En la clase sobre publicidad, la introducción consistía en estudiar cómo "les venden la pomá" a la gente mediante ciertos mecanismos para lograr ciertos fines. En eso, durante el ejercicio, se le entregó diarios a los cabros para que trabajaran. Tenían que elegir un anuncio o un aviso publicitario para analizarlo en grupo. De repente, uno de los chicos, con el Mercurio de Valpo en la mano, grita desde el fondo: "Mire profe, salió en el diario, se hizo famoso". Todos, curiosos, le siguieron la onda y se rieron. Una cabra agregaba: "Mish, toda una estrella, Mister". Otro compañero suyo dijo también: "Justo hablábamos de la prensa, y apareció usted". Ante la sorpresa del curso, no me quedó otra que explicarles que eso era parte del ejercicio (pura improvisación), que mi aparición imprevista pero oportuna en el diario era también una forma de vender una imagen, una imagen socialité, a la manera porteña. Existe entonces, para la prensa, un profesor antes de esa foto en el diario, anónimo, y uno después de ella, simpatizante de cierto "jet set" poético. Sin embargo, para los cabros, sigue siendo el mismo, el que planifica a deshora, el que enseña a destiempo, el joven viejo de Lenguaje, que pretende tener una vida más allá de las aulas.
viernes, 17 de marzo de 2017
jueves, 16 de marzo de 2017
Mañana, el ramo exclusivo de Dos por Uno: Consumo y calidad de vida. Primera vez que lo dicto. Nunca antes había tenido una maldita idea sobre él. La UTP no me dio ninguna luz al respecto. Solo colocó el ramo ahí y lo asignó al primer profesor sin previo aviso. Busqué en google entonces un par de planificaciones y actividades. Me entero que el ramo comienza con la unidad de publicidad. De ese modo, me iluminé y busqué dos citas idóneas con las cuales comenzar la clase:
"La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados." Tyler Durden en El club de la pelea.
“Soy publicista: eso es, contamino el universo. Soy el tipo que te vende mierda. Que te hace soñar con esas cosas que nunca tendrás. En mi profesión, nadie desea tu felicidad, porque la gente feliz no consume. Tu sufrimiento estimula el comercio. Para crear necesidades resulta imprescindible fomentar la envidia, el dolor, la insaciabilidad: éstas son nuestras armas… Y tú eres mi blanco.” Frederic Beigbeder.
La actividad introductoria consistirá en señalar si están o no de acuerdo con Durden y Beigbeder y por qué. Dependiendo de sus respuestas se delineará el destino del ramo.
martes, 14 de marzo de 2017
Un cabro antiguo del Segundo Ciclo dijo, respecto a la clase de hoy: "Profesor, los temas del aborto y la legalización de la marihuana son como "la vieja confiable" del texto argumentativo". La mayoría de los grupos se casó con los temas de moda: la droga, el feminismo, la educación gratuita. Solo uno de ellos, el que intervino al principio, trabajó algo diferente. Eligió un dilema cósmico. En su tesis se preguntaba ¿Será el espacio exterior un lugar humanizable? Quizá qué irá a salir de eso.
Día de PI
A propósito del Día de PI, la primera película de Daren Aronofsky, "PI": "No habrá orden, solo Caos".
lunes, 13 de marzo de 2017
Jugando a ser real
Viernes. Viaje hacia el campamento Bachelet. Fui a hacerle una breve clase a un cabro, en el contexto de un proyecto de reescolarización. Abría la madre la puerta de la casa al verme perdido por esos parajes, luego de llegar en un Uber, en el límite de los colectivos. La madre entraba después a su pieza y quedaba el chico en la mesa. Estaba jugando al GTA, play 2. Le expliqué que la clase consistiría más que nada en una conversación. Una breve nivelación de contenidos. Sobre qué contenidos de sexto manejaba. Entonces, con respecto a Lenguaje, leímos un breve cuento llamado Jugando a ser real. El chico lo leía con toda calma, aunque con cierta aprensión. Trataba de un niño que vivía en una realidad virtual, que se veía representada por una playa con un mar interminable, y que, al sacarse las gafas, se daba cuenta que se hallaba perdido en el metro de noche. La primera pregunta iba enfocada a qué podía interpretar. Cuál sería su lectura del cuento. Qué quería decir. El chico respondió que el niño del cuento deseaba vivir libre. Luego, la segunda pregunta era por qué al niño le provocaba tristeza sacarse los lentes. El chico respondió que fue porque se le acababa la entretención. Para concluir, el propio chico decía que el niño del cuento se sentía triste porque en su realidad no podía hacer lo que él quería. No era libre como en su realidad virtual.
El siguiente ejercicio consistía en una breve narración de su vida. El chico preguntó de inmediato a qué se refería eso. Se le explicó que nada del otro mundo. Que lo primero era que no sintiera el escribir como una obligación. Que solo empezara escribiendo sobre lo que él hacía en el día. Un poco pillado por este ejercicio, el chico sin más comenzó a transcribir lo que hizo ese mismo día. Me lo hacía saber de forma hablada, y esa habla suya era literaria a su manera. Decía que su jornada acababa con sus amigos en la cancha de tierra en el límite de Puerto Montt, para así llegada la tarde regar el pequeño jardín de la casa. Ante su intervención, le dije que eso mismo no era muy distinto al cuento que acabó de leer. Que ambos hablaban del deseo de hacer lo que se quiere. Que la literatura del mundo, por más compleja, por más trama y vocabulario que tuviese, en verdad trataba siempre de más o menos lo mismo. De la pugna entre la vida y la realidad. El chico quedó un tanto extrañado por esa lectura, aunque intuyendo que trataba de algo importante. Que esa pelota cerro arriba y ese riego jardín abajo eran también material literario. Imágenes de una vida demasiado latente. Demasiado real.
Después de la clase, conversábamos con el chico sobre su afición a los videojuegos. Dijo que estaba pegado con el GTA, pero que lo suyo eran los juegos de rol. Tipo Chrono Cross. Para rematar, le señalé que ni siquiera los videojuegos son algo distinto de la literatura. Que ambos ponen en tensión la experiencia de lo real. En eso llegaba la mamá. Requería que el chico fuera a comprar pan. Se le dijo que ya era suficiente por hoy. Que la próxima clase sería más intensiva. La madre preguntó si acaso era posible nivelarle dos cursos en un año. Le dije que sí era posible. Que dependía de él no más. (Y muy honestamente, que dependía también de la estabilidad del proyecto, y del compromiso de la propia familia). La madre quedó de llamar. Antes de la despedida, le pregunté al chico qué haría durante el resto del día. Respondía finalmente: “Jugar creo. Lo mejor que sé hacer, profe. Jugar”. Pensaba en eso mismo una vez bajando hacia la solitaria cancha de tierra.
domingo, 12 de marzo de 2017
Ronnie Romero
En la tienda Rock and Roll de Viña, uno de los amigos del dueño hablaba sobre Ronnie Romero, cantante chileno. Dice que resultó tan virtuoso que hasta el propio Ritchie Blackmore lo llamó para que fuera el vocalista oficial de Rainbow, luego de la muerte de Dio. En eso, el dueño del local colocó un playlist. Sonaba Black Night y luego Stargazer, con la voz de Romero de fondo. El compadre decía "nada que envidiarle a Ian Gillan". Después de eso, conversaba con el dueño sobre la suerte de los cantantes chilenos. "Casi todos se van y hacen carrera afuera", sentenció un poco preocupado. Luego el propio loco agregaba: "Es un tema país". Una vez que el dueño atendía a un cliente, el amigo suyo le ayudaba con otro tema. Se dejaba escuchar de fondo una canción de Journey. El loco, decidido, se acercó al equipo y concluyó, en el momento que sonaba "Separate ways": "Romero, el chileno, también vendría siendo como el vocalista filipino de Journey. Incluso mejor que el original, solo que con otro destino.
La nueva Einstein.
Sabrina Gonzalez, la nueva Einstein, rompiendo el estereotipo del genio científico. Si pudiese encontrarla la invitaría a unos pitos para que se fuese en la volada hablando sobre viajes espaciales.
En lugar de la nueva Einstein, llámenla, de ahora en adelante, "la nueva musa de la astrofísica".
sábado, 11 de marzo de 2017
Cristales de tiempo
Un artículo reciente habla sobre la confirmación de los llamados "cristales de tiempo", aparecida en una revista científica de la Universidad de Maryland. Estos cristales de tiempo abrirían un campo hasta ahora desconocido de la materia, en el cual es posible que los átomos se repitan siguiendo un patrón temporal y no espacial, cosa en primera instancia imposible desde la física tradicional, puesto que, para que haya un movimiento en el espacio, debe existir un mínimo de energía, y se supone que estos nuevos cristales generan una oscilación de sus átomos sin necesidad alguna de energía, moviéndose en el vacío solo de acuerdo a un misterioso agente: el tiempo. Cómo lo hacen, qué los compone, cómo surgieron, parecen ser las preguntas de cabecera de sus investigadores. Sin embargo, Andrew Potter, uno de los responsables del artículo, habla sobre un concepto, el concepto del desequilibrio. De acuerdo a esto, los cristales de tiempo serían la evidencia fidedigna de que la materia nunca está del todo equilibrada. Que no existiría algo así como el equilibrio completo en el universo. De repente fantaseo, a raíz del artículo, con las posibilidades científicas y existenciales de este descubrimiento. Un mundo dividido entre los científicos optimistas, que planearan el uso de los cristales de tiempo para el desarrollo de superordenadores cuánticos, que superaran la esclavitud de la materia y funcionaran más allá de la energía, a niveles que la actual ciencia todavía no puede procesar; Y entre los filósofos del tiempo que, siguiendo los postulados heideggerianos, ahondaran aún más en su dasein ontológico, haciendo una apología del desequilibrio temporal, entregándose de una vez por todas a los secretos del infinito. De ser así, lo realmente inaudito sería que estos dos grandes bloques, correspondientes a la élite, se disputaran sus preciados cristales futuristas, mientras que el resto de los mortales continuara debatiéndose en la búsqueda incesante de tiempo perdido. El asunto, de esa forma, no sería solo un asunto científico, sino que sería también un asunto político. Tendría que existir un Ministerio del Tiempo. El Aleph, posible solo en la cuentística, se haría realidad. Por fin la sociedad se dividiría, definitivamente, entre los que tienen y no tienen tiempo.
viernes, 10 de marzo de 2017
Los pequeños placeres inútiles, los pequeños placebos sin otro sentido que sí mismos, como el del clímax después de una película memorable, como el de la emoción de descubrir música nueva, o como el de la satisfacción de darse vuelta un juego difícil, ahondan en nuestras fantasías de contrabando, y también, si se quiere, en nuestras perversiones, alimentan nuestro carácter, nuestra imaginación fuera de la rutina, fuera de la máquina, despiertan aquella sensación de la cual hablaba el ex convicto en The Sunset Limited: la sensación de volverse de pronto un "yonqui de la cultura".
Orientación religiosa
Hoy comenzó el ramo de Orientación religiosa en el Dos por Uno. Ramo que pusieron en lugar del de Convivencia Social que yo dicté el año pasado. Por qué lo hicieron, ni la menor idea. La directora del año pasado llegó en la mañana. Iba con su hijo en brazos. Preguntó si acaso había llegado el "caballero de la congregación". Le pregunté de vuelta a la secretaria de quién estaba hablando. Ella no alcanzó a responder. El nuevo director explicó que se trataba de la persona a cargo del mentado ramo de Orientación. Nadie dijo nada más.
Al terminar el primer recreo, escuché los comentarios de algunos cabros y cabras. Uno de ellos se preguntó el por qué de ese ramo. El director, en ese momento, también se hallaba presente. Le explicó al cabro que se trataba fundamentalmente de cuestiones relacionadas con la ética y el respeto. Que no los iban a evangelizar ni mucho menos. Ni tampoco a darles la lata sobre Dios ni sobre la Virgen. Ante la respuesta un tanto ambigua del director, el cabro insistía y agregaba: "¿Pero no hubiera sido mejor llamarlo orientación valórica?". El director, ante la nueva pregunta del cabro, continuó insistiendo en que el nombre del ramo no implicaba necesariamente religión. El cabro, por su parte, continuaba firme en su cuestionamiento, en una dialéctica sin solución. Nadie se ponía de acuerdo. Nadie le creía al otro. Sin embargo, la hora de regresar al ramo se aproximaba.
Ya llegada la hora de almuerzo, volvió la antigua directora, esta vez sin su hijo. Habló con el director a propósito del polémico ramo religioso. Le comentó que algunos chicos y chicas en la primera hora ya habían alegado, diciendo que, pese al supuesto enfoque valórico del ramo, el caballero de la congregación había empezado la clase con la frase: "Y Jesús dijo....". La mención a Cristo había provocado ronchas en el alumnado, algunos hasta declarándose abiertamente ateos en medio de la clase. Otros se habían llamado talibanes solo por el ánimo de joder. En calidad de profe, al igual que ellos, pero desde otra parada, también me cuestiono cuál sería la necesidad de un ramo religioso en un instituto dos por uno. Pensé dentro de mí, a propósito de la contingencia, que, siendo ese el caso, hubiese sido mejor entonces agregar un ramo de filosofía. Incluso el propio director, en un instante de cavilación, dijo: "No creo que haya sido buena idea lo del ramo. Veremos cómo se las arregla el caballero y cómo se comportan estos malotillas". Ante eso, la antigua directora señaló que sería mejor conversar el asunto sin falta el día lunes. Le pregunté luego al director de quien fue la idea de colocar el ramo de orientación religiosa. Extrañamente, apuntó con el dedo hacia el cielo en el patio, y dijo: "Obra de los de arriba. Los mandamases".
Justo en el momento en que comenzaría la segunda patita del famoso ramo religioso, o, mejor dicho, del ramo ético, valórico, llegaba una alumna con un cable de data. La antigua directora se había marchado hace rato. El director, por su parte, se había resguardado en su oficina. Me explicó que el caballero no pudo en la mañana proyectar una presentación que le tenía reservada a sus pequeños "feligreses". La alumna, intrigada, agregó: "O la cuestión se echó a perder, o alguien se la pitió. Dígale al director, mister". La alumna, en ese instante, me entregaba el cable de data delicadamente, como en un irónico acto de fe, como la única evidencia de que, después de la intervención religiosa, el curso entero volvería a su realidad, a su realidad sin dioses ni profesores.
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