caminaban sin ningún problema, creyendo espantar al bicho omnipresente y emulando la misma rutina establecida hace ya más de dos años. Nada parece haber cambiado para estos emisarios del bozal, demasiado acostumbrados a usarlo con diseños cada vez más exclusivos, al punto de considerarlos con criterios estéticos.

2.- Dicen que el hombre es un animal de costumbres, y la correcta aplicación de las medidas sanitarias no era la excepción a esa regla. Merced a su redundancia, la mascarilla acabó por mezclarse a la piel del ciudadano medio. Sin ese distintivo, no podría ocultar la vergüenza de andar a rostro descubierto y ser inconscientemente señalado, aunque, efectivamente, ya no hubiera necesidad. En tanto, los que circulaban sin el bozal lo hacían de manera parsimoniosa, apenas dirigiendo la mirada a los porfiados que aún seguían con la mascarilla puesta. Para ellos, en el fondo, acabó el mandato, no la pandemia, por lo que el mandato sobrevive en sus mentes y el miedo al bicho continúa incubado en sus corazones. La mascarilla persistente solo es muestra de que no había que quitársela de la boca, necesariamente, sino de adentro. Un bozal silencioso seguía penando en su interior, y no cabía allí ninguna otra restricción que la costumbre del portador, unida a la impostada moral del autocuidado.

3.- En el centro, pese a todo, seguían algunos ambulantes vendiendo mascarillas. Una señora gritaba a viva voz que eran los últimos lotes de a luca que quedaban. “Aproveche antes que se acaben”, exclamaba como en la feria, buscando convencer a los clientes de rostro descubierto o a los que necesitaban todavía el placebo de la boca tapada. Resulta que se eliminó la obligatoriedad, no su uso voluntario, por lo que mucha gente prefirió seguir llevándola a resguardo del bicho redundante o por la irresistible fuerza de la inercia. Y, en este sentido, la merca y el contrabando de bozales no podía desaparecer, sobre todo cuando se abrió un último nicho de liquidación.

4.- En más de una ocasión, me ha tocado devolverme para ir a buscar la mascarilla cuando ya andaba en plena calle, consciente de que ir con mi rostro real significaba no poder tomar la locomoción colectiva ni acceder a ningún recinto cerrado. De modo que estaba obligado a tomar la mascarilla olvidada y salir nuevamente, pero con el sello que me permitiría una mejor atención, fuera al lado que fuera. Y es por esto mismo que ya no se trataba precisamente de la cuestión de salud: se trataba, antes que nada, de integrarse a la vida social, aunque su precio fuera el de cubrirte hasta quedar irreconocible.

5.- El cambio de medida significó para muchos, una catarsis; para otros, un mero protocolo. Los más entusiastas, de espíritu anti plandémico, celebraron en grande, incluyéndome. Hay incluso videos de una celebración en un casino, en donde contaban los segundos, hasta dar las doce del uno de octubre, para gritar ¡libertad! Pero, por otro lado, algunos escépticos advirtieron que no había nada que celebrar. Que, nuevamente, las elites detrás de la política sanitaria han ganado, por la sencilla razón de que demostraron mantener, durante más de dos años, medidas restrictivas, en muchos de los casos, absolutamente arbitrarias y escasas de respaldo científico. Al desescalarse los protocolos, sencillamente, dieron por cumplida su faena, luego de una exitosa campaña de vacunación, el mantenimiento de un toque de queda prolongado como excusa política y la implementación de un verdadero plan piloto de crédito social. El uno de octubre, para estos escépticos, ganó el sistema, no ganó la libertad, por el simple hecho de que la libertad no es algo que se le conceda a la ciudadanía desde el Estado, sino que debiera ser ejercida por derecho propio. Entonces, celebrar el fin de las mascarillas solo implica actuar como el perro que estuvo demasiado tiempo con el hocico tapado como para soltar un ladrido. No es un logro, a lo mucho, una victoria pírrica, sobre todo si el uso del bozal dejó tras de sí una multitud de víctimas silenciosas o de talibanes de la salud.

6.- Escuché la otra vez decir en la calle, “hay que sacarse la mascarilla del alma”. Sin contexto, esta frase podría significar muchas cosas. Perfectamente, podría ser sacarse esa mascarilla que le pertenece al alma, una mascarilla metafísica, espiritual; o bien, liberar eso esencial dentro de uno, esa alma, de aquello que la oprimía o la ocultaba, esa mascarilla que es el velo de su verdad revelada.

sábado, 1 de octubre de 2022

Lucy Oporto. "He aquí el lugar en que debes armarte de fortaleza". (2021) Epílogo. La cifra de Dios.

Epílogo. La cifra de Dios

Hordas y vómitos, humanidad terminal en el límite imposible de un abismo impregnado de sangre asperjada. Decapitaciones sin sepultura en celebraciones inicuas y ritos inferiores de intensidad sombría.

Es la hora del abismo de carne, cuya potencia invisible transporta al ídolo crepuscular de la horda por calles inmundas: el perro infernal proveniente de un cráter indiferenciado y sin Dios, apagado desde antes del principio. Raíz invertida del tiempo a la deriva que incuba el exterminio de la vida oculta e irradiante.

Instintividad sin espíritu: pozos sin alma. El futuro silencioso se despeña oblicuamente, en busca de una cifra que confiera una estructura y una imagen al hundimiento final de lo humano en el centro de la lujuria sangrante, la maldad enconada y vitoreada, la peste en su proliferación larvaria de monstruos y cicatrices estelares.

La cifra busca la luz en la luz que ilumina la obscenidad de una disolución abismal, enorme y gutural, cuyos cantos de devoramiento levantan encrucijadas de explosiones y cuchillos.

Así los lenguajes eclipsan, celebrando el derrumbe de antiguas cúpulas y la profanación de altares, como en una interminable misa negra oficiada por bestiales adoradores de perros.

Negra incubación o aborto estelar.

La cifra de Dios se busca a sí misma. O es buscada por Dios mismo. O es el abismo inefable que busca mostrarse en su verdad fundamental, obscena y mortal: una última perdición o un inicio infinitesimal imposible.

Hordas, vómitos, escupitajos, excremento y orina. Fuego y ceniza. Graves sonidos arcaicos y guturales. Ritos de oscuridad cavernosa con decapitaciones y abertura de cuerpos, mareas celestiales de sangre subyacentes al devenir, latentes como la maldad de la horda y su execración del Espíritu.

Fuego negro que arde, pero no ilumina.

Si acaso una mirada incólume, un amor tardío, un silencio noble y gentil, una palabra profunda. Y un trasunto de realidad descifrado para un alma en suspenso que siquiera se postrara exánime.

La cifra de Dios es la puerta del abismo, la escena final de una estructura y un orden invisibles, cuya luz en la luz revela el horror de un excedente indescifrable: lo absolutamente monstruoso e invertido.

Pero hay transcursos paralelos, cuyas extrañas desviaciones, encrucijadas y laberintos conducen a la necesidad de ingresar al misterio contenido en la cifra: un corazón de intrincadas raíces, líneas, mansiones, niveles y configuraciones otras, en lenguajes arcaicos y futuros como jeroglíficos dotados de consciencia, cuerpo y puertas irradiantes.

Un triángulo de sangre latente. Un astro de luz crepuscular. Y una cruz.

Dios engendra la cifra. La cifra engendra a Dios. El inefable abismo engendra la conciencia. La conciencia acrisola y conjura a la horda.

La corrupción y el envilecimiento de lo humano devienen excremento y desecho de su instintividad sin espíritu: puertas oblicuas, galerías y horrores secretos incuban carnicerías interiores, decapitaciones, devoramientos y fuego negro expandiéndose como la peste.

Mas la cifra de Dios es Dios mismo: el fundamento, el término absoluto y el exorcismo crucial. El único poder y la única gloria.


¿Cómo concebir la coexistencia de la popularidad de OnlyFans con la hegemonía del feminismo progresista, en prácticamente todos los ámbitos del arte, la literatura, la cultura y la política pública? Inquietudes que no me dejan dormir tranquilo.
Y si mi nuevo discurso fuera moderado y mi espíritu crítico diezmado, querida ¿seguirías desconociéndome como lo sigues haciendo, desde el otro lado de la barricada ideológica, frente a la pira del fanatismo y la primera línea de la enajenación?

Lucy Oporto Valencia. He aquí el lugar en que debes armarte de fortaleza (2021). Fragmento.

El placer de la destrucción. Carta abierta en respuesta a Franco Berardi.

“Me referiré al final de mi ensayo “Farewell” significa “despedida”, entre otras de sus acepciones. Existen varias obras con ese nombre. Yo pensaba en la Fantasía N° 3 para laúd, así llamada, del inglés John Downland (1563-1626): una composición melancólica y fúnebre, de una extrema delicadeza, fineza y silencio, que contrasta ferozmente con la horrible materialidad de los hechos y sus vociferaciones estentóreas de linchamiento.

Así se titula también la última sección del ensayo que usted leyó: Farewell, ya que en un determinado sentido se trataba de una despedida.

Pues bien, no espero nada de esta “revuelta social”. No espero nada del Estado chileno para mí. No puedo entregarme a la barbarie, ni a las seducciones de lo indiferenciado, ni a las extorsiones manipuladoras y victimizadoras calculadas por el lumpenfascismo y su mezquindad organizada, incapaces de reconocer el amplio espectro de esta violencia en su maligno despliegue.

Las hordas y las turbas me repugnan absolutamente. No las defenderé bajo ninguna circunstancia. Ni ahora, ni nunca.

No me postro ni me postraré ante la juventud, ni ante la ceguera de los adultos obsecuentes con su impulsividad barbárica. Me dan lo mismo los exámenes de pureza ideológica que pretenden ver en una parte importante de ellos a héroes inmunes a la crítica, con fuero para destruir todo a su paso porque nunca alcanzarán el poder, o porque “todo les han destruido”, en términos del sacerdote Puga, y a quienes, no obstante, habría que agradecer su “labor”.

Sigan ustedes disfrutando del privilegio de la impunidad de los amos como hasta ahora, realizando su abyecto deseo de tener, poseer, destruir. Sigan disfrutando de su violencia suicida y a mansalva, mientras la anomia continúa su avance. Pues las otras víctimas de este horror carecen de relevancia, presencia y realidad, no solo para usted, sino también para las correccionales burocráticas, políticamente correctas y bienpensantes en materia de derechos humanos, tanto en Chile como en el extranjero.

Pero un día las hordas prepotentes en su hedonismo se disolverán. Las falsas solidaridades y encuentros quedarán al descubierto. La primavera de los “sin miedo” se marchitará, y estos quedarán solos ante el vacío de su alma. Cuando ese momento llegue, ni todas las consignas ensordecedoras y repetidas hasta la náusea los salvarán del terror ante su propio abismo. Solo resistirán los pocos que tengan una auténtica capacidad de transformación interna y estén dispuestos a resistir sus intrínsecos rigores. Jamás una horda, ni una turba.

Ese día llegará. Ahora, o cuando alcancen su maduración, o queden enquistados en la postración de su adolescencia eterna reproduciéndose en más de lo mismo, para así satisfacer su autocomplacencia, rememorando su épica miserable y su estética de sitio eriazo.

Yo haré lo único que soy capaz de hacer, responsable e individualmente: dedicar mis esfuerzos a pensar la realidad a partir de sus imágenes simbólicas."




El fin del pase de movilidad lo celebré bailando anoche. ¡Qué manera de pasarla bien!