domingo, 19 de marzo de 2023

Rafael Gumucio: "Esa deshumanización del odiado y su conversión en un muñeco es uno de los principales peligros de la democracia posmoderna. Es lo que la puede convertir en cualquier momento en una tiranía. ¿Qué se ama cuando se ama? Se preguntaba el poeta Gonzalo Rojas. Uno tendría que preguntarse también ¿Qué se odia cuando se odia? La respuesta en ambos casos es la misma. Uno odia y ama, siempre algo suyo, que quiere sentir como ajeno. Uno odia y ama un reflejo que quisiera quitar del espejo."

sábado, 18 de marzo de 2023

Algo que destaco de la serie The last of us, es que refleja muy bien la dinámica de los grupos humanos enfrentados en contexto de crisis. Todos, sin excepción, tuvieron que luchar por sus vidas, tanto luciérnagas como cazadores. El despliegue de la violencia y el separatismo provocaron, a la larga, un bucle de autodestrucción. No importaron los bandos políticos e ideológicos. No importaron un carajo el orden ni las aspiraciones revolucionarias. Todos podían ser susceptibles de contagio y morir, en la escalada de poder. He aquí una verdad cruda y totalmente vigente: los que se decían resistentes a un modelo opresor pasaron a ser todavía peores que sus propios carceleros, más despiadados en su ciega búsqueda de venganza histórica. En definitiva, aquellos que se autoproclaman puros y virtuosos pueden albergar también, dentro de sí, la marca del “infectado” por el odio, por el parásito arcóntico del espíritu. La auténtica infección interior del hombre tiene un nombre: se llama maximalismo.
Se conmemora el martirio de Jacques de Molay, un 18 de marzo de 1314. En una publicación de un profesor de religión, decía que, al ser quemado en la hoguera el Gran Maestre de la Orden de los Templarios, fue consumado un nuevo crimen contra la persona de Cristo. Otro mártir acusado injustamente de sacrilegio, en la línea del mismísimo Jesús. Había proclamado la inocencia de la Orden frente a Felipe IV antes de ser sacrificado. 

Con el compadre Pablo Rumel conversábamos en torno al misterio de los templarios y su relevancia para el catolicismo, hoy. Justo en el momento en que abordé la importancia de releer la tradición a la luz del nuevo contexto mundial, sonó, de fondo, en el audio, una larga campanada, dando las seis de la tarde. “¿Estás en algún ritual?”, preguntó Rumel, en talla. “Andaba cerca de la Iglesia de San Ignacio, en Valpo”, le respondí. “Nada más punk que eso”. Rumel asintió. En efecto, conmemorar a un maestro templario y recordar su legado, en plena época secular y deconstructiva, se ha vuelto, de por sí, un gesto contestatario, una andanza quijotesca. 

Mientras bajaba por el cerro de mi infancia, las campanas seguían doblando por todos, y retumbaban en el cerro y en el plan. El estridente ruido de fondo porteño asemejaba el de los gigantes y el de las hordas. La figura del sacrificado se volvió, de inmediato, la imagen del futuro.

viernes, 17 de marzo de 2023

En una relectura de Jorge Edwards, ser declarado "persona non grata" por grupos y personas ideologizadas debería ser un pasaje garantizado con destino hacia la libertad de acción y de pensamiento.
Algo que destaco de la partida de Jorge Edwards -más allá de su peso literario- es el hecho de que sea recordado con respeto de manera transversal, por escritores de todos los colores políticos. La figura de Edwards nos demuestra que el legado en literatura debiese apuntar siempre hacia ese horizonte. Más allá de las odiosas antinomias o de las banderas circunstanciales, debiese prevalecer la obra ante todo, la única carta de presentación válida ante el universo.

jueves, 16 de marzo de 2023

Los cabros tenían que completar un diario de escritura. Uno de los chicos me mostró la parte que estaba desarrollando: una conversación por whatsapp imaginaria. "No la lea en voz alta, profe", dijo el alumno, algo avergonzado. "¿Por qué?" le pregunté. "Es que es algo que me pasó", repitió, sin más. "¿Y qué le pasó?", volví a preguntarle, intrigado. El chico abrió la página del diario con el ejercicio. Se trataba de una conversación muy corta, no más de cinco renglones, en la que saludaba a una niña de otro curso y la invitaba a salir. El texto terminaba con la siguiente leyenda: "esta persona no está disponible. No puedes responder ni enviar mensajes". Tajante, el chico cerró su texto con esa ya clásica sentencia de bloqueo, la fórmula definitiva que no daba pie a réplica y cerraba la puerta a cualquier clase de contacto. Permanecí sin comentarios ante tan real y abrumador cierre. Solo atiné a observar al cabro con una mirada de leve aprobación.

Durante el recreo, al dejar los diarios en la sala del CRA, el cabro venía en dirección contraria, rumbo al patio. Se detuvo por un instante. "Disculpe, profe", dijo, escueto. "¿Por qué?", le pregunté. "Por la conversación que escribí en el diario. Es algo que me pasó y no me gustaría volver a recordarlo, por eso lo escribí". El cabro miró, de nuevo, tímidamente, y siguió su camino. "No me gustaría volver a recordarlo, por eso lo escribí", esa pura frase resumía, sin proponérselo, el más íntimo sentido del escribiente: volver sobre la herida, conjurarla, para sublimarla.
Enrique Symns {Escritos}
La cámara lúcida.

"Porque los científicos se olvidan de que el tiempo y el espacio no existen, son leyes creadas por la mente. ¿Qué es lo que nos transforma en esta clase de monos especiales? La invención del calendario.
Porque, como diría Artaud: 'Cuando crearon el reloj nos hicieron esclavos de nuevo. Nos sacaron el grillete de los tobillos y lo pusieron en la pulsera'.
El reloj te mata, te va envejeciendo, te va destruyendo la vida. Por eso es hermoso ver a un hombre con el ojo de un tigre, acechando al tiempo para matarlo".

miércoles, 15 de marzo de 2023

Sobre Fernando Lamberg y el símbolo del mosaico

“Llamar blanca a la inocencia y negra a la perfidia/sigue una tradición pero no una verdad./El blanco puede ser señal de una traición/y el negro ser la huella de la lealtad./Una simbología obsoleta va por falsos caminos./En el ajedrez la dama negra en la casilla negra/puede darte la victoria/y la dama blanca en la casilla blanca hundirte en la derrota […]”, rezaba el Poema en blanco y negro de Fernando Lamberg, escritor porteño. En efecto, cuando uno se enfrenta al pavimento mosaico, constituido este de baldosas blancas y negras, se enfrenta a una realidad que trasciende la lógica del bien y el mal. Ambas concepciones provienen de la fuente dual, pero se pervierten al volverse antitéticas en la vida mundana. La realidad es que el mundo es mucho más que mero maniqueísmo. Es, antes que nada, integración de la sombra y la luz, mixtura grisácea, claroscura visión.

Entrevista a Bruno Vidal: “La proximidad de Boric con la poesía es la de un firulete”

—¿Cómo caracterizarías las referencias culturales que hace el Presidente en sus discursos?

—Son declaraciones de impostura. Engañifas de momento. Cuando él se refiere a Andrés Bello lo hace de una manera ignorante. En general las referencias que hace Boric a figuras prominentes son oportunistas, accidentales. No implican una asimilación de los legados culturales de la intelectualidad chilena.

—Dices que Boric hace referencias intelectuales al voleo. ¿Cómo se nota cuando alguien cita bien, con conocimiento y propiedad, sin impostura?

—Se refleja, precisamente, por no hacer cúmulos de citas. Boric no cita a Andrés Bello habiéndolo asimilado. Él podría hacer una extrapolación de lo que significó la figura de José Victorino Lastarria. Pero no, él lo hace como si se estuviera refiriendo a la avenida Andrés Bello. Cuando alguien quiere expresar un punto de vista original en una ponencia, debe evitar citar.

—¿Crees que Gabriel Boric escribe sus discursos?

—Escuché en una entrevista que él quería darse un año sabático para irse a escribir una novela negra. De alguna manera la está escribiendo, pero en forma colectiva. Y es una novela negra donde él va a quedar como chaleco de mono. Yo creo que no escribe nada. De hecho, la madre de él, en una entrevista, decía que Gabriel tenía dificultades de aprendizaje cuando era niño. Y creo que eso se manifiesta en que el Presidente tartamudea las ideas y, a veces, queda en blanco, desdibujado en enunciados que son muy simples. No consigue hilvanar ideas con soltura de cuerpo. Tal vez la necesidad de recurrir a la declamación poética explica su inseguridad con la palabra.

—Boric ha citado varias veces el poema «Cementerio de Punta Arenas» de Enrique Lihn. ¿Crees que lo hace con tino?

—Ese poema no tiene nada que ver con su obra más conocida. Es un poema extravagante, corto. El aterrizaje que hace Boric a la poesía es utilitario. Voy a ser franco: yo creo que su proximidad con la poesía es la de un firulete. El Presidente de la República deja muy mal parados a todos los chilenos o, sencillamente, nos refleja de cuerpo entero al dárselas de estar enterado de todo. Y no es así. Yo, por ejemplo, no te podría decir bien más de tres nombres de árboles chilenos. Y existen muchos. Pero no sé, me pierdo. El Presidente está demostrando incultura y todas estas alusiones que él hace a los poetas chilenos son antojadizas y burdas.

"¿Por qué nos hace escribir tanto a mano en clases?", me preguntó un cabro, estresado. Le dije que de eso se trata, que se requiere costumbre; si no, les mandaría a hacer todo para la casa y aprovecharían de meterse a Chat GPT. "¿Qué es eso?", preguntó el mismo cabro. "¿En serio no cachas?", le dijo, extrañada, una compañera. "Es una página en la que chateas con una Inteligencia Artificial y te escribe todo lo que le pidas". El cabro quedó sin palabras. "¿La dura?", preguntó, asombrado. "La dura", contestó la compañera. "Ideal para nosotros". Esbozó una breve sonrisa. Algunos ya estaban enterados de las maravillas de esta nueva IA; otros, increíblemente, aún no tenían idea. Se armó entonces una conversación en torno a quiénes iban a hacer todas las tareas con GPT, y si acaso los propios profesores también hacían trampa. "Por eso les hago escribir en clases", les repetí. "No sacan nada con dejárselo todo al chat si no saben lo básico". Otra alumna intervino. "¿Y cómo sabría usted si un texto lo hicimos nosotros o lo hizo el chat?", preguntó. Era, ciertamente, la pregunta que estaba esperando. Le dije que había métodos de interpretación, que dependía de las instrucciones y del tipo de textos, pero llegaría un punto en que iba a ser prácticamente imposible distinguir un texto escrito cien por ciento a pulso de uno diseñado por IA. En ese límite posible entre creatividad, autenticidad y honestidad intelectual se iba a decidir, muy a nuestro pesar, el derrotero del taller de escritura: en la prueba de fuego del algoritmo y la palabra.