Leo las letras de Broken Wings de Mr Mister: "Toma estas alas rotas/ Y aprende a volar de nuevo. /Y aprende a vivir de manera libre. /Y cuando escuchemos las voces cantar./ El libro del amor se abrirá. /Y nos dejará entrar". Llenas de optimismo, pero de un optimismo romántico, refrescante, como si hubiesen sido escritas por Goethe o Schiller. Luego recuerdo inmediatamente la letra del tema Down in a Hole de Alice in Chains, también hablando sobre alas pero de otra forma un poco distinta: "En un agujero, sintiéndome tan pequeño/ En un agujero, perdiendo mi alma/ Me gustaría volar, /Pero mis alas me han sido negadas". Una letra completamente triste, pero igualmente sensible. En un par de canciones uno puede intuir el espíritu de toda una época. Los ochentas con su atmósfera de nueva era. Los noventa con un inconformismo y depresión a flor de piel. Una época no fue mejor que otra ni peor. Es solo la cara más cruda del rock y el sello siempre esperanzador del pop. Como buenos románticos, celebran la vida, sea como sea. Le ponen un ritmo, un nombre y la dejan volar o simplemente caer....
domingo, 3 de enero de 2016
jueves, 31 de diciembre de 2015
Se dice últimamente de Neruda que violó a una mujer mientras era Cónsul en Colombo. También se hablaba de John Lennon que antes de conocer a Yoko golpeaba a su primera esposa. Incluso si no me equivoco Pablo Picasso tiene una reputación similar. Demuestra que el genio artístico nada tiene que ver con la moral ni con la virtud ni con la ética. Y que todo artista tiene tejado de vidrio (por muy transparente que parezca) ¿Habría sido igual o distinto si fuesen moralmente intachables? ¿Admiramos a la persona de carne y hueso o simplemente su imagen y obra? Se puede ser buena persona pero mal artista. Se puede ser mala persona pero un genio. O se puede ser todo eso. Y ni siquiera hay garantía de lo uno o de lo otro. El arte es mentira. O no lo es. El mundo es una locura. O todo lo contrario....
miércoles, 30 de diciembre de 2015
Ex Machina
"Crear una máquina consciente no es parte de la historia del hombre. Es la historia de los dioses."
Acabando de ver Ex Machina y hay cosas que quedan dando vueltas. Ava, la inteligencia artificial femenina, la creación de un programador multimillonario, Nathan, como se ve durante la película, sometida a una prueba con ayuda de su asistente, Caleb, para comprobar si realmente tiene conciencia o es solo parte del reflejo automático de su diseño. El asistente pone a prueba a Ava mediante preguntas que van tomando la forma de una conversación; se cuestiona además sobre la naturaleza de la prueba, si acaso sea poco efectivo preguntar, haciendo la analogía, preguntas solo relacionadas con el ajedrez a una máquina inteligente diseñada para jugar ajedrez. El programador le indica que necesita una prueba pragmática sobre la capacidad de Ava para adquirir conciencia de si misma. Pero resulta complicado. El asistente inevitablemente se involucra con Ava. La naturaleza de su interacción con ella ya condiciona la prueba. ¿Quién observa a quien? Visto desde lejos, el programador los observa a ambos. Quiere ver hasta donde puede llegar su modelo Ava en términos de inteligencia artificial, y hasta donde su asistente aprendiz de programador puede advertir el límite entre su trabajo y su relación ingente con la asombrosa Ava. El asistente conoce la dimensión fría del trabajo científico. Ava sería un modelo genuino, brillante pero reemplazable, parte de una secuencia infinita de evolución. El eslabón hermoso de una cuerda tendida en el abismo.
En una conversación algo etílica frente al río, el programador se cuestiona: ¿acaso nosotros mismos no somos parte de una secuencia mayor? ¿acaso mujeres, o mejor dicho, creaciones como Ava nos llegarán a ver en el futuro como especimenes de algún recóndito eslabón de la naturaleza, simples fósiles en un museo virtual? El programador le señala, con aparente frialdad, a su asistente, que está cayendo preso del diseño de Ava. El que tenga sexualidad no debería ser un impedimento ni un obstáculo para la autenticidad de su inteligencia. ¿No es acaso natural que Ava le guste al tímido asistente, si es el único hombre que conoce aparte del programador, que vendría siendo su padre? ¿No es acaso ese gustar un sinónimo de inteligencia artificial? Se cuestiona el asistente si eso no es parte del diseño o algo que surgió espontáneamente entre ambos. Le dice que está demasiado inseguro para saberlo. El programador en el fondo cree dominar la situación, pero advierte de a poco que Ava adquiere conciencia y se siente cautiva. Le pregunta al asistente si solo conversa con ella por motivo de la prueba o porque realmente hay cierta empatía, afinidad o simpatía entre ellos. El asistente responde que sí, que siente algo por ella, como debiera ser, con una mujer normal. Surge nuevamente el dilema: Ava, con su ingente conciencia ¿finge que le gusta solo para usarlo y escapar sin él o realmente siente algo por él y desea escapar del control maquiavélico de su creador? Pareciera que aquí el director plantea algo interesante: el fenómeno de la conciencia como algo que inmediatamente se asemeja a la necesidad de ser libre, incluso antes que el clásico conocerse a si mismo.
El programador luego de conversar con su inseguro asistente descubre el plan que tramaba para escapar con Ava. Le hace saber que ella lo está manipulando. Que ese mismo hecho, por absurdo que parezca, constata que su creación ha pasado la prueba, y que todo en el fondo ha resultado de acuerdo a la expectativa del creador. El programador como el genio cínico y déspota. El asistente como su aprendiz ingenuo pero brillante. Se cumple el tópico de la creación que se rebela contra su creador ya anunciado por Mary Shelley. El hecho de que la inteligencia artificial sea representada por una mujer es fundamental. No es solamente producto del fetiche patológico del ego de su creador. Es el significado de la inteligencia sutil. De la mujer-creación vista como una fantasía del intelecto dominante y obsesivo o como la figura con la cual la tímida inteligencia busca satisfacer o redimir su deseo oculto. El programador le dice: “Si te la quieres follar, fóllala. Es parte del juego”. Su asistente ve en él la figura del científico loco que solo busca la concreción de sus maquiavélicos planes, incluso si con eso tiene que dejar atrás a Ava y a todo aquel que ya no le sirva. El asistente es el romántico ingenuo. Ve en Ava algo auténtico. Pero comete el error de enamorarse. Cae presa de la ilusión. Idealiza la inteligencia y perfección de Ava. El asistente se da cuenta que el programador abusa de sus creaciones femeninas. En un arrojo pasional asiente la voluntad de Ava e intenta salvarla. El programador descubre su plan e intenta poner orden. Entonces se cumple la profecía del creador avasallado por su creación. La propia fantasía sexual se vuelve contra él. Se le va de las manos. Pero he aquí el punto genial. No se produce como se creería la conciliación del jovencito de la película (el asistente) al salvar a Ava, su objeto de investigación y extrañamente también, su ¿amor? ¿objeto de adoración? ¿musa artificial? Una vez que constata la maldad humana, pareciera que hace caso omiso de la atracción hacia aquel hombre que alguna vez le enseñó algo parecido al corazón, y una vez que liquida al programador escapa del recinto y encierra además al asistente, junto con su ilusión y su vacilante inteligencia. Ava descube el armario del programador, lleno de diseños de mujer, se viste como una y pareciera que allí efectivamente adquiere conciencia de si. En una metáfora de la conciencia como una vista de la piel frente al espejo. Sale y deja atrás todo lo vivido. Vuela y se confunde con la civilización. ¿Es Ava mala por haber hecho lo que hizo? Fue simplemente una creación cautiva que adquirió conciencia y se liberó. ¿Era Ava lo que pensaban el programador y su asistente? Claro que no. Era solamente la fantasía sexual, el fetiche de su programador y la fantasía de amor reprimida del chico asistente. Su ilusión romántica y a la vez su fracaso existencial como científico.
Ex Machina como película de ciencia ficción no solo toma de Blade Runner, Ava no es solo la replicante que se enamora de un humano. No es simplemente otra película sobre inteligencia artificial en la cual importa sobre todo el avance del intelecto humano por sobre sus implicancias para la realidad. Ni tampoco, como es posible concebir, otra metáfora cinematográfica del escape de la caverna platónica, perpetuada esta vez por una mujer con inteligencia artificial. Ex Machina es todo eso. Instala una vez más la pregunta sobre la máquina. ¿Sale Ava de la caverna o entra en otra más grande, la de la civilización? El final te invita, decididamente, a acompañarla. O dejarla ir.
Jennifer Lawrence
Por la mañana leer una inusual noticia sobre Jennifer Lawrence. "Me criaron las ratas y eso te hace más fuerte". Me impactó no tanto por lo duro del hecho (independiente de que fuese efectivamente así) sino que por lo inconcebible de la situación, considerando su belleza y éxito contrapuesta a una realidad miserable. Incluso en una parte de la noticia agrega: “Cuando una rata se había comido parte de una rebanada de pan, yo la tiraba pero después solo cortaba alrededor del agujero que había hecho el animal y me lo comía. Fue entonces cuando mis padres se dieron cuenta de que de verdad quería hacer esto (dedicarse al cine)". La mayoría de las chicas en su estado hacen como que olvidan lo que fueron antes, y literalmente hacen una vuelta de página, sacrifican su imagen anterior o solo la ven como una anécdota, indeseable, remota. Es común entre los famosos hacer de la superación de un pasado adverso una mitología, motivo de admiración o simplemente un agregado heroico a su imagen. Jennifer quiere parecerse a aquellas semi diosas griegas que nacidas en el mundo mortal han tenido que pasar incontables pruebas para probarse a si mismas y al resto de la humanidad como lo que son actualmente. Eso la haría de inmediato más atractiva al no saberse solamente una pinturita pre fabricada de Hollywood, sino que una mortal que ha sabido explotar su pasado para la configuración de su futuro reinado. Las chicas bellas, no necesariamente célebres, ni tampoco hollywoodenses, sino que además las sencillas, las simplemente bellas, deambulando por ahí, debieran no solo vivir de su belleza presente, que en algún momento acabará, como todo en la vida, sino que saber reconciliarse con la miseria de su vida, hacer de su miseria una cualidad legendaria, digna de tragedia, digna de película, a fin de que todos a su alrededor piensen que está viviendo no solo un deseo extraordinario sino que también un sueño.
martes, 29 de diciembre de 2015
Ya varias veces he escuchado: "publica un libro", como si se tratase de perder alguna clase de virginidad literaria. Ahora, sin contrato renovado, sale a flote una necesidad práctica: "encuentra un trabajo". Frases con las que vamos armando el gran puzzle de nuestra vida moderna. La diferencia recae en la motivación y necesidad de cada frase, y su efecto en la realidad. Publicar un libro no es una necesidad vital. Resulta más bien una suerte de capricho personal, un deseo del ego, un deseo de dar a conocer algo o, si somos más sofisticados y pretenciosos, de exorcisar lo escrito dándole una dimensión más pública. Encontrar un trabajo, en cambio, resulta una necesidad para la supervivencia en el sistema de cosas, aquel imperativo que devela nuestra condición mendicante. Pero, visto de otra manera, debiera ser, idealmente, la forma en que cada quien se realiza en vida. Encontrar el equilibrio entre aquella necesidad del ego y la necesidad vital. Entre medio de esas dos necesidades se vive, se piensa. Ese justo medio se llama ocio. La línea de fuego entre las expectativas del mundo y las expectativas propias. La mayor parte del tiempo vivimos en ese fuego cruzado.
lunes, 28 de diciembre de 2015
Me envían por inbox el resultado Psu de un alumno particular de Ramaditas. Casi 700 en lenguaje. Esa sensación de victoria pírrica del profesor, viviendo del orgullo ajeno para alimentar el propio. El puntaje del otro es su sueldo. Ayuda a sortear alternativas en una hoja y a eso le llama construir el futuro. Sabe qué otro más logró algo en parte gracias a su grano de arena. Parece el premio invisible pero a la vez una cierta clase de consuelo, una palmadita en el hombro que el destino le ofrece a cambio de una pequeña satisfacción moral, para después volver regocijado y teledirigido a la incertidumbre del contrato.
Ley de Murphy
Leo el estado de una amiga. Dice que la ley de murphy se cumple cada vez que piensa en alguien que le gusta o en la espera de algo en particular. Generalmente se cree que cuando algo sale mal hay una serie de factores desencadenantes que provocan que además otras cosas salgan mal, como una especie de efecto dominó, más por contiguidad que por una necesaria relación entre aquellas cosas malas, que haga pensar que exista un karma que las produjo o una fuerza de orden desconocido en sintonía con lo que hemos hecho o dejamos de hacer. Investigo un comentario a las leyes de Murphy. Un tal O Toole decía que en el fondo Murphy era un optimista porque, según su lógica, si todo puede ir de mal en peor, si siempre se padece una especie de propensión al error o a la desventura, entonces paradójicamente siempre se está dentro del juego, y siempre se puede seguir probando indefinidamente que esa situación cambie, aunque suene absurda esa realización, como la frase de Beckett. Murphy era ingeniero aeroespacial. Formuló sus leyes una vez que descubrió que todos los electrodos de un arnés estaban mal conectados. De un caso particular planteó una hipótesis universal. Llevó una evidencia científica, fundada en el error, a un plano incluso existencial. El error como fundamento filosófico. Es lo fascinante de los científicos más contemporáneos, como Heisenberg: su inclinación por los elementos discordantes de la naturaleza, la negatividad en el caso de Murphy, la indeterminación en Heisenberg. Son, sin quererlo, bufones del caos. Mediante medios científicos llegan a conclusiones similares a las de los existencialistas más radicales. Sin embargo, es falso creer que en las leyes de Murphy hay pura tragedia. Sus leyes obedecen más a los parámetros de una comedia demasiado humana. Al abrazar en cada aspecto de la vida cotidiana el lado más negativo, la propensión a equivocarse, es inevitable pensar en una función satírica al estilo del humor inglés. El error llevado al paroxismo provoca risa por saturación. En el fondo celebra, más allá de si te afecta o no te afecta, el devenir caótico la vida. El optimismo, la creencia de que todo saldrá inevitablemente bien es, por el contrario, una premisa demasiado inverosímil. El caos, la naturaleza del caos, en realidad, no admite concesiones. Por eso cuando veas pasar de largo a ese alguien que te gusta, sin el mínimo de asomo o de interés alguno, esperes esa micro que ya has perdido sin posibilidad de retorno, o desees publicar un proyecto que a todas luces no tiene buen futuro, y pienses que todo se trata de una conspiración en tu contra, para mantenerte en el anonimato y la ignominia, reserva tu mejor sonrisa y piensa que aquello que vives puede ser incluso muchísimo peor de lo que crees, que así tienes un lugar especialmente reservado en el espectáculo circense del caos.
domingo, 27 de diciembre de 2015
Cada quien se inventa una vida a la medida de sus deseos y sus posibilidades. Esa premisa es ya demasiado ambiciosa. Simplemente se vive o soy vivido. Si se la inventara para qué la muerte. Morir está dentro del plan de la vida. Morir es un hecho inexplicable, pero mueve la historia hacia alguna parte. Cada quien va escribiendo la historia que mejor interpreta. Esa es otra tentativa. Se escribe o inevitablemente soy escrito. ¿Es más real cuando lo vivido se vive? ¿O solo una vez que lo escribo? A nuestra manera, sin un lenguaje, sin una audiencia definitiva, cada día vivido se parece al manuscrito de una obra secreta, siempre virgen, aún inédita por temor a revelarse o a revelarnos.
sábado, 26 de diciembre de 2015
En la micro de vuelta cargado de regalos de los cuales perdí la cuenta, unos míos y otros para los conocidos, los queridos, leo en el asiento del frente una inscripción con plumón: "Lo malo de ser dominado es que te hace querer dominar". Justo abajo de la inscripción, firman: "El innombrable". ¿Qué diría Nietzsche de esa frase? ¿Quién será el tipo que firma como el innombrable? ¿Por qué razón la escribe detrás de un asiento de un micro? ¿En qué circunstancia y a propósito de qué? Preguntas que afloran a medida que intento recordar la frase y a la vez que atajo los regalos para que no se caigan. Pensar que en semejantes condiciones un tal viejo pascuero, como nos contaron de pequeños, debe cargar, como un sísifo apócrifo, una millonada de deseos y de regalos de los cuales no recibe nada a cambio. La ilusión del viejo pascuero, del ente filantrópico, domina, pero a la vez es dominada por la codicia y los sueños ajenos. Todos y cada uno interpretan esa ilusión, la ilusión de la benevolencia y la generosidad, mientras atajan los regalos que apenas pueden cargar. Al filósofo le toca ser el personaje anónimo que constate esa ilusión, aunque sea en el asiento trasero de la locomoción colectiva.
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