miércoles, 19 de abril de 2023

Herida mía (Poema)

No te confundas, herida mía:
Lo nuestro sí fue real, pero simplemente no se pudo...
Fue vencido por el tiempo,
Fue vencido por el ocaso y las plagas,
Los desengaños y los arrebatos,
Las necias verdades y los secretos impúdicos.

"Negro Matapacos: arcaísmo, epidemia psíquica y aniquilación." Lucy Oporto Valencia

"No era una imagen banal, ni una “construcción de realidad”, ni una “percepción” o “sensación”, ni una “narrativa” o “relato”, ni un “acto comunicacional”, dirigidos a desrealizar los hechos a discreción. Pero era más que una señal y una incitación a la violencia. Peor aún, era la actualización y la encarnación siniestras de una imagen arcaica real, subyacente al inconsciente colectivo chileno, en mayor o menor grado, que sólo es posible examinar a partir de sus trazas manifiestas, por muy fragmentarias que sean.

Quizás su impronta se vaya extinguiendo, a la luz de los duros acontecimientos actuales. Pero su documentación permanecerá como testimonio de la barbarie octubrista, cuya brotación se incubó desde dentro".

martes, 18 de abril de 2023

El éxito rotundo de la película de Super Mario, sin wokismo y fiel a su historia original, solo indica que el gran público está "chato" de tanta tontería. Solo esperemos que ese mismo espíritu a la contra se manifieste de manera contundente en todos los ámbitos de la cultura, ¡sobre todo en la literatura! Cada quien, en calidad de escritor, desde su trinchera, puede aportar a la causa y sanear el imaginario. 

A cincuenta años de la partida de José Gorostiza: Muerte sin fin

A cincuenta años de la partida de un gran poeta mexicano: José Gorostiza, el poeta de la Muerte sin fin, poema formidable y tempestuoso sobre la condición humana llevado a las extremas posibilidades de la palabra. Recuerdo que cuando participé en el Taller de poesía de La Sebastiana, año 2008, los profes de ese entonces, Sergio Muñoz e Ismael Gavilán, nos hicieron leer Muerte sin fin. Fue, sin duda, un golpe a la cátedra. Una compañera y amiga de esa época, Natalia Rojas, hasta pensó en un poemario solo en base al sugerente "ahíto" del hablante lírico, saciado, completo de sí, pero, a la vez, harto, la ambivalencia del ser expresado en la existencia, vibrante y conmocionado. Gorostiza había dicho que el hombre “necesita de la poesía, que sople sobre su vida y la embellezca: que la salve de los tremendos infortunios que la amenazan y la haga digna de ser llevada con orgullo sobre los hombros”. Pero, al mismo tiempo, declaraba que “el poeta no puede aplicar todo el rigor del pensamiento al análisis de la poesía. Se limita a conocer y amarla. Sabe dónde está y dónde no." En ese cómo limitarse, en ese cómo conocer, en ese saber dónde, en ese amar cuándo, se resuelve, en suma, el oficio poético.

PD: Para que vean que aún me acuerdo de mis "viejos maestros", los cito con orgullo jeje

MUERTE SIN FIN
(extracto)


¡Oh inteligencia, soledad en llamas,
que todo lo concibe sin crearlo!
Finge el calor del lodo,
su emoción de sustancia adolorida,
el iracundo amor que lo embellece
y lo encumbra más allá de las alas
a donde sólo el ritmo
de los luceros llora,
mas no le infunde el soplo que lo pone en pie
y permanece recreándose en sí misma,
única en Él, inmaculada, sola en Él,
reticencia indecible,
amoroso temor de la materia,
angélico egoísmo que se escapa
como un grito de júbilo sobre la muerte
-¡oh inteligencia, páramo de espejos!
helada emanación de rosas pétreas
en la cumbre de un tiempo paralítico;
pulso sellado;
como una red de arterias temblorosas,
hermético sistema de eslabones
que apenas se apresura o se retarda
según la intensidad de su deleite;
abstinencia angustiosa
que presume el dolor y no lo crea,
que escucha ya en la estepa de sus tímpanos
retumbar el gemido del lenguaje
y no lo emite;
que nada más absorbe las esencias
y se mantiene así, rencor sañudo,
una, exquisita, con su dios estéril,
sin alzar entre ambos
la sorda pesadumbre de la carne,
sin admitir en su unidad perfecta
el escarnio brutal de esa discordia
que nutren vida y muerte inconciliables,
siguiéndose una a otra
como el día y la noche,
una y otra acampadas en la célula
como en un tardo tiempo de crepúsculo...

lunes, 17 de abril de 2023

Un hombre caminaba por la Avenida España, a las seis y media de la tarde, en dirección contraria al taco, rumbo a Valparaíso, vendiendo todo tipo de chucherías. Caminaba tranquilamente entre los vehículos atochados. Para este hombre, la inmovilidad del tráfico era grito y plata. Sabía que a la hora punta había que hacerla, sin miedo a ningún loco al volante. Arriba en la micro, mientras tanto, se observaba el ánimo desgarbado de los pasajeros a bordo. Ninguno quería bajarse, pese a que la micro se movía apenas unos cuantos metros por minuto. Esperaban estoicamente, confiando en la buena fe del chofer y en el avance cansino de las ruedas. Solo el vendedor de chucherías caminaba libre, en plena carretera, cual Moisés a través de las aguas. A lo lejos, cerca del Reloj de Flores, las luces rojas de los vehículos emulaban la incandescencia de un río de lava. Su erupción era el ritmo del día a día, caliente como los motores a punto de explotar.

sábado, 15 de abril de 2023

Abel Posse: "El escritor es el último Samurai".

"El poder político, los partidos, las ideologías, pretenden agregar, afiliar, al escritor. Pretenden transformarlo en perro, que es el animal doméstico por excelencia, el mejor amigo del hombre. Pero resulta que el escritor, por naturaleza, es gato. Tiene que entrar y salir de la casa cuando quiere. Es infiel para ser fiel. Tiene que tener libertad para andar por los techos y por lugares infrecuentados de los sótanos. La política es casi la profesión de una idea de la moral y del bien. El escritor sabe que el demonio y el ángel combaten en el corazón de cada hombre y que en cada santón de la política se esconde también el demonio de la condición humana.
En suma y finalmente, creo que el escritor no debe afiliarse porque es siempre revolucionario. Un poeta trabaja en la conciencia del amor, de la muerte, del dolor humano, de la felicidad y de la celebración de existir. Es simplemente la conciencia de ser y del ser. No hay nada más revolucionario que recordar el amor y el dolor, el temor y la gloria de seguir viviendo. La política, aunque importante, está por debajo de la gran reflexión del ser."

Abel Posse. "El escritor es el último Samurai". Patricio Loizaga, Revista Cultura – Año VII (Número 34), 1990

A la partida de Abel Posse, samurai del mito

Tras la partida de Abel Posse, vuelvo sobre la historia como sobre un mito. Al hacer mi tesis de grado sobre su novela “Los perros del paraíso” de 1983 (que cumple cuarenta años), recuerdo que dudaba si acaso la idea que tenía de ella se correspondería con la realidad histórica o solo sería otro ejercicio hermenéutico demasiado antojadizo. Así, mi planteamiento sobre "América como un pandemonio", o sea, como un espacio-tiempo marcado por la violencia, el caos y la incertidumbre, tenía que relacionarse directamente con la indeterminación histórica del continente americano y su complejidad ontológica a raíz de su innegable herencia española. Fue a partir de esta postura que mi tesis sobre la novela de Posse fue cobrando una dimensión insospechada, un alcance muy contingente. ¿En qué sentido? Pues, que gracias a la lectura del escritor y su obra revitalizadora del mito pude afianzar una mirada crítica sobre aquellos proyectos reivindicadores de una identidad única y de una pretendida autonomía con respecto a la cultura oficial, aquello que ciertos americanistas llamaban “neocolonialismo occidental”.

Con la visión posseana, logré comprender el origen y el devenir de nuestra cultura hispanoamericana, desde otra dimensión, a través del dispositivo literario que actuaba, en la obra de Posse, como un ejercicio mítico-poético con un fin creativo y, a su vez, desacralizador de las leyendas –negras y blancas- y de los relatos oficiales, casi siempre, en su mayoría, totalizantes, aglutinadores y carentes de matices y márgenes. En Posse, con su novela Los perros del paraíso, se trataba de la “carnavalización” de la América, afirmar su absurdo como punto de origen para la restauración de su historia y de su destino. Nunca se trató de buscar una naturaleza, ni tampoco unas raíces perdidas como “espejos enterrados” (a decir de Carlos Fuentes). Siempre se trató, en cambio, de asumir que no existe una raíz unívoca para Hispanoamérica, porque finalmente lo que heredamos es la tradición española que bebe de la cristiandad de Occidente, y el evidente mestizaje de los pueblos explicaría que hubo, al fin y al cabo, una hibridación total que forma parte de nuestro propia cosmovisión y esquema de pensamiento.

Abel Posse siempre fue contundente en esto: para él, nuestro lenguaje construyó nuestro mundo, por lo que, sin España, sin la lengua española, simplemente no tendríamos literatura hispanoamericana, no sería posible “un Neruda ni un Vallejo”. Seguramente fue esta, entre otras razones, las que le valieron a Posse la enemistad de los indigenistas posmodernos y los promotores de la leyenda negra. Sin embargo, el escritor fue siempre fiel a sus premisas, a sus intuiciones literarias y a su predilección por la mirada mítica, más allá de banderas y de causas militantes. Me quedo con estas palabras suyas, dichas en una entrevista de 1990: “el escritor hace una política inmanente a su obra, en su espacio de libertad. Cuando se afilia o se agrega a la política pública traiciona la naturaleza y ese espacio propio de acción política. En general el rol de escritor es estar a contrapelo. La adhesión y la definición significan la suspensión de su libertad.”. En definitiva, y parafraseando su legendaria frase: “El escritor es el último samurái”.
Ayer ocurrió lo que nunca antes había ocurrido: dos cabros se agarraron a pelear durante mi clase. La cuestión partió con el chico más desordenado de Octavo, quien increpó a un compañero con Asperger, supuestamente, por haberle “sacado la madre”. En un momento de la clase, al estar yo de espaldas a la pizarra, la pelea entre estos dos cabros se volvió más y más intensa, hasta llegar al punto en que el chico desordenado empujó al increpado, botándolo al suelo. Fue así que este último se levantó furioso, con ánimo de pegarle. Ahí fue donde intervine yo, separando al cabro que acababa de ser empujado. En ese instante, conté con la ayuda de su hermana, que sirvió de mediadora.

La clase se interrumpió en el acto. Muchos de los compañeros trataban de apaciguar la pelea, y otros se mostraban distantes, asustados o indiferentes. Desplacé al chico enojado hasta afuera de la sala, y hablé con él junto a su hermana. La idea era calmarlo para evitar que la situación fuera a peor. Mientras tanto, llegó una inspectora a tratar de averiguar qué pasaba. Le expliqué todo lo sucedido y le pedí que contuviera al chico enojado para poder hablar con el otro chico dentro de la clase. Al volver a la sala, hablé con el curso y les pedí encarecidamente que contribuyeran a mantener un buen clima de aula, cuando cosas como estas sucedieran. Muchos de ellos asintieron; otros, seguían con su indiferencia.

Volví a salir de la sala por unos momentos, para poder contarle todo al inspector general, pero no se veía por ningún lado. Entonces, regresé a la sala con la vana expectativa de retomar el rumbo de la clase. No hubo caso. Ya se había perdido el timón. El ambiente lo había perturbado la pelea. En eso, volvió la inspectora con el chico y su hermana. Parecía más calmado. En cambio, se soltó y corrió con mucha rabia hacia la sala. Al querer entrar, tuve que detenerlo y contenerlo, nuevamente. Iba con un solo propósito: pegarle a su compañero, cobrarle ojo por ojo, diente por diente, a quien consideraba su agresor. El cabro aludido, sin embargo, no se encontraba en la sala. Se había logrado escabullir al patio, en medio de la conmoción.

Los dos cabros se habían ausentado de la clase, y uno de ellos fue a buscar al otro. No pasó mucho tiempo hasta que llegó el inspector general. Ya enterado de la pelea, por medio de la inspectora y la hermana del chico empujado, consiguió separar a los aludidos y calmar las aguas. Yo hice lo mío con los pocos cabros que aún quedaban dentro de la sala, en calidad de testigos. Muchos de ellos se habían preocupado por la pelea, aunque nadie se involucraba realmente, por miedo a tomar partido y ser señalado. Les hice saber que cuestiones como esta no podían volver a suceder, que ellos mismos también debían ser parte de la convivencia escolar, que la violencia solo engendra violencia, que no eran las maneras de tratar al otro, aunque yo mismo sabía, en el fondo, que dicha agresión era un síntoma de otras cosas que rebasan la sala de clases y que son ajenas al mero ejercicio pedagógico in situ.

“¿Y si la violencia escolar no es otra cosa que el reflejo de la violencia en la sociedad?”, preguntaba la otra vez una colega, al discutir sobre otro hecho parecido que involucraba a unas cabras del liceo de enfrente. Volví sobre esa pregunta, en el momento que acabó aquella clase, devenida un hervidero sin cohesión. Yo quisiera ir un poco más allá: ¿Y si la violencia de los cabros no fue otra cosa que una violencia internalizada por aprendizaje? ¿Dónde empieza? ¿Dónde termina? Si hiciéramos el ejercicio de desentrañar factores, el golpe de la violencia resonaría en la sociedad completa, porque hay quienes la justifican con argumentos dignos de Maquiavelo, pero también hay quienes prefieren callar y no reconocer su propia sombra, en momentos límites, donde se traspasa la tenue frontera entre la templanza y la barbarie.

Los chicos de la “camorra” se fueron suspendidos durante unos días. El inspector general habló con ellos y con el grupo curso, de manera expresa. Se les comunicó a los apoderados el contexto de la pelea. Todos, de alguna manera, reaccionaron enérgicamente para resolver el conflicto. ¿Pero será suficiente? ¿Quién garantiza que el día de mañana los cabros no vuelvan a enfrentarse? ¿Acaba eso con una eventual arremetida de la “sombra”? ¿Qué hay de nosotros, los grandes, los adultos? Nadie está exento de ser contaminado por la sombra. Nadie puede anticiparse a las voluntades ciegas del otro. La violencia no te avisa, te salta en la cara. Nadie tiene la respuesta suficiente, frente a este fenómeno, porque cuando ocurre, ciertamente, ya ha sido incubado sin que nos demos cuenta. Simplemente, lo que vemos son las esquirlas de una bomba de tiempo, y una reflexión cuyo cronómetro siempre llega demasiado tarde.

jueves, 13 de abril de 2023

Sede del BlackRock asaltada en París (El Oso Blindado)

En nuestro país vecino, las protestas contra la reforma de pensiones forzada del presidente Emmanuel Macron, que elevaría la edad de jubilación de 62 a 64 años, han estado ocurriendo durante estos meses. Los medios españoles han informado tímidamente de las revueltas. Lo que empezó como expresiones pacíficas de descontento en todo el país, rápidamente se intensificó y pronto la destrucción y los enfrentamientos con la policía se han sucedido.

Este pasado jueves, la capital del país, París, amanecía con un asalto a la principal sede de la reconocida empresa de inversiones estadounidense BlackRock, intensificándose así las protestas por esos planes de pensiones de Macron.

Los manifestantes asaltaron la sede de la empresa de inversiones y unos pocos disidentes llegaron a invadir las oficinas en las que se encontraban los trabajadores de BlackRock. Blackrock no ha tenido conexión directa con la reforma de las pensiones, pero la compañía es un símbolo de especulación financiera turbia y manipulación de la política francesa.

Después de meses de revueltas, los activistas franceses han dirigido correctamente su furia contra un actor principal en el sistema financiero internacional.

El Oso Blindado

miércoles, 12 de abril de 2023

En la prueba de la unidad "cero", los cabros tuvieron que repasar el género lírico. Les di espacio para la creación en dos ítems. Uno consistía en una respuesta a una pregunta poética. Otro, en un poema que contenga al menos una figura literaria y rima asonante. De allí salieron algunas "joyitas" destacadas que reproduzco por acá:

¿Hay algo más triste en el mundo que un tren inmóvil bajo la lluvia?
Sí, nada es más triste que el que no sabe de su vida.

...

Pensamientos
Me desharé de mi cerebro
Lo hundiré fuera y lejos
Ya no estaré consciente
Me desharé de todos los pensamientos.
Preferiría hacer cualquier cosa
Que quedarme solo con mi cerebro.
Los añejos recuerdos
Escurridizos como conejos
Brincan en mi mente
Se escurren en una epifanía
Me persiguen hasta dejarme muerto.