En ningún otro espacio me siento más a mis anchas que creando arte, ya sea dibujando, pintando, corrigiendo un texto o editando alguna cuestión experimental. Allí no cabe la intromisión de nadie. Hay un trance interno de suma concentración en el que te abstraes y en el que todo lo exterior deja de importar, solo cabe la vista y la mano adolorida, ejerciendo su propio movimiento y su propia resonancia.
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