Sociedad, saciedad, suciedad... términos peligrosamente similares.
martes, 29 de mayo de 2018
domingo, 27 de mayo de 2018
"La literatura, al final, te va a noquear. Puede que salgas parado de la pelea, pero vas a quedar dañado". Roberto Castillo.
Cómo la literatura te puede "sacar la chucha".
Cómo la literatura te puede "sacar la chucha".
¿Contará como ofensa acústica y como invasión al espacio personal el que unos evangélicos chuchasumadres te despierten en la mañana un día domingo (día en el que se supone su santo creador descansa) con su perorata bíblica archi relamida? Aunque, ojo, parece que esta vez cambiaron el guión, porque mencionaron algo sobre el caso Dreyfus. Desperté justo en el momento que hablaron sobre Israel y el Orden Mundial.
viernes, 25 de mayo de 2018
Un alumno en clases: -Profe ¿usted ha probado el LSD?-. -No, ¿por qué dice eso?-. -Es que tenemos que disertar para educación física, sobre las drogas-. -Ah, muy bien. Es un alucinógeno muy famoso-. -Sí, ¿pero ha probado otras sustancias?-. -No-. -¿Pero usted no fuma, no toma, nada?-. -Tomo de vez en cuando, para ocasiones especiales, cuando amerita nada más-. -Ah, pero qué fome profe, jajaja-. Decir la verdad en este caso habría sido poco profesional. El caso es que el chico se fue con una sensación leve de que le estaba mintiendo. Y con justa razón. Su intención tal vez era recabar información sobre el lsd de parte de alguien "experto". Podría haberle explicado con lujo de detalles, pero aquí la mentira fue protocolar. A eso se referían en el PIE sobre "mantener un estilo de vida acorde al ejercicio de la docencia": mentir con tal de no quedar frente al alumnado como un yonqui polémico sin moral para formar a sus jóvenes almas. Pero todo sea con tal de mantener una imagen correcta, aunque esa imagen no sea más que una alucinación curricular.
jueves, 24 de mayo de 2018
La señora del negocio tenía en la mañana el kilo de paltas a dos lucas. ¿Qué diablos? me dije entre mí. Le pregunté que cómo era posible. Contestó que no era ese, por supuesto, el precio mercado, sino que era un kilo de paltas que estaba rematando, para vender lo antes posible. Aclaró que eran Hass, para que no pensara que se trataba de paltas de segunda o tercera mano. Por un instante pasó por mi mente la idea de comprar esa inaudita bolsa de paltas a precio huevo, pero reculé a última hora. Habría sido la compra del día, aunque una compra del todo sospechosa. ¿Será ese acaso el excedente del oro verde? ¿Su capacidad intrigante y aceitosa maleable a la estricta ley de la oferta demanda? ¿Qué habría pasado si en la mañana hubiese desayunado pan con palta? ¿Este estado hubiese existido? ¿Ese kilo habría perdido necesariamente su valor, junto con su precio? El sentido, su cohesión, al final del día, se va escapando cual palta molida entre medio del sanguche.
miércoles, 23 de mayo de 2018
Tomé Elegía de Philip Roth, el único libro suyo en mi estantería. Había leído La conjura contra América hacía un tiempo, pero esa es otra historia. El hecho es que tomé nuevamente su Elegía. En esta ya comienza a visibilizar las mellas de su degradación y la de su medio circundante, pero dejando de lado la ironía para hurgar en la opacidad del asunto, de modo que, página tras página, Roth pareciera estar ensayando la intuición de la muerte, y construyendo una especie de biografía tanática. Lo dejaba evidente en su proceso de senectud como masacre, ligada a la debacle moral y al olvido irremediable, y también en el amor como proyecto irresoluto, formando parte de la misma lógica que había predicho Fitzgerald en su Crack-Up: la vida como un proceso de demolición. Su partida no tendría por qué sorprender a nadie, a ningún seguidor, a ningún lector acérrimo que haya internalizado la elegía narrativa recorriendo la gravedad de su pluma. La enseñanza que deja (si es que se puede sacar alguna) es directa y contundente: pensar sobre la muerte es, en cierto modo, ya estar viviéndola, o como reseña en su epígrafe de John Keats: tan solo pensar es estar lleno de tristeza.
domingo, 20 de mayo de 2018
Sobre el escrúpulo de los quisquillosos de Cannes al ver la última película de Lars Von Trier, The house that Jack built.
El hecho de que todavía haya gente que se escandalice con una película, (a estas alturas en que ya casi nada asombra en términos visuales) me indica que el séptimo arte goza aún de buena salud y aún puede sustraerse de su elemento meramente espectacular y complaciente. Igual, en todo caso, el tópico del asesino como artista es más antiguo que el hilo negro, con Thomas de Quincey en su El asesinato considerado como una de las bellas artes o la propia Seven de Fincher, con el loco Kevin Spacey sumando muertes como brochazos.
En la U leía un concepto, no me acuerdo de qué clase de teórico latinoamericanista, llamado "colonialismo mental". En efecto, después de que un pueblo alcanza su independencia política o su soberanía territorial, su cultura, su idiosincracia, en cambio, sigue estando dominada por algo que en términos esotéricos puede llamarse "egregor" o bien por un elemento del inconsciente colectivo que la impulsa a la subordinación. Pese a todo eso, al viejo discurso de la libertad, al relamido discurso de la democracia contra la monarquía, bañado en sangre, huesos, entrañas, nuestro equipo televisivo, pequeña colonia contemporánea, sigue haciendo cobertura inmediata y en tiempo real de todos los entretelones de la boda entre el príncipe de Gales y la ahora duquesa de Sussex. Y no podía ser menos, para un evento de tamaña magnitud: audiencia colonial, rating seguro. La televisión al servicio de lo real, digo, de la realeza.
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