viernes, 16 de agosto de 2024

La espiral efeméride (versión 2024)

Poema extenso con varias partes, escrito entre el 2005 y el 2006, y vuelto a editar el 2024:



En el rincón bilateral del tiempo,

y hoy, en un híbrido de hazaña y consecuencia,

afilo mi retorcido, cínico paladar, que fue hecho para sangrar,

y la mecánica de la insolencia trasciende,

en donde la omisión y la digresión no son opuestas.


No te quiero ahora para entrar al invernadero

y comentar este nuevo llamado al exterior.

No es necesario hacer algo público

en tal dimensión de curvaturas.

Todo se cuelga expuesto

en campanas húmedas y membranosas,

como sobre tu cabeza se abriera una boca,

discutiendo en un depósito de rancios favores y cumplidos.

La próxima palabra estaría equivocada

si la niego dentro de este circunloquio.

Perífrasis de la palabra,

Perífrasis del espíritu.

Adéntrate a través de voces desorganizadas,

entes amarillistas, sofocados de orgullo.

Redescubre lo que alguna vez fue luz.

La colisión empieza abriendo los sentidos

de ojo a garganta, la curvatura está viva.

Una recta curva toma forma de una línea predilecta

¡que todas las visiones del mundo podrían dimensionar!

y dar mayor profundidad a lo que alguna vez fue luz.

Cortinas restrictivas dramatizan la conversación,

como sobre tu cabeza se abriera una boca,

pone llave a cada cosa que te sea afín.

Una pantalla de fresco odio se deja ver,

al chasquido metálico de campanas líquidas,

di tu peor verdad y mejor mentira:

es el brote educativo presionando mi puño a mi edad,

es la gangrena atada alrededor del perro,

es un error criado y envuelto en simpatía.

Como desconocen tu omisión

da la espalda y habla de un síntoma universal.

Mira a tu más oscura articulación,

reintégrate a como acostumbras,

sucumbiendo sin mucha armonía.

Como comprenden el fin de tu cordura

encuentra una última dimensión

y termina con la conversación.

Conocimiento sinérgico, uniformidad global,

y en un nuevo día,

redescubre lo que alguna vez fue luz,

Pasión,

Miedo.


En cuanto abras los ojos,

encuentra el alcance longitudinal de ese porvenir,

cuenta tu conteo regresivo, una botella de nitro,

y ya te das la vuelta,

refrescado y resignado a la violenta humedad

de tu sueño físico, físico cual boca en botella,

como la apariencia de tu amuleto,

y está meditando y sembrado en tus casilleros de lozanía,

tanto que ya no lo ignoras ni sientes.

Imaginarlo sería solo una forma de decir

que es el mismo idiota, la misma sangre,

tu par de ojos codiciosos,

caras que me obligan a reconocer

una placenta sólida entre péndulos,

sonando a un tono inmortal.

La explosión fue mayor ahora y lo será después,

la siniestra comodidad de tu altruismo.

Para mí, no eres más que un trofeo flotante

sobre una pieza flotante.

Los rincones, cada rincón se desfigura

para evadir tu presencia.

No necesitas más que la misma sangre

para tu malogrado ADN,

Y está meditando y sembrado en tus casilleros de lozanía,

tanto que ya no lo ignoras ni sientes.

Imaginarlo sería solo una forma de decir

que es el mismo idiota, la misma sangre,

pues QUÍTALA, QUÍTALA,

¡quítala de mí, huevón!

he encontrado un mejor agujero que taladrar,

un mejor círculo que acariciar y concretar.

Abre los ojos...

y el porvenir explotó y la sombra explotó.

Imaginarlo sería solo una forma de decir

que eres solo un amuleto.

Todo lo que eres es un simple fetiche;

un instrumento,

un amuleto

usado

...

En el foco de la humanidad, inspecciona.

Es un huésped portátil y frío

que te entrega coloridos anteparaísos,

y si llegas a verlo, te darás cuenta

de que te interesas en él más que él en ti,

porque conoce cuánto puede consumir de ti,

y es infernalmente inagotable.

Solo ve a la mano maestra masturbar el circuito.

Comunicación inverosímil

en la que solo filtra la psiquis en filamentos.

Es la garantía del expectante,

el cebo e higiene del gran Juglar.

La carga crónica ya saldada para ti,

y para tu fantasía en recortes,

una caja de acromática libido

¿Es por eso por lo que pagas?

¿Por el metal radiactivo en tu interior

y que sólo reverdece tu faz en yerro?

A ver cuánto puedes ver.

Solo si pudiera exprimir,

el portal entre mil estelares,

envase de auto saprofito eléctrico.

¿Creerás lo que estás viendo?

¿Verás a lo que estás creyendo?

Vuelve a presionarlo, rotarlo, agitarlo,

hasta que conjugue tu fenómeno,

y entonces tu radar cerebral

lista para la señal de pánico.

Dentro de tu anestesia de cobre,

¿Creerás lo que estás viendo?

Réplicas hastiadas, de tu no-rostro

¡He ahí el producto de tus tres dimensiones!


Únete a los círculos y luego engánchate a uno.

Ellos ansían ser atendidos y devastados,

minimizados por el calor de su floreciente época.

Su apetito busca al más virgen y potencial,

así, tu antiguo sopor ya está saturado.

Su pecado en cadenas es un puño firme que raspa

el pasto nuevo de sus esencias.

NO CREAN YA en la tentativa evolución.

NO CREAN YA en el títere dinámico,

solo son un envase de materia y genes por dentro,

y solo un envase de genes y hedor por fuera.

Todo lo que quieren son los fragmentos

de un fructífero sendero

que solo ellos podían materializar,

y siempre se rehusaron.

No crean ya en la cristalización del abstemio,

no crean ya en el viril parto de los propósitos.

El alcohol que tanto promueven y desean

fermentará en pervertidas cosechas de ideales,

justo como el YIN-YAN opacando sus traseros,

cada vez que la curiosidad se vuelve paranoia.

Sus semillas de cambio no germinarán,

y sus reducidos vientres no harán fricción alguna,

cuando acepten que todo lo que han logrado

es ser Títeres-carroña de sus propios sueños.

El semblante de la luna los delata in fraganti,

en la mano maldita del sosiego.

Tú eres su extremidad, y en ti,

la verbal masturbación del abstinente.

YA NO HABRÁ palabras

para el que creyó rimar en tonos sobrios.

YA NO HABRÁ carisma

para el que creyó tantear a los ecuánimes.

YA NO HABRÁ retribución

para el que creyó barrer el último polvo.

Ya no habrá "rompe-fila",

ya no habrá ingenuidad, educación, recreo,

ya no habrá tratos blandos,

cuando acepten que todo lo que han logrado

es ser Títeres-carroña

DE SUS PROPIOS SUEÑOS.


La quimera postulante en él, en él,

la dorada proporción.

1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21,

antes de lo perpendicular de un mundo-rubro,

la base de los datos no puede inspirar

más que una técnica factura

de memoria, de logros, de carcasas,

esa misma que infiere

hasta en la menor descarga de brillantez.

La lucidez, la vanidad del metal,

en concilio con la alérgica sustancia,

la carditis del alma, el resplandor del mineral

surgido del mismo tecnicismo,

como esa proporción.

La vacía singularidad se hace eterna,

informática, aproximada.

Si pudieran culpar a los cielos,

nosotros no los creamos,

ni él creó, ni yo, la creación.

Una legión de baterías pensantes se abre paso,

cuestionando un terreno repleto de gris,

color y forma de los avanzados.

Para salvar el mundo, un disco duro reprogramado.

El manejo de los circuitos intenta parecerse

al de su percepción de formas.

Miles de ellas, multiplicándose,

como bacterias en sus proyectos.

Así como se da a luz lo que usaremos,

y, al hacerlo, se hizo lo que creíamos banal,

por esa cosa llamada realidad,

por esa cosa llamada imaginación,

por esa cosa llamada progreso.

El espacio X, el nuestro, no basta.

Los borrones universales,

las leyes físicas,

los motores naturales,

ya no cumplen su legislado ejercicio.

No hay relatividad en cómo deban dinamizar la tierra.

Lo único cierto es la compra de los sitios

que les debían por invertir.

Están en cada avance,

cada mensaje,

cada fracción de arte,

no sobresaldrá sin su presencia.

Somos materia galáctica sin fondo a su lado.

Sin embargo, su paradoja se expresa

y detrás suyo, el Procesador Supremo.

Mientras deducen su velocidad,

él socava las vísceras del tiempo.

Mientras absorben su luz,

él entierra la médula del espacio.

El ejército del androide aproximado,

la clave ancestral desbloqueada,

la abismal consecuencia de Bill Gates,

domador de programas y dictador tecnológico.

Un pacto químico se estimula y produce,

a través de las imágenes vistas,

y los fantasmas del pasado segregan la toxicidad

y los venenos de la estirpe camuflados con la lluvia,

sobre colosales depósitos de gas y petróleo.

Hiroshima habrá de regar sus átomos,

dado el conflicto nuclear y el negocio misilero,

todo terminará reciclado

al ritmo de los bombos de guerra.

El paso de los ingenieros de la gran arma

enfrentando la tormenta, colores precipitados,

un nuevo brillo en sus penetrantes ojos.

La circulación de sus venas indica

que llega el momento de dominarlos.

Por el aceite de los movimientos,

se apoderarán de los panteístas.

En crisis de intereses,

la gran arma apuntará a lo superior.

El hambre del hombre, la quimera religiosa,

sin brazos turbo ya es un alquimista,

él, el de las “Puertas del Costo”.

Con el tiempo se darán cuenta

de que fueron hechos para crear y ser creados,

y no terminarán de construir su arquitectura maligna,

ya que el modelo dorado 2000

envuelve aquella proporción

y, en borde de una geografía,

te empuja sigiloso al extremo de los extremos.

Navegando en pantallas, ya lo tienes ante ti,

y cuando las bestias y las máquinas copulen,

los entes cívicos darán nombre al experimento.

El ejército del androide aproximado,

la clave ancestral desbloqueada,

la abismal consecuencia de Bill Gates

domador de programas y dictador tecnológico.

Desde el pasado, se describirá y revivirá

al desalmado substituto,

al único y cibernético substituto,

y este volará por lo remoto,

para desafiar a la gravedad:

poseída libido de la raza humana.


Vértices depresivos,

elevados, verídicos, para la inflación.

Con tal cantidad de vértices,

ellos prostituyen sus perfiles sin temor.

Llenos de humanidad y escrúpulos

tiran los dados multinuméricos.

Ellos apostarán por una cifra,

y así será la sublimación de lo Neutro.

Hostilizando la geometría del recuadro

donde estoy unificando estas líneas,

ellas también se volverán cifras

digitalizadas, insanamente en transistores,

procedimientos de lógica lasciva.

Las factorías de las penumbras en verde:

A puertas de todo un negocio

de frigidez promocionada.

A puertas de todas las voces

en imanes de ingeniería déspota.

A puertas de todas las vidas

que subyacen a tus créditos.

Y mientras consultan a la operadora

tu líder y esclava más mimada

será el más verde reflejo

de tu alienación.

El más ínfimo profeta de un Universo invisible,

El más ínfimo traductor y traidor,

el peor veredicto verbigracia del mejor publicitado error.

Él, ya cenado, ellos, ya límpidos e iluminados

y con la piedra pisada por su talón,

untado en pozos de belleza,

su maquillada palabra contra la antilogía terrestre,

itinerantes ovejas.

Solo un beso puro sobre su frente,

y ya están sueltos los primates del árbol del conocimiento.

Propaganda paradisíaca,

herejía de disfraces y velos.

Todos los siete días contenidos en páginas

No puedo renunciar a quitarlas del empaste.

Improvisando la receta de la creación

usufructo de cada palabra de testamento.

Violar el endiosamiento de la parábola,

violando la parábola, no al personaje,

Borrar cada claroscuro de los 7, solo los 7.

Todos somos ínfimos sin las luces.

Bajo los jardines infantiles,

siempre una hueste de nulidad y no efecto

como trepadoras en potencia y en ausencia,

como jefes de hogar en exilio,

hijos bastardos de Su Eminencia.

No pueden delatarlo en la corte del juicio final

más que como el ídolo de una cósmica fiesta

Masilla para laicos, laicos que meditan en su hemorragia,

rentando el pabellón del pentagrama

el polvo inmortal del cual bebe el demonio escarlata.

El arrullo de los ángeles en pugna

no es lo que Él espera de una sala cuna universal.

Él, en ninguna y todas partes,

al mismo tiempo que se sirve las galaxias

en un solo plato y menú, tanto como nosotros

propiciamos y precipitamos:

El vórtice de nuestra autonomía

El somnífero ambiental de Sn Gabriel

El incesto delicioso en el mutante.

Ya estoy harto de los puzzles arrojados

a la boca serpentaria de la fe

Ya estoy harto de la falacia gregoriana.

Harto del martirio sepultado

en millones de dólares,

Harto de todas sus creaturas.

Simplemente sudo, sudor, sudo

Y se suda lo que equivale a un vacío de belleza.

Entonces sacudo la piñata del futuro

deseando sangre y sexo eternos,

y el ángel caído sigue vigilando cual francotirador,

regando una promesa marchitada en milenios,

pero cotizada no más que en oro y grasa judía

¡El macho cabrío burgués, observa!

Violar el endiosamiento de una palabra,

violando al personaje, no a la palabra,

borrar cada claroscuro de los 7, solo los 7,

porque al final de los tiempos,

todos somos ínfimos sin las luces.


Expiración de las emociones,

la forma en la que proyectas eso llamado sentimiento,

lo que has experimentado, lo que has descubierto,

seguirá atrapado en su vacío, girando sobre sí mismo

cual espiral eterna,

cuántica del resentimiento.

El eterno retorno de los pesares,

no alcanzará a redondear sus esferas.

No lo experimentarás, no lo descubrirás,

porque la sangre de sus corazones, fluyendo

nunca dejará de acabar.

Expiración de las emociones,

la forma en la que fijas la mirada en tus semejantes

¿Qué te hace tan especial para buscar el infinito?

¿El estoicismo en tu universo de locura?

¿El alma cínica hostigada en tu interior?

Cada vez que acojas al mejor de los samaritanos,

despertarás como el más humano de los suicidas,

y el más pobre de los samaritanos, será, a su vez

el mejor suicida de los humanos.

La inveterada promesa, para todos nosotros,

pero aún tomada por asalto, por sus vidas.

Ante el despertar de los primogénitos,

ya estaré alquilando en el corazón de los mortales.

¿Es realmente estimulante cuando respondes por lo ajeno?

Responder como cuando la duda era absoluta,

y aquellos en el exterior te veían como uno de ellos.

Viendo el final, contando los pasos de regreso.

Si una celeste noción sale a la luz,

no te negarás, no manosearás otra vez tu innato egotismo.

Expiración de las emociones;

la forma en la que imprimen idilios en tus valores.

Todo el caos, todo el romance,

siempre batido al matiz de las arterias,

lo rojo,

lo arterial,

lo real.

Si esto es real,

la noción será visualizada

a puertas de una aventura,

¿Es esa la aventura donde lo único seguro es el fin?

Y el vertiginoso fin será el que deje como escapatoria

una utópica felicidad,

ya que la sangre de sus corazones,

nunca dejará de acabar...

Nunca,

pero siempre.


Y gira

Y gira

La histeria de la historia

Su porción de infinito

Su geometría imposible


Del baile de los ajustes de cuentas,

de la frigidez de la esperanza,

los torrentes finalizan por donde comienzan,

siempre de la peor manera.

Para estancar mi propia voz,

mejor trágate todo el cúbico vértigo de una vez.

Telepatía, finales postrados,

código Morse, ecos guturales,

como pasos sin escalas

en tu casa de rehenes,

en tu final de mes,

con nuestras dentaduras completas,

en tu desesperación,

con el objeto sagaz de la mano.

Para ti, a excepción de tu oxígeno,

nada más verdadero que la muerte,

MUERTE HASTA QUE RESPIRES.

Balancéate con disgusto,

balancea tu muerte en columpios,

para iniciar la esperada sesión.

Sobreprotegido, desnudo ante el juego confidente,

los nervios del calor que sensorizan

tu búsqueda de claridad,

yaciendo sobre esta silla.

¡Balancéate!

¡Balancéate!

¡Balancéate!

Gusta el disgusto,

repítelo hasta callarte solo,

en tu casa de rehenes,

en tu infierno personal

no habrá paga hoy.

Con nuestras dentaduras completas

en tu desesperación,

con el objeto sagaz de la mano

¡Que te dio de comer!

Para ti, a excepción de tu oxígeno,

nada más verdadero que la muerte,

MUERTE HASTA QUE RESPIRES.


Y gira

Y gira

La histeria de la historia

Su porción de infinito

Su geometría imposible


Tiempo

Verdad

Familia

Ilusión

Juventud

Creación

Poder

Fe

Vida

Muerte.


A veces, lo mejor es alejarse de ciertos espacios y de ciertas personas, y perseverar en lo de uno. La paz que ofrece la distancia es impagable.

La impaciente soberbia de ser (versión original)

La impaciente soberbia de ser,

ya no hay brazos abiertos

con los cuales compartir.

Tu forma de ver la vida

Me causa envidia y lástima a la vez

Pero conservo una opinión de mí mismo

Que tú misma has engendrado,

Me mantiene expectante

Y yo podría haberte convencido

Sin equivocaciones.



Estamos libres de poner nuestros propios límites

Me mantendré en batalla

Hasta que la verdad se haya alejado

Y convertido en un punto de vista.

Olvidaremos nuestras misiones,

Salvaremos el tiempo perdido y lo enterraremos

Acabo de levantar mi propio capricho

Para demostrar que lo aprendí de ti.



La sabiduría y su política de las cosas

Me esconderé para que no puedan verme

Me aislaría para ti, podría herir sentimientos

Crear mi propio sistema,

colocaré mi nombre en tu cuello

para probar que todavía puedo confiarte

un deseo imposible.

Imagina un mundo sin nombre,

Ven hacia mí, pero ven por tu cuenta.


2004

jueves, 15 de agosto de 2024

Camino relibrante: un paseo por algunas librerías del “plan” de Valparaíso

Darse una vuelta por el plan de Valparaíso para vitrinear libros se ha vuelto un destino obligado. Quien fue nacido y criado o reside en el puerto de sus amores, recordará aquellas clásicas librerías centrales como la Crisis o la Ivens, que hicieron historia y marcaron un itinerario, una verdadera hoja de ruta para el amante de los libros o, sencillamente, para el lector facineroso. Sin embargo, dichas librerías ya no existen. La primera, eso sí, se cambió a calle Blanco, aunque perdió su ubicación primera, su espacio idóneo.

En efecto, la desaparición progresiva de las librerías se ha vuelto un hecho inexorable en la ciudad, casi como un reflejo de su carcomida tradición literaria y de su decadente impronta patrimonial. Pese al mal diagnóstico, continúan ciertos baluartes abiertos a la comunidad, baluartes que se resisten al olvido y a la ignominia. Se trata de librerías antiguas, pero que tienen una mística propia y que se proponen como alternativas a las grandes cadenas de librerías. Me propongo diseñar un breve recorrido muy personal por aquellas que todavía siguen vigentes y se resisten a la obsolescencia.

Hablemos de librería Arcaluz. Se encuentra frente al Congreso, por calle Victoria. El dueño dijo, en una oportunidad, que algunos abogados pasaban a hojear libros “leguleyos”, después de almorzar en el restorán O Higgins. Un día entré y había unas chicas revisando entusiastas los libros apilados en el pasillo próximo a la caja. -Esto es el paraíso-, decía una, con un ejemplar de “Reino de brujas: El Grimorio de Origen”. Resonancia de Borges, con su frase sobre el paraíso como biblioteca. Las chicas compraron el libro sobre el “Grimorio” y se fueron. El librero recuerdo que seguía en lo suyo, mientras apilaba algunos libros desordenados en los estantes. -A veces se hace cuesta arriba mantener el lugar. Se vuelve un suplicio-, repitió, con un dejo de cansancio. -Lo que más vendo son libros escolares. De acá para abajo, tengo hartos libros, pero pocas ventas-.

Para el librero del Arcaluz, se trataba del rigor del oficio, de la realidad del comerciante, del valor mercado del objeto libro. Para aquellas lectoras y compradoras fugaces, en cambio, siempre se trató del goce, del placer estético de habitar entre la multitud de libros, pese a su costo. Lo bueno es que la librería se resiste a morir, porque lleva inscrita, en su propio nombre, la materia de su consumación. No se la iba a ganar el molino financiero, ni tampoco el gigante de la ignorancia. Y aunque se supiera derrotada, iba a dar la pelea. En pie, abierta a la ciudadanía y rebosante de páginas.

Otra librería que se mantiene estoica, abierta como la propia tapa de sus libros escondidos, se llama librería Alpasio, antigua librería que queda en calle San Ignacio, entre Pedro Montt y Victoria. Suelo entrar a la Alpasio luego de llegar de la pega. Vitrinear libros viejos o simplemente recorrer los pasillos me sirve de respiro. Literalmente, salgo de la sala de clases para entrar en la sala de libros de segunda mano. A veces el polvo y la humedad abundan, pero, ante el ansia lectora, adquieren un dejo de fragancia. Una vez le pregunté al librero, don Mario Reyes, quien atiende, cuánto llevaba ahí la librería. "Casi treinta años", respondió. "Ha aguantado mucho", le dije. "Hasta la Crisis se fue". Don Mario comentó que hace tiempo no iba a la Crisis, y que ya las librerías "no mueven como antes". Aun así, permanece abierta, en la misma tónica que la Arcaluz.

Entrar en la Alpasio se volvió una rutina, luego de haber encontrado una sección de poesía chilena y porteña, en la que figuraba una antología de poetas inéditos, publicada hace ya muchos años. Había participado en ella con un par de poemas de juventud. En cierta manera, haber entrado a aquella librería era jugar a las probabilidades. Solo un recóndito sector de resistencia libresca como la Alpasio podía albergar semejante coincidencia sarcástica. Aquella vez, contra todo pronóstico, no compré los libros y preferí dejarlos ahí, juntos, polvorientos y sagrados en su interjección. Me llevé otros. Salí de la Alpasio. Prometí volver por más. Don Mario cerró el boliche, detrás mío, como quien cierra el sótano escondido de su casona, su refugio del mundo.

Una tercera librería que desafía el embate el tiempo es la Librería Nueva San Cristóbal de Avenida Francia. La antigua quedaba en Independencia. Alcancé a pasar por esa librería en mi época escolar, y lo que más recuerdo eran sus pasillos llenos de enciclopedias históricas y de revistas Salvat, junto a historietas ochenteras, además de colecciones de clásicos con tapa dura. Un amigo de la U dijo haber preguntado por una edición de lujo de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Nunca supe si la compró o simplemente contó la anécdota con una intención legendaria.

La Nueva San Cristóbal se cambió hace unos diez años. En ese mismo lugar, durante los años noventa, recuerdo que había una librería, más bien una paquetería y hasta una imprenta. Visitar el sitio, ahora convertido en librería, con todas sus letras, se volvió una procesión interna. Últimamente paso mucho a la Nueva San Cristóbal. Un día entré allí para guarecerme de la lluvia. Pregunté por poesía. El librero me sugirió subir una escalera. Lo hice y él prendió la luz del segundo nivel. Eché un vistazo a los libros de poesía, luego de ver unos cuantos de narrativa. Esperaba encontrar algo chileno, así que hurgué en el segundo piso. Había antologías de poesía en edición escolar, y di con algunos ejemplares porteños. Justo en la misma fila que una Antología de poesía chilena de la Generación de los 60 o de la dolorosa diáspora, selección de Thomas Harris, encontré un par de antologías en las cuales yo participé.

Ambos ejemplares estaban cubiertos de polvo, en un rincón. Fue otra extraña sorpresa, similar a la de la librería Alpasio, encontrarse en las páginas de esas viejas antologías y en esa librería, sin proponérselo. De pronto, me vi revisando algunos libros en el primer nivel: unas ediciones Gredos impecables, una sección con muchos libros Anagrama y también alguna que otra joyita local. Todos esos libros aúnan un tiempo, una voz y un registro. Las palabras impresas allí porfían su visión y abrigan un refugio más allá de la tormenta, un refugio legible, rudimentario y nostálgico.

Una cuarta librería concluye el camino. Se trata de Mar de libros, librería que queda en calle Esmeralda, cerca de donde estaba la extinta Orellana, otra librería que añoro y recuerdo con el corazón calcinado. Entré ahí, interesado por algunos libros en la vitrina. Algunas joyas locales. En la entrada, grandes libros rematados a luca. En un vidrio a mano derecha, una brillante edición de la revista Ciudad de los Césares, material escaso y de difusión limitada, por su contenido políticamente incorrecto. En el estante de al medio, muchos libros de crónicas sobre Valparaíso. Parecía la bibliografía que debía tener en casa, para refinar mi propio oficio.

Un día, revisando el diario de Alfonso Calderón, llegó un caballero bien vestido que llevaba tres libros en sus manos. “Los estoy vendiendo, joven”, me dijo. “¿Son suyos?”, le pregunté. “Sí señor”, me respondió. De inmediato, me mostró sus libros. Se trataba de una trilogía de poemas temáticos en torno a la figura de Quetzalcóatl. “Una tetralogía, porque falta uno en la lista”, afirmó el caballero. “Me llamo Carlos Johnson Bordalí y no es por creerme, pero ningún poeta en Chile se ha propuesto una tetralogía como esta”. Esas fueron las palabras del poeta, muy seguro de sí mismo y del impacto de su obra, luego de reseñarme un poco su biografía al vuelo. Le pregunté de inmediato si ubicaba a algunos de los poetas porteños que pululan por ahí. Los reconoció al instante, porque él mismo era uno de ellos. El librero lo saludó con entusiasmo. Carlos Johnson le entregó otros ejemplares de su libro que tenía por ahí guardados. Después, se fue, no sin antes entregarnos una tarjeta con sus datos personales: “Analista de sistemas y poeta”, decía.

El librero de Mar de libros me contó que muchos escritores locales se dejan caer ahí, y le entregan ejemplares de sus obras. Las de Carlos Johnson, por ejemplo, y las de un conocido masón porteño, que había dejado un Compendio de bosquejos del grado de compañero y del grado de maestro. Al Mar de libros se sumó también la escritora y filósofa Lucy Oporto. El librero dijo ser su amigo personal. “De repente se deja caer por acá”, afirmó aquella vez. Pregunté por el libro “He aquí el lugar en que debes armarte de fortaleza”. El librero tenía el contacto de Lucy, así que la llamó y le preguntó si es que le quedaba algún ejemplar. Tras la llamada, el dueño señaló que el libro ya no se vende en ninguna parte, que Lucy iba a tratar de buscar en su casa si quedaba uno por ahí “dando vueltas”. Una vez que se hizo mediática, -había señalado el librero-, su edición se volvió limitada.

La Mar de libros contaba con esa gracia: la de albergar a escritores locales que se manejan en el circuito subterráneo. Digamos, a escritores no bullados por el progresismo oficial. Esa es, en realidad, la gracia de las librerías recorridas, que cuentan con su propio catálogo, entre libros usados, ediciones descontinuadas, auténticas reliquias y otras de menor valía. Cuentan, además, con su propia historia encapsulada en el trajín ciudadano que manipuló sus libros y en el devaneo incesante alrededor de sus rincones, tanteando quizá aquel libro imposible que no puede encontrarse en ninguna otra parte, aquel libro, aquel milagro analógico inmune a la disolución. Así, recorremos la ciudad como termitas amenazando con devorarse hasta la última biblioteca. Es la forma de habitar nuestra porción de infinito.

Una facultad oculta del escritor consiste en transmutar el horror de lo imprevisible para volverlo alquimia de vida. Como dijo Jack Kerouac, "se enamora de su existencia", a tal punto que la abraza con todas sus vicisitudes. La transforma en materia oscura de sueños y pesadillas, fábrica de representaciones y mistificaciones, caja negra de resonancias. Un matrimonio apócrifo y venéreo ese, el de la comunión del escritor con la realidad, su realidad.

lunes, 12 de agosto de 2024

El discurso posmoderno es en sí mismo su propio anatema y crea, por sí solo, su propio némesis: el metarrelato sobre la caída de los metarrelatos.

Diez novelas que serían canceladas si el colectivo 'woke' las leyera (y no, no está el coñazo de 'Lolita'), Hernán Migoya

"Es curioso que quienes debieran defender a nuestros mayores mitos humanistas los echen hoy día por tierra por no quererlos contextualizar: así, Cervantes sería según el baremo actual un redomado machista (por escribir en El Quijote aquello de "lo que levantó tu hermosura han derribado tus obras, por ella entendí que eras ángel y por ellas conozco que eres mujer") y un facha de cuidado (por supeditar las Letras a las Armas en el famoso discurso que incluye su magnum opus); García Lorca, poco menos que un animal por encomiar la fiesta taurina; y Antonio Machado un pederasta por beber los vientos como un idiota por una adolescente de catorce años (un poco idiota sí que era, por eso y por creer que el pueblo español es mucho mejor que sus gobernantes). Lo que no entiende el grueso de esos detractores es que dentro de un siglo todo adulto de nuestros días sería quemado en la hoguera sin excepción, en nombre de alguna moral intachable cuyas directrices todavía se nos escapan. Ojo: ¡defiendo el derecho a que un autor caiga mal!

(...) Todos somos arbitrarios en nuestros (dis)gustos: por eso no los debemos extrapolar. De todos modos, sospecho que los agentes woke solamente habitan la prensa y el sector "cultural". Y que la gente sigue viendo, leyendo, escuchando y celebrando lo que le rota.

(...) No nos engañemos: según el criterio que esgrimen, cualquier libro de ficción anterior a la década de los 90 goza de algún motivo para ser cancelado; pues responde, en suma, a una moral de otro tiempo (o a un enunciado de esa moral que su sensibilidad contemporánea ya no tolera ni se esfuerza en reencuadrar)." Hernán Migoya

Una cancelación woke es, sin duda, la mejor publicidad para tu libro. Pura psicología inversa
"La Inteligencia Artificial tiene que ser como el Viagra. Seguro que es una maravilla, pero quisiera no tener que usarla" Fernando Iwasaki, en entrevista para Culto. A riesgo de perder virilidad, se puede recurrir a la pastilla azul. Lo mismo el escritor con esa pastilla cibernética llamada chat GPT. Se pierde inspiración cuando solo se trata de irrigarle un poco más de sangre a los miembros, de bombear un poco más el corazón para echar a andar la máquina de las palabras y de los fluidos. Gracias a Dios, aún no dependo de un sucedáneo ni para tirar ni para escribir, y todavía cuento con la plenitud de mi organismo para dichos menesteres.

sábado, 10 de agosto de 2024

“¿Has soñado con OVNIS o extraterrestres?”, me preguntó mi polola en la mañana. En un principio, se lo negué, pero luego recordé un destello remoto de un sueño sobre un objeto volador que más bien se trataba de una luz en el cielo, amenazante. “Ahora que lo pienso, sí”, le respondí. “Yo siempre he asociado ese sueño con algo malo. Puede que esté influida por las películas o por la literatura sobre invasiones”, comentó ella, tratando de explicar su inquietud. “Creo que soñar con algo así te lleva a imaginar siempre un escenario negativo, y puede que sí esté influido”, le asentí. En efecto, aquel destello, aquella luz en el cielo de mi sueño se sentía como una auténtica invasión, reminiscencia de algo escatológico, de algo que estaba precipitando un final.

Como analogía a este avistamiento, vi hace poco un canal de Misterio en el que se dice que un ex agente de la CIA, llamado Jim Senivan, afirma que no se tratan de extraterrestres aquellas apariciones registradas por el Servicio Secreto de Estados Unidos, sino que de algo más, y cuyo solo anuncio público a la sociedad resultaría devastador por lo incomprensible. En suma, el Servicio Secreto estaría al tanto de la realidad de este fenómeno, pero no de su verdadera naturaleza. Se trataría de entidades a medio camino entre la consciencia y la teoría cuántica, o bien, una mezcla de ambas. “La verdad es indigerible” mencionó Senivan, lo cual suena más a una excusa para no revelar la información detrás del asunto ovni. Si el misterio sobre la existencia de extraterrestres está realmente relacionado con el misterio aún mayor de la consciencia, puede que, con dicha revelación, se abra una fosa todavía más grande con respecto al conocimiento de prácticamente todo.
Al revisar algunos libros en el estante, mi polola destapó uno que le llamó la atención. Era “Estallidos satánicos” de Arturo Ruiz. “Qué miedo la portada” dijo, cuando vio al perro matapacos en la clásica posición de Bafomet, a modo de sátira. “Eso tiene un significado”, le comenté. “No creo que lo lea”, agregó ella, impactada por el símbolo. Como la conozco, sé que no le sorprendió tanto la alusión al perro (ídolo totémico de la izquierda octubrista) como la alusión al Bafomet confundido popularmente con la figura del Diablo o del demonio. Ella cree mucho en las “malas vibras” y, a su juicio, las representaciones “malignas” las atraen, aunque, si se animara a leer el libro, se daría cuenta que el autor abordó el tema de los “estallidos satánicos” precisamente para denunciar la posible existencia de fuerzas negativas de índole mágico o esotérico, influyendo, de una u otra forma, en los acontecimientos políticos de nuestro país y el mundo.