domingo, 1 de mayo de 2022

¿Qué más irónico que el día del trabajador caiga un domingo? Que el día siguiente sea lunes y haya que trabajar.

Cine en su casa: "Romeo is bleeding" (1993) de Peter Medak.

Cine en su casa: "Romeo is bleeding" (1993) de Peter Medak. Un clásico noventero del cine noir.
Jack Grimaldi (Gary Oldman) es un policía corrupto que informa a la mafia sobre los testigos protegidos. Los federales le confían la protección de Mona DeMarkov (Lena Olin), pero la mafia le ordena aniquilarla. Desde entonces, su vida se convierte en una pesadilla.



Paul Auster comenzó a escribir La invención de la soledad cuando supo que murió su padre. En la novela, el narrador trata de reconstruir el vínculo escaso que tuvo con él. De paso, reflexiona sobre el cómo ser hijo, también sobre el cómo ser padre, la conexión existencial entre el origen y la descendencia y cómo entre ambas media la propia vida y, de suyo, el abandono, la orfandad. 

“Recibí la noticia de la muerte de mi padre hace tres semanas. Fue un domingo por la mañana mientras yo le preparaba el desayuno a Daniel, mi hijito (…)”, señala el narrador en la novela cual ironía del destino o presagio literario, sobre todo cuando nos enteramos de la prematura muerte de Daniel Auster por sobredosis de drogas. 

Hace poco, Daniel había sido acusado de homicidio involuntario tras la muerte de su hija, la cual fue encontrada con “los labios azules y los ojos rígidos”, presuntamente por consumir heroína, mientras el padre tomaba una siesta, embotado. Sin duda, estamos ante una cadena de desgracias que para el literato han sobrepasado toda enrevesada ficción por su crudeza y por la directa interpelación a su propia vida. 

Si Paul Auster tuvo que escribir La invención de la soledad para conjurar a su difunto padre y conjurarse a él mismo como hijo y futuro padre, entonces su literatura se ha encargado de reinterpretar su biografía a la luz de los acontecimientos. No cabe duda: no hay escritura que pueda superar la brutalidad de la realidad. Como mucho, la literatura está ahí para sublimar en clave el horror de las expectativas rotas y las memorias disueltas en el olvido, ese mismo olvido que ha servido de material para la construcción de una nueva soledad, bajo el sarcasmo de las palabras que beben de la ausencia, la desaparición y el deceso. 

En este punto, resulta inevitable el morbo lector. ¿Qué escribirá Paul Auster a raíz de esta nueva tragedia? ¿Cuál será la novela que conjure, una vez más, la desgracia, la orfandad, la condición de ser: la soledad en medio de la vida y de la muerte? Por lo pronto, nos queda su prosa y también sus versos como una elegía del futuro: El hogar, pues, no es el hogar/Sino la distancia entre /Santos/E impíos. Y quienquiera que se /Ponga/En la piel de su hermano, sabrá/Qué cosa es el lamento/Hasta el séptimo año/Más allá del séptimo año/Del séptimo año./Y dividirá a sus hijos por la mitad./Y luchará en la oscuridad/Con un ángel.

sábado, 30 de abril de 2022

Ahora, queridos lectores, lárguense de esta casa virtual llena de censura, de odiosidad, rumores de pasillo, falsas acusaciones y posverdades, y cámbiense definitivamente a Twitter. Elon Musk, “el hombre más rico del mundo”, su dueño, el mismo que quiere conectarnos el cerebro a la nube y mandarnos a Marte, ha dicho que les asegurará el respeto a la libertad de expresión a todos, sin restricciones.

Horror en Quilpué

“Los maté porque eran personas malas, por eso les disparé”, dijo un caballero que el día jueves acribilló a una pareja de adultos mayores en Quilpué, en el sector de Mateo de Toro y Zambrano con Industrial. No se demoraron mucho en capturarlo y confesó rápidamente el crimen, sin dar otro motivo. Los fallecidos se solían colocar en aquel sector para vender leña.

Según cuenta el fiscal del caso, “el hombre atraviesa la calle hacia el cerro y aparece una persona adulta en una bicicleta antigua, con una parrilla en la parte anterior (…). Desciende de la bicicleta, se dirige en la misma dirección en que momentos antes iba la persona que vende leña (…) en el mismo acto, la mujer que acompaña al hombre que vende leña cruza en la misma dirección y se escuchan al menos tres disparos, y solo regresa la persona adulta que toma la bicicleta, se sube y se desplaza por la misma calle Mateo Toro y Zambrano, perdiéndolo de vista”.

El sonido de los disparos advirtió a la vecindad y el hecho de sangre vuelve a remecer a la ciudad del Sol, considerando que en el verano un joven había sido encontrado muerto por apuñalamiento y encima de una lavadora en una bodega del Belloto. “El horror, el horror”, diría el coronel Kurtz en Apocalipsis Now, y es que últimamente la violencia se ha vuelto la tónica de esta nueva normalidad pandémica, configurando un clima de incertidumbre hostil y dolorosa.

La otrora ciudad el Sol se resiente. Se eclipsa el tono de la vida, pero la ciudadanía sigue dando vuelta la página como quien aprieta una vena infectada. Es tiempo de grandes cambios, pero también de grandes pérdidas. El apocalipsis es ahora, y cada quien se cree con el derecho de ajusticiar al otro, bajo su propia ley sanguinaria.
¿Quedarán acaso espacios en la sociedad de escritores y los círculos de poesía para quienes desconfían del proceso revolucionario y se bajan del carro de la victoria para abrazar el ostracismo y el escepticismo? 

miércoles, 27 de abril de 2022

La hora del fin

"Vendrá la muerte y tendrá tus ojos". Cesare Pavese

Soñó que era acusado de un delito. Tenía relación con un hecho violento. Dentro del sueño, se encontró en el patio de una casa que arrendaba antiguamente. Allí, un conocido suyo, un poeta anfitrión, le visitó y le contó algo sobre una cámara situada en una calle próxima a un local del puerto, un local muy concurrido por un grupo de escritores. En el video grabado por la cámara, se alcanzaba a visualizar a un sujeto sospechoso, de manera muy borrosa, caminando de noche sobre lo que parecía una mancha de sangre en la acera. En aquel momento, aún se investigaba la escena del crimen.

Existían varios sospechosos que concurrieron al local a una lectura poética aquella noche registrada en el video. Lo más extraño era que los investigadores le sindicaban a él como el sospechoso, en circunstancias de que aquella noche no había ido a ninguna lectura. El poeta anfitrión le explicó que estaban sospechando de todos aquellos que asistían regularmente al local. Ante esa información, se acrecentó una sensación de claustrofobia en su cabeza y se agudizó un dolor en su pecho. Alguien había sido asesinado, según constaba en las investigaciones. Aún no reconocían el cuerpo, pero todo indicaba que se trataba de una escritora que también asistía regularmente a dichas tertulias de poesía. Existían varios sospechosos, sin embargo, él era el principal, por el solo hecho de que todos certificaban su relación patológica con la occisa.

Le dijo al poeta anfitrión que él no podía ser. Este respondió que le creía, pero tenía que convencer a los oficiales. Fue así que decidió contactar a todos aquellos personajes que asistieron esa noche. Ninguno se dignó a dar explicaciones convincentes. De hecho, todos habían sido interrogados y tenían sus respectivas coartadas para zafar de su presunta implicación. Evidentemente, se estaban cubriendo las espaldas, como buen lobby, y a él le estaban dejando fuera, a su suerte. Entonces pensó que tenía que encontrar, de alguna forma, una coartada que le situara fuera de aquel lugar al momento de la lectura poética, con tal de no ser incriminado. Sin embargo, pasaba el tiempo, y sus explicaciones respecto a su ausencia en el sitio del suceso no convencieron a los fiscales, oficiando así, ante la premura por cerrar el caso, una orden de detención en su contra como sospechoso de homicidio. -No podía ser-, dijo para sus adentros. -No podía ser, por la sencilla razón de que yo la quería-, concluyó, mientras caminó con la cabeza gacha y las manos esposadas, rumbo a la patrulla, ante la mirada despreciativa de cada uno de los asistentes al local, que no dejaban de grabar el espectáculo de la captura del inculpado.

Rumbo al calabozo, imaginó en su cabeza el video de la cámara. En él, seguía la figura borrosa del sospechoso, se revelaba el arma del delito y se visualizaba bruscamente el rostro pálido de la escritora. En ese mismo instante, se dio cuenta que la mujer estaba viva y, en verdad, lo tenía sujeto de las esposas hacia la cama. Lo forzaba mientras lo cabalgaba, al punto de la agitación. El inculpado aún no podía entender qué era lo que estaba pasando, tratando desesperadamente de zafarse. Entonces, la escritora, pálida, fiera, lo enredó con las sábanas y lo asfixió. El inculpado sintió cómo se ahogaba con su propia saliva en el proceso, perdiendo la respiración y sintiendo que moría. Esa mujer de ensueño -pensó- lo mataría en ese mismo instante. –Llegó la hora-, le dijo al oído, con una voz grave y sensual. Lo hizo agitarse tan bruscamente que perdió el aliento y sintió que todo su mundo se derrumbaba a su alrededor, con la mujer invicta sobre su cuerpo inerte.


martes, 26 de abril de 2022

El Orfeón de Carabineros recibió a Boric con una interpretación musical del tema Smells like teen spirit de Nirvana, a un día del aniversario número 95 de la institución. Una tradición republicana rindiéndole loas al progresismo del gobierno. ¿Huele a espíritu adolescente en La Moneda?
Y dime, querida: cuando llegue la hora, ¿lloverá?
Unas colegas mandaron a hacer poleras con diseños para el día del libro. Yo elegí una de Albert Camus. La usé casi todo el fin de semana, luciendo al escritor y filósofo absurdista cual cábala. Sin embargo, al llegar el día del libro, olvidé llevar la polera puesta al colegio. "¿Y su polera, profesor?", me preguntaron. "Nada", atiné a decir. ”No la traje". Silencio instantáneo. "Era hoy pues", dijo una colega, decepcionada por el olvido. Esbocé una pequeña sonrisa, pese a todo, sabiendo que el olvido de la polera del argelino supuso un homenaje azaroso a su propia obra. En ausencia de Camus, el absurdo nos sobrevive.