martes, 8 de marzo de 2016

Publicidad y mujeres

Clorox Chile nuevamente se disculpa aclarando que los memes que han aparecido a propósito del día de la mujer son falsos y no corresponden a una publicación hecha por la marca. Recordemos que en Enero anduvo circulando una publicidad que se volvió trending topic y que hablaba sobre el cloro como "la pareja ideal para la mujer de hoy". La empresa insistió en que hubo simplemente un error conceptual, en el cual ellos solo querían destacar la eficiencia del producto, no necesariamente asociarlo a un rol de género. El lavado de manos no se hace esperar. La política de lo correcto anda a la orden del día, como si fuese una especie de higiene ética. Algo parecido pasa ahora con una imagen de un regalo de Entel a sus trabajadoras, consistente en un set de costura, lo cual provoca obviamente molestia entre las mujeres que ven en eso otra forma solapada de discriminación. Una amiga al respecto dice que puede ser posible que el regalo haya sido simbólico y se refiera en el fondo a las trabajadoras textiles muertas el 25 de Marzo de 1911 en el Incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York. Cuestión que puede sonar aceptable, pero que resulta difícil pensarlo de parte de un grupo de publicistas. Incluso si llegara a ser así, resultaría más una broma sarcástica que otra cosa. Lo más interesante del asunto ya no es tanto que exista un discurso machista ni un contradiscurso feminista, sino que Marshall Mc Luhan, en su análisis del medio como mensaje, sigue teniendo más razón que nunca. Es simplemente divertido (y a la vez trágico) ver cómo las imagenes publicitarias se pisan la propia cola tratando de recobrar un sentido moral que por definición no tienen.

lunes, 7 de marzo de 2016

La chica compañera del departamento me avisa por interno si estaré allí durante la tarde. Sin saber cómo se consigue mi número. Le digo que a partir de las dos. Era para ver si la ayudaba con una maleta grande, puesto que venía de ver a su familia del sur. Me llama cuando está abajo. La ayudo. Mientras subo me pregunta si tengo algún problema con el peso de la maleta. Por supuesto le digo que no, a pesar de que apenas me la podía. Le comento que deberían poner ascensor. Ella habla sobre una ley que dice que solo los departamentos de seis pisos para arriba deben contar con ascensor como norma. Ambos concordamos en que la ley debería bajar un par de pisos más. En eso se asoma un tierno gatito de su cartera. Dice que se llama "rain". Olvidé preguntarle por qué se llamaba así. Ya arriba, la chica agradece sin más y entra a su habitación. Le di otra vuelta a la ley del ascensor. Si esa ley fuera solo un piso más abajo, la chica no habría requerido mi ayuda. Probablemente no estaría escribiendo esto. Habría matado todo el romanticismo del asunto. Hay muchas otras cosas que requieren una pura ley para cumplirse. Este no fue necesariamente el caso. La inexistencia de esa ley nos permitió romper el hielo, para luego volver al encierro del espacio propio, cansados, desconocidos, pero al menos libres de concordar en algo por nimio que parezca. Si no hubiese sido amable en ese momento tampoco hubiera necesitado escribir. Simple fijación egocéntrica o necesidad de legitimar alguna clase de código. Sin embargo ¿Qué era lo que pretendía en el fondo? ¿La amabilidad por si sola o simplemente otra oportunidad para conocerla y conquistar su confianza? Ninguna de esas cosas deberían necesariamente excluirse, porque la realidad a veces se resume en eso: en una escalera, en una mujer y en una ley inexistente. Y también en un gesto en apariencia desinteresado.

domingo, 6 de marzo de 2016

Ser alguien


Huidobro en uno de sus aforismos: "Soy abogado, soy ingeniero, soy... -¿Y a mí qué? Eso sólo prueba que posees un diploma de limitación". Desde chicos nos inculcan el ser otra cosa, entendido como ser una cosa para la sociedad, a veces con ternura, a veces con preocupación, sin otra expectativa que la proyección de tus seres queridos sobre ti mismo con el siempre infaltable motivo del amor. Ese alguien durante la infancia en la que reinaba el ensueño se diluía de acuerdo al potencial de la imaginación. Se podía querer ser desde un astronauta hasta un artista sin por ello llamar a la razón ni sentir verguenza por su poca o escasa probabilidad, o peor aún, por su carácter poco pragmático y rentable, variables tristemente "adultas". En la época en que el yo todavía vivía sometido al lecho de origen, en que solo se era en relación a ese lecho se podía imaginarlo todo con total libertad, puro ser en potencia, todavía no sujeto a la lógica de la realización, sueño y deseo en estado puro, todavía no anclado a la manía del hacer. Una vez que ese niño o esa niña abren los ojos al mundo, el yo corta poco a poco su cordón umbilical, se da cuenta que su camino debe seguirlo a pesar de su origen, que hay allá afuera mil y un posibilidades abiertas pero también sujetas al universo de la oportunidad. Entonces ese yo imaginativo debe sentar cabeza, poco a poco, y echar cuerpo en elecciones terrenales. Su yo debe conjugar la pura imaginación del niño con la acción febril del adulto, para poder hacer posible su proyecto de ser. El "ser alguien" en oposición a un ser de por sí, el rito productivo para entrar en la adultez. El "ser alguien" sin embargo se ha degenerado en la simple obtención de un trabajo estable y un puesto importante en la sociedad. Algo pasa con la imaginación una vez que se pronuncia la palabra "alguien". Una seria limitación sale a flote. El camino estrecho al mundo adulto, al mundo de la acción y la responsabilidad, no debiese olvidar la falacia monumental del "ser alguien", cuando es sabido que nunca el ser puede ser completamente comprendido ni agotado, siendo ese alguien solo una abstracción del ego siempre insatisfecho. No debiese extraviar tampoco el camino de vuelta al origen, al origen de la imaginación inocente que simplemente era dichosa por imaginarlo todo sin pasar por el filtro perverso de la acción. La imaginación como posibilidad siempre latente. Como posibilidad ingenua por querer ser siempre otra cosa sin importar que lo sea realmente. Puro sueño sin límite, tierna y salvajemente libre. Pessoa en la introducción a su poema Tabaquería, habla de esa posibilidad infinita en la certeza de saberse nada, de saberse nada más que hombre, de saberse nada más que algo que todavía no es y que tal vez nunca pueda llegar a ser completamente: "No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo". Pessoa el poeta radical: el gran don nadie, el gran soñador.

viernes, 4 de marzo de 2016

El extraño privilegio del anonimato

Una amiga reflexionando sobre la suerte de ciertos personajes públicos: "Camila Vallejo está forrada. Aunque igual debe ser penca salir a la calle y que te apunten de inconsecuente y que además se burlen todos por lo del chiste del festival. Lo mismo de Meruane. Ganó lo que ganó pero a costa de hacer el ridículo. No puede salir a la calle sin sentir vergüenza ni humillación por lo que pasó". Destaco la frase "salir a la calle". Ese hecho en apariencia rutinario e irrelevante cobra un matiz adverso si se le asocia a la figura pública. Es el costo de la fama. Se vende el alma al diablo. Se negocia la intimidad a cambio de una nada despreciable estimulación financiera y mediática. La imagen propia se vende al mejor postor. Le pertenece al espectáculo, le pertenece al monstruo cultural de la sociedad. Se convierte en un producto del imaginario de la masa. La persona real ya no existe como tal, en efecto. Pertenece a otra esfera. Su imagen no puede salir a la calle libremente. Está sujeta a la cámara siempre vigilante y voyerista del estrellato. Ella continuaba diciendo: "Menos mal que no nos conoce nadie. O sea, menos mal que no nos conocen los medios. Que los medios no nos han robado el alma". Para ella el alma equivale a ese algo con lo que se cuenta cuando uno se enfrenta en soledad ante el mundo. Una especie de consuelo tardío: No somos famosos, no nos conoce nadie, (nadie que forme parte del aparato mediático) pero al menos tenemos el extraño privilegio del anonimato. El privilegio de poder "salir a la calle" y deambular sin ser reconocido ni sustraído de tu imagen hasta el hartazgo. No parece tan malo, si se le mira desde esa perspectiva. Constituye, al menos, una victoria moral contra el deseo excesivo de reconocimiento.

jueves, 3 de marzo de 2016

Crédito

La clásica frase de Benjamin Franklin. "En este mundo sólo hay dos cosas seguras: la muerte y los impuestos". ¡Vaya consuelo! Eso hoy día, sin embargo, quedó chico. Existe algo mucho más tenebroso llamado crédito, que ni siquiera con la muerte se acaba. Que incluso en otra vida seguirá existiendo, impago, invicto.

miércoles, 2 de marzo de 2016

El ocio


Siempre cuando no hay nada que hacer en particular, me pongo a delirar sobre los amores que no fueron o que pudieron ser pero no fueron. Por supuesto, en completa ausencia e indiferencia de las implicadas. Me regodeo en sus mil y un posibilidades. Hago poesía sin escribir sobre ellas. La contemplación de aquellos momentos ya perdidos me sirve de placer y de aliciente. Es mi propio concepto de ocio. Al hacerlo así tengo el tiempo necesario para pensar y armarme de fuerza para seguir amando. Porque para poder amar tenemos que tener el suficiente ocio.

Pero ¿qué significa realmente? El tiempo de ocio, concebido desde su acepción latina, "otium", era opuesto al clásico negotium que involucraba actividades públicas, a la vida del mundo público. Cicerón hablaba de un otium cum dignitate que aplicaba a aquellos ciudadanos que ya cumplieron su servicio público y tienen el merecido tiempo para el cultivo y el disfrute de si mismos. El ocio tenía un enclave social. Era la pax, una especie de "felicidad pública" que todo aquel por el hecho de ser simplemente ciudadano poseía, aquellas veces en que el servicio a la comunidad quedaba cumplido o sencillamente se detenía, por abc motivo. Era el ocio asociado a la felicidad, a las cosas simples, a lo que corresponde a la propia persona. Ahora bien, ese tiempo de ocio podía usarse en cuestiones más “espirituales”, generalmente al cultivo de la filosofía, la ciencia, las matemáticas, la poesía o la propia escritura. Todas, disciplinas propias de ociosos. Hoy, sin embargo, el ocio tiene un matiz negativo. Se le concibe como sinónimo de vagancia, de despropósito, de una condición en suma miserable y hedonista. Nadie, a pesar de esto, puede negar que el ocio es una condición permanente. En nuestro fuero interno el ocio arde con una llama voraz. Nos impele a hacer nuestra voluntad. Todo nuestro "negocio" diario de supervivencia y de eficiencia en algún momento inspira y expira para darse un aliento y poder respirar. Ese momento le corresponde a la respiración, al ocio de la vida.

No nos engañemos: el trabajo que tan esforzadamente buscamos o realizamos no hubiese sido posible sin una incontenible cantidad de ocio. Nuestros sueños mismos son producto del ocio. Se trabaja en pos del ocio, en pos de respirar la vida con más fuerza. En eso reside su sentido. En lo que el mismo Cicerón llamaba el "otium negotiosum", el verdadero tiempo para hacer lo que se quiere, realmente. El problema es que hoy ese querer entra en pugna con el deber. Y ese deber en nuestro sistema está supeditado a la lógica del trabajo y la productividad. Solo en la conciliación entre ese antiguo otium y el negotium actual concebido como actividad pública se puede hallar cierto nicho, cierta luz de realización, por así decirlo. Mientras tanto, el otium arraigado en el espíritu sigue quemando. Siempre, a pesar del llamado militar del deber, de la arenga castrense del mes de Marzo, el otium subyace como aquella energía que te da la libertad suficiente para imaginar el querer en toda su dimensión poética, jovial, hasta cierto punto, trágica. La dimensión de ese querer es inagotable, porque el ocio mismo es inagotable. El universo entero es la obra de un ocio invencible.

martes, 1 de marzo de 2016

lunes, 29 de febrero de 2016

¿Quién ganó el Oscar?

¿Quién ganó el Oscar por la Historia de un oso? ¿Chile o los puros artistas? El dilema del momento. Eso se podría aplicar perfectamente también para el fútbol. A mi parecer, la copa en estricto rigor no la gana Chile, la ganan los futbolistas. Cuando la gente participa del triunfo de unos compatriotas apela a una cuestión sentimental, a un sentimiento de unidad colectiva. Resulta bonito saber que ellos no solo se representan a si mismos, sino que también representan algo más grande, llámese país, estado, humanidad, etc. Que la obra que ellos realizan está pensada no solo por egoístas razones, sino que además resulta una especie de ofrenda hacia el mundo. La obra le pertenece al mundo (aclaro, no solo a Chile). Los autores no pueden alegar propiedad allí sin pasar por arrogantes. Pero en la práctica el esfuerzo y la consecución del logro le corresponden al ganador o los ganadores. Aunque, por sùpuesto, nadie está del todo solo. Nadie, en efecto, crea o logra algo desde la nada. Cuando uno defiende una tesis, por ejemplo, (guardando las debidas proporciones) se la dedica, como es usual, a todos aquellos que sin su presencia o su ayuda no hubiera sido posible el desarrollo de esa obra. Es parte de un protocolo valórico. Ahora bien, hay un abismo de diferencia entre ganar un Oscar y sacar un título. Pero si uno va al meollo del asunto, quienes escribieron su obra, quienes se sacaron la cresta, aquellos que sudaron la gota gorda, aquellos que lo dieron todo por algo que los excede se llevan los méritos correspondientes. Apelar a que el premio por ese logro se lo ganó Chile o cualquier otra entidad abstracta es más bien parte de un rollo diplomático.

Meruane


1

A propósito de lo de Meruane anoche, un amigo me envía lo siguiente: "Evocar también a Thomas Hobbes, y su concepción metafórica del Estado como la gran bestia bíblica; máquina poderosa y monstruo devorador de los individuos. O sea, la MASA. Entonces Meruane=Hobbes.... Jajaja". Sin duda alguna, Meruane hizo historia anoche. Desenmascaró a la Masa como lo que es: Un Monstruo. Hizo historia como el humorista hobbesiano por excelencia.


2

Otra cosa a propósito de Meruane: El verdadero terror no es tanto el miedo escénico. La pifia del público, sin embargo, equivalía a la muerte en la Antigua Roma. El emperador, escuchando la voz de la masa, ya hubiese matado a Meruane, por ejemplo. El verdadero terror hoy en día es que eso se viraliza a todo el mundo en cuestión de segundos, multiplicando la ignominia a la millonésima potencia. No hay margen de arrepentimiento. La imagen del artista se crucifica y banaliza sin piedad, mediante un ejército de memes y videos. Hoy la muerte es más bien simbólica. El artista es ejecutado por la opinión pública, bajo la sucia garra del espectáculo. No importa si fue fome o no lo fue. Lo que importa es que Meruane fue un gladiador. Mostró la cara fea del Monstruo. Meruane, el humorista estoico. Meruane el humorista kamikaze de Chile.


3

No pequemos de hueones: Meruane nos paseó a todos. Meruane es en verdad el Ed Wood del humor. Su rutina en el fondo consiste precisamente en la construcción de un personaje humorista fome. Es tan malo que llega a ser bueno en lo que hace. Ahora la gran duda es si el público fue realmente estúpido y no captó esa jugada pifiándolo por no ser literalmente entretenido ni estar a la altura de los otros humoristas, o el público fue astuto y lo abucheó a propósito para seguirle el juego, demostrando que fueron también partícipes de su sarcástica rutina. A juzgar por el público en su mayoría acéfalo oyente de reggaeton, me inclino más por lo primero.

sábado, 27 de febrero de 2016

Esa inquietante tranquilidad de los días antes de Marzo, es como la calma sospechosa antes de una tormenta de estrés y de responsabilidad. Pareciera que el sol del Verano conspira para alejarse y de esa forma acabar con toda esa fantasía entretenida de vacaciones. El sol se lleva consigo el tiempo de ocio, los amores de verano, las juergas, los infinitos momentos de alegría y letargo. Vuelve en su lugar el clima cada vez más hostil, y con él, las viejas preguntas que cada año se repiten. Vuelve la pregunta sobre tu futuro, sobre tu éxito laboral, sobre tu madurez de corazón, sobre las etapas quemadas, sobre tu capacidad para vivir, en definitiva, sobre tu utilidad, para demostrarle a tu círculo que con la llegada de Marzo has logrado responder a cada una de esas preguntas con convicción, como Edipo ante la esfinge, logrando así el orgullo de tus seres queridos, el respeto de tus pares y el regocijo de los dioses. Sin embargo, aun en ese momento previo de regreso a lo que llaman realidad (que no es otra cosa que el regreso a la maquinaria de la supervivencia) se puede hacer algo verdaderamente importante, cualquier cosa que no tenga necesariamente que ver con el trabajo y sus derivados, algo inaudito y trascendente en serio, algo que haga de verdad la diferencia. En la búsqueda de ese algo, por inútil e incomprensible que parezca, me esmero cada año. En ese algo está la lucha secreta.