En el ramo de Narrativa de ficción, leímos a Shirley Jackson y su conferencia. Decía que "una de las cosas más prácticas de ser escritor es que no se desaprovecha nada; cualquier experiencia sirve para algo; tiendes a verlo todo como una estructura potencial de palabras". De ser así, cada cuestión vivida podría tornarse una historia si se trabaja sobre ella narrativamente. Ella lo mencionaba a propósito de los relatos de ficción, pero esa misma cualidad podría proyectarse incluso a textos como la crónica, el diario, la biografía, en donde el cruce ya ha dado a luz una auténtica marea de creaciones híbridas, a medio camino entre lo referencial y lo imaginario, y es que durante la clase se discutía ese límite, porque, en el fondo, el narrador es también, de suyo, un "artificio", más que un artífice. Shirley Jackson agregaba, en la conferencia, que la "despensa" de su mente podía albergar cientos de ideas que algún día podría llegar a usar en alguna de sus obras. Esa condición material de la experiencia vuelve a la escritura una cuestión palpable, maleable, tarea de almacenador y manipulador. Los hechos pasan por un cedazo riguroso y adquieren un relieve distinto al conocido. Adquieren un extrañamiento y una resonancia imprevista ante los sentidos del incauto. Por eso, quien aguza ese sentido puede llegar a concebir el potencial narrativo de cada suceso, siempre y cuando su vibración literaria sea lo suficientemente abarcadora como para expandirse más allá de los márgenes.
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