viernes, 10 de julio de 2009

"Sangrías" (fragmentos)

Semilla del mal

Interminable, disidente 
es su espuria misión 
en este cúmulo de gases y luces. 

Interminable 
la fobia, el profano fervor. 
Disidente la capa azul 
que envuelve sus tareas.

Una maldad orgánica, 
como la de los dientes en el pezón. 

De ahí extrae la droga surreal,
el placer camuflado de neuronas.

Y lo maléfico se hizo escuela, 
el alumnado se hizo jauría,
la selva se hizo pizarrón, 
el pizarrón se hizo selva

Índigo será el fin.



Poltergeist

Carnaval de electrodomésticos feroces
es la metáfora del triunfo de la materia.

Movimientos, trances, arrebato de muebles.
Sofás desde el caos de espumas
que comienza como un despliegue
para los inertes espíritus de la casa.

Luces y ampolletas regresan
a la impotencia de industriales caderas,
como esplendores de proyecto tangencial.

Cada actor de este tragicómico zafarrancho de elementos,
elemental ruidismo para elemental discontinuidad.

Carreras a propulsión, flotantes cacerolas,
decenas de sartenes vengativas,
un carro alegórico de platos en la ponzoña.

Festival al aire libre de veloces cucharas.
Los vivos tenedores arremeten con cólera.

Las ollas brincan maduras de alimento,
grises, parcas, por un ritual de salvajes servicios.

La mansión de bienes y víveres mora,
como collage de sí misma.

Electricidad absurda y anatomías falsas
generan desconcierto entre el aula madre
de los seres pragmáticos,
los actores del llamado "espectro habitual".

Cena maliciosa han de predisponer
las cucharas y tenedores,
revolviendo con ímpetu la indumentaria
para los autómatas seres, recortes de ellos,
tal como una estela de errores.

El desnivel del piso respecto del techo
producto de la disonancia egoísta de lo concreto,
conforma una colección de genuinas piezas,
promoción de los desertores del aluminio de la noche:
La familia del tenedor,
la familia de la cuchara,
la familia del cuchillo,
la familia de la sartén,
la familia de la olla,
la familia de la silla,
la familia de la mesa,
la familia del plato,
la familia del horno,
las formas de la copiosidad,
las energías maternas de todo hogar,
la metáfora del triunfo de la materia.



Noche globular

Noche globular, surcando el vector de las estrellas.
El monstruo cotidiano, un intruso que incinera,
ya viene sigiloso para hacer víspera,
de lo que puede desalentar sin oxígeno,
claro, sin membranas automáticas
para la transmisión de un pulcro obsequio
en días de visión fotofóbica.

Entes de porcelana, furia concentrada
la mesa ya está lista, la vela ya está puesta.

Tómate todo antes que enfríe,
tómate todo antes que enfríe.

Hoy, reprimido, cámara de Locus Amoenus,
cada plato no fue roto,
cada espacio no fue digerido.

Me abastezco de agujas dolorosas
y así me permito paliar el karma de la rutina.

Entonces cargo plenamente con
los utensilios de la sutura doméstica,
el origen consuetudinario de mi manía.

Noche globular, la avidez artificial,
los poros sometidos, traviesos y febriles.
Evitas que tu azul y deliciosa aura
se envuelva hacia mi envoltorio de lociones,
y rehúsas mascullando la orgía a tu alrededor.

¡Despierta! a tu lado, un glorioso plato de sopa,
mientras imploras incolora de jugo y pistilos.
Ahora báñate en tenebroso polen estival.
Haz de ti un haz de alergia sustancial, abundante, potente.
Que no se vea, por favor, el gas histérico de tu trivialidad,
que no se vea como te estoy aprovechando,
el gas extinto después que pases a ser
nada más que maravilla dérmica.
Apenas degustando los restos,
y la casa como una ígnea flor abierta,
hecha la cuna del Sol negro.

El vector de las estrellas,
en espera de lo que sería
la soberbia dilatación de tus horizontes
y también cuentan para el menú,
las auras flemáticas, dietéticas
como tú, ahora, en esta globular noche.

Recuerda:
Tómate todo antes que enfríe,
tómate todo antes que enfríe.


Escatología, el luto de la quinta estación

Te turba el sonido de las serpentinas seculares
festejando el prematuro fin de un mundo.

La última de las fiestas se espera que sea divertida,
y la virtud es el veneno de los incautos
que solo saben agradecer
aquello que procuran para sí mismos.

A ti te avasallan vates,
a ti te inoculan luces
¡lo sabía! se nota en esas tempranas arrugas,
En el tiempo que apenas consigues robar durante la noche.

A ti te asaltan de mañanas perdidas, 
ocasos perdidos que creímos cancelar 
con una taza de café cargada de rabia,
un fútil abrazo o un puñal por la espalda, 

antes de esperar a los mercenarios 

sin verdad, sin aciago, sin ojos del corazón.

"Todo lo que te vuelve loco te vuelve vivo"
Era lo que decía mi progenitora, profética como nunca
Así veía cómo mi realidad pasaba a ser el filtro 
de una lucidez inexorable y misteriosa

Sí, y así me sentía como un bastardo 
ante un montón de estrellas tercas,
tercas como la madre de las madres:
de dolores de vejiga que aún no tienen nombre,
de historias que no trascurren por miedo a tener sentido,
y que garantizarían la épica insolencia
del estar siendo, del volverse, del querer volver,
nada más que a la concha de otro sombrío caracol
que vive contradicho bajo la luz de un nuevo Sol,
que alumbra tanto como hunde, 
y que alumbra tanto como huye.

Te turba el sonido de las serpentinas seculares,
invocando el prematuro fin de un mundo,
entonces repites: Todo lo que te vuelve loco te vuelve vivo
y todo lo que está vivo conocerá algún día la noche.

¡HÁGASE EL POLVO!
¡HÁGASE EL CAOS!
¡HÁGANSE LOS SIGLOS!


2006-2008

jueves, 18 de junio de 2009

"Axis"

CONFUSIÓN

Retorcimiento de los intestinos,
endurecimiento de las arterias,
el calor corporal un horno progresivo de último modelo.
¿Volverá tu cuerpo a sudar?
¿Volverán tus glóbulos a mutar?

Exceso de miedos, procesado en el dorso,
produce convulsión de los gástricos ácidos,
que entran cuando se abre la boca, así, así,
demasiado ancha para contener la baba.

Puños cerrados, golpea los quistes de tu abdomen,
deja fluir las venéreas entidades.

Revuelve tu frente interna, intensa, como caldo.
La cefalea pesa, como dos balanzas de granito magmático,
intenso, sin encontrar el factor de la erupción narcótica.

Regurgitando hilos de estrés, en lugar de gránulos
de vitaminas C, D, A.
Cada ocho horas, degustando los excipientes
-desmaterializar el error materializado-.
Cada ocho horas, minutos, días, meses
vuelve a ser lactante al depender del fármaco.

Escóndelo, y estira su brazo auto dependiente,
llega a flagelar las memorias,
a acondicionar tu cómoda psíquica,
con hélices adeneicas, para las malas plagas,
que tendrás ahí, seduciéndote simultáneamente.
¡No hables! es mejor que descanses,
los dedos me llaman a acariciar tu frente,
frondosa en deseos, sarcomas torcidos.

El síndrome endémico del nicho,
aunque sea tridimensional, puedo tenerlo así,
como arena entre los dedos, tan microscópico,
pero tan rebelde, que no muta libre como creería,
sino se aferra a uno como lapa, babosa ciega,
salada en su prole, genética, existencia.
No sabe para qué se aferra, no sabe para qué fue hecha,
por eso congenia con nosotros.
Preferiría no poseerlo, pero congenia,
no sería digno si lo castrara de raíz,
de la salina solución.

Auto desolación social,
reciprocidad biológica,
quisiera esparcir tierra de hoja en tu corteza,
pero la sequía del reflejo,
los choques eléctricos, no tocan la goma,
las pulsaciones no envían respuesta
a la fisonomía anti-cutánea de tu reptil ser.

Sería mejor, si hiciera una intervención quirúrgica,
una intervención respecto de tu biótico potencial:
abrir desde las sienes la caja cerebral,
y plantar la semilla de la somnífera armonía,
y aquí otra maceta de rosas para el jardín,
y ya empiezo a depender de la noche
para la terapia intensiva, el fármaco,
vuelve a ser lactante al depender del fármaco.

Endurecimiento de las arterias,
retorcimiento de las neuronas,
colapso hepatítico,
cosmovisión meningítica.

Las articulaciones alcanzan longitud de bacilos,
desde tu perspectiva de paciente.

La camilla blanca, un colchón de clavos,
acupuntura de calamidad que afloja,
el ser hipocondríaco de la confusión.

En tal caso, la vida entera es la bandeja X del refrigerador
escáner tac, morgue,
eterno, hospital, confuso,
vuelve a ser lactante al depender del fármaco,
el ser hipocondríaco de la confusión
... el fármaco.



COMA

Sobre el ser convaleciente,
un tejido de cuerpos inertes
retarda el infinito cardio.

Es el terror de ser paciente
Es el vacío diástole/sístole
Es el ser y su apagón drástico.



COITO 1

La jaqueca de la vida
reaparece con vigor.

A través de un ducto secreto,
la lombriz busca aquello

que obstruye el afloramiento

DE UN OSCURO SOL.    



COITO 2

Conjunto vasto de las diacronías del gen,
Ése es coito,

Es lenguaje,

Es virus. 




2007

miércoles, 29 de abril de 2009

"El show de la Kronikodelia"

Valsunami

Cierta historia que contaban los más viejos
sobre el retorno de las corrientes
hacia el acantilado de yeso.

Bajo el faro del patrimonio, con el maná de Leviatán,
acecha un rango de energía mágica.

Asaltarán los más enfermos tesoros de la joya del Pacífico.

Escuadrones de ponzoña roja y corales nefastos.
Una empresa de riesgos de la linfa.

Huesos de tritones erosionan
en afluentes que solían ser peatonales.

A través de las fugas, el emporio de rubíes encubierto.
Las ratas de las cloacas se inmiscuyen,
en los más telúricos secretos.

El cabeza-sacerdote,
las predicas del gallo de oro en la catedral,
una conspiración eólica, esculpiendo sus pesadillas.

En el peñasco más alto del cerro de la cruz,
todo un sediento cielo, espejo de la oxidación,
calabozo de lo hidrófito, y si das vuelta tu cabeza,
atrás, los civiles pejerreyes
¡Ellos le pondrán un buen precio a tus pulmones!

Preparado para arrojar su golpe frío,
burlan las ciencias navales y marítimas,
heredando un legado de proteico barro
sobre las millas de la hidrosfera,
como si fuera un archipiélago de marea negra
entre medio del nuevo mundo,
¡Una mancha voraz en tu desagüe!

Atrévete a unirte al tinte tóxico,
atrévete a unirte al tinte ocre que pintan
en tus oculares globos.

Experimenta y cede al espejo de la presión
que para el hombre es divisible en cólera de anfibios,
la cólera de la llave, abriendo tu ducha,
toca tus dedos con esa misma cólera.
Vuelve a descomponerte,
en el barro del cual te esculpiste,
y recibe en tu cuerpo la armadura de escamas,
el envase del señor de los vertebrados.

Viene hacia aquí, su despliegue por los canales
que interconectan tu ciudad
con los abisales cementerios
de embarcaciones y submarinos.
Ahora el reino de los peces humanos,
reemplazará una tradición constituida
de tierra, años, siglos.

Poseidón, oh Poseidón, barre con el cámbrico desperdicio
de la evolución darwiniana, y deja resurgir a Piscis,
aquí, sobre la costa porteña.
Deja remojar las tres cuartas partes del planeta,
como un nicho absorbente
que otorgue el despertar a Neptuno.

Y en aquel tiempo,
ya las fuerzas marítimas, aéreas y terrestres,
solo asumen que sus despertares implosionan,
sumisas como mascotas ciegas,
lamebotas, o más bien "lame aletas",
ante el Gran y Todo Poderoso Pejerrey legislador,
y dando la espalda, miran sus piernas orinadas del miedo.

¿Hay algo que se pueda hacer?
Técnicamente, nada,
solo que lo que se puede hacer, es algo molesto:
Tirar de la manilla del retrete supremo
que rige las ruinas de ese arcaico mundo
y esperar invertido a que vuelva por ti la próxima ola,
y te lleve, para que cumpla el papel
que ahora la hizo presente.



La misa del gallo

La campana está sonando, las doce
y no pueden evitar apagar las luces.

Cientos de parejas en vela
esa es la gala de sangre promiscua
esa es la orgiástica epifanía.

Úntala de fuego y píntala en tus manos
Con ases bajo la manga, el cura
la chica a flor de piel
inicia la ceremonia tanto afuera
como dentro de sus ropas.

Y jura por la figura erecta y el cáliz de Venus,
madre, hijo y Espíritu Santo.
Y abre las llaves de un mundo fugitivo del cuero,
y si no calza, caerán las fugitivas del cuero,
y las fantasías voyeristas te confiesan:
Entra, entra, entra (en la paz del Señor).

Como bien lo oíste, la campana suena y suena
Y la sal arde, arde, en el seno de tu vida.

En confianza te proponen
resucitar en el sexo opuesto,
-con coqueta fe y con fiebre divina-
Y ven en la virtud su propio pecado,
con vino añejo, mientras brindan.

¡Señoritas viudas negras!
ya no hay palabra subliminal
quedada tan impía en sus espaldas.
¡Prematura dama! recibe en tu espalda,
la mano de la verdad, toqueteándote lenta y lenta.

No escaparás, pequeña costilla.

¡OPUS DEI! ¡KRAUS! ¡CRISTO!
Plasmen lo que el ciego amor expone en la misa del gallo.

Y jura por la figura erecta y el cáliz de Venus,
madre, hijo y Espíritu Santo.
Y abre las llaves de un mundo fugitivo del cuero,
y si no calza, caerán las fugitivas del cuero,
y las fantasías voyeristas te confiesan:
Entra, entra, entra…

Un mundo erecto para ti,
un mundo abierto para mí,
un mundo eterno para Jesucristo.
Mata tu sexo y resucita para mí,
para cuando ya sea un ídolo.


2006

sábado, 4 de abril de 2009

Revista Mecánica Popular: Poema imagen

 
Es posible que la silla haya sido alumbrada desde un lapso de tiempo relativamente corto. O está la posibilidad de que la lámpara haya sido prendida para la iluminación de alguien que olvidó apagarla y ya se vuelve el fantasma de una presencia que es el indicio de la luz misma. Puede que en este caso la sola ausencia sea la razón de ser de la luz, o la lámpara un observador ferviente del objeto de la ausencia: la silla o el fantasma. En todo caso, la luz permanece subyugada a su espasmo delator tendido entre observador (no usted) y objeto de ausencia. Ese es su fiel crimen y gracia.

viernes, 6 de marzo de 2009

Megáfono taurino

A De Rokha


La maquinaria feliz de las ciudades se hizo escombro
cuando saltaste de tu fúnebre cuna
y escupiste tu canto choro a forma de metralla.
Los demonios de la vida cotidiana,
por tu paladar fueron bautizados,
y ensimismados exigieron su sangre
única y exquisita
tal como los grises vegetales
del último de los edenes.

El amor fue la roca con la que puliste el filo de tu soberbia.
Tu cabeza y tu bolsillo vastos de compromiso,
Tus cuernos militantes,
tu Chile densamente ebrio,
redescubierto como amante.
Con el puño férreo, desde el país de los grises, pareces decirme:
“Te invito a reconocerte en mi mundo.
Para cuando tengas mi edad sabrás callar tu paz y sublimar tu guerra”.


Te imagino ante las enaguas florales del caos,
escondiendo la belleza en tus ojos rubicundos.
A ti se te aparece la hipocresía como matador,
y juras socavarla en arrojo de cuernos pulcros
como implorando a la pangea y al amor de tu palabra.
Sí, tu palabra vasta de raíces, de donde reverberan
las vocales y consonantes de poemas futuros.
Sí, y así dices, cabrio macho:
"Para universos en blanco y negro,
espíritus claroscuros".


Fiel a todo lo que te sabe a choreza,
tu imagen por siempre moneda,
redimida de precio.
Así, grítale al mutante capitalista,
el gusano de la discordia ha perdido su manzana
pero ha encontrado en ti la tinta
para inmortalizar su arrastrarse por la tierra.
Pero no creas que está santificado,
hasta su baba podría ser agua bendita.

En un hondo aliento me sujetas a tu país de funerales
y ciudades con tentáculos,
me llevas al Chile de todos los días
con sus blancos de Nada,
sus azules de Resaca,
y sus rojos de Furia, o Lascivia.
Todos esos no son epítetos suficientes
para las entelequias constantes
de una larga y angosta faja de tierra,
a forma de espermatozoide exiliado
dentro del óvulo viudo, virginal y menstruante que es América.

Mira a la equidistancia de nuestro mundo,
su doblemente ambigua dualidad.
Con tu alquimia de carbonada,
condimentas pensamientos y corazones,
y dejas al desnudo la pueril complacencia de todas las cosas.

Como por barrios rurales te me apareces
en los compartimientos de la conciencia
e invitas a recorrer los idilios baratos del fin del mundo
con pies tempestuosos, llenos de ternura y choreza.
Titán, haces que mire mi hogar con ojos abismales
y que reconozca en mi comodidad el abismo
sobre el cual me he arrojado durante años
y no quisiera regresar ya para imitarte.

Gritarle a la muerte: ¡puta de ocasión!
Gritarle a la vida: ¡puta cara! pero sola, pero una 
todo eso me legas entre pliegues de luto,
y tu verdadera forma el decibel primero,
salvaje y filosófico de una torrencial música
con un nombre tremebundo.

Tú, solo megáfono, confiésalo:
de un golpe y sin pensarlo, 
te bebiste un concho de angustia
y te hartaste de todos, y te jubilaste de todo
y te empachaste de todos
y compusiste, más allá de aureolas y cachos,
tu ópera prima: el Absoluto.

sábado, 14 de febrero de 2009

Tuerce la flecha del Cupido (poema)

Del imaginario gragkiano


Desvirtúa ya el automatismo de cuerpos y formas

esa que produce amor como en una secuencia fordiana.



Lo no muerto ha erigido su reino de velos y ultrajes:

Ha erigido su nueva realidad

Ha erigido su propia fiesta ideal

repleta de esqueletos parlantes buscando cuerpo.



¡He aquí San Valentín!



El creador de la sustancia lunática

que como pus dulzón alimenta

al aura que ama su inutilidad.



Grandes empresas y vidas se confunden entre sí

Absortas

Inútiles

concentradas en el Amor.



He aquí que comienzan:

Los rostros cubiertos de frivolidad

Los labios inundados de baba

El corazón chorreante y colmado

de mil entradas y salidas como agujero de flechas

cupido o genitalidad metafísica.



Ante el amor todo luce puro, blanco, vano.



Un nuevo líquido abstracto

que limpia el polvo

que procura todo polvo y lascivo tiempo.



Y por el Bien parece Nada

Y por el Sexo parece Nada

Y por la Familia parece Nada

y todo aparece puro ante el Amor

y toda ella la repleta de maravillas

y disemina el polvo en arterias mortales.



Todo surge paralítico en su Unidad

¡Su abstracta Unidad!

Todo se plaga en dualidad que añora excipientes divinos.



Toda inutilidad emotiva

es lo que el Amor erige

a la espera de próximas bodas y divorcios

El cupido prostituyendo alas

La pistola cargada de libido

La mentira de los sexos

El eslabón perdido

el Don Juan extinto

el dodó promiscuo

la azul pastilla de la verdad



¡no se cumple hoy la Unidad!



Aquí ante el Amor todo uno es residuo del dos

supone polvo

supone virus

y el uno y el dos están casados

casados al devenir que cruje por estrellas y astros.



Descubre en ti mismo al mundo y tu media naranja

es porque siempre serás la mitad de todo

o la mitad de nada que es igual a partirse en dos



¡DOS!



He aquí la huella del Amor:

Empresa de bullir la Tierra

y aguantar de pie a cabeza este reino de plásticos corazones.



Escribir la mentira, llenarse de cursilería

y ser guía del viaje hacia los círculos joviales

círculos que potencian la lascivia

y representan lo que en sí es cáscara y cuesco

para probar que nadie se coma a sí mismo.



Y nadie apresa corazones para quedar hecho dos

y nada impide que apresen

el eros implícito de cada imagen.

¡He aquí la suprema droga!

La celebración de lo amado como cáliz

para fundirse en alquimia valórica.



Inerte imposible que vuela solo

hambriento por la dulzura del destino

de masticarse una gran boca

¡Que une mediante el dos!

¡Que divide mediante la fricción,

que estalla como niño sin madre!



¡He aquí el Amor!

la explosión de cuerpos y miembros

la violencia y dominio simbólicos

con propiedades lunáticas

haciéndose llamar Unidad.



Es ella el lazo anti-circular:

el vacío que florece

el jardín que se vacía

entre el hálito y la garganta

entre la mitad de todo y la mitad de nada

que mata el sano suicidio

de quien ama el mundo

de quien roba el mundo

de quien violenta el mundo

¡porque él es el mundo!





He aquí el Amor:

La terca flecha de cupido

que es la mecánica abrupta de nuestro destino.



¡Muera el Amor!

¡Viva la Muerte!

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Narrativa de vida

La memoria es frágil. Eso es casi una constante en la vida, pero quizás esté la posibilidad de abrazar por un instante los vacíos ante los cuales tu existir permanece expectante. Uno de esos vacíos es la infancia. Creo haber nacido con los ojos abiertos y con una fuerte fotofobia. Gracias a ello puedo al menos imaginarme cómo habrá sido mi crecimiento y mi futuro. Para esos entonces, mis padres aún se hallaban juntos. Parecía que todo correría bien. 

Uno de los recuerdos más vívidos que poseo fue una experiencia de extravío a los cinco años. Mis padres me sacaron de paseo, creo que un día domingo, alrededor del Parque Italia. En cuanto me despegué de lado de mis padres para correr y tropezar sobre el césped, sentí que mi decisión devolvió una suerte de karma: mis padres desaparecieron. Yo me encontraba feliz en la intensidad de esos instantes en el juego del parque. Sin embargo, tan pronto corría el frío por mi cuerpo y un dolor de cabeza afloraba, sentí fuerte la ausencia. Me sentí huérfano y en la calle despertó mi llamada de auxilio. Esa escena fue, sin duda, como un racconto eterno. 

En tanto hoy proyecto aquel virtual temor, desde que mis padres se separaron. Pensándolo bien, no sé quien fue el gran prófugo: si yo o ellos. A medida que pasaba el tiempo, este extraño sentimiento me perseguía. Hacía brotar los demonios interiores en mí y en mi familia. Hasta mi etapa escolar de los doce, creí en una especie de culpa o falso orgullo. Mi mayor regocijo era el no poder resolver el aparataje de todos aquellos rollos creados en mi mente y germinados desde esos acontecimientos. Temía que si se resolvían desaparecería ese lapso de inocente autonomía que experimenté en el parque. Y, por otro lado, me exigía el poder entender las razones en mi núcleo familiar. ¿Era yo el perdido, el extraviado? ¿O en verdad nunca existió la fuga en mí, sino que solo un hecho eventual, interpretado como escape? Porque era mi mente la que entremezclaba todo, haciendo de esas experiencias un solo híbrido pensamiento. Aun así, puedo decir que reconozco en aquel cúmulo de experiencias una fuerza oculta, inexpresable, la cual he llevado pegada a mí como un tumor inmaterial. Esa fuerza ha hablado por mí todo este tiempo. 

Hoy vivo con mi madre. Mis padres aún existen. Yo sigo siendo yo, al menos desde la superficie. Era también el rollo de mi hermano perdido, mi no-hermano. Yo mismo me sentía la réplica de ese hermano. Yo mismo esa fuerza. Era como si yo naciera para compensarlo. No sé. Entre el parque, mi hogar y el mundo se genera un triángulo, a ratos, intrigante. En realidad, mi vida toda no ha sido más que ese triángulo, y lo confieso: no he tenido círculo alguno, todavía. 

En fin, no puedo reprocharle nada a nadie. Todas las atenciones, todos los ojos interesados alimentando mi paranoia. Mis amigos, aquellos que desean extraer ese rollo mío. Mi familia, ese mito que vuela solo y hace de las suyas, mientras yo me siento el amo de la fuga y el conflicto. Es ahora que puedo decir: siento orgullo. Orgullo de esto, esto que pienso, orgullo de aquellos demonios interiores. Universidad, familia, amor ¿Será ese mi orgullo? Y es que se supone que debía volver a nacer y seguir llenando todos estos vacíos que en mí son emoción, imaginación fértil. Y, sin embargo, quedó aún ese abstracto corte, inserto ya en la memoria como al hermano que nunca tuve. Es por esto que sí, la memoria es lo más frágil. 

lunes, 27 de octubre de 2008

"Efemérides"



La plática post nocturna

No te quiero ahora para entrar al invernadero, 
y comentar este nuevo llamado al exterior. 
No es necesario hacer algo público 
en tal dimensión de curvaturas. 
Todo se cuelga expuesto 
en campanas húmedas y membranosas 
como sobre tu cabeza se abriera una boca 
discutiendo en un depósito de rancios favores y cumplidos. 
La próxima palabra estaría equivocada 
si la niego dentro de esta plática, esta determinación. 
Adéntrate a través de voces desorganizadas, 
entes amarillistas, sofocados de orgullo. 
Redescubre lo que alguna vez fue luz.
La colisión empieza abriendo los sentidos 
de ojo a garganta, la curvatura está viva. 
Una recta curva toma forma de una línea predilecta 
¡que todas las visiones del mundo podrían dimensionar! 
y dar mayor profundidad a lo que alguna vez fue luz. 
Cortinas restrictivas dramatizan la conversación 
como sobre tu cabeza se abriera una boca 
pone llave a cada cosa que te sea afín. 
Una pantalla de fresco odio se deja ver 
al chasquido metálico de campanas líquidas,
di tu peor verdad y mejor mentira:
es el brote educativo presionando mi puño a mi edad, 
es la gangrena atada hacia el perro, 
es un error criado y envuelto en simpatía.
Como desconocen tu omisión 
da la espalda y habla de un síntoma universal. 
Mira a tu más oscura articulación 
reintégrate a como acostumbras 
sucumbiendo sin mucha armonía.
Como comprenden el fin de tu cordura 
encuentra una cuarta dimensión
y termina con la conversación.

Conocimiento sinérgico, 
uniformidad global, 
y en un nuevo día, 
Redescubre lo que alguna vez fue luz. 
Pasión, 
Miedo.



El androide aproximado

La quimera postulante en él, en él,
la dorada proporción.
1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21,
antes de lo perpendicular de un mundo-rubro,
la base de los datos no puede inspirar
más que una técnica factura
de memoria, de logros, de carcasas,
esa misma que infiere
hasta en la menor descarga de brillantez.
La lucidez, la vanidad del metal,
en concilio con la alérgica sustancia,
la carditis del alma, el resplandor del mineral
surgido del mismo tecnicismo,
como esa proporción.

La vacía promiscuidad se hace erecta,
informática, aproximada.

Si pudieran culpar a los cielos, 
nosotros no los creamos,
ni él creó, ni yo, la creación.

Una legión de baterías pensantes se abre paso,
cuestionando un terreno repleto de gris,
color y forma de los avanzados.

Para salvar el mundo, un disco duro reprogramado.
El manejo de los circuitos intenta parecerse
al de su percepción de formas.
Miles de ellas, multiplicándose,
como bacterias en sus proyectos.
Así como se da a luz lo que usaremos,
y, al hacerlo, se hizo lo que creíamos banal,
por esa cosa llamada realidad,
por esa cosa llamada imaginación,
por esa cosa llamada progreso.

El espacio X, el nuestro, no basta.
Los borrones universales,
las leyes físicas,
los rayos naturales,
ya no cumplen su legislado ejercicio.

No hay relatividad en cómo deban dinamizar la tierra.
Lo único cierto es la compra de los sitios
que les debían por invertir.

Están en cada avance,
cada mensaje,
cada fracción de arte,
no sobresaldrá sin su presencia.

Somos materia galáctica sin fondo a su lado.
Sin embargo, su paradoja se expresa
y detrás suyo, el procesador supremo. 

Mientras deducen su velocidad,
él socava las vísceras del tiempo. 
Mientras absorben su luz,
él entierra la médula del espacio.
El ejército del androide aproximado,
la clave ancestral desbloqueada,
la abismal consecuencia de Bill Gates,
domador de programas y dictador tecnológico.

Un pacto químico se estimula y produce,
a través de las imágenes vistas,
y los fantasmas del pasado segregan la toxicidad
y los venenos de la estirpe camuflados con la lluvia,
sobre colosales depósitos de gas y petróleo.

Hiroshima habrá de repartir sus átomos,
dado el conflicto y el negocio misilero,
todo terminará reciclado 
al ritmo de los bombos de guerra.

El paso de los ingenieros de la gran arma
enfrentando la tormenta, colores precipitados,
un nuevo brillo en sus penetrantes ojos.

La circulación de sus venas indica
que llega el momento de dominarlos.
Por el aceite de los movimientos,
se apoderará de los panteístas.

En crisis de intereses,
la gran arma apuntará a lo superior.
El hambre del hombre, la halotecnia religiosa,
sin brazos turbo ya es un alquimista,
él, el de las “Puertas del Costo”.

Con el tiempo se darán cuenta
de que fueron hechos para crear y ser creados,
y no terminarán de construir su arquitectura maligna,
ya que el modelo dorado 2000
envuelve aquella proporción
y, en borde de una geografía,
te empuja sigiloso al extremo de los extremos.

Navegando en pantallas, ya lo tienes ante ti,
y cuando las bestias y las mototecnias copulen,
los entes cívicos darán nombre al experimento.

El ejército del androide aproximado,
la clave ancestral desbloqueada,
la abismal consecuencia de Bill Gates
domador de programas y dictador tecnológico.

Desde el pasado, se describirá y revivirá
al desalmado substituto,
al único y cibernético substituto,
y este volará por lo remoto,
para desafiar a la gravedad:
poseída libido de la raza humana.



2006

martes, 9 de septiembre de 2008

"Crimen de mente"





LA CASTA DEL ZOMBI

Después de la función,
detrás de los aplausos del espectáculo
se esconde un sujeto:
es el conspirador en su soledad engañosa.
Miles de cabezas desaparecidas
eran el precio que pagaba por sus actos.
Busca entre sus huellas,
y verás su variedad de ojos,
intentando hacer de las suyas.

Sin las gafas no podía traicionarse ni a sí mismo.

Él es tan atrevidamente hipócrita,
Él no tiene edad ni cabeza ni espacio.
Escucha a través de sus sermones,
y en su sudor verás muerte,
dividida en maniático, maniático poder.
Llega listo para desplegar a sus sometidos
en forma de asesinos de juguete.

¿Quién se supone que debe morir antes?
¿El asesino o el asesinado?
¿El rebelde o el conciliador?
¿El padre o el hijo?
¿El hijo o el padre?

Todo está dispuesto,
otra forma de honestidad siendo violada,
otro individuo estrechó su mano,
incitando a todos al último llamado
con su corrompido aliento,
divulgado por los laberintos de la capital,
ente escombros, sirenas y tripas.
¡Sólo unos cuantos años! Todo parecía expectante,
pero ya existe un grito,
un grito que te acerca a ese silencio.
Entre la multitud, entre esos cuerpos,
todo se ve impasible e impune.
Los escombros reposan,
los movimientos empiezan a perder sentido,
y una incomprensión se propaga,
evidenciando lo más sublime de tu agonía.

La contaminación ya es un hecho.

Con la mordida del conspirador,
tu limitación está consumada,
y ese viejo factor todavía vigente.

¡Estás entre la casta del zombi!

¿Quién se supone que debía morir antes?
¿El asesino o el asesinado?
¿El rebelde o el conciliador?
¿El padre o el hijo?
¿El hijo o el padre?



(A SANGRE FRÍA) EL TERCER OJO DEL CRIMEN

Mira a través de mí,
soy un pobre espectador.
Soy el huérfano
creciendo a través de tu eslabón mortal.

Miro a mi alrededor,
no quiero distinguir a nada más que mis progenitores,
pero ellos son los que hacen la diferencia,
(¿De quién es la culpa?).

Quiero una mente fría
un cuerpo perfecto,
un cuerpo frío.

Sé que ellos pretendían callar,
pero ellos callaron demasiado,
Ahora tú eres mi espectador...
......
......

¡Tú! pobre espectador
falso y dulce privilegio,
está enfriando mi visión,
llenándola de amargo conocimiento.

Bien, pero eso es lo que siempre quise sentir:
envidia, envidia de tu particular miseria.

Envidia hacia mí mismo.

En cualquier momento,
aparecerá el tercer involucrado.

Quiero una mente fría
un cuerpo perfecto,
un cuerpo frío.

Mira hacia ti mismo
y los verás a
ELLOS.



ESCENAS DE FRÍO EN UN PARQUE


Yo cruzo este lugar, y carezco de toda compañía
y ya están hechas mis mejillas
para imitar la sublime pureza del parque.
Mi presencia es reconocida por mi nombre,
y todos parecen imaginarse a sus llamas santificadoras,
blanqueándoles la mente.

Esta noche no es para mí.

Estoy solo,
ahora necesito mi costilla restante,
y duele, y podré saber quién es el elegido,
pero mis mejillas, cada vez son más nítidas.
Estoy empezando a recordar
a alguien en mi propio estado,
estoy empezando a recalcar sus nombres.

¿Dudas acaso sobre algo al verme a los ojos?
¿En tu calor?
¿En tu sexo? ¿Para qué?
[Soy una reliquia en ebullición].

Y la naturaleza podría conservar mi alma y creatividad
para exhibir una cosa llamada...
SEXO.

Ahora es cuando tus mejillas
empiezan a cambiar sus colores.
Tú eres maldita, y yo un bienaventurado,
cuánto te amo,
cuánto te envidio.
El color es cada vez más frívolo,
estás contagiándome,
exponiendo tu juventud.

Quizás no sea el momento adecuado,
para mostrarme tus mejillas
y entiendo la situación.
Mira a los astros y estrellas
ellos reparten su luz,
pero no la necesitamos.
Mira a todas las figuras alrededor,
tu calor podría ahora ser inmortalizado.

Cada vez necesito más tus mejillas,
Cada vez necesito más tu cara,

Cada vez necesito más...
Tus manos, tus manos.
¿Podrías perder tu calor por mi nombre?
Todo el mundo en órbita recibirá tu último aliento.

Aquí mismo, entonces, daremos una silenciosa vuelta por este lugar,
mirando cada planta, mirando cada objeto,
contemplando cada construcción,
violando lo que merece serlo.
¿Sientes el mundo un poco más grande?
Respóndeme,
¿Cada cosa del parque no se parece un poco a nosotros?

FFFFFFRÍO
FRÍO, FRÍO, mis mejillas empiezan a sentir,
FRÍO.

Ya no mires más hacia atrás,
ya no mires hacia mí, ya no creo una cosa.

Sólo fue otra escena de frío en un parque.
Sólo fue mi mentira más blanca,
mi palabra más blanca,
mi rostro más blanco,
tu rostro más blanco,
tu mortal calor,
tu felicidad es fría,
tu corazón y tu alma ya se empieza a poner
FRÍAS!

El calor es imposible de recuperar.

Ya es todo mío.

Todo mío,
imposible.

Todo mío.


2005

viernes, 5 de septiembre de 2008

Agenesia

Fue hace mucho tiempo cuando aterricé en este mundo de improviso, con este cuerpo y esta vida prestada, y he llegado con alas que muchos de los que me rodean nunca lograron percibir. Algunos se preguntarán si de verdad vengo de algún lugar especial. Como verán, no hice más que llegar a este mundo de espaldas, nunca perdiendo de vista la matriz de mi origen. Y sí, lo recuerdo muy bien. Ella era tan alta y tan jovial. Nunca pasó por mi mente la distancia entre nosotros dos. Siempre la concebí joven, casi en el umbral de la grandeza. Es por eso que de alguna forma sabía que ella podría ofrecerme eso de lo cual siempre yo carecí o, al menos, aquello que necesitaba, porque si llegué incompleto a este mundo, no lo será solamente por mi cuerpo.

Si quisieran que les describiera este mundo lleno de completitud al cual se me invitó, diría que mi primera estancia fue en un lugar llamado Hospital. Al abrir mis ojos contemplé tal escenario, y lo primero que hice fue verla a ella. La verdadera niña-madre. Enseguida contemplé a mi alrededor y atisbé a seres aún más altos que mi madre, de porte vehemente. Con el pasar del tiempo, fui recordando a aquellos seres, y pronto llegó a mí una especie de reflejo, y fue ahí cuando supe que yo pertenecía a ellos. Entonces, aferrado fuertemente a mi madre, noté en ella una especie de abandono. Sentía que conmigo estaba compensando la ausencia de uno de esos seres. Aquel “no ser” que veía reflejado en mí era realmente la causa de mi origen. Pero eso a mi madre nunca le pareció importar, excepto cuando me observaba con esos ojos cautivantes que parecían hacer cobrar vida en mí a ese “no ser”.

Esos seres en el Hospital me manipulaban, solo, solamente con mi cuerpo, y percibían en mí cosas que perturban, cosas cuyo nombre se me hace aún difícil reproducir. Agenesia, decían aquellos seres. Ellos también se interesaban por mi boca. Algo tenía, o de algo carecía. Pronto nombraron raramente mis labios y mi paladar. En ese entonces fue cuando me di cuenta de que era especial. Me sentía perfecto en mi incompletitud, a la vez que imperfecto en mi completitud. Esos nombres aún resonaban en mi cuerpo entero, al punto de sentirse identificado con ellos. Poco a poco sentía que esa identificación me estaba robando el alma. La hacía sentir incompleta a secas y ensombrecía esos minutos de hálito vital que compartí desde el principio, con ella. Ese él que nunca fue, era en realidad la causa de mi carencia toda. Pronto todo lo que abrazaba tan sólo con mis ojos se me hizo aún más difícil de contener.

Un lapso de tiempo que no lograba capturar. Aquellos seres se fueron. Y desperté así en una segunda estancia. Notaba que muchas cosas se me hacían aún más intocables que antes. Pero, extrañamente, noté a mi madre aún más real, a pesar de captar la novedad de aquellas cosas. Otros seres venían. Intentaban cubrirme con extrañas ropas. Mi cuerpo percibía un calor artificial. En medio de mi ahogo proyectaba el cuerpo y las extremidades de mi madre, y sentí que debía cumplir este ciclo para aguardar por su presencia. Realmente esas experiencias poco a poco me incitaron a llenar mi vacío, el cual hasta ahora sólo mi madre había podido cubrir.

En un breve estado de paz, fui llevado nuevamente. No sé si esos seres permanecieron, pero sentía que ella aún compartía su vientre con mi fragilidad. A medida que se hacía más evidente también percibía un clima más cálido y más confiable. Un segundo Hospital fue mi cuna. Me embargó una emoción que hasta ahora no había sentido. Quizá mi condición especial cambió, al reconocer a seres idénticos a mí. Por primera vez me sentía en un mundo repleto ya no de completitud, sino de reflexión. Sin embargo, aquellos diminutos seres, aun poseyendo mis características y mis hábitos, podían abrazar las cosas del mundo y patalear al aire con la ilusión de recorrer el terreno sembrado por sus madres. Y claro está, en esta estancia se encontraban seres idénticos a la mía. No eran precisamente las madres de aquellos seres idénticos a mí, sino que eran madres que buscaban en ellos esa misma sensación, ese mismo complemento, como el de mi cuerpo a las extremidades, y la calidez recorría mi cabeza a la vez que mi vista se hacía más nítida. Al verlas a ellas, me reconocía a mi mismo. Poco a poco, ellas me ayudaron a concebir aspectos nuevos de mi cuerpo que mi madre no alcanzaba a proyectar. Vi en mi cabeza una nueva extensión de mi cuerpo, y mi pelo rojo, como ellas decían, les arrebataba gestos y tratos parecidos al de una mano sobre las mejillas. Me sentí más vivo que nunca. Mi ser se encontraba presente en todo. Ya no existía vacío alguno que llenar. Era yo y mi madre, una vez más.