miércoles, 13 de febrero de 2019

Atardecer y transmutación (relato onírico)

El sueño de anoche sí que fue cuático: Soñé que iba caminando dentro de algo similar a un instituto, subiendo escaleras para dar con un piso o una sala x. El instituto se hallaba a su vez dentro de una embarcación muy parecida al Logos Hope que arribó hace poco a valpo. A medida que iba subiendo escaleras, perdía la noción del tiempo y del espacio y no sabía si iba en calidad de estudiante a alguna clase para recuperar un ramo, o si iba en calidad de profesor a dictar alguna cátedra atrasada. En ambos casos, la situación emocional era insostenible. Subía y subía y no daba con ese piso o con esa sala, mientras los minutos apremiaban, y sonaba el estruendo general (sonido de buque) que indicaba que las clases estaban por comenzar. En eso me topé con un loco que iba bajando apresurado a no sé dónde. Se trataba de un loco parecido a aquel compañero de la U que gustaba de hacer referencias o frases apócrifas a autores conocidos, en clave parodia. Se confundía entre el gentío pero se lograba distinguir porque iba con un libro en la mano, un libro que comenzó a tomarse mis pensamientos. Fui siguiendo al loco, sin siquiera alcanzar a detenerlo, y ya el nombre de aquel libro aparecía en mi mente sin explicación. El libro se llamaba Transmutación y figuraba en mi cabeza como atribuido a Bolaño. Yo pensé, qué chucha, no podía existir un libro con ese nombre, al menos que se tratase de otro libro inédito que la editorial en nombre del autor ya va sacando por osmosis, de manera fantasmal, publicando mucho más que cuando Bolaño estaba vivo; pero luego, ya habiendo perdido al loquito, volví a retomar la búsqueda de mi inicial paradero, no sin antes reflexionar sobre el libro que tenía yo guardado en la mochila y que no había advertido hasta ese entonces. Me detuve rápido, aún con el tiempo apremiando, para llegar adonde tenía que llegar, y abrí la mochila para sacar de su interior un libro derruido. Tenía la forma de aquellas ediciones Anagrama que intentan aglomerar en un solo tomo ciertos intentos de novela total, barrocos por pretenciosos, bizarros por ambiciosos. Al tomarlo el libro era un mamotreto muy pesado, algo viejo con algunas páginas sueltas y una superficie de portada algo viscosa por la manipulación descuidada. El nombre del libro lo recuerdo perfectamente bien. Se llamaba Atardecer. Pero no aparecía atribuido a nadie. Debido a la urgencia del momento, desistí de hojear el mamotreto y lo guardé para así volver a buscar el lugar al cual tenía que ir. Después de eso, francamente no recuerdo nada más, excepto la imagen viva de aquellos libros y sus nombres, que seguían conspirando en mi mente conforme el sueño se hacía más difuso e indescriptible. 

¿Qué era lo que se transmutaba? ¿Qué era lo que atardecía? Cuando me pregunté esas dos cuestiones me acordé que en realidad el lugar al que debía ir quedaba fuera del Logos Hope, al cual solo se podía acceder por un pasaje que antes pertenecía a una edificación antigua y que era tomado de vez en cuando por algunos drogos que se ponían a pitiar y cambiar el mundo. Al intentar pasar por ahí sin ser advertido por los locos, uno de ellos me detuvo. Se trataba de aquel loco que había seguido en un principio. Estaba acompañado de otros wnes apenas retratables entre la bruma del humo y la densidad del sueño. Sin mediar aviso, le pasó de lo que estaba fumando a otro de por ahí, y sacó de entre su amplia chaqueta un libro. Ese libro era el famoso Transmutación. Hizo el ademán de dármelo, no sin antes pedirme algo a cambio con la mano izquierda. Intuía que este loco quería el libro que tenía en la mochila. Le di entonces el libro Atardecer. El loco lo recibió y se lo pasó al otro que tenía el pito, para así recuperarlo y volver al vicio. Había otro loco a su lado, mirando fijamente, esperando que sucediese algo. ¿Qué era lo que debía pasar? A esas alturas, ya no sabía si debía efectivamente llegar a aquel lugar que buscaba en un comienzo o simplemente debía quedarme ahí a resolver algo pendiente con estos compadres misteriosos. De modo que, para evitar el aturdimiento, intenté rápidamente virar de ahí. Sin embargo, el compadre que miraba fijo me detuvo, y me obligó a quedarme. Todo indicaba que faltaba algo más por hacer. Así, el loco del libro se acercó y señaló rápidamente hacia el que tenía en mi poder: Transmutación. Los otros se arrimaron a un lado esperando que sacara de nuevo el libro. Comencé a abrirlo, y el compadre indicaba con el dedo la página que debía colocar, ante la mirada absorta del resto. Buscaba nerviosamente, a medida que el loco urgía más en la búsqueda de aquella página solicitada. Hasta que di con una página casi al final del mamotreto. Tenía dentro la inscripción de una pirámide con un punto en la parte superior, muy similar a la de Anagrama, (entremezclada con la illuminati). Cuando retiré la vista de la página, el loco y los demás comenzaron a mostrar la figura que tenían inscrita en diferentes partes del cuerpo. Era el mismo símbolo del libro. Al cachar que no podía concebir el sentido de la situación, el loco del libro se me acercó una vez más y me sostuvo la muñeca izquierda, fugazmente, junto a otros que intentaban sostenerlo. Alcancé a forcejear con él, no entendiendo nada y siendo amenazado por lo incomprensible de las acciones, hasta que el loco simplemente me bajó la manga para revelar el símbolo que tenía yo mismo inscrito en la piel de la muñeca: el símbolo de la pirámide del libro. Miraba hacia el símbolo en la muñeca, y luego agotado giré hacia el rostro de todos estos locos. En el momento que di vuelta la cabeza de manera instintiva para evitar su mirada, y volvía para guardar el libro, el loco del principio soltó rápidamente su mano de mi muñeca, dejando al descubierto el símbolo de la pirámide, y acabando con esto el sueño de forma abrupta.

martes, 12 de febrero de 2019

La muerte es lo único verdaderamente inclusivo. No discrimina a nadie.

El gran silencioso

“Con el tiempo, he responsabilizado mucho a mi medio familiar, su visión de las cosas del mundo y de la vida. Hubo una determinación por el tiempo histórico que nos tocó vivir y, por otra parte, una determinación familiar. Madre comunista, dos hermanas comunistas. Se almorzaba materialismo histórico y se cenaba materialismo dialéctico. Eso hoy me da un poco de molestia. No tuvieron la capacidad emotiva de enseñarme otros caminos posibles. Me hubiera gustado que me mostraran otro tipo de cuentos, otras literaturas”. Cuenta Ricardo Palma Salamanca en su última entrevista a The Clinic. Durante su período en el CAS, confesó haber leído a los franceses, a los rusos, a los gringos. Lo que me llamó más la atención fue que mencionó el Viaje al Fin de la Noche de Céline, con quien aprendió que una persona “no puede ser evaluada sólo por su postura política”. También mencionó a Ernst Junger, leyendo su libro Radiaciones; Junger, que fue soldado del ejército alemán. Encontró en este un autor que se permitía ver la vida desde distintas fronteras y convertirse en varias personas, “sin quedar atrapado en una sola”. Además leyó a Mijaíl Bulgákov y a William Faulkner. Finalmente hizo, junto a otros presos del Lautaro, una revista literaria que se llamaba Incesto. Conversábamos sobre esto con un amigo vía inbox. El cambio que llevó al ex guerrillero a declararse un “reformista”, luego de un profundo proceso de madurez y asimilación de sus fantasmas, y luego de una lectura atenta de otros referentes distintos a los de la izquierda tradicional, supuso desmitificar su figura de héroe, de la cual dice estar hastiado, para volcarse al exilio del anonimato y a una aspiración mucho menos colectiva y más personalísima. De hecho, señaló en la entrevista que está en las antípodas de los discursos pomposos y que, hoy por hoy, su principal aspiración es “pasar desapercibido”. Incluso, dijo que su mayor sueño es el olvido. Se trata de la postura del guerrillero veterano que busca dejar atrás la carga histórica de sus acciones para ir hacia una búsqueda individual. Sin proponérselo, Palma Salamanca, el nihilista renovado, está adoptando la figura política ilustrada por Ernst Junger, la figura del “gran silencioso”, de aquel que se retira de la vida pública con tal de oponerse moralmente a todo lo que lo rodeaba y por fin reencontrase consigo mismo y ser su propia autoridad. El que otrora fuera el ícono revolucionario de Chile escogió, como salida, el camino íntimo del silencio.

lunes, 11 de febrero de 2019

Un caballero escucha a toda pala Soul sacrifice mientras se prueba unos zapatos Beba y espera su turno para la caja del banco. Tremenda imagen.
En Bar de chicas, de Tv+, las panelistas analizan personajes históricos que murieron solteros. Da Vinci, Newton, Voltaire, Beethoven, Nietzsche, Van Gogh, Tesla. Según ellas, o eran muy raritos o demasiado inteligentes. De Newton dijo una: no me gusta su mirada. De Voltaire dijo otra: igual me lo como.
Anoche por Cumming, a la altura del Trova, un montón de gente rodeando a um hombre echado en la calle junto a un vehículo, notoriamente ensangrentado. Una mujer alcanzaba a sostenerle la cabeza y otra le cubría y le apretaba la herida procurando evitar la hemorragia. El hombre palidecía conforme transcurría el curso de la noche y crecía la desesperación de los presentes. No sin morbo pero también con ánimo de ayudar, preguntamos si ya habían llamado al Sapu o algo. Efectivamente venían en camino, pero lo raro era que en esos instantes no había mayor asistencia que la que se gestó espontáneamente a modo de auxilio ciudadano. Todo parecía indicar que si no hubiese estado aquella gente, el hombre habría quedado mortalmente herido, a la deriva, por largos minutos, a la espera de la siempre tardía intervención institucional. Le decía al compadre que hablaba con cada transeúnte impávido que por allí bajaba, si acaso alguno de ellos tenía vehículo o podía hacer algo, lo posible, para llevar al hombre a la posta de urgencia, ya que era cuestión de tiempo para que la hemorragia hiciera lo suyo. Su respuesta fue negativa, insistiendo en la llegada del Sapu como última opción ante el escaso apañe del ambiente. "Están más preocupados de chupar", exclamó, en el momento que veía cómo el mambo a su alrededor seguía impunemente, sin contar además con la presencia de los pacos que estaban de punto fijo en la plaza y parecían no advertir la escena de sangre. "¿Ajuste de cuentas o asalto?" era el cuestionamiento inmediato luego de abandonar la escena y dejar al malogrado sujeto ahí a un costado de la acera. No importaba para nada, no cambiaba en nada lo sórdido de la situación, pero era la disyuntiva moral inevitable, la disquisición remota respecto a la responsabilidad, palabra tan aséptica, palabra tan cómplice. Sin mayor información ante la efervescencia, había que seguir caminando con la imagen del ensangrentado en la retina y en la mente. Su destino era incierto ¿volverse otra animita decorando la plaza? ¿protagonizar la próxima portada de La Estrella? ¿salvarse y vivir para contarla? Cualquiera que fuera su suerte, la violencia ya dibujaba el escenario natural de la jornada porteña. Apróntese, visitante, que por estos lados agonizar en la calle está a la orden del día.

sábado, 9 de febrero de 2019

La tercera temporada de True detective comparte una atmósfera, un tratamiento narrativo y un espíritu reflexivo similares a la primera, solo que acá los detectives protagonistas se notan más influidos por sus propias fantasmas interiores. Pizzolatto continúa con la tónica de una trama sobre la que se tiende un crimen sin asidero ni cauce definitivo, para exacerbar la oscuridad de la intriga y la falta de control sobre los hechos, pero acá el caso se va diluyendo en forma de penitencia irresoluta hasta desembocar en una carga y luego en un olvido traumático, sobre todo para el personaje de Hays. Se cumple una lógica refractaria: lo que resulta del todo infranqueable afuera (el posible secuestro de los niños) se manifiesta en el agotamiento vital de Hays (la culpa traducida en diferentes episodios de su vida personal). La tercera no tiene ese toque a lo Lovecraft de la primera, aunque sí una breve alusión a los ritos satánicos. No tiene el nihilismo destemplado de Rust Cohle, pero sí la fragmentación psicológica de la figura del detective. Pizzolatto viene a demostrar una vez más que la lucha del individuo consigo mismo no tiene fin, y va de la mano con la corrupción del hombre y su indeterminación moral. Pese a eso, continúa investigando, atado prácticamente a una obsesión que ronda lo trágico, lo absurdo, lo patológico.

viernes, 8 de febrero de 2019

Se reporta hace poco un nuevo suicidio en Costanera Center. Mujer se habría lanzado al vacío desde un quinto piso. A estas alturas, y con todos los muertos a cuestas, el llamado rascacielos más alto de América Latina se está ganando el título de "La Piedra Feliz" de los centros comerciales.

jueves, 7 de febrero de 2019

Se dice que el abogado presidente de Gasco que echó a tres mujeres de las orillas del Lago Ranco alegando propiedad privada, fue el mismo que en 1988 interpuso un recurso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para impedir que se transmitiera la película "La última tentación de Cristo" en Chile. Su carácter conservador se traduce entonces no solo en la defensa a ultranza de la privatización de lo público, sino que en la promoción dogmática de ciertos valores eclesiásticos, y en el rechazo categórico a todo aquello que atente contra su reducto de poder. De hecho, esto puede verse reflejado claramente en el propio video viral, cuando una de las monjas le dice a Pérez Cruz que ella es cristiana, exigiendo respeto. Este no lo piensa dos veces y le responde que él también lo es, pero "a su manera". No solo desde el punto de vista moral la actitud del sujeto fue desproporcionada, sino que además desde el punto de vista estratégico. Ahora, por culpa del impacto mediático de su desatino, Gasco tendrá que replantearse una vez más su imagen comercial, ante la horda de detractores e indignados con el episodio. (De hecho, aunque suene ridículo, los memes del perro de Lipigas pueden ser un indicio remoto de que esta empresa podría llevarle la delantera a Gasco en términos de ganancia económica). Y, por si fuera poco, el declararse cristiano a su manera ante el ojo crítico de la red, tampoco ayuda mucho a la ya empobrecida confianza del chileno en la Iglesia. La prepotencia del presidente de Gasco no revela otra cosa que la peor cara de la elite financiera: un deseo desmedido por la apropiación y la acumulación, una cultura expresada en un arribismo galopante, una mentalidad eminentemente materialista y pragmática y, por supuesto, su ego en directa proporción con su poder adquisitivo. A la derecha más liberal tampoco le conviene que sujetos como Pérez Cruz se jacten de propiciar y promover sus valores con tal desparpajo.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Otra pareja de ancianos en la comuna de El bosque acuerda un pacto suicida, en el cual el hombre le dispara a la señora para luego quitarse la vida él mismo con el arma. El suicidio de ancianos en circunstancias similares se ha venido haciendo costumbre, y ya resulta sintomático de nuestro ethos social. Hace poco menos de un año una pareja de ancianos también hizo un pacto suicida prácticamente igual en la comuna de Conchalí. El móvil de la pareja era muy parecido: cansancio de vivir, situación indignante, solo que aquella no tenía hijos, y realmente se hallaban solos, inclusive a punto de ser derivados a un asilo, cuestión que habría precipitado el desenlace. En el caso de los ancianos de El bosque, ellos habrían decidido matarse de mutuo acuerdo, pero descartando cualquier atisbo de abandono por parte del hijo de la pareja, quien se encargó de justificar la situación de sus padres. La relativa comparación entre los ancianos suicidas de Conchalí y de El bosque me retrotrae a aquel trágico episodio del mega incendio de Valpo del año 2014. En ese contexto, una pareja de ancianos del Cerro La Cruz murió abrazada bajo las llamas del incendio que devoraba su casa, negándose a salir. Murieron literalmente abrasados. Distintas condiciones, motivos idénticos. De aquella vez, podía derivarse una reflexión filosófica de entre las cenizas, luego de conversar con un loco a propósito de Albert Camus ¿era necesario que murieran así e hicieran ese pacto de amor hasta la muerte bajo el fuego? Salvarlos ¿hubiera sido romper con el honor de su intimidad al límite de la vida? Según Camus, no hay más que un problema filosófico verdaderamente serio, y ese es el suicidio. El hecho de que ellos hayan preferido morir solo puede explicarse en un universo que de pronto comienza a desmentir con violencia sus propias ilusiones y expectativas. De ese modo, los ancianos eran extranjeros. Desterrados de su idilio, no hallaron otra cosa que ejercer ese divorcio entre el hombre y su vida, reafirmando con eso el sentido generalizado del absurdo. Este mismo alcance y cuestionamiento puede aplicarse ahora a los viejitos de El bosque. Claro que no había allí un desastre evidente amenazando su integridad física ni moral, únicamente el dilatado martirio de la vejez, que solo pueden sopesar aquellos que han dedicado su vida a mantener en pie un proyecto sentimental de tal magnitud (inimaginable para uno mismo y muchos coetáneos). Una de las nietas de los Aedo, afirmó que “era una historia de amor de esas que ya no se ven". Efectivamente, vemos, en cuanto testigos solitarios, cómo caen matrimonios de más de medio siglo, prácticamente toda una vida, sucumbiendo ante el deterior de la salud y la enfermedad pero en esencia tan inquebrantables, vínculos que hoy por hoy parecieran dignos de algún museo sentimental, en el que gran parte de las relaciones no alcanzan siquiera a echar la chispa adecuada de compromiso por miedo a subyugar aquella tan cara individualidad. Bendecidos por la pólvora o por el fuego, estos amantes veteranos fueron derrotados por la vida pero a cambio se consagraron al imaginario romántico de la eternidad. No hallando lugar digno en la soberanía política que vio nacer su amor, tuvieron que simplemente tomar la drástica decisión de partir, porque con la vejez viene el olvido, y con el olvido la indolencia por omisión o por decreto. Como reza el título de la novela de Cormac McCarthy, "no es país para viejos".